«Strike for Black Lives»

23 de julio, 2020 · Actualidad> Norteamérica> EEUU

En EEUU una alianza de sindicatos y grupos progresistas convocó este lunes una huelga de un día como muestra de solidaridad con el movimiento Black Lives Matter (BLM). Los sindicatos y grupos activistas que participan incluyen el SEIU (servicios públicos), la Brotherhood of Teamsters (camioneros), la American Federation of Teachers (maestros), los United Farm Workers (temporeros), la Fight for $15 and a Union, March On, el Center for Popular Democracy, la National Domestic Workers’ Alliance y el Movement for Black Lives. Se arrodillan como símbolo de expiación por el racismo, exigen que se apruebe la ley HEROES, animan la sindicalización… y enarbolan cuatro reivindicaciones que expresan los objetivos de fondo de los sindicatos estadounidenses y las razones de su confluencia con el movimiento BLM.

Primera reivindicación

«Negocios de propiedad negra», «somos nuestra propia solución» afirma la camiseta.

Justicia para las comunidades negras, con una declaración inequívoca de que las vidas de los negros son importantes, es un primer paso necesario para lograr la justicia para todos los trabajadores. Para ganar salarios más altos, mejores trabajos, y «Sindicatos para Todos», debemos asegurarnos de que los trabajadores negros puedan construir poder económico. Para ganar el «Medicare for All», debemos abordar las disparidades en la accesibilidad y la calidad de la atención. La acción sobre el cambio climático debe centrarse en las comunidades de color. Las comunidades de inmigrantes se solidarizan con los trabajadores negros para construir poder juntos. La educación, la vivienda y la reforma de la justicia penal deben empezar por escuchar a los trabajadores y líderes negros. Apoyaremos y nos alinearemos con las organizaciones dirigidas por negros y sus demandas.

Primer objetivo: Justicia para las comunidades negras. Aun si dejamos al margen que pedir justicia sea una reivindicación tan vacía como pedir amor y buen rollo, llama la atención que no se reclame para los trabajadores en general, ni tampoco para los que sufren discriminación. Se pide para las comunidades negras. Como si un trabajador negro tuviera los mismos intereses y sufriera la misma discriminación que el dueño de la empresa en la que trabaja, o como si las posibilidades de reaccionar y defenderse fueran iguales para un precario y un alto funcionario del estado solo por el hecho de ser ambos negros.

Todos estos falsos sobreentendidos se refuerzan afirmando que para que haya justicia para todos los trabajadores hay que apoyar al movimiento Black Lives Matter. Es coherente en realidad. El movimiento BLM hace especial hincapié en la necesidad de solidarizarse con las empresas que son propiedad de la pequeña burguesía negra (black-owned business). Llevan semanas recordándonos que estando muy concentradas en la venta al por menor, hostelería y servicios, se ven particularmente afectadas por la pandemia. Nada nuevo respecto a lo que hemos visto desde los orígenes del movimiento. Nada extraño que la huelga BLM se de por objetivo alinear a los trabajadores tras los intereses de la pequeña burguesía negra.

¿«Poder económico» para quién?

Propaganda de los argumentos de la pequeña burguesía negra.

Otra idea fuerza soprendente: para obtener mejores salarios y mejores empleos, deberíamos ayudar a los trabajadores negros a construir poder económico. ¿Cuándo han tenido los trabajadores poder económico? Pero no, en realidad no hablan de nada parecido al poder. Los sindicatos de California como AFSCME, SEIU y la Asociación de Maestros de California quieren revocar la Proposición 209, una iniciativa legislativa aprobada en California en 1996 que declaraba que el estado no puede discriminar, o conceder un trato preferencial a ningún grupo individual por motivos de raza, sexo, color, etnia u origen nacional. Un principio de igualdad básico. Pero los sindicatos quieren llevar a las empresas a tener cuotas raciales. El objetivo, según ellos sería diversificar los lugares de trabajo y hacer justicia así a la comunidad negra. El problema es que así dividen a la plantilla, abren el camino a la diversidad de salarios por el mismo trabajo y, al clasificar a cada uno por su raza, inevitablemente discriminan a todos. En vez de afirmar la igualdad y la universalidad de los intereses de todos los trabajadores, crean artificialmente divisiones entre compañeros de trabajo que de repente se verán impelidos a defender su raza si quieren mantener su puesto de trabajo.

