El paro del Pacto Verde

21 de marzo, 2021

Cadena de producción del id3 de Volkswagen en Zwickau. El cierre de las fábricas de coches de explosión y el paso a eléctrico dejará en el paro en Alemania a cientos de miles de trabajadores.
Cadena de producción del id3 de Volkswagen en Zwickau. El cierre de las fábricas de coches de explosión y el paso a eléctrico dejará en el paro en Alemania a cientos de miles de trabajadores.

El Pacto Verde promete ser una solución para el paro. No es verdad. Las cifras dicen lo contrario: es una solución para el capital, las grandes empresas energéticas y automotrices, los latifundistas y hasta para los pequeños propietarios agrarios. Pero desde el primer momento deja un rastro de despidos, paro y pérdida de poder de compra de los salarios.

En este artículo

Pacto Verde: más paro, más ganancias

Gigafábrica de Tesla en Berlín. A pesar de las nuevas instalaciones la transformación del sector hacia el coche eléctrico supondrá solo en Alemania la pérdida de 400.000 puestos de trabajo. El pacto verde no parece una buena noticia para el paro.
Gigafábrica de Tesla en Berlín. A pesar de las nuevas instalaciones la transformación del sector hacia el coche eléctrico supondrá solo en Alemania la pérdida de 400.000 puestos de trabajo. El pacto verde no parece una buena noticia para el paro.

John Kerry, el zar para el cambio climático de Biden, se pasea por todos los eventos gubernamentales europeos proclamando que el Pacto Verde es el mayor mercado que los seres humanos han conocido hasta hoy. El entusiasmo se refleja en todas las nuevas empresas financieras que surgen alrededor de la burbuja de renovables. Y por supuesto en las energéticas: Iberdrola o Endesa dieron resultados espectaculares en 2020 que presentaron a bombo y platillo.

Pero bajo el desastre general de la crisis pasa desapercibida la reconversión industrial que ha alimentado esos resultados y los despidos masivos en los campeones verdes. Por ejemplo, las energéticas del IBEX son obvias beneficiarias del Pacto Verde, pero en su conjunto despidieron 7.500 trabajadores durante el año pasado. Solo en Endesa hay planificados 1.200 despidos más, el 10% de su plantilla, durante los próximos cuatro años. No parece que las eléctricas vayan a contribuir a reducir el paro durante los próximos años.

Si ponemos el foco en automoción, el encontraremos algo similar. No hay semana sin nuevos anuncios de despidos en alguna de las grandes. Los planes estratégicos de las dos mayores europeas, PSA y Volkswagen, tienen clara su estrategia: reducir la gama de motores y carrocerías, aumentar los márgenes y seguir despidiendo trabajadores hasta al menos 2030, fecha en la que ya solo se venderán en el continente coches eléctricos.

De hecho, cuanto más nos acerquemos al 2030 mayor será el impacto sobre el paro. El salto al motor eléctrico supone una simplificación de las cadenas de producción de los motores: son más sencillos, con menos piezas y más parecidos entre sí. La propia industria que hace dos años calculaba que gracias a la electrificación podría prescindir de 111.000 puestos de trabajo solo en Alemania, ahora eleva la cifra hasta 400.000. Es evidente que eso se va a notar en las cifras de paro en Alemania... y en toda Europa.

Es el Pacto Verde en su más pura expresión: un cambio tecnológico forzado legalmente que genera un boom de inversiones y aumenta ganancias de las grandes aplicaciones de capital (energéticas, automoción, ingenierías, bancos...) a costa de orquestar una transferencia de rentas desde los trabajadores. Porque la clave de todo esto es que los trabajadores produzcan más valor con menos empleos mientras pagan más por la misma electricidad y los mismos coches.

Mucha placa, mucho molino y poco empleo

Caricatura sobre la pérdida de productividad de la producción energética con el pacto verde.

Sin embargo, nos siguen intentado convencer de que será una Transición Justa y que la aparición de muchos nuevos empleos de calidad (no precarizados) es inminente y reducirá el paro. En teoría, toda mejora técnica generalizada es un aumento de la explotación por hora que debería permitir el aumento de producción y empleo y en un cierto plazo una subida de los salarios reales. Pero eso se produciría solo a condición de dos cosas:

  1. Que la mejora técnica sea real, es decir, que aumente la productividad física, lo que puede producirse aplicando una hora de trabajo medio sobre la misma cantidad de materias primas.
  2. Que exista un mercado con capacidad efectiva para comprar una cantidad producida mayor.

