¿Puede el plan egipcio llevar a la paz entre Palestina e Israel?

10 de enero, 2021

manifestacion fatah en ramallah
Manifestación de Fatah en Ramallah en apoyo de la «Reconciliación» con Hamas.

Por primera vez desde los años noventa un proceso de paz parece avanzar en Palestina. Lo impulsa la diplomacia egipcia y ni Israel ni EEUU participan directamente. Sus principales rivales son Irán y Hezbollah, el partido-estado islamista chií que el régimen de Teherán sostiene en Líbano y Siria. La pieza clave, y también la más frágil en las negociaciones es Hamás, la rama palestina de los Hermanos Musulmanes, apoyada por Turquía y Qatar y en guerra simultánea contra Israel, la Autoridad Nacional Palestina dirigida por la OLP... y el propio Egipto.

¿En qué consiste este nuevo proceso de paz?

El jefe de Hamas en Gaza Yahya Sinwar derecha da la bienvenida a Hanna Nasser presidenta del comite electoral central palestino en la ciudad de Gaza el 28 de octubre de 2019.
El jefe de Hamas en Gaza Yahya Sinwar (derecha) da la bienvenida a Hanna Nasser presidente del comité electoral central palestino en la ciudad de Gaza.

La diplomacia egipcia está armando un entramado en dos frentes. Por un lado media entre Hamás y Al Fatah, principal partido de la OLP que a su vez lidera el gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) reconocido por la UE y EEUU. Hamás domina Gaza, la OLP Cisjordania. Ambas tienen sus propias fuerzas armadas y milicias, libran desde 2006 una larga y sorda guerra civil entre sí y cuentan con sus propios tejidos de alianzas con imperialismos mayores. La negociación se centra ahora en la convocatoria de elecciones a la ANP, elecciones que llevan en suspenso desde 2009 y que volverían a establecer un único gobierno palestino.

Por otro lado Egipto ha reactivado al cuarteto formado por los ministros de exteriores de Alemania, Francia, Jordania y el propio Egipto, para promover una conferencia de paz entre la ANP e Israel. Si las elecciones en la ANP se producen y, como intentan impulsar los egipcios, culminan en un gobierno de unidad nacional entre Hamás y la OLP, los eventuales acuerdos comprometerían a todas las fuerzas armadas palestinas.

¿Qué tiene de nuevo?

La aparición de esta posibilidad supone un cambio radical en el conflicto israelopalestino. La OLP es la expresión de la burguesía y la burocracia palestina secular. Una clase que participa de la explotación de los trabajadores palestinos en una relación simbiótica pero desigual con la burguesía israelí. Por eso para la OLP el conflicto con Israel es una cuestión de fronteras, inversiones y términos de intercambio. Hamás -y los Hermanos Musulmanes como un todo- son en origen una reacción feudal contra las relaciones capitalistas impuestas por la dominación británica. De ahí su inveterado antisemitismo y el objetivo genocida de echar los judíos al mar como único fin posible a su jihad eterna contra Israel.

¿Por qué es posible ahora ese cambio radical en Hamás?

parlamento egipcio
El parlamento egipcio aprueba en junio el envío de tropas a Libia.

A principios de este siglo, los Hermanos Musulmanes capitalizaron la descomposición de los regímenes seculares nacionalistas árabes primero, y del jihadismo después. El proceso tuvo su movimiento culminante en la llamada Primavera árabe. A pesar de la derrota sufrida en Egipto, donde la represión de Sisi les redujo una vez más al underground clandestino, el espectáculo de las movilizaciones masivas y el ascenso a las coaliciones de gobierno en Túnez y Trípoli consolidó su ascendente sobre una parte significativa de las pequeñas burguesías árabes. Llegar ahí tuvo sin embargo un precio: colocarse bajo el patrocinio y el control de Turquía y Qatar. Y eso es lo que ha cambiado:

1En 2020 hemos visto el último intento del régimen turco por perpetuarse y rescatar a un capital nacional semicolonial ganando espacio comercial a través de la afirmación militarista y la guerra. La estrategia turca dio forma y mapa a los momentos más peligrosos del año y dejó miles de cadáveres a su paso, desde Libia a Nagorno Karabaj pasando por Irak y Siria. Hoy resulta claro que esa estrategia ha fracasado.

2El fracaso turco dejó un ganador: Egipto, que cortó de raíz el avance turco en Libia con un conato de invasión; articuló a Grecia, Chipre, Israel, Francia y finalmente a Emiratos en la explotación del gas del Mediterráneo Oriental, segando con acuerdos internacionales las aspiraciones territoriales turcas sobre los hidrocarburos marinos frente a sus costas; y sirvió de puente en África y el Magreb a la alianza entre Emiratos y Arabia Saudí, ganando para los acuerdos de Abraham a Sudán y -no sin dificultades- facilitando la incorporación a ellos de Marruecos.

