¿Una nueva etapa en Venezuela?

25 de septiembre, 2020 · Actualidad> Centroamérica y Caribe> Venezuela

El Secretario de Estado de EEUU hizo la semana pasada una gira por Brasil, Surinam, Guayana y Colombia en el último intento de armar una alianza anti-chavista. El objetivo no es organizar a corto plazo una invasión ni nuevas aventuras con mercenarios como la de mayo. Aunque el régimen de Maduro -que invita a denunciar si se escucha a alguien con acento extranjero– lo afirme para organizar el enésimo refuerzo de la represión. El gobierno de EEUU busca en primer lugar parar los pies de China -y en menor medida Turquía, Irán y Rusia- en Sudamérica y en segundo lugar ganar puntos en la reñida batalla electoral en Miami. Pero para este segundo objetivo necesita volver a dar algo de credibilidad a un Guaidó políticamente inexistente cuya única estrategia parece ser intentar hacerse con las reservas de oro en Gran Bretaña y recordar su propia impotencia con llamamientos más o menos francos a una intervención militar exterior.

Pero mientras tanto, la convocatoria de elecciones en diciembre y los indultos a 110 dirigentes opositores llevaron a la explosión definitiva del frente opositor. Henrique Capriles arrastró tras su candidatura a buena parte de los pesos pesados de la vieja alianza, orillando a Guaidó y ridiculizando sus pretensiones de ser presidente en Internet. Capriles se ha declarado en contra de las sanciones internacionales… lo que no solo interesa a los dirigentes represaliados del régimen, sino sobre todo a compañías europeas como Repsol o Navantia.

La ruptura del frente opositor representa una oportunidad para la UE que entrampada por el reconocimiento oficial de Guaidó como presidente, y aun sabedora de que Capriles no va a poder desalojar a Maduro, había perdido toda posibilidad de juego propio pero no el ansia de encontrar oportunidades para desplazar capitales estadounidenses, como se vio con España y el caso Delcy. No es que la nueva situación sea tampoco cómoda. Todo pasa por el reconocimiento más o menos explícito de un régimen al que los investigadores de la ONU acusan de crímenes de lesa humanidad y por una parte de la oposición que si ha avanzado ha sido a través de la mediación de Turquía, aliada de largo recorrido de Maduro. Así que la UE se abre paso a codazos entre la presión de EEUU y el juego ruso-chino, y manda una misión a Caracas para negociar las condiciones de las elecciones de diciembre con un gobierno al que oficialmente desconoce en defensa de una oposición de la que desconfía. ¿Alguien puede creer que se trague tal sapo por sus valores democráticos?

La realidad de Venezuela y su capital nacional

Este año el PIB venezolano caerá casi un 22%. Si tras un largo crecimiento sería terrible, lo es más cuando la producción viene decayendo desde 2013. Aunque el gobierno de mucho bombo al regreso de 110.000 refugiados la verdad es que el país ha perdido ya el 21,9% de su población en menos de una década. La producción agraria ha colapsado.

La capacidad para atraer capital extranjero en el mismo periodo no solo se ha reducido, sino que el stock de capital foráneo como un todo se ha quedado en nada. De hecho, el mismo capital nacional se desangra en una huida permanente, incluso el que se apoya en el régimen. Entre la huida de capitales y la caída de ventas de su único producto de exportación, la divisa no puede sino devaluarse sine die. Tanto que ya se ha desistido hasta de imprimir papel moneda porque la inflación hace que en poco tiempo el papel cueste más que el valor que supuestamente representa.

Pero… ¿en qué iban a invertir el capital acumulado dentro del país? Venezuela es uno de los casos más desarrollados de la crisis general e inevitable de los países semicoloniales. El único sector capitalizable, el único con rentabilidad en el mercado global, es el exportador. Pero los precios del petroleo vienen cayendo ya años. La OPEP habla de una era de demanda decreciente en la que la apuesta por el pacto verde dejará el petróleo como la energía sucia de los pobres. Eso en cuanto hace a la perspectiva global. Pero en la interna es aun más crudo.

Comparativa de la producción petrolera en Colombia y Venezuela.