Ninguna de estas dos condiciones se da.

1 Aunque en alguna producción muy concreta -como los motores de turismos- se produzca un aumento de productividad física del trabajo, en el conjunto de la economía hay una bajada de la productividad general. Entre otras cosas porque hace falta más materia prima para producir lo mismo.

Esto se ve claro en la industria. Las que no son fácilmente electrificables -aluminio, acero, etc.- se convierten fácilmente en inviables y no dejan de mandar trabajadores al paro (Alcoa por ejemplo). Las experiencias con biocombustibles e hidrógeno están resultando altamente insatisfactorias. Por su lado, el transporte de largo recorrido está aumentando sus costes y se calcula que lo haga aun más si, como se anunció la semana pasada, se pretende acelerar la descarbonización del transporte marítimo.

En producción eléctrica, pasa tres cuartos de lo mismo: el 53,8% del parque de generación español es ya renovable, en su mayoría gracias a la energía eólica. Pero no sopla el mismo viento todos los días del año ni a todas horas. Así que se mantienen centrales de backup desde nucleares a carbón para estabilizar la red. La pérdida de productividad es evidente.

Y las llamadas industrias electrointensivas si pueden mantenerse es porque están recibiendo un tratamiento de favor por los estados. En España esta tarifa privilegiada fue en 2020 de 59,78 €/MWh. Un chollo, y aun así, más del doble que el precio francés, que es de 28,56 €/MWh, y 24,17 €/MWh más caro que el precio alemán, que es de 35,61 €/MWh. Es decir, el paso a energías limpias de la gran industria se paga con tarifas subvencionadas a cuenta, en realidad, de la factura de la luz doméstica. Una nueva transferencia por vía indirecta de los salarios al capital. Y no es menor.

2 Como no hay mejora real de la productividad, es más, como hay que salvar lo que en realidad es una bajada de la productividad física para convertirla por imposición legal en un aumento de la productividad del capital, el precio de los productos de consumo tenderá a subir. Los coches eléctricos son más caros. Las importaciones serán más caras porque pagarán derechos de emisiones al llegar a la frontera y además al desplazarse por tierra tendrán que pagar mayores precios por el transporte. Y la electricidad en general, aunque hagan mil maquillajes de factura, será más cara también durante al menos 10 años más. Etc., etc.

Además, ¿Qué mercados nuevos van a aparecer en los que colocar la electricidad o los coches producidos? El mercado interior, a mayores precios y con paro récord, no está creciendo y la industria del Pacto Verde, como hemos visto solo manda más gente al paro. Y si existieran los mercados exteriores solventes en los que colocar los incrementos de producción... los distintos capitales nacionales estarían creciendo a base de exportaciones, en lugar de encontrarse en una crisis brutal.

No solo el gran capital gana, pero los trabajadores siempre pierden

Parque solar Francisco Pizarro en Extremadura. Superficie e inversión gigantesca. Y el mismo paro de siempre.
Parque solar Francisco Pizarro en Extremadura. Superficie e inversión gigantesca. Y el mismo paro de siempre.

Hoy los medios económicos recogen que el boom fotovoltaico y eólico está llenando hectáreas y hectáreas de regiones enteras... pero creando muy poquitos puestos de trabajo y no bien pagados. Por ejemplo, más de la mitad de la nueva potencia fotovoltaica instalada en España en 2020 (2.633,20 MW) está en Extremadura, solo en fotovoltaica se invirtieron 800 millones en la región durante el año pasado. Es ya la región española con mayor potencia fotovoltaica instalada... y sin embargo, con toda la furia, se crearon tan solo 1.690 empleos. El impacto en las cifras de paro regional fue inapreciable.

En la misma región, los anuncios de plantas gigantescas sostenidas por contratos a largo plazo de eléctricas con grandes industrias persisten... y el juego especulativo con los terrenos necesarios para poner tanta placa se alimenta. Resultado: la renta agraria crece como no lo hizo en el último siglo. Evidentemente no se trata de los ingresos de los jornaleros, sino de grandes latifundistas y pequeños propietarios. Es decir, del capital agrario.

En España los precios del suelo arrancaron en niveles de 1.200 € por hectárea, para llegar a los 1.700 €, sin impuesto al valor añadido. Los ganaderos piden además compensación por los subsidios de