¿Una estrella roja sobre el árbol de Navidad?

24 de diciembre, 2019 · Artes y entretenimiento> Artes plásticas

En entregas anteriores de nuestra serie sobre la Navidad descubrimos que la fiesta de Navidad tal y como la conocemos hoy es un verdadero concentrado de historia de la mercantilización y, cómo en Rusia, fue originalmente el producto de la invención de una tradición propia por la contrarrevolución.

De hecho, como vemos en el cartel de arriba de 1921 por Dimitri Moor, se establece una oposición directa entre la estrella de Navidad y la estrella roja que, a partir de 1918, Trotski convierte en el símbolo del internacionalismo. El cartel va acompañado de un poema de N.P. Gorlov, un poeta futurista hoy casi olvidado que en 1924 publicaría, en polémica con LD, «Futurismo y revolución».

[…]La estrella de Belén eclipsada
¡Hay una estrella sobre el Kremlin!
Nuestra Navidad es una Resurrección,
el camino para salir del infierno de los tiempos,
Celebramos a la sombra de las
banderas de octubre.
¡Abajo con el engaño de los siglos!

Pronto los esclavos de todos los países
doblarán los hombros de los reyes.
El pastor será entregado a los Reyes Magos
El Reino de los Cielos para ti,
para nosotros el reino de la tierra […]

Escucha, si tienes oídos:
¡No hay otro Dios en la tierra que el Trabajo!

N. Gorlov

La oposición entre las dos estrellas, la de la Navidad cristiana y la de la Revolución Mundial, no podía resultar más esclarecedora. La Navidad cristiana era una invención feudal sobre un fondo de atavismos antiguos y bárbaros, que en ese momento comenzaba a ser deglutida –Papa Noel y arbolito mediante– por las prácticas comerciales del capitalismo de los grandes monopolios; la homogeneización universal de la Navidad que entonces despuntaba no era otra cosa que el signo de un mercado mundial -el gran legado dejado por la burguesía- que estaba culminándose, convirtiendo la cotidianidad de los trabajadores, como había predicho el Manifiesto Comunista, en una experiencia universal… mercantil y alienada.

La noticia del aburguesamiento de la Navidad rusa aparecía ya en un auca de Rosta dibujada por Anton Lavinski, uno de los padres del cubismo ruso y autor del famoso cartel del «Acorazado Potemkin» de Eisenstein. Las viñetas incluían un texto de Mayakovski:

1. ¿Qué es esta celebración?
2. Juzga por ti mismo, los ricos celebraban
3. Pero si te fijas
4. Si nuestras vacaciones son de este tipo
5. Ésta [1º de mayo] debería ser la celebración popular

Es muy interesante el detalle de la primera viñeta, precisamente porque el trabajador protagonista señala a la estrella del árbol, que es roja, con cara de extrañeza y moviendo la mano derecha en señal de rechazo: ¿Qué hace una estrella roja sobre éste abeto?

Lo mismo se preguntó Elisabeth Poretstki en 1936, cuando los árboles de navidad volvieron a extenderse en Rusia… coronados por una estrella roja que, obviamente, ya no significaba internacionalismo.

La plaza Roja estaba concurridísima. En el centro se erguía un enorme árbol de navidad coronado por una gran estrella roja, de la que colgaba una foto de Stalin con una guapa niña en brazos. […]
– Recuerdas la época, le pregunté, en que los menesterosos «desafectos» llevaban furtivamente a su casa en la ciudad uno o dos pinos miserables con temor a tropezarse con ateos que pudieran delatarlos?
– Claro que me acuerdo, pero ahora cada niño soviético debe tener un árbol de Navidad. El otro día se vendieron más de 100.000 rublos en adornos navideños.

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