Tierras raras

19 de agosto, 2020 · Actualidad> Actualidad global

Bastnasita

Las tierras raras no son literalmente tierras, ni son tan raras, pero el uso de estos 17 elementos es fundamental para las industrias tecnológicas y la generación verde. Y lo que es más importante: la explotación de sus principales yacimientos es un práctico monopolio global.


El tema de este artículo fue elegido para el día de hoy por los lectores de nuestro canal de noticias en Telegram (@communia).


Las tierras raras poseen varias propiedades físicas importantes para la industria desde su superconductividad a altas temperaturas cuando se combinan con otros elementos hasta la gran capacidad magnética de algunas de ellas. Sí, se usan para hacer circuitos, pero no solo: el motor eléctrico del ascensor de tu casa es mucho más pequeño, ligero y eleva mucho más peso que los de los ascensores antiguos porque en vez de imanes corrientes usa imanes de neodimio, mucho más potentes. Las turbinas de los molinos eólicos, que hacen el proceso inverso -convertir movimiento en electricidad- han podido escalar en potencia en los últimos 20 años por el uso de neodimio y disprosio, como el vibrador de tu móvil que también es un pequeñísimo motor de este metal. Y un Smart eléctrico como los que se han hecho frecuentes en muchas ciudades europeas utiliza casi 12 kilos de neodimio en su motor. Otras tierras raras son útiles por su luminiscencia y son esenciales para cosas tan cotidianas como que las pantallas de TV, del ordenador o del teléfono puedan mostrar colores. Sin tierras raras la industria aeroespacial, las conducciones telefónicas, la automoción y la electrónica volverían medio siglo atrás.

La producción mundial se concentra en China (37%), Brasil (18%) y Rusia (15%), pero un 97% está controlado por empresas y capitales chinos. EEEU y Europa son claramente dependientes y China marca precios, cantidades y condiciones de uso desde años antes de que empezara la guerra comercial con EEUU.

Corría 2010 y el mercado de los smart-phones apuntaba a un estallido global. El negocio de las pantallas nunca había tenido tales expectativas. China decició entonces reducir drásticamente, casi en 3/4 partes las exportaciones de lantánidos. Aunque, como tantas veces, la excusa fue la sostenibilidad ecológica, la realidad es que se aseguraba así pasar de un monopolio extractivo a un monopolio industrial. Quien quisiera producir pantallas para teléfonos tendría que abrir fábrica en China… y transferir tecnología.

Casi inmediatamente los rivales más cercanos de China, como Japón se pusieron a buscar alternativas. Si solo se podían producir pantallas si se contaba con un abastecimiento propio había que encontrar nuevos yacimientos… aunque no fueran muy convencionales. En 2013 Japón descubrió en los lodos de algunos fondos marinos en aguas internacionales una potencial -aunque cara- fuente de tierras raras. El incremento de las tensiones con China llevo a tomárselo cada vez más en serio y financiar nuevos estudios que probaron la viabilidad técnica de la mineria off-shore.

La guerra comercial y el desacoplamiento

Mina de tierras raras en California.

Pero fue solo con el desarrollo de la guerra comercial cuando, a partir de 2019, China empezó a considerar seriamente utilizar las tierras raras como contrapeso a la presión arancelaria de EEUU, quien por su parte empezó a buscar cómo suplir abastecimientos. Las tierras raras se habían convertido en un arma de la guerra comercial. De hecho y junto con la guerra de divisas la más potente del arsenal de Pekín.

Con esa perspectiva, la competencia entre distintos capitales por hacerse con el control de yacimientos se multiplicó. No solo entre asiáticos y norteamericanos, las empresas chinas y la Thyssen alemana empezaron a chocar abiertamente en Burundi y Zimbawe por ejemplo.

La aceleración de las contradicciones imperialistas producida por la pandemia del covid acabó de completar el cuadro: en junio de este año, China restringió finalmente el acceso de EEUU a tierras raras.

La respuesta de EEUU no se hizo esperar: montar a toda velocidad una industria extractiva propia, alimentándola con compras y reservas militares y civiles para vencer las dificultades que hace poco parecían insalvables. Y lo que es más importante, la alianza de los cinco ojos (EEUU, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Gran Bretaña), originalmente un club de servicios de inteligencia se recicló a toda velocidad en un sindicato de compradores e inversores en tierras raras. La importancia de estos recursos es tal que no es casualidad que los cinco ojos se esté convirtiendo en la base de un restrictivo bloque anglo de libre comercio en la que el único país no anglosajón con el que se valora una relación especial sea Japón, quien además está dando todo tipo de beneficios y facilidades a sus empresas para asegurar la provisión mediante compras de participaciones e inversiones en el extranjero.

¿Qué viene ahora?

Imanes de neodimio en un generador eléctrico.

Cuando ahora todos intentan organizar el desacoplamiento de China para evitar el desplazamiento de sus inversiones, las tierras raras han mostrado su verdadera importancia. Controlar la producción de tierras raras a día de hoy equivale a poder supeditar el desarrollo industrial de los rivales. Y lo que es aún más importante, acaparar aplicaciones en las que rentabilizar los capitales sobreacumulados para los que cada estado y capital nacional busca destinos desesperada y cada vez más violentamente. Por eso fueron la herramienta del primer intento para forzar monopolios globales chinos en industrias masivas y por eso la búsqueda de proveedores alternativos ha disparado el conflicto imperialista en Africa y empujado las bases de un bloque de potencias anglosajonas. Las tierras raras están y estarán por mucho tiempo en el centro del desarrollo tecnológico… y por lo mismo, del conflicto imperialista.

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