Segunda ola: preguntas y respuestas

7 de noviembre, 2020

casos 6 noviembre

Dónde estamos

Estamos ya en plena segunda ola. En Bélgica ya ha causado más fallecimientos que la primera y amenaza con colapsar hospitales. En España esta semana se cruzó la frontera de los 300 muertos diarios. Al igual que en Francia, la estadística no cubre las muertes debidas a la saturación hospitalaria cuya causa directa son otras dolencias y enfermedades. Cuando se cuenta el exceso de muertes total, España encabeza la mortalidad en Europa.

¿Qué aprendimos de la primera ola y el desconfinamiento?

La mayoría de los estados y autoridades sanitarias, incluso Turquía, reconocen que la causa principal del estallido de una segunda ola ha sido el desconfinamiento acelerado y precipitado de la primera ola que se materializó en:

1

Una reapertura escolar que convirtió a los niños en vectores de contagio inter-familiar e inter-generacional. Solo en Gran Bretaña, se calcula que el 50% de los contagios entre brotes tuvo lugar en las escuelas. Era completamente predecible en las condiciones en que se hizo. No faltaron ni la resistencia ni las huelgas. Pero recordemos, en todos los países los sindicatos pastelearon para hacerlo tragar y en países como España, el gobierno y el estado llegaron a amenazar con quitar la patria potestad a los padres que no querían participar de la insensatez en marcha.

2

Los transportes públicos hasta el lugar de trabajo. Aunque el sistema de rastreo esté diseñado para no reconocer transmisión comunitaria mientras haya una pequeña probabilidad de lo contrario (algún familiar o amigo contagiado), las redes de transporte y los propios centros de trabajo han sido los centros de difusión entre brotes.

3

El análisis de las cepas de Covid de esta segunda ola evidenció que la cepa que más rápido se extendió por toda Europa se originó entre los braceros y jornaleros del Noreste peninsular. Es decir, hay una relación directa entre las condiciones de precarización extrema de los obreros del campo en todo el continente y la segunda oleada de matanzas pandémicas.

¿Por qué no aprenden los estados?

Las burguesías europeas, como las de todo el mundo, supeditan la reacción a la pandemia a sus objetivos de clase. Salvar vidas es un objetivo secundario frente a salvar la economía, es decir, mantener la rentabilidad de las inversiones en la medida en que puedan y evitar la quiebra del mayor número posible de aplicaciones de capital (empresas).

Pero acelerar los desconfinamientos, reabrir escuelas y retrasar nuevos confinamientos al final ha sido peor en sus propios términos...

Es cierto. Lo que los gobiernos llamaban eufemísticamente rebrotes se demostraron rápidamente un desastre para la rentabilidad media del capital. Ni hablar de la segunda ola como tal. Pero la clase dominante es empirista, toma las decisiones una a una y se basa en una lógica de relaciones lineales causa-efecto. La concepción mecánica del ser humano y la sociedad forma parte no solo de su historia sino que, en condiciones normales, expresa sus intereses sin mayores contratiempos.

¿Qué es lo que el estado y la burguesía ven? Un balance lineal entre restricciones de movilidad que podrían salvar vidas y su coste económico. Incluso calculan y hacen reservas en el presupuesto del estado teniendo en cuenta ese coste. Pero el impacto nunca sale a cuenta y se contentan con exigir disciplina y responsabilidad individual. Pero las consecuencias en una curva de contagios nunca paran en la primera iteración, y tampoco son exclusivamente sanitarias.

Es una totalidad de interacciones la que determina el resultado final. Pero su concepción mecánica necesita reducir causas y efectos a relaciones directas. Así que reducen el número de elementos en el análisis aumentando el error con el número de interacciones sociales. Y a esta restricción artificial y su correspondiente miopía temporal hay que sumar dos elementos más. En primer lugar no van a reconocer en la sociedad aquello que no les interesa reconocer, como la centralidad del trabajo y su organización en todo cuanto ocurre socialmente. En segundo lugar, sus acendrados instintos de clase no dejan de operar y les dicen que el trabajo vale poco, que es sustituible y sacrificable. Ahora, en comparación con el daño producido en toda Europa, parece que les hubiera salido muy barato hacer PCRs y poner alojamientos prefabricados a los jornaleros. En su momento mandaron a la policía.

