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11/02/2018 | Crítica de la ideología

Entre 1896 y 1917 tiene lugar el combate del ala izquierda de la II Internacional, con Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin a la cabeza, contra el naciente movimiento feminista, centrado entonces en ampliar el sufragio censitario a las mujeres burguesas y pequeñoburguesas. Fue esta batalla la que dio lugar al nacimiento del 8 de marzo como día de reivindicación obrera. El enfrentamiento con el feminismo quedó saldado con el estallido de la Primera guerra imperialista mundial y la Revolución rusa.

En este artículo...

El feminismo y el movimiento socialista

El feminismo aparece a finales de los años 90 del siglo XIX en toda Europa como «sufragismo». Las sufragistas defendían la ampliación del derecho al voto de las mujeres dentro del sufragio censitario (restringido a los propietarios), es decir, el derecho de las mujeres de las clases propietarias a participar en las dirección política del estado y la sociedad establecidas.

En su batalla para hacer un hueco en las direcciones de las empresas y el gobierno a las mujeres de la pequeña burguesía y las clases altas, las sufragistas trataron pronto de ganar a las mujeres trabajadoras, mucho mayores en número y sobre todo mucho más organizadas. Las feministas proponían un frente interclasista de «mujeres» cuyo objetivo sería conseguir diputadas burguesas dentro del sistema censitario. Prometían representar el «interés común en tanto que mujeres» que supuestamente unía a las trabajadoras con aquellas burguesas del liberalismo radical inglés.

La izquierda de la II Internacional, con Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin a la cabeza se opuso radicalmente. Un año antes de la formación del primer grupo sufragista en Inglaterra, Zetkin había presentado en Gotha, el verdadero congreso fundacional del partido socialista alemán un informe sobre «La cuestión de la mujer y las tareas de la socialdemocracia» aprobado unánimemente.

Desde entonces los socialistas alemanes se habían dedicado a organizar y formar a miles de mujeres de clase trabajadora, impulsado movilizaciones por el sufragio universal para ambos sexos. A partir del Congreso de Stuttgart de la Internacional, la izquierda, con Zetkin y Luxemburgo a la cabeza, dan la batalla a nivel global. No contra un supuesto machismo de la dirección, sino contra las cesiones al feminismo de algunos partidos como el belga, que había aprobado en su congreso apoyar la ampliación del sufragio censitario a las mujeres de clases altas.

El Congreso de la II Internacional celebrado en Stuttgart comprometió a los partidos socialdemócratas de todos los países a iniciar la lucha por el sufragio universal femenino como parte esencial e irrenunciable de la lucha general del proletariado por el derecho de voto y por el poder, en neta contraposición con las aspiraciones feministas.

Clara Zetkin

Sobre el primer feminismo: El nacimiento del feminismo Las primeras feministas que se dirigieron a las trabajadoras Sylvia Pankhurst contra el feminismo

Zetkin contra la Palabrería sobre los derechos de las mujeres

La palabra «feminismo» aparece por primera vez en 1891 en Francia, marcando el momento en que el movimiento de mujeres de la pequeña burguesía se afirma por primera vez en todo el país. Pero durante mucho tiempo, sin embargo, seguirá siendo conocido en Europa continental como «Frauenrechtlerinnen» («defensa de los derechos de las mujeres»).

Los marxistas, y en especial Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, utilizarán otros términos de matiz muy distinto que sin embargo aparecen hoy en las traducciones como «feminismo», cambiando completamente su sentido. Por ejemplo, el término que utilizaba Zetkin más frecuentemente era «Frauenrechtelerei»: «palabrería sobre los derechos de las mujeres». De hecho lo seguirá usando toda su vida:

Las líneas directrices deberán expresar nítidamente que la verdadera emancipación de la mujer solo será posible mediante el comunismo. Hay que hacer resaltar con toda fuerza la relación sobre los medios de producción. Con esto trazaremos una línea divisoria firme e indeleble contra el movimiento del «palabrerío sobre los derechos de las mujeres».

