¿Se está hundiendo el régimen creado por la Constitución del 78?

6 de diciembre, 2020

constitucion 2020
Diputados, presidentes autonómicos y otros altos cargos electos llegan esta mañana al Congreso para celebrar el aniversario de la Constitución de 1978.

Seis de diciembre, aniversario de la Constitución española. Durante décadas liturgia de autohomenaje del aparato político y celebración de los mitos de la Transición. Hoy, el diario conservador y monárquico ABC titula a su editorial: El pacto constitucional, en quiebra. El diario El País, augur y fábrica ideológica durante casi tres décadas del proyecto modernizador de la burguesía española, invita a la reforma del texto legal… pero no con carácter inmediato dada la división política. Cualquiera que siga los medios españoles diría que la situación del régimen político es de verdadera descomposición. Y sin embargo…

1Lo primero es entender qué fue la Transición y qué significó la Constitución del 78 para comprender qué fuerzas tiene detrás su puesta en cuestión actual y por qué las las líneas de fractura están en los límites y financiación del poder autonómico y en la monarquía.

La organización de autonomías regionales en todo el territorio fue entonces el bálsamo que arrastró a la pequeña burguesía regional al proyecto de reestructuración del aparato político de la burguesía española. Las autonomías supusieron puestos burocráticos y académicos en masa al lado de casa, un refuerzo del cacicazgo local en las zonas agrarias y una verdadera piñata para una pequeña burguesía industrial de beneficios garantizados por ayudas, compras y planes de ordenación urbana decididos políticamente. La literatura y el cine, desde Crematorio a Muerte en León han relatado bien las contradicciones y la materialidad de lo que supuso la descentralización como pacto social entre la pequeña burguesía local y el capital español.

Lo que nadie parece querer recordar es que si bien la Transición implicó ese pacto social, en ningún caso fue el eje central de la jugada. Lo que preocupaba a la burguesía entonces no era una pequeña burguesía levantisca, sino un contexto de lucha de clases frente a los trabajadores que el franquismo ya no sabía encauzar. La burguesía española necesitaba izquierda y sindicatos. Por eso, la verdadera clave de bóveda de la Transición y sus famosos consensos no fue la Constitución en sí misma, sino los Pactos de la Moncloa y la imposición con ellos de un nuevo orden laboral que le serviría luego para hacer tres grandes reconversiones e iniciar una senda de precarización y redistribución de rentas a favor del capital que ni ha parado hoy, ni ponen en cuestión los que quieren un proceso constituyente. Al contrario, son los que invocan los Pactos de la Moncloa y organizan y encabezan su secuela, el llamado diálogo social.

2La crisis de 2009 acabaría arrastrando las bases materiales del pacto constitucional con la pequeña burguesía. Las autonomías no podían crecer más a costa de un estado que amenazaba quiebra y desde luego no podían rescatar a la masa de constructores y señores importantes quebrados ni asegurar ya un futuro en la administración a los hijos de la pequeña burguesía rural. De la revuelta ténue y festiva de la juventud pequeñoburguesa en 2011, se pasa en 2012 al desarrollo masivo del independentismo en Cataluña. La crisis llega al punto de una declaración de independencia en falso en 2017, seguida por la intervención estatal del gobierno regional y unas elecciones regionales que los partidos de estado pretenden ganar pero pierden. La desmoralización cunde en las filas del estado pero el mensaje de Navidad real de aquel año sirve para recordarles que si bien no han ganado, tampoco han perdido y que en una batalla de inercias, las del corazón judicial del estado tienen las de ganar.

¿Qué muestran los resultados de las elecciones de ayer? Una verdadera explosión de partidos independentistas, nacionalistas, regionalistas y hasta provincialistas que dejó un parlamento con 18 partidos, 13 de los cuales no se presentaban en todo el territorio. Si sumamos todos los partidos regionalistas con los representantes de Vox -su imagen especular por ser el «partido anti-autonomías»- inflado como ellos por la crisis catalana, salen 102 diputados. El «partido de la pequeña burguesía en revuelta» sería el segundo en número de representantes.