3La consolidación de una alianza árabe, que era originalmente anti-iraní, capaz de incorporar por primera vez a Israel y financiar una carrera armamentista acelerada, golpearía además a los Hermanos Musulmanes por su flanco más débil: la financiación qatarí. Qatar y su canal de TV estatal, Al Jazeera, había sido el socio mediático durante décadas de los Hermanos Musulmanes en todos los países arabófonos. Además Qatar había canalizado buena parte de las finanzas y el comercio iraní durante los embargos internacionales, y en esa calidad había servido de vínculo entre Hezbollah y Hamás, entre Ankara y Teherán. La respuesta de Arabia Saudí y Emiratos fue un bloqueo brutal que ha durado tres años. El bloqueo acabó el pasado diciembre con una una derrota qatarí vestida de reconciliación. Resultado: el régimen de los ayatolás está más aislado que nunca y Egipto, que se involucró a fondo en el conflicto, se incorpora definitivamente al juego del Golfo .

4Sumadas las piezas anteriores, Turquía dio un giro de 180º: con el nuevo año corrió a pedir relaciones sinceras y duraderas a Israel, declaró buscar recomponer parte de lo arrasado en la UE y especialmente con Francia -donde jugó a fondo la carta de la subversión de los Hermanos Musulmanes- y hasta tendió una mano a Egipto. El mensaje para Hamás era claro: no solo ha llegado la hora de una retirada táctica, es quizás el momento de un aggiornamento, una puesta al día de objetivos y medios.

¿Tiene Hamás otra alternativa?

milicia hamas gaza
Milicias de Hamas, rama palestina de los Hermanos Musulmanes, desfilan en Gaza.

La economía de Gaza está en colapso. La UNCTAD -rama de la ONU para el comercio y el desarrollo- apunta que solo puede salir del agujero pactando con Israel el acceso al gas natural y la apertura del tráfico de mercancías. En ese marco económico apocalíptico, sin el apoyo financiero y político qatarí y turco, Hamás tendría muy difícil mantener siquiera el control político de Gaza. Y de hecho, las encuestas, por primera vez en años apuntan que la OLP podría ganar el escrutinio.

En principio todo empuja a Hamás a integrarse en el negocio de la explotación conjunta de los trabajadores palestinos. No es que no los explote ahora, es que las ayudas externas le permiten explotarlo sin salir demasiado de los métodos propios de una mafia barrial o una casta feudal: mediante exacciones e impuestos que parasitan lo que cobran trabajando para la burguesía israelí. El futuro de Hamas es desarrollar los métodos de explotación propios de una burguesía normal, es decir, la organización de la producción y el pago de salarios.

Sin embargo no está tan claro que se dirija hacia allí. En la guerra de Siria Hamás apoyó a las mismas fuerzas islamistas que armó Turquía, una coalición en la que la rama local de los Hermanos Musulmanes vio reconocido un peso político por encima de su capacidad real de encuadramiento. La guerra colocó a la cofradía frente a frente contra sus antiguos aliados libaneses de Hezbollah y le privó de buena parte de la financiación iraní.

Pero el hecho es que El Assad ha ganado la guerra. Y la presión de la alianza árabe impulsa a un Irán cada vez más aislado a reconsiderar su relación con Hamás. Dentro de la organización palestina una parte de la dirección apura el reconocimiento del gobierno de Damasco como forma de dar una salida a su organización hermana sobre el terreno y sobre todo como forma de recuperar ingresos para mantener su posición política sin necesidad de llegar a acuerdos de fondo con la OLP e Israel. Irán está apostando en serio por esta opción. Que tiene opciones de cuajar lo probarían al menos dos señales recientes: que los hutíes de Yemen exijan la liberación de miembros de Hamas presos en Arabia Saudí a cambio de dos pilotos saudíes capturados y que Hamás y la Jihad Islámica hayan realizado maniobras conjuntas en Gaza para conmemorar la muerte de Soleimani, el jefe de la Guardia Revolucionaria iraní.

¿A alguien le importan los trabajadores?

control para llegar a las fabricas de tulkarem
Trabajadores conducidos como ganado para pasar el control y poder llegar a las fábricas de Tulkarem.

Sería inútil buscar en ninguno de los sujetos de esta trama el interés de los trabajadores. Fatah y Hamás están batallando precisamente por dirigir la explotación a un lado de la frontera del bantustan que forman los llamados territorios palestinos. Las diferencias sobre los términos de su relación con la burguesía israelí no ponen en cuestión en la menor medida su voluntad de mantener una dictadura de clase con formas políticas autoritarias y represión sangrienta e inmediata de cualquier protesta o lucha de los trabajadores. Las burguesías israelí y palestina son ambas beneficiarias de la explotación intensificada por la fractura nacional: un proletariado dividido en dos grupos a los que enfrentan entre sí y a los que se otorgan derechos disímiles. Un negocio redondo para ambas burguesías. Ni hablemos de los socios de unos y otros. Si se involucran es solo para defender mejor sus propios intereses imperialistas y hacer más rentable la explotación de los trabajadores bajo el territorio que controlan. No será en las ambiciones imperialistas de Egipto, Turquía, Irán, Arabia Saudí, Emiratos, Líbano, Siria, Rusia, Francia o EEUU donde encuentren reflejo los intereses de los trabajadores.

Este nuevo proceso de paz tiene ciertas posibilidades de salir adelante. Con un panorama cambiante y acelerado de conflictos imperialistas en todo el mundo es todavía pronto para aventurar resultados. Lo que es cierto es que sea mediante la guerra o mediante la paz que aspiran a alcanzar, no va a haber tregua para los trabajadores a ninguno de los lados de las fronteras que separan Egipto, Palestina, Israel y Siria.