No es algo nuevo, tampoco. Durante el movimiento por los derechos civiles, la primera gran manifestación de la pequeña burguesía negra en lucha por abolir los impedimentos para su ascenso social, una de las reivindicaciones fue aumentar el número de trabajadores negros en puestos de trabajo cualificados. En principio podría parecer que había un interés común entre el movimiento y los trabajadores. Para los trabajadores igualar las condiciones de explotación, eliminando la discriminación por sexo o raza, es parte básica de su proceso de constitución como clase por encima de las divisiones artificiales impuestas por el capitalismo. Pero para la pequeña burguesía negra el objetivo no era la igualdad -como no lo es para el feminismo- sino aumentar la demanda potencial para los black-owned-business y asegurar un pedazo del poder económico que veía si garantizaba un espacio de crecimiento en la pequeña burguesía corporativa.

Por eso los medios del movimiento por los derechos civiles, igual que los de BLM ahora, lejos de pasar por encima de la discriminación ahondaron la categorización, división y separación racial. Solo así, estableciendo cuotas por raza, los trabajadores negros podrían llegar a identificarse con los productos de los empresarios negros y la pequeña burguesía negra mantener un grupo de presión unido y legalmente reconocido en el aparato burocrático de las grandes empresas norteamericanas, las universidades y todo tipo de organizaciones. Como era obvio que aquello no tenía nada que ver con la igualdad frente a las condiciones de explotación, le llamaron fomento de la diversidad.

Los propios sindicatos se vieron sometidos a la diversificación que el movimiento imponía. En EEUU los acuerdos firmados entre sindicatos y empresas en principio solo afectan a los trabajadores miembros de los sindicatos que los firman, no al conjunto de la plantilla. Establecer un monopolio en un oficio o puesto determinado de la cadena de producción, con mejores salarios y protección social, es el principal argumento para la sindicación. Pero como la mayor parte de los trabajadores encuadrados en sindicatos, especialmente los de trabajadores cualificados, eran blancos, los sindicatos eran un obstáculo a a los objetivos del movimiento que requería o sindicatos para trabajadores negros a todos los niveles y oficios o que los sindicatos existentes al momento se diversificaran convirtiéndose ellos mismos en impulsores del sistema de cuotas a costa de sus propios afiliados. Algo que no hicieron por gusto.

Los abogados de derechos civiles impulsaron una serie de procesos legales que reconocían las cuotas raciales como una suerte de justicia reparadora y que fueron sistemáticamente apoyados por los tribunales federales. De esa manera no sólo rompieron el monopolio sindical de los oficios cualificados, ostentado muchas veces por sindicatos verdaderamente racistas, que negaban la oportunidad de afiliarse -y por tanto de acceder a mejores salarios y empleos- a los trabajadores negros, sino que también utilizando el aparato judicial, desbandaron a los sindicatos que simplemente no tenían una cantidad numéricamente suficiente de trabajadores negros afiliados. Los sindicatos tuvieron que adaptarse al cambio para poder sobrevivir como órganos del Estado. Las empresas y las industrias que se transformaron siguiendo las directrices del movimiento por los derechos civiles necesitaban sindicatos racialmente justos que transformaran las formas de división racial. No se trataba de eliminarla, sino de pasar de un modelo vertical, en el que los trabajadores negros eran más en los trabajos no cualificados y prácticamente inexistentes en los oficios especializados, a un modelo horizontal en el que la plantilla se dividía en cuotas raciales para cada nivel y oficio.

A partir de ahí surge también una nueva generación de sindicatos, como los United Farm Workers, una organización creada para llenar el vacío que dejó la Ley Nacional de Relaciones Laborales al no incluir a los trabajadores del campo dentro de sus protecciones. Este sindicato, buen representante de la reorientación sindical impulsada por el movimiento de la pequeña burguesía negra, trabajó mano a mano con organizaciones racialistas durante los años 60 como el Student Non-Violent Coordinating Committee (SNCC), la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP) y los Panteras Negras.

