Salvar al soldado Biden

17 de febrero, 2022

Tanques rusos en Bielorrusia
Tanques rusos en Bielorrusia

El ejército ruso anunció el fin escalonado de las maniobras en marcha desde el Mediterráneo a Bielorrusia. Pero según la prensa estadounidense, la invasión de Ucrania sigue siendo inminente y la tensión sigue creciendo, de hecho habría 7.000 soldados más sobre el terreno por lo que habría que reforzar y prolongar el despliegue OTAN. Pero Francia y Alemania están ya a otra cosa, contradiciendo ese discurso abiertamente, incorporando a China y colocándose en las antípodas de una propaganda estadounidense cuyos objetivos reales parecen ser «salvar al soldado Biden» en la interna estadounidense y cambiar a la fuerza la matriz energética europea.

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¿Se repliega Rusia? ¿Por qué?

Tanques rusos en Crimea se repliegan y envían a sus bases permanentes
Tanques rusos en Crimea se repliegan y envían a sus bases permanentes

A estas alturas, parece bastante claro que las «medidas técnico militares» anunciadas por Putin en caso de no acuerdo con la OTAN no pasarían por una invasión de Ucrania sino por el despliegue de misiles nucleares de medio alcance en Bielorrusia, que está cambiado su constitución expresamente para prestar su suelo al ejército ruso. El equilibrio nuclear en Europa y el fin de la «profundidad estratégica» rusa fue la cuestión de fondo desde el principio de esta crisis, que sin embargo ha puesto muchas más cosas sobre la mesa.

De hecho, según John Sawers, exdirector del Mi6, la inteligencia exterior británica, «las preocupaciones de seguridad rusas han vuelto a ocupar un lugar destacado en la agenda diplomática internacional», lo que sería un triunfo suficiente como para esperar del Kremlin un desmontaje tranquilo de las maniobras actuales. Rusia no habría pretendido más que agitar el tablero, sin pretensión real de romperlo.

Es más, si leemos con atención los mensajes de la OTAN, están hablando de consolidar sus posiciones en el Este a medio plazo como parte de una «nueva normalidad» con Rusia. Ya ha desaparecido la insistencia en la supuesta inminencia de una invasión, aunque escenifiquen indignación porque «las tropas se muevan de un lado a otro» entre distintos ejercicios sin reducir su volumen total o incluso incrementándolo.

En ese contexto el mensaje de Biden el martes, asegurando que «aún es claramente posible una invasión», en el que la Casa Blanca insistió el miércoles, suena más que dudoso en París y Berlín. Más que la angustia de Pedro ante el escepticismo de sus vecinos cuando avisa por enésima vez de la llegada del lobo -y es cierta- , parece una invitación desesperada del joven pastor al lobo para que se haga presente de una vez.

La incubación de una posición franco-alemana que quiere contener tanto a EEUU como a Rusia

Scholz en el Kremlin da una rueda de prensa junto a Putin
Scholz en el Kremlin da una rueda de prensa junto a Putin

La prensa francesa fue la primera en poner en cuestión los mensajes de la inteligencia estadounidense y británica afirmando que eran parte de una guerra de propaganda. A estas alturas, tras pasar el famoso día D en que según Biden, Rusia iba a invadir Ucrania, hasta los mansos medios públicos españoles propagan el escepticismo. Pero el mensaje está yendo mucho más lejos en algunos medios, reflejando un posicionamiento cada vez más conflictivo de las burguesías alemana y francesa.

Por reflejar con especial claridad el tono de opiniones y columnas que estamos leyendo en estos últimos días en medios muy diversos tanto en Alemania como en Francia, merece la pena una larga cita del último editorial de Marianne y una llamada de atención sobre el título: «Ucrania: saber quién quiere realmente la guerra».

Vladimir Putin no es más recomendable que Saddam Hussein. Y reunió sus tropas alrededor de Ucrania. Pero un proyecto de invasión requiere una logística distinta a los ejercicios militares, visible por satélite. Y nos gustaría que Estados Unidos, esta vez, no pida que creamos su palabra.

Ante tal situación, es necesario un poco de profundidad histórica para entender que los llamados a la unidad entre los «europeos», e incluso entre los «occidentales», vendrían sólo de un alineamiento sobre intereses que no son los nuestros y no servirían a la estabilidad del mundo.

Primer punto a tener en cuenta, los demócratas estadounidenses siempre han sido halcones convencidos de que los rusos siguen siendo el enemigo hereditario. [...] La derrota de Hillary Clinton frente a Donald Trump, que los demócratas atribuyen a la manipulación rusa por no admitir la nulidad de su candidata, ha reforzado aún más su obsesión. [...]