El aparato político vuelve al borde del colapso. 11/11/2019

3Pero aunque poco a poco y trabajosamente la burguesía y el estado encarrilen la batalla con el independentismo, el aparato político se desgarrará inevitablemente. La moción de censura que lleva a Sánchez al poder evidencia que la revuelta de la pequeña burguesía se ha convertido en un verdadero palo en la rueda para la hoja de ruta del capital español, que cada vez tiene más prisa y quiere prepararse para un nuevo empellón de la crisis. Tras dos intentos electorales con los que Sánchez intenta devolver el control a los partidos de estado, el nuevo Parlamento expresa más que nunca el carácter territorial de la revuelta pequeñoburguesa española. Al final, Sánchez opta por el pacto con Podemos y la formación de un bloque con los partidos independentistas vascos y catalanes.

Se trata de una implosión controlada del régimen político del 78… que sustenta sus bases precisamente en llevar al límite su sustancia política. Es decir, mantener el programa modernizador del capital español innovando en las formas e invocando a la justicia social: control de la jornada de trabajo… que la aumenta de hecho, bajada de la masa salarial combinando la subida del SMI con las condiciones de una reforma laboral Rajoy intocable en su núcleo, reforma de las pensiones hacia su privatización a la austriaca y Pacto verde como gran horizonte de una nueva transferencia de rentas masiva de los trabajadores al capital español. Y de hecho, el primer reflejo del gobierno PSOE-Podemos cuando ve la recesión venir al comienzo de la pandemia es… llamar a unos nuevos pactos de la Moncloa

4Una vez más, la pandemia y la recesión que ha vuelto con ella ha intensificado las contradicciones y avivado las prisas de la burguesía española. Si ya se vio en la primera ola, la desescalada y la vuelta a clase, en noviembre ha sido realmente obsceno: la política del estado -mano a mano entre gobierno central y autonomías- ha sacrificado miles de vidas a la matanza del Covid con tal de mantener la economía, es decir, mantener los dividendos de las grandes empresas y echar un capote a toda esa pequeña burguesía comercial y hostelera cuyas quejas han sido las únicas que los medios han pregonado.

En ese juego mortal para los trabajadores acelerado por los fracasos del capital español, el gobierno no solo necesitaba aprobar presupuestos, sino demostrar al poder económico que aceptando el parlamento tal cuál es, podía acometer lo realmente estratégico para sus beneficios: pensiones, nueva reforma laboral y pacto verde con la bendición y los fondos de ayuda de la UE. Pero para eso tenía a su vez que permitir a la pequeña burguesía en revuelta una cierta consolidación de posiciones. De ahí el protagonismo y las cesiones presupuestarias al PNV, el reconocimiento como fuerza legítima de Bildu, la aceptación de que el español deje de ser lengua vehicular en la enseñanza a los niños hispanoparlantes en Cataluña y posiblemente el indulto a los presos del procés.

La burguesía española siempre mantuvo y mantendrá una puerta abierta a proclamar la República ante una crisis existencial, especialmente si eso le garantiza la fidelidad de la pequeña burguesía. Pero solo la aparición de luchas masivas de trabajadores podría llevar a la burguesía a un movimiento tan arriesgado, y si fuera así, no sería desde luego para «ceder» en nada a los trabajadores sino para hacernos descarrilar y enfrentarnos con más fuerzas y más contundencia, como en 1931

¿Abolición de la monarquía? 27/1o/2018

5El problema de todo eso es que Podemos, miembro del gobierno y articulador del llamado bloque Frankenstein con los independentistas, no se beneficia en absoluto de las tensiones territoriales… que él mismo sufre en su interior. Si su posición en la crisis catalana acabó reduciendo sus expectativas parlamentarias en dos tercios, las divergencias con las confluencias le han sacado de importantes parlamentos autonómicos.