«Sindicatos para Todos» y «Medicare for All»

Campaña «Unions for All»

Sindicatos para Todos es una campaña del Service Employees International Union (SEIU) y Fight for 15. Sus reivindicaciones son:

  1. Reunir a los empleadores, los trabajadores y el gobierno en mesas de negociación de toda la industria para negociar salarios, beneficios y condiciones de trabajo.
  2. Establecer la Ley Nacional de Relaciones Laborales como el piso y no el techo de las leyes que rigen la organización de los trabajadores, permitiendo a los estados y ciudades facultar a los trabajadores para que se unan en un sindicato que opera más allá de los límites de la ley federal.
  3. Garantizar que todo dólar público se utilice para crear buenos trabajos sindicales y que todo trabajador y contratista federal gane al menos 15 dólares por hora y tenga la oportunidad de unirse a un sindicato.
  4. Poner en el centro de cualquier propuesta económica importante como Medicare for All o el Green New Deal, la creación de puestos de trabajo bien remunerados para trabajadores afiliados a sindicatos.

No puede ser más claro. Los sindicatos estadounidenses, restringidos por las leyes laborales federales, pretenden desempeñar un papel mucho más importante en la determinación de las condiciones generales de explotación. Quieren un modelo como el europeo o el argentino: con la ley de relaciones laborales convertida en algo equivalente un Estatuto de los trabajadores, firmar convenios de ámbito nacional con valor de ley y que afecten a todos los trabajadores y de paso ser los gestores de parte o la totalidad de fondos masivos de formación pagados por administraciones locales y federales. Esta transformación iría acompañada, de la implementación de un sistema de salud al estilo argentino, articulado alrededor de los fondos mutuales de los sindicatos. Garantizando que los buenos empleos del Green New Deal creados por el estado estuvieran monopolizados por trabajadores encuadrados en sindicatos, sus cuotas servirían para capitalizar el fondo en un primer momento.

Y aquí se introduce también el objetivo de declarar la importancia de las Vidas Negras. Centrar la acción sobre el cambio climático en las comunidades de color significa asegurarse una base sindical entre los trabajadores negros cualificados con buenos salarios vinculados al Green New Deal. Pero también impulsar a la pequeña burguesía negra dentro de la nueva burocracia estatal verde y garantizar al empresariado negro una buena cuota de los contratos estatales. Eso es lo que significa en realidad que la transición ecológica sea racialmente consciente. Siguiendo el modelo de desarrollo del feminismo como ideología de estado en España y otros países europeos, proyectan incluso crear una capa burocrático-política dedicada especialmente a evaluar cuán racialmente consciente es cada materialización del programa a través de su impacto racial.

Educación, vivienda y justicia penal

Cartel «pedagógico» del «Smithonian Museum » promoviendo los estereotipos racistas del racialismo de la pequeña burguesía negra. No tan diferente de la vieja propaganda racista blanca. Click para ampliar.

La educación, la vivienda y la reforma de la justicia penal deben empezar por escuchar a los trabajadores y líderes negros. Apoyaremos y nos alinearemos con las organizaciones dirigidas por negros y sus demandas.

La historia que se enseña en las escuelas pasaría a ser racialmente consciente. Los maestros de una cierta raza serán favorecidos en la contratación con el fin de revolucionar la educación. Los maestros y directores negros enseñarían a los maestros blancos, supuestamente privilegiados por el hecho de no ser negros, cómo expiar su privilegio. Una legión de profesionales pequeño burgueses del diálogo inter-racial serían contratados para erradicar la fragilidad blanca de las escuelas. Los académicos negros y sus publicaciones serían promocionados. En fin, significaría situar la visión de la pequeña burguesía negra como ideología de estado.

En cuanto a la reforma penal: definanciar, o desviar algo de dinero de una fuerza policial desproporcionada y un sistema penitenciario gigantesco a sistemas de protección social es de hecho urgente en una pandemia que ha agudizado el deterioro de las condiciones de vida al punto de reducir la cohesión social a un punto peligroso para el propio capital. Pero no se trata sólo de suministrar servicios sociales. El programa racialista de los sindicatos propone reducir fondos de la policía para reinvertirlos en las comunidades negras. De nuevo: más puestos burocráticos, mercados e inversiones para la pequeña burguesía negra.