Así que el resultado global siempre les parece sorprendente e impredecible, porque su abordaje y concepción de la realidad, empezando por los cálculos de sus expertos, tiene dificultades graves para entender una realidad social compleja y articulada en torno a clases contradictorias en sus intereses.

Es decir, la realidad es muy diferente a cómo puede concebirla la clase dominante. Y cuando se enfrentan a sistemas complejos con resultados adversos potenciales con capacidad de escalar exponencialmente, su forma de analizar y pensar la realidad, su ideología, se torna peligrosamente disfuncional. No solo para ellos mismos y sus intereses, sino para toda la sociedad. En realidad, solo es otra consecuencia cruel algo que ya sabíamos: el sistema entero es hace tiempo anti-histórico y anti-humano por lo que su lógica interna se enfrenta cada vez más violentamente a las necesidades de la Humanidad entera.

Pero... ¿no hay nada que pueda parar la matanza?

Esa contradicción entre el capitalismo y todo lo que lleva consigo y las necesidades de la Humanidad se materializa y hace concreta en la contradicción entre las clases dirigentes y los trabajadores. Conforme crece la matanza y su rastro de pauperización, vamos viendo como esa contradicción se manifiesta, en todo el mundo y cada vez más extensamente bajo la forma de huelgas y movilizaciones que saltan -porque necesitan hacerlo- por encima del encuadramiento de las instituciones del estado. Y eso empieza por los sindicatos.

En Gran Bretaña está arrancando ahora una huelga salvaje, es decir organizada de abajo a arriba enfrentada a los sindicatos, para imponer el cierre de las aulas. En Francia la ola de huelgas en institutos por la falta de medidas realmente útiles de control de la pandemia en las clases ha obligado al gobierno a recular en parte. La huelga continuará a partir del lunes hasta que las clases de primaria e instituto sean con grupos reducidos de alumnos o se impartan a distancia. Ese es el camino.

¿Y la vacuna?

Sánchez nos dice que aguantemos hasta mayo, que entonces podría estar la vacuna. El condicional confiesa la improbabilidad.

La UE y España apostaron por las vacunas de los grandes laboratorios porque son, en sí mismos, grandes aplicaciones para un capital europeo que anda escaso de aplicaciones rentables. Estos, por su parte, han aprovechado el tratamiento especial brindado por los gobiernos para la investigación de la vacuna para intentar dar un empujón a la investigación en nuevas metodologías patentables basadas en vectores virales en lugar de usar los métodos convencionales. Según la OMS, 10 de los 35 candidatos que han llegado a los ensayos con seres humanos son vacunas de ADN o ARN. Confiados en que la escala de ventas a corto plazo, garantizada por los los macro-contratos con los estados, las rentabilizarían en tiempo récord, han tomado riesgos mayores de error. Desde el punto de vista de la rentabilidad de la inversión y la capacidad de atraer capitales era lo recomendable, claro. Pero no desde el punto de vista de la necesidad universal, que probablemente hubiera recomendado optar por obtener una vacuna por métodos tradicionales con mayores probabilidades de éxito.

¿Y el resto? La principal de las vacunas tradicionales es una de las chinas. Aparentemente es la más fiable y segura de cuanto se ha desarrollado hasta ahora y produce cierta confianza que países como los del Golfo, que no tienen que salvar al sector farmacéutico como parte de su estrategia de capital, hayan optado por ella. El problema es que no solo se trata de desarrollar una vacuna, sino de producirla. Y producirla significa movilizar recursos. Así que resulta altamente improbable que la UE vaya a primar vacunar cuanto antes con una vacuna segura pero tradicional, frente a esperar un poco más para hacerlo con una vacuna que daría oportunidades competitivas de futuro a los capitales europeos.

Es decir, la vacuna salvará vidas en un cierto plazo que todavía no sabemos cual será. Pero están muriendo cientos de personas al día en cada país. Y solo hay una forma de pararlo: luchando para imponer condiciones que frenen la matanza.