La tensión entre Vladimir Putin y Estados Unidos se remonta aún más atrás, a principios de la década de 2000, cuando el todopoderoso jefe de Yukos, la primera petrolera rusa, forjó alianzas con el grupo Exxon Mobil.

Su director general, Mikhail Khodorkovsky, planea entonces vender su grupo a los anglosajones por 25.000 millones de dólares, lo que le hubiera permitido financiar una campaña presidencial con la benevolencia de los estadounidenses. Vladimir Putin luego le hace caer por evasión de impuestos y le encarcela durante diez años. Los estadounidenses entienden en este momento que no tendrán en sus manos las materias primas rusas.

Veinte años después, Estados Unidos se ha convertido en exportador de gas natural licuado y busca conquistar el mercado europeo. Los alemanes, bajo la presión de los Verdes, han optado por un 45 % de energía renovable intermitente: necesitan el gas adicional de sus centrales eléctricas alimentadas con gas, actualmente abastecidas por gasoductos rusos. Y el nuevo, Nord Stream 2, permite eludir Ucrania.

Obviamente, es este gasoducto el que los estadounidenses amenazan con cerrar en caso de un incidente en suelo ucraniano. Tener esto en cuenta es evitar creer que, por ser Vladimir Putin un autócrata sin escrúpulos, quienes lo enfrentan son filántropos generosos. Ni Francia ni Europa tendrían nada que ganar con ello.

Ucrania: saber quién quiere la guerra. Natacha Polony, directora de Marianne.

Spiegel ya venía preguntándose si la crisis no acabaría en un acuerdo ruso-estadounidense que dejara en una situación imposible a Ucrania... y al eje franco-alemán. De hecho, uno de los temores principales de las cancillerías europeas -en los que se insiste más cada día en la prensa alemana- ha sido si la tensión acumulada durante estos meses no acabaría en un cambio de régimen en Kiev con un gobierno ultranacionalista sustituyendo a Zelensky.

Zelensky, que obviamente comparte esas preocupaciones, llegó a retar a EEUU exigiendo, según BBC, que si las potencias occidentales tenían «alguna evidencia firme» de la inminencia de una invasión que la mostraran. Una posición atrevida para el jefe de un estado tampón.

Por si acaso y temiendo un golpe ultra, Zelensky decidió quitar literalmente la bandera de las manos de sus oponentes más nacionalistas convocando ayer -día de la supuesta invasión- un «día de la unidad». Un despliegue de banderas y actos patrióticos dedicado a exaltar la unión sagrada de clases y la preparación del estado y la sociedad para la guerra. Las crónicas demostraron que, afortunadamente, el ambiente jingoista y belicista de la clase dirigente ucraniana, no obnubila a la mayor parte de una población que estuvo lejos de mostrarse entusiasta y no participó masivamente.

Salvar al soldado Biden

Joseph Biden
Joseph Biden

Por su lado, la prensa filo-demócrata de EEUU ha pasado directamente al modo propaganda de guerra y desinformación con joyas como el New York Times mostrando una desvencijada base polaca para refutar el temor ruso a un despliegue de misiles INF en suelo polaco.

Pero lo mejor quedaba para las columnas de opinión y los spin doctors. Apenas unas horas después de confirmarse que Rusia no había invadido Ucrania en la fecha y hora aventada por Biden, se abría un verdadero fuego cruzado de ditirambos y exaltaciones épicas del presidente. El mensaje: si no hay guerra ni invasión ha sido por la «gestión magistral de la crisis» realizada por Biden.

Delatoramente, lo que se señalaba en todos los artículos es que esa gestión magistral había consistido en «poner en formación a nuestros aliados europeos, particularmente a Alemania» y haber descubierto «formas de abastecer a Europa con gas natural licuado». Olvidaban decir eso sí, que las formas en cuestión son las mismas que intentaba imponer Trump desde que en 2018 abrió la batalla por el NordStream2: forzar a Alemania a comprar gas estadounidense desde instalaciones polacas.

Y por supuesto no podía faltar el remate de una advertencia a China: «creemos en las alianzas, y cuando actuamos de acuerdo con nuestros aliados, aún podemos cerrar un puño poderoso, en caso de que esté pensando en apoderarse de Taiwán».

Aunque estos mensajes puedan resultar risibles desde la perspectiva europea, son profundamente preocupantes. La prensa demócrata los emite no sólo porque quiera evitar el desgaste interno de Biden, cada vez más tocado en los sondeos.

