SEPE e INSS mantienen a casi 4 millones de trabajadores en el limbo: prestaciones de desempleo, ERTE e IMV demuestran que el «escudo social» era de cartón

19 de marzo, 2021

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Al colapso que arrastraban los organismos de los que depende que los trabajadores en peor situación por la crisis cobren sus subsidios se ha agregado ahora un ataque informático al SEPE. Al menos 3,6 millones de trabajadores han quedado en el limbo burocrático esperando cobrar el ERTE o el desempleo mientras la administración intenta recomponer las bases de datos. Pero pinta mal: el último backup es de noviembre. Y el INSS, sin necesidad de sufrir ataques no está en mucho mejor situación: 463.000 esperan respuesta sobre el IMV. Es lo que faltaba para despejar dudas a quién le quedaran: el cacareado escudo social del gobierno ha demostrado ser de cartón.

En este artículo…

SEPE e INSS: organismos claves en la distribución de subsidios y ayudas del «Escudo Social»

El SEPE coordina las prestaciones por desempleo y ERTE. El INSS distribuye el IMV.

El SEPE y el INSS son los organismos encargados en España de tramitar y pagar las prestaciones por desempleo, los pagos a los trabajadores en ERTE y el ingreso mínimo vital (IMV). Desde el principio de la pandemia están saturados y arrastran retrasos sangrantes. Todavía ayer el gobierno presentaba como un éxito haber concedido 200.000 solicitudes de IMV… cuando había calculado haber distribuido unas 750.000 a estas alturas.

El ataque informático al SEPE deja en evidencia una estructura cogida con alambre

Hace diez días, el 9 de marzo, se comunica un ataque informático en el SEPE que se presenta como una interrupción temporal y breve. Al día siguiente el sistema sigue sin funcionar, desde el ministerio aseguran que no se ha interrumpido la gestión de nóminas y prestaciones… pero los sindicatos funcionariales advierten que en realidad, están comprometidos todos los ordenadores y por tanto todos los trámites y rutinas del servicio.

Un día más tarde se anuncia que podría tardarse días en arreglar el desaguisado. Y el discurso empieza a virar: el pago de las prestaciones está garantizado aseguran… pero ya no se dice nada de cómo afectará al momento de cobro. Y de momento, Presidencia del Gobierno comunica que se suspende el cómputo de plazos. El tercer día de colapso la ministra de Trabajo, que está a punto de convertirse en vicepresidenta del Gobierno, pide tranquilidad y asegura que no hay riesgo de no cobrar los subsidios. Vuelve la web, pero no permite hacer trámites.

El primer fin de semana tras el ataque los técnicos siguen trabajando y los políticos asegurando una pronta vuelta a la normalidad. Pero se comunica que no solo el SEPE sino algunos otros servicios de la Seguridad Social están dañados.

Seis días después del ataque los trámites presenciales se ponen en marcha de nuevo… pero con papel. Es decir, se recogen peticiones y trámites sin incorporarlos a un sistema informático que sigue sin funcionar. Es solo una forma de bajar la tensión y comunicar que se marcha a la normalidad… sin que sea realmente así. Cuando ya se ha cumplido una semana del ataque, descubrimos que más de 3.600.000 trabajadores tienen paralizados sus expedientes.

Al parecer la situación varía por provincias. Y lo que están haciendo ahora es recomponer los archivos parcialmente a base de los últimos backups y de pedirles a las empresas que más contrataciones temporales realizan que… vuelvan a enviar los datos sobre contratos y despidos. En varias provincias al parecer el backup más reciente es de… noviembre pasado.

SEPE e INSS muestran que el «escudo social» era de cartón

Escudo social

La declaración del estado de alarma hace un año vino acompañada de una serie de medias rimbombantemente tituladas Escudo Social por el gobierno. Básicamente se permitía a las empresas hacer despidos temporales sin coste (ERTE) y se garantizaba un ingreso insuficiente para sobrevivir a los trabajadores. Para las familias más precarizadas, vulnerables según la neo-lengua oficial, se instituyó unos meses después el Ingreso Mínimo Vital (IMV).

Pero desde el primer momento quedó claro que si el famoso escudo social era insuficiente, aun más lo eran los medios dotados para ejecutarlo. El SEPE llegó a enero tras tres colapsos y con 300.000 ERTE sin pagar. Casi un 40% de los despedidos en la primera ola habían tardado más de seis meses en recibir la prestación. El INSS tampoco iba ni va mejor: a día de hoy el ministerio considera un éxito haber concedido 200.000 de 750.000 IMV que había calculado.

Poco a poco se fue haciendo público que las plantillas dedicadas a los nuevos procesos y los equipamientos no habían escalado en paralelo a las nuevas necesidades. En el SEPE están empleados 8.545 efectivos, un 20% más que antes de la pandemia. En el INSS, la Tesorería de la Seguridad Social, el Instituto Social de la Marina (ISM) y la Gerencia de Informática 22.981 personas, 7.000 menos que… en 2010. A todo eso hay que sumar un salto al teletrabajo mal hecho y un número de bajas por la pandemia espectacular.

¿Por qué no arreglan ni lo más básico?

Comparecencia de Sánchez en los primeros días de confinamiento. «Haremos lo que haga falta cuando haga falta». La situación del SEPE y el INSS muestra que mientras no haya movilizaciones de clase, al gobierno «no le hará falta» ni siquiera dotar a la burocracia.
Comparecencia de Sánchez en los primeros días de confinamiento. «Haremos lo que haga falta cuando haga falta». La situación del SEPE y el INSS muestra que mientras no haya movilizaciones de clase, al gobierno «no le hará falta» ni siquiera dotar a la burocracia.

Pero ¿un año después no podían haberse destinado medios siquiera para hacer los trámites? Es cuestión de prioridades, evidentemente. Estamos viendo como puente a puente y oleada a oleada no solo se relajan restricciones y por tanto sacrifican vidas para mantener con vida a las pequeñas empresas y con ello evitar morosidades a los bancos. Sino como también, se aprueban una tras otra inyecciones de miles de millones a la pequeña burguesía, sus comercios y empresas.

De hecho, no solo el gran capital, las energéticas y los bancos están dando beneficios de nuevo mientras los salarios españoles caían en picado. Sectores enteros de la pequeña burguesía están viendo escalar sus rentas entre ayudas, subsidios y pacto verde.

Que el escudo social era de cartón lo sabe cualquiera que haya tenido que recurrir al INSS o al SEPE, que esté en ERTE o haya solicitado el IMV. Que no se molesten ni en hacer viables los trámites e instalar una maquinaria burocrática mínimamente funcional para las solicitudes y pagos, va más allá.

Lo que muestra el colapso del SEPE y el INSS, con millones de trabajadores en el limbo esperando poder cobrar el ERTE, desempleo o IMV es que mientras los venenosos discursos de justicia social del gobierno y sus aliados, mano a mano con las barrabasadas de la derecha mantengan narcotizados y a la espera a buena parte de nuestros compañeros en los centros de trabajo, la clase dirigente no va ni a molestarse en hacer que las ventanillas funcionen.

Y si ni por eso se tienen que preocupar, tampoco implementarán medidas para parar la matanza de Covid, ni los hospitales se dotarán como es debido, ni la nueva Reforma Laboral será otra cosa que una fiesta para los dividendos a nuestra costa. Es momento de que los trabajadores demos un golpe en la mesa.

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