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¿Qué trae Alberto Fernández?

28/08/2019 | Argentina

Argentina. Vuelve la «normalidad» de la mentira democrática: Macri le echa la culpa a los Fernández de la caída de los mercados y Alberto Fernández a Macri. Pero aunque la llegada del peronismo acelere el proceso hacia un «default» (quiebra de la hacienda estatal), haciendo inevitable encararlo, ni se debe a las nimiedades que separan a ambos en lo que respecta al capital nacional ni el precipicio se salvará con un «cambio de equipos».

Una situación insostenible

Porque la verdad es que el estado y el capital argentino necesitan desesperadamente divisas para pagar deudas. Solo el estado tiene 17.000 millones de dólares en pagos que hacer antes de fin de año. Y, obvio, las reservas están en caída libre entre otras cosas para intentar frenar la caída del peso. Aunque la balanza comercial sea positiva y haya mejorado con la cosecha de trigo, las cuentas no salen ni por los pelos.

Resultado inevitable: el «riesgo país», que no es sino la probabilidad de quiebra del estado medida en tipos de interés, bate récords y es el segundo mayor del mundo, el tipo de interés que tienen que pagar las empresas para financiar sus operaciones es de más del 100% anual. Esto se cae.

La impotencia de la alternativa peronista

Esta mañana la prensa económica argentina especulaba cuánto podrían sostener los bancos una retirada masiva de depósitos. Desde el peronismo se habla de cepos para evitar la sangría de dólares con total normalidad y el equipo económico de los Fernández ya adelanta un aumento de retenciones en los impuestos a la exportación agraria, echando a las espaldas de la burguesía latifundista agroexportadora los costes inmediatos del conjunto del capital nacional.

Hace ochenta años -sobre la bonanza general de un capitalismo en reconstrucción mundial- la fórmula sirvió para reequilibrar rentas y reorganizar el capital nacional permitiendo levantar una industria protegida. El excedente aun dio para mejoras reales en las condiciones de la clase trabajadora con las que el peronismo compró la paz social necesaria para consolidar un ‎capitalismo de estado‎ en Argentina. No solo estamos muy lejos de ese contexto global hoy. Es que no hay modelo industrializador que poner en marcha. Con una industria en desguace sostenido desde hace años, el capital nacional argentino entero está a saldo por su falta de acceso a financiación: la mayor parte de las empresas en bolsa cotizan por debajo de su valor contable.

No es de extrañar que el FMI se vea en una posición cada vez más incómoda. La renegociación de la deuda que ha sido el gran argumento peronista, se da por hecho por todos. El FMI intenta simplemente ganar tiempo negociando en paralelo con el gobierno Macri, que seguirá hasta diciembre a los mandos, y con los Fernández, a los que, tras las PASO, se da por hecho que ganarán las presidenciales.

El realineamiento imperialista que viene

Ni siquiera el FMI puede bancarse solo al capital nacional argentino. Entre otras cosas porque la crisis argentina es todo menos argentina. Vienen muchas otras «Argentinas» en la agenda de defaults y el FMI no puede gastar toda la pólvora en el primer tiro. Cuando Alberto Fernández «amenaza» al FMI con recurrir a préstamos chinos, la «amenaza» es solo escenificación electoralista. ¡Como si Macri no se hubiera tirado en brazos del capital financiero chino! Lo que está haciendo Fernández es precisamente apuntarle una salida «honrosa» al FMI transitando hacia lo inevitable.

La otra clave del realineamiento imperialista que acelerará el peronismo es el viaje de Fernández a España en plena recta final de la campaña, en teoría para dar una clase en una universidad de cuarta. En Europa todos dan ya por muerto el acuerdo UE-Mercosur tras la escenificación ecoimperialista en el G7 de un Macron cada vez más presionado por su pequeña burguesía agraria. ¿Cuál es la jugada probable de Fernández? Aprovechar la belicosidad de un Bolsonaro que amenaza con romper Mercosur si él gana las elecciones en Argentina para intentar un acuerdo por separado con el apoyo de Alemania y sobre todo de España, la más interesada en estabilizar la cotización del peso cuanto antes.

La burguesía, los trabajadores... y el militarismo que vuelve

La burguesía argentina está muy lejos del pánico o la desmoralización por el triunfo peronista. Aunque le disguste el caos y el tipo de corrupción que acompaña, entiende que le puede ser muy útil. En primer lugar para, en mitad de la crisis, consolidar un bipartidismo al que siempre aspiró. Esa es la función de las marchas de apoyo a Macri, no intentar una remontada electoral en la que no creen ni los macristas. Pero sobre todo, ve la utilidad de un regreso K para imponer, vestido de izquierda y «anti-imperialismo», todos los ataques a las condiciones de vida y trabajo a los que no aspira menos que el FMI.

Con los Fernández bajarán las contribuciones sociales de las PYMEs a costa del ANSES y se dará vía libre a las mineras. Y sobre todo, serán los Fernández los que «forzados» por el FMI «reformen» el sistema de pensiones al modo de Bolsonaro o Sánchez, los que «tengan que ceder» con una reforma laboral que aumentará la precariedad («flexibilidad» le llaman) mano a mano con los sindicatos a través de los convenios colectivos. Y es que, como ve muy clara la prensa económica: no hay «grieta» en lo que a la clase trabajadora se refiere. Van a por nosotros.

Y por si fuera poco, hay un elemento más. El incremento de las tensiones continentales con Brasil -coste irremediable de la crisis para la burguesía argentina, que se agravará con el triunfo peronista- significa entrar en el camino del militarismo que tanto gusta a los K. Brasil ya está en él y no puede sino agravarse. El Pro-Sur organizado por Piñera a cuenta de Bolsonaro, es el primer paso en una perspectiva cada vez más siniestra y con costes cada vez mayores y más directos para los trabajadores del continente.

¿Hacia dónde ir?

Como en todo el mundo, desde España a Australia, la burguesía se dispone a esquilmar lo poco que queda de salarios, pensiones y condiciones de trabajo, vistiéndolo con cantidades ingentes de nacionalismo y fuegos de artificio. La peculiaridad argentina es el papel determinante que en la imposición de las medidas contra los trabajadores tendrán los sindicatos, punta en cada empresa del eje que une capital nacional e internacional pasando por el gobierno presente... y el próximo. Es por ahí por donde tenemos que empezar: enfrentando a los sindicatos para imponer, desde ya, nuestras necesidades como tales, no supeditadas ni conformadas a las necesidades anti-humanas del capital nacional y los sacrificios patrióticos.