Clara Zetkin. Recuerdos sobre Lenin

En realidad Zetkin a veces utiliza, «frauenrechtelei», que no es mejor: «charlataneo sobre los derechos de las mujeres». Que hayamos encontrado, Zetkin solo utiliza el término «feminista» muy tarde, en 1928, cuando haciendo una historia del movimiento de mujeres obreras en Alemania, critique la «feministische tendenz» (tendencia feminista) de los líderes socialdemócratas oportunistas.

Por cierto que aquel acercamiento hacia la expresión política de la pequeña burguesía femenina dio ocasión al primer enfrentamiento de la izquierda -con el apoyo explícito de un ya muy mayor Engels- con la dirección oportunista del SPD. No es pues un contexto muy positivo. Pero el resto de veces que Rosa Luxemburgo y Zetkin se refieren a las feministas es con un término abiertamente despectivo.

Rosa Luxemburgo y la izquierda de la Internacional contra el feminismo

La batalla ideológica se va haciendo cada vez más intensa con los años. Rosa Luxemburgo comparte en su correspondencia su rechazo íntimo al argumentario «moral y espiritual» del feminismo y las invocaciones al «desarrollo de la propia personalidad» cuando lo que estaban en realidad reivindicando las feministas era la igualdad entre hombres y mujeres de las capas en el poder dentro de ese poder.

Tiene claro que «la mujer» no es un sujeto histórico por encima o al margen de las clases sociales y por eso le produce un rechazo profundo la reivindicación de un supuesto «derecho de las mujeres» que beneficiaría a las trabajadoras al margen de la evolución del movimiento de los trabajadores en general y la lucha contra el capitalismo.

Para Luxemburgo, las feministas intentan usar el rechazo de los trabajadores a la opresión de la mujer en una forma de desviar la lucha y consolidar un sistema que entonces acababa su fase históricamente progresista, del mismo modo que hacía el nacionalismo manipulando la resistencia a la opresión cultural-nacional:

El deber de protestar contra la opresión nacional y de combatirla, que corresponde al partido de clase del proletariado, no encuentra su fundamento en ningún «derecho de las naciones» particular, así como tampoco la igualdad política y social de los sexos no emana de ningún «derecho de la mujer» al que hace referencia el movimiento burgués de emancipación de las mujeres.

Estos deberes no pueden deducirse más que de una oposición generalizada al sistema de clases, a todas las formas de desigualdad social y a todo poder de dominación. En una palabra, se deducen del principio fundamental del socialismo.

Rosa Luxemburgo. La cuestión nacional y la autonomía, 1908

En «Die Gleichheit«, el periódico dirigido por Zetkin, deja claro que el poder de las mujeres beneficiadas por el sufragio censitario nacía de su posición social en la burguesía y la pequeña burguesía y que la reforma legal del derecho a voto que proponían afianzaría ese poder; sin embargo, las mujeres trabajadoras solo podían afirmarse a través de las luchas obreras mano a mano con sus compañeros de clase.

Las defensoras de los derechos de las mujeres burguesas desean adquirir derechos políticos para participar en la vida política. Las mujeres proletarias solo pueden seguir el camino de las luchas obreras, lo opuesto de poner un pie en el poder real por medio de estatutos básicamente jurídicos.

Por eso denunciaba denunciaba cualquier organización «de mujeres» y todo «frente de organizaciones de mujeres», pues se daba cuenta que organizarse en un mentiroso espacio interclasista solo servía para engrosar el poder de las capas pequeñoburguesas (y, como veremos, patriotas) que sostenían al feminismo y dividir al movimiento de clase.

El 8 de Marzo contra el feminismo

Luxemburgo tiene tan claro que la organización de grupos exclusivos de mujeres no puede abrir la puerta ni al interclasismo ni a la separación de la clase, que cuando Clara Zetkin le invita al primer congreso de mujeres socialistas se burla en una carta a Luisa Kautsky: «¿Es que acaso ahora somos defensoras de derechos femeninos?» -escribe, ironizando sobre el nombre con el que las feministas se identificaban en Alemania.