La producción petrolera venezolana cayó 79,2% en los últimos 60 años y está ya por debajo de la de 1934, cuando comenzó su explotación masiva de la mano de EEUU. La incapacidad para mantener en pie siquiera servicios esenciales, hacer mantenimiento de instalaciones productivas y reparar accidentes o errores, ha llevado a PDVSA a perder su capacidad de refino en menos de siete años. A día de hoy la gasolina no solo está racionada sino que el suministro mínimo depende de barcos iraníes que llegan en corre-pilla con la armada de EEUU. Un reciente derrame en el parque nacional de Mocorroy, dejó claro como la espiral de devaluación del capital nacional se traduce en una espiral de desastres de todo tipo que al final concurren a la destrucción de más y más capacidades productivas y un aun mayor enroque de la burguesía chavista en el poder.

Evolución del déficit público.

Destrucción de fuerzas productivas que empieza por la principal de ellas: los trabajadores. Hoy en Venezuela hay hambre. Hambre además agravada por la aceleración de la recesión y la pandemia. Pero como toda burguesía del mundo, la venezolana, chavista, prioriza sus inversiones y la viabilidad de su estado. Este año pretende reducir el déficit del 11 al 7,9%. Si hospitales y servicios de atención primaria eran ya prácticamente inoperativos desde hace unos años, ahora quien la conservara debe perder toda esperanza. Para Maduro y los sectores que representa es mucho más importante ahora resucitar la deuda del estado con una oferta de reestructuración.

El economista venezolano Jesús Casique dijo a la agencia EFE que el país sudamericano ha cancelado sus compromisos, no por las sanciones, aunque afectan en cierta medida, sino «por (la disminución del) flujo de caja, afectado por la caída de la producción (petrolera)». «Estamos produciendo escasamente 367.000 barriles diarios (de petróleo), o sea, esa caída vertiginosa, ese efecto tobogán, ha afectado al cash flow de las finanzas públicas del país» y afectado los pagos de los intereses, añadió. Según Casique, en la práctica, Venezuela está en suspensión de pagos desde 2017 , cuando cumplió, por última vez, con las obligaciones de los bonos (por más de 1.121 millones de dólares) esperando acceder a nueva financiación y reestructurar los pagos de obligaciones que vencen en 2020. «El ‘default’ de Venezuela está en el orden de los 22.000-23.000 millones de dólares», explicó el experto, antes de apuntar que la «deuda consolidada» del país asciende a 175.000 millones de dólares, un monto que equivale al 178% del PIB venezolano, si se atiende a la cifra que reporta el FMI para este indicador en el país sudamericano: 62.921 millones de dólares.

Qué tiene Venezuela por delante

Ninguna lucha bajo una bandera nacional llevará a nada que no sea más guerra, miseria y desomposición. La nación y el nacionalismo son la primera cárcel de la que hay que salir.

Más de dos años y medio después, la perspectiva que hacíamos se ha cumplido, por desgracia, con creces.

Venezuela es la triste demostración de la imposibilidad de un desarrollo independiente del capitalismo nacional en la era imperialista; la refutación material de toda la argumentación a favor de la «liberación nacional» en la periferia del mercado mundial y la negación por los hechos de las ilusiones desarrollistas del capitalismo de estado que nos vendieron durante décadas como «socialismo».

Ninguna lucha bajo una bandera nacional llevará a nada que no sea más miseria y desomposición. La nación y el nacionalismo son la primera cárcel de la que hay que salir. Hoy por hoy el capitalismo en Venezuela no tiene otro camino por delante que la descomposición social, las migraciones masivas y el desarrollo autoritario del estado. La perspectiva del capitalismo en el país es la de un nuevo estado fallido y dependiente de éste o aquel imperialismo.

«¿Tiene Venezuela futuro?», 1 de enero de 2018

El problema en Venezuela no ha sido, es ni será solo una de las facciones de la burguesía nacional, sino todas ellas, es decir, la nación. Si ahora se rompen en tres, igual que antes se dividieron en dos, no es porque haya otras tantas formas alternativas de desarrollo del capital nacional. Sino porque, en realidad, no hay ninguna, solo dos o tres grupos de imperialismos rivales que disputan cómo hacerse con las ruínas. Tampoco ellos van a traer alternativa ni desarrollo alguno. La crisis del capitalismo como un todo no va a dar tregua en mucho tiempo, la perspectiva en todo el mundo no es sino más miseria y conflictos cada vez más violentos entre estados y facciones. El camino de salida para los trabajadores pasa por no elegir bando y levantar el propio para cambiar de raíz la lógica de la producción, dejar de producir para satisfacer rentabilidades y pasar a organizar la sociedad para satisfacer necesidades humanas.

Somos Emancipación | Publicamos Communia en español, francés e inglés.

¡Proletarios de todos los países, uníos, suprimid ejércitos, policías, producción de guerra, fronteras, trabajo asalariado!