Presupuestos sobre hielo fino

27 de octubre, 2020

sanchez e iglesias pge

Sánchez e Iglesias acaban de hacer la primera presentación del acuerdo de presupuestos. A falta de mayores detalles lo que se ha mostrado son unos presupuestos de transición, en los que se insinúan intenciones pero que, sobre todo, tratan de calmar aguas de una tensión latente cada vez más violenta.

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No hay giro social. Las prometidas buenas noticias para los trabajadores son un apretar menos en algunos de los puntos donde la situación era asfixiante. La reforma del decreto del ingreso mínimo vital, promete retirar temporalmente algunas de las trabas que cerraban el acceso a las víctimas más acuciadas por la presente recesión; la subida de pensiones mínimas no contributivas se queda en el 1,8% y la del IPREM en el 5%, es decir muy por debajo de lo que haría posible aproximar a la capa más pobre de pensionistas al salario mínimo -como se prometió- o de garantizar que los trabajadores de salarios bajos en ERTE pueden mantener a sus familias.

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Se cuidan mucho de molestar con la fiscalidad a las rentas altas, los enjuagues fiscales de la burguesía corporativa y los beneficios de las empresas.

Las razones del no tocar mucho

paro espana 2020 septiembre

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El gobierno trata ante todo, de contener tensiones económicas y sociales cada vez más explosivas. Puede ganar ese tiempo porque cuenta con los fondos de recuperación, que aunque insuficientes para revertir la recesión, le permitirán evitar acelerar aun más los efectos de la crisis. Parece que el miedo a una explosión social -es decir, un racimo de estallidos de la pequeña burguesía y los trabajadores- es compartido con Bruselas, que le ha dado el visto bueno para poder emitir deuda contra el dinero prometido mientras se resuelve la batalla interna entre estados que retrasa los mecanismos necesarios para que se hagan efectivos.

Por un lado, aunque los ERTE sigan enmascarando el verdadero estado del mercado de trabajo, es evidente la tendencia a una subida aun más abrupta del paro que durante la última recesión. Y en una situación como la actual en la que la pandemia reduce necesariamente la capacidad de la hostelería y el turismo, la caída de salarios no hace más atractivas las contrataciones. ¿Para qué van a contratar más si no hay demanda para la capacidad productiva que ya hay?

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Al peligro que supone para el estado la potencial respuesta de los trabajadores a la degradación de sus condiciones laborales y existenciales se une la espada de Damocles de una crisis financiera continental. El BCE ya está hablando abiertamente de ella como una posibilidad inmediata. El proyecto de crear un «banco malo» europeo que compre todos los créditos incobrables para sanear balances, que hasta ayer rechazaba como herejía, ahora es doctrina oficial. Según el propio BCE los créditos incobrables podrían alcanzar los 1,4 billones de euros en un escenario grave pero plausible. Una cifra que, recordaba, queda muy por encima de los niveles de las crisis financiera y de deuda soberana de la UE de 2008 y 2011.

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Y finalmente, pero no en último lugar, la pequeña burguesía, cuya revuelta durante la última crisis sigue pagando bajo la forma de un parlamento inestable y tensiones territoriales.

Pero el caso es que la pequeña burguesía está acusando ya la recesión con fuerza: desde los créditos impagados de las pequeñas industrias y el comercio a la desaparición de una parte de la pequeña burguesía agraria a manos de fondos de capital metidos a latifundistas, nada apunta a su apaciguamiento.

El gobierno ha entregado a las comunidades autónomas el 50% de los fondos de recuperación como forma de intentar ganar la complicidad de la pequeña burguesía regional, necesaria incluso para aprobar presupuestos. Se ha mostrado dispuesto incluso a indultar a los políticos independentistas catalanes. Pero las espadas siguen en alto y el nuevo gobierno de la Generalitat no duda en hacer alardes de su disposición a reabrir hostilidades.