Este es el fondo tras la consigna de escuchar a los líderes negros. Los líderes negros, la pequeña burguesía negra, nos dicen que les escuchemos, que tomemos en serio sus preocupaciones. No tiene nada que ver con los trabajadores negros, que no sólo no pueden ser líderes negros, sino que no tienen ningún interés distinto del de la clase trabajadora en su conjunto.

Segunda reivindicación

Legisladores del partido demócrata se arrodillan en signo de expiación por los pecados del racismo. El gesto se ha convertido en un símbolo del apoyo al movimiento BLM.

Que los funcionarios electos y los candidatos en todos los niveles utilicen su autoridad ejecutiva, legislativa y reguladora para comenzar a reescribir las reglas y reimaginar nuestra economía y democracia para que las comunidades negras puedan prosperar. Deben asegurar un voto justo y seguro en persona y por correo para que todos puedan participar plenamente en nuestra democracia. A medida que continuamos abordando la pandemia de COVID-19, debemos proteger la salud y la seguridad de todos los trabajadores, devolviendo a la gente al trabajo y a los espacios públicos con un plan racional, seguro y bien administrado diseñado con los trabajadores y las partes interesadas de la comunidad.

Reinvidican una democracia que se supone debe ser defendida de la corrupción y nos dicen que cuanta más gente vaya a votar más cerca estaríamos de conseguir un sistema justo. Y que nadie vaya a pensar que esto tiene nada que ver con los demócratas buscando votantes para las presidenciales de noviembre… aunque sus analistas vinieran diciendo, semanas antes del asesinato de George Floyd, que la clave electoral estaba en el voto negro.

De hecho, lo que proponen sindicatos y demócratas es tan justo, tan justo, que el plan para hacer frente a la pandemia que aun no ha llegado a su pico máximo en EEUU es… obligar a la gente a ir a trabajar, eso sí bajo un plan racional elaborado mano a mano entre el gobierno y los sindicatos. Muy racional desde el punto de vista del capital. Mientras el Titanic del sistema sanitario se hunde los sindicatos gritan ¡Los beneficios y las inversiones primero!.

Tercera reivindicación

Uno de los «toolkits» usado en las empresas para enseñar a los trabajadores blancos sus «privilegios».

Que las grandes empresas tomen medidas inmediatas para desmantelar el racismo, la supremacía blanca y la explotación económica dondequiera que exista, incluso en nuestros lugares de trabajo. Esto incluye que las grandes empresas aumenten los salarios, permitan a los trabajadores formar sindicatos, proporcionen atención médica, licencias por enfermedad y una mayor cobertura de atención médica a las personas que no tienen seguro o que han perdido la cobertura como resultado de la pérdida de sus empleos durante la pandemia de COVID-19, apoyo a la atención infantil y más, para interrumpir el ciclo multigeneracional de pobreza creado por sus ataques contra los trabajadores. Los trabajadores deben contar con un amplio equipo de protección personal (PPE) y tener voz en el plan para crear lugares de trabajo seguros durante y después de la pandemia.

Que las empresas desmantelen el racismo suena genial. En principio supone impulsar la supuesta revolución que ha llevado a las grandes empresas a emitir declaraciones de solidaridad con BLM. En la práctica, reproducir la maquinaria ideológica que se quiere para los colegios en cada empresa: actividades para recordar a los trabajadores blancos el privilegio que les separa de sus compañeros negros e iguala a estos con los jefes y cuadros negros.

Y por supuesto, la exigencia de una ampliación de cobertura sanitaria que acerque a EEUU a los niveles de Argentina es una necesidad tan obvia, incluso para el capital, que ni siquiera puede considerarse hoy por hoy como una reivindicación clasista.

Cuarta demanda

Gary Jones, dirigente de la UAW.

Que todo trabajador tenga la oportunidad de formar un sindicato, sin importar donde trabaje. Cada trabajador en América debe tener la libertad que proviene de la seguridad económica y la igualdad de oportunidades. Exigimos la aplicación inmediata de un salario mínimo de 15 dólares por hora, una cobertura sanitaria completa y baja por enfermedad pagada para todos.