Añadamos ahora un fondo importante: los enjuagues financieros y comisiones del antiguo rey eran hasta hace poco celebrados por ir apareadas a éxitos comerciales de las grandes empresas españolas. Pero ahora sirven a distintos rivales internacionales para desacreditar a esas mismas empresas en sus batallas por licitaciones internacionales. La burguesía corporativa española, que no tiene el más mínimo reparo en borbonear al Borbón cuando ya no le sirve, le deja marchar con un hipócrita mohín de condena moral.

Y Podemos ve el cielo abierto: reconducir a los independentistas hacia la abolición de la monarquía le permite encontrar un terreno común con ellos que refuerza en vez de erosionar su base electoral… sin romper ni mucho menos los consensos importantes en la clase dominante, por mucho que se escandalice la derecha.

Porque no nos engañemos, la abolición de la monarquía es, como tantas consignas del gusto de la pequeña burguesía, reaccionaria y utópica a la vez; pero esta vez ni siquiera es un programa político. No llega ni a consigna inmediata. En palabras de Iglesias hoy mismo, se trata de un horizonte, algo hacia lo que las fuerzas regionalistas podrían confluir devolviendo la centralidad de la revuelta a Podemos, reforzando su posición como fuerza de gobierno.

6Resumiendo: recuperar las ganancias perdidas va a consumir y centrar los esfuerzos políticos de la burguesía española de aquí a 2025. Para sacar adelante su agenda -a nuestra costa- necesita mantener la paz social -es decir, que la clase trabajadora quede paralizada al margen de la tendencia global– y cerrar un pacto social con la pequeña burguesía que, en las condiciones españolas, pasa por una redistribución de poder territorial. Eso ha comenzando ya con el reparto de los fondos de recuperación de la UE y los presupuestos. Pero se consolidará con movimientos de calado tendentes a confederalizar el estado y dar fuentes de rentas a las pequeñas burguesías territoriales más levantiscas. En ese sentido y en el de la estructura de partidos políticos, el régimen del 78 puede darse por muerto… precisamente porque lo que viene son nuevos ataques de dimensiones comparables a las de los pactos de la Moncloa y el viejo aparato político ya no se basta para imponerlos.

Eso sí, lo que viene no va a ser tampoco una luna de miel entre la burguesía española -representada políticamente por los partidos de estado– y la pequeña burguesía regional. La intervención de Ana Oramas amenazando con la vuelta de un independentismo armado canario, refleja muchas conversaciones reales que están teniendo lugar entre los cacicazgos provinciales españoles. El cruce de miradas entre Sánchez e Iglesias que le siguió, adelanta lo atónitos que pueden llegar a quedarse en el triángulo Vitoria, Barcelona Madrid ante la emergencia de una tercera ola de la revuelta pequeñoburguesa más allá de la dinámica entre los separatismos clásicos y el ultranacionalismo españolista de un Vox. Para eso también la carta republicana puede ser útil a la dirección del gobierno siquiera como señuelo.

7Pero lo que está claro es que las contradicciones de la burguesía española no hacen sino agravarse cada vez que intentan recomponer políticamente lo que la recesión descompone. Y que la voz decisiva, la de la única fuerza que plantea objetivos realmente sociales y universales, está todavía por hacerse sentir. El mundo de la clase dominante y el sistema que la sostiene está históricamente agotado. Lo que decíamos hablando sobre la matanza en noviembre del Covid es perfectamente aplicable a las condiciones de pobreza, precariedad y destrozo humano, psicológico y cultural que está produciendo esta crisis:

Tal como están las cosas, con el estado volcado en recuperar los números de las grandes empresas y la pequeña burguesía cada día más desesperada y negacionista porque quiebran sus negocios, los únicos interesados realmente en parar el virus y salvar vidas sin condiciones somos los trabajadores. Tenemos que hacerlo valer porque ninguna otra clase o grupo social va a hacerlo por nosotros.

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