Pero esto solo es una parte de la revuelta de esta clase, extremadamente diversa y fraccionada. Es muy interesante por ejemplo como los hosteleros, habitualmente alineados con la derecha y base de votos para Vox en muchas regiones, exigen ahora la intervención del estado para forzar a sus caseros a renegociar contratos de alquiler. Vemos aquí la otra dimensión de la revuelta de la pequeña burguesía, la que exige protección del estado frente al mercado realmente existente. En Cataluña ya han conseguido que el gobierno de la Generalitat obligue a reducir en un 50% la renta de los locales cerrados. Ahora quieren hacerlo extensivo a toda España.

Otra expresión de este malestar de la pequeña burguesía es Vox. El PP tras escenificar una ruptura contundente en la moción de censura, ha comenzado una campaña abierta para intentar absorber la base social del partido ultranacionalista subrayando que las diferencias que les separan son aquellas que diferencian a partido de estado de un partido anti-sistema. Pero, mientras las grandes empresas y fondos apoyan la decantación del PP frente a Vox, la gran empresa familiar es reticente. Este segmento de la pequeña burguesía incluye empresas y marcas familiares grandes que todavía no han pasado a ser cotizadas y por lo tanto están fuera del control directo del capital financiero y excluidas de la clase dirigente. Forman el núcleo de capitales familiares independientes que el PP necesita ganar si quiere desfondar el ala derechista y nacionalista de la revuelta de la pequeña burguesía que políticamente representa Vox. Pero, obviamente, no le resulta fácil. Y no parece que vaya a tener un éxito rápido. Ese segmento de la pequeña burguesía teme ante todo a los impuestos y las regulaciones y ve al gobierno y cualquier acercamiento a él como parte de una culpabilización de la libre empresa que acaba empeorando su cuenta de resultados.

Las intenciones

calviño y escriva

Los ministros de Seguridad Social, Escrivá, y Economía, Calviño.

La prudencia de los presupuestos frente a los trabajadores no quita que el gobierno mande señales sobre sus intenciones. Lo vemos en la reforma de las cotizaciones de los autónomos: el ministerio propone subir todas las bases de cotización por encima del salario mínimo. Es decir meter en el mismo saco a una parte de los trabajadores más precarizados con la pequeña burguesía comercial, profesional y corporativa que utiliza este sistema de cotización. El incremento de bases supondría una renta de 2.000 millones de euros anuales. Pero de momento es solo una propuesta…

Pero donde las intenciones resultan más claras en la reforma de pensiones. De momento pasa al siguiente momento político… pero al mismo tiempo el gobierno manda a Bruselas documentos acreditando su voluntad de organizar un sistema complementario sólido de fondos de empleo en el ámbito empresarial o sectorial.

¿Qué es ésto? El desarrollo del plan para establecer la mochila austriaca que ya había enviado el año pasado. Y por si quedaran dudas:

El anteproyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado incluirá una «mención» a la creación por parte de la Administración de un fondo de pensiones de empleo de carácter abierto que se suscribirá en el seno de las empresas con sus plantillas y que estará destinado, especialmente, a conseguir expandir esta forma de ahorro complementario para la jubilación a los empleados de pequeñas y medianas empresas (pymes) y trabajadores autónomos. […] Se está estudiando la posibilidad de obligar a todas las empresas a tener que adscribirse a estos modelos, crear un plan con control público que se pudiera contratar por defecto e incluso hacer que el Gobierno haga aportaciones directas a los planes privados de los trabajadores.

Trotando sobre hielo fino

La sensación general es que el gobierno tiene que correr cada vez más rápido sobre hielo fino. A pesar del triunfalismo y la famosa moral de victoria, tiene grietas a sus pies más peligrosas cada día. Cuanto más intenta alejarse de ellas, cuanto más rápido intenta huir hacia delante, con más fuerza pisa un hielo que a duras penas se mantiene sólido. La cuestión a estas alturas para ellos no es si el hielo se mantendrá, sino por dónde se romperá.

Tras imponer cientos de muertos diarios con tal de salvar la economía, es decir la rentabilidad de sus inversiones, soltando responsabilidades, quitando importancia a las cifras y mandando a todos a trabajar, ir a clase y consumir, es evidente cuál será el primer lastre que el gobierno suelte cuando deje de poder conciliar: trabajadores en activo, pensionistas, familias paradas, jóvenes que buscan el primer empleo…

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