Sindicatos para todos no es otra cosa que la reivindicación de que los sindicatos se conviertan en una pieza mucho más influyente del estado en el mercado de trabajo, elevándose a una posición similar a la de sus equivalentes europeos o argentinos. Las leyes sobre el Derecho al trabajo (Right-to-work) que funcionan en veintisiete estados, impiden efectivamente que los sindicatos firmen closed shops, es decir paritarias o convenios colectivos. En el marco legal estadounidense, en el que se da por hecho que los sindicatos solo representan a sus afiliados, esto quiere decir que la sindicación no puede ser obligatoria y ningún trabajador puede ser obligado a sindicarse y pagar las cuotas sindicales para trabajar en una empresa con sindicatos activos. De este modo el poder de los sindicatos estadounidenses, que depende de las listas de miembros y del cobro de cuotas, está por lo tanto muy restringido por las leyes de Derecho al trabajo. Incluso los sindicatos del sector público, como los sindicatos de maestros, pierden cada vez más fuerza conforme se desprestigian entre los trabajadores.

Pero en un contexto en el que una ola mundial de luchas y huelgas está plagando el mundo capitalista con cientos de huelgas al margen de los sindicatos, éstos necesitan presentarse como agentes políticos capaces de mejorar las condiciones generales de los trabajadores. Necesitan del estado y se ofrecen a él como herramienta para implantar nuevas ideologías de estado -racialismo de la pequeña burguesía negra, unión sagrada climática, etc.- y sobre todo como forma de evitar el desarrollo potencial presente en cada huelga que escapa de su control. Por eso no faltan sindicatos ni activistas que hablen de la importancia de los sindicatos precisamente en este momento de crisis. Se trata de canalizar el descontento de los trabajadores sindicalizados hacia… más de lo mismo que no lleva a ningún lado.

Una cierta alianza de intereses… contra los trabajadores

Huelga de jornaleros en Wasco, California.

No son sólo los sindicatos. Una buena parte de la pequeña burguesía -no solo la pequeña burguesía negra- ha descubierto en Black Lives Matter una oportunidad para recuperar espacios en el mercado y en el estado con la implantación de una nueva ideología que le sirve para defender cuotas burocráticas e identidades de consumo.

Los sindicatos, cuando nos dicen que debemos concentrar nuestras reivindicaciones en las vidas de los negros, están diciéndonos a los trabajadores como un todo, que nuestras propia lucha, la lucha que expresa las necesidades humanas universales, debe subordinarse a la lucha de la pequeña burguesía negra por recuperar su poder económico: es decir puestos y clientes. Nos dicen que aceptemos el nuevo consenso según el cual la principal víctima de la pandemia es la pequeña burguesía negra y que, por lo tanto, todo el mundo, incluida la clase obrera, debe hacer lo que pueda para apoyarla. Significa que nuestras necesidades, la necesidades humanas universales, deben ser subordinarse a las del pequeño capital…a la vida del capital. El mismo viejo cuento de siempre, ahora una máscara de justicia social al estilo americano.

Los activistas que organizan y dirigen las movilizaciones dicen que están luchando contra el cambio climático y por el protagonismo del Liderazgo Negro. La izquierda dice de estas movilizaciones que su mera existencia es un acto de resistencia radical.

Y en cambio, los trabajadores que fueron a la huelga, cuando se les pregunta, en cambio, dicen que protestan por mejores condiciones de trabajo. El contraste no puede ser más claro. Cuando la dirección del movimiento no es cuestionada ni en la menor medida y su discurso difiere tan radicalmente de los trabajadores que moviliza, no estamos ante un movimiento siquiera ambiguo en cuyo seno pueda surgir una respuesta de clase. Estamos ante un encuadramiento en toda regla.

Esta huelga, que se vende a los trabajadores como una lucha por la mejora de condiciones de trabajo y contra la discriminación de los trabajadores negros, afirma sin embargo en sus reivindicaciones la segregación entre trabajadores, amplifica la culpabilización racialista y acaba fundiendo todo con la consecución por los sindicatos de un estatus similar al de sus equivalentes europeos o argentinos. Todo bien sazonado y limitado por los intereses electorales del partido demócrata. ¿Dónde está el potencial obrero del movimiento BLM del que habla la izquierda estadounidense?

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