Pero Luxemburgo sabía que si Clara Zetkin organizaba grupos de mujeres socialistas era por lo mismo que la II Internacional creaba grupos de jóvenes: para llegar con su programa al conjunto de la clase trabajadora y no solo a los trabajadores de grandes concentraciones obreras en sus centros de trabajo. Aunque en la Alemania de la época había muchas mujeres en las fábricas, la mayoría de las mujeres obreras se dedicaban a trabajos no industriales, a la crianza de sus propios hijos y a industrias basadas en trabajo doméstico.

No hay más que un sólo movimiento, una sola organización de mujeres comunistas -antes socialistas- en el seno del partido comunista junto a los hombres comunistas. Los fines de los hombres comunistas son nuestros fines, nuestras tareas

Clara Zetkin

La creación del 8 de marzo como jornada de lucha, de huelga, en 1910 bajo el nombre de «Día de Solidaridad Internacional de las mujeres proletarias» a propuesta de Zetkin es parte de lo mismo. Se trata de afirmar el carácter socialista y obrero del movimiento por el sufragio realmente universal, es decir, incluyendo la consecución del voto por las mujeres.

Es decir, la creación del 8 de marzo fue parte de la lucha de las mujeres de la Izquierda de la II Internacional por los derechos democráticos de todos los trabajadores y contra la idea feminista de la «unión de las mujeres», «contra la que he luchado toda mi vida» como escribiría Rosa Luxemburgo.

El momento de la verdad

El momento de la verdad que demostraría el fondo y la razón de la batalla de la izquierda de la II Internacional contra el feminismo vendría con la guerra mundial.

Las sufragistas «exigen», literalmente, a los gobiernos la incorporación de las mujeres al esfuerzo de guerra y la carnicería bélica. En premio, el gobierno británico concede en 1918 el voto a los 8 millones de mujeres de familias más pudientes, todavía lejos del sufragio universal. Es lo que ahora la prensa celebra como «conquista del voto por las mujeres» olvidando decir que solo eran unas pocas.

En cambio Zetkin y los grupos de mujeres obreras convocarán la primera conferencia internacional contra la guerra en mitad de la represión más salvaje de los internacionalistas por parte de todos los gobiernos. Es el primer acto político organizado por un grupo de la II Internacional contra la guerra en un momento en el que Luxemburgo, Rühle o Liebcknecht están ya en prisión

Conducir a los proletarios a liberarse del nacionalismo y a los partidos socialistas a recuperar su entera libertad para la lucha de clases. El fin de la guerra no puede ser alcanzado más que por la voluntad clara e inquebrantable de las masas populares de los países beligerantes. En favor de una acción, la Conferencia hace un llamamiento a las mujeres socialistas y a los partidos socialistas de todos los países: ¡Guerra a la guerra!

Declaración de la conferencia Internacional de mujeres socialistas contra la guerra

El 8 de marzo de 1917, la manifestación del 8 de marzo en Petrogrado que, como era tradicional, organizaban los grupos de obreras socialistas convocando al conjunto de trabajadores con independencia de su sexo y afirmando reivindicaciones para el conjunto de la clase, se convertirá en el detonante de la Revolución Rusa.


Otros artículos refutando falsificaciones históricas del feminismo sobre Luxemburgo, Pankhurst y Kollontai

Algunos artículos más para entender la oposición del marxismo en general y de Rosa Luxemburgo en particular al feminismo

  1. No existe un régimen específico de explotación de la mujer en el capitalismo, solo hay una clase trabajadora; no «las trabajadoras y los trabajadores», dos sujetos distintos, sino una sola clase explotada y revolucionaria formada por personas de ambos sexos. Lee:
    «¿Existe el patriarcado?»
  2. Por eso la constitución del proletariado como clase no nace de un «frente de identidades» construido sobre la «interseccionalidad», sino de la superación las identidades como un todo y afirmando el centralismo en su verdadero sentido, el de la asamblea. Lee:
    «¿Lo personal es político?».
  3. El centralismo implica la superación, no la afirmación, de todas las identidades en toda expresión organizativa. En consecuencia no cabe crear organizaciones separadas para mujeres y hombres en la lucha de clases. Lee:
    «El marxismo y las identidades».