Salvar al soldado Biden es fundamental para ellos ahora porque entienden que la forma en que el partido demócrata puede reducir la violencia de la fractura entre facciones de la burguesía de su país y ganar a un cierto sector de la pequeña burguesía airada, es acelerando y elevando de nivel el desarrollo militar de sus líneas de conflicto imperialista.

Al menos mientras los demócratas vean inseguras sus perspectivas electorales, nos viene un periodo de tensiones inter-imperialistas potencialmente explosivas. Aunque no haya habido invasión ni vaya a haberla, esto no es un juego de alardes y va a serlo cada vez menos.

China y la geopolítica del capital francés y alemán

Puente ferroviario sobre el Volga, el mayor río de Europa. Por este puente pasará el ferrocarril chino que llegará hasta Londres pasando por Berlín y cruzando Rusia y Asia Central.
Puente ferroviario sobre el Volga, el mayor río de Europa. Por este puente pasará el ferrocarril de mercancías chino que llegará hasta Londres pasando por Berlín y cruzando Rusia y Asia Central.

A todo esto, Xi mantuvo una conversación telefónica ayer con Macron. La agencia oficial china, Xinhua, lanzó una sucinta nota de prensa que, en la edición en francés, tenía un pequeño añadido, que copiamos en negrita, nada casual.

El presidente chino también enfatizó que las partes relevantes deben hacer pleno uso de las plataformas multilaterales, incluido el formato de Normandía.

El formato de Normandía es una mesa a cuatro entre Francia, Alemania, Rusia y Ucrania. Y obviamente es el preferido y propuesto a Putin por Macron y Scholz. Así que el mensaje de Xi es doble.

  • A Putin le traslada la importancia de mantener una relación propia con Francia y Alemania al margen de la OTAN que no cortocircuite la perspectiva de un gran mercado de capitales y mercancías euroasiático, de Shanghai a Faro.
  • A Macron y Scholz les impulsa a tomarse en serio la integración económica con China y lanzar de una vez el acuerdo de inversiones UE-China paralizado hace un año.

Se revela así un nueva fuerza de fondo en la tectónica de formación de bloques que estamos viviendo. El continente eurasiático es una gran isla en la que vive el 70% de la población mundial. Tiene dos grandes polos de acumulación de capital, uno en cada uno de sus extremos. Dos polos que aspiran a unificar sus mercados y desarrollar nuevas bases de consumidores y oportunidades de inversión en el espacio que les separa... en el cual Rusia es una parte importantísima en todos los sentidos, desde el logístico al energético.

Este cuadro continental es el que da verdadero significado a la aseveración de Scholz en el Kremlin, donde a pesar de ser más contundente que conciliador, aseveró con claridad que:

Para nosotros, los alemanes, pero también para todos los europeos, está claro que no se puede lograr una seguridad sostenible contra Rusia, solo con Rusia. No debemos terminar en un callejón sin salida. Eso sería una desgracia para todos nosotros.

¿Paz en nuestros tiempos?

Que no haya habido invasión rusa de Ucrania ni estallado una guerra con la participación directa de grandes potencias no debe provocarnos ninguna paz ni entusiasmo. El balance que se perfila seguirá a esta guerra fantasma es el de un desarrollo del militarismo y la agresividad en la confrontación entre intereses imperialistas.

Y no solo en suelo europeo, el despliegue ruso frente a Japón en estos días es en realidad más preocupante que el de Ucrania en tanto que no responde a otra amenaza que la de un posicionamiento diplomático japonés.

Y mientras los medios miraban a la frontera ucraniana, Francia era desalojada con paños destemplados de un Mali ahora aliado ruso. Macron estudia ahora si llevar esos soldados europeos a Níger sin preocupación aparente por aumentar aún más la tensión con Argelia. La Comisión que dirige la UE tiene ya poderes garantizados para recortar o congelar los fondos que reciban Polonia y Hungría. Y eso por no hablar de los equilibrios cambiantes en Oriente Medio o de la carrera armamentística y nuclear en el Pacífico.

La única noticia que, tenuemente insinúa una alternativa es la de la ausencia de masas de trabajadores en los actos patrióticos que tanto en Ucrania como en Rusia pretendían escenificar la «unión sagrada» para la guerra.

No hay que sobredimensionarla, es una resistencia pasiva al encuadramiento. Pero se alimenta de una experiencia reciente de huelgas a los dos lados de la frontera del Donbass que sí representaron una alternativa, la única posible, a la tendencia hacia la mundialización de la guerra que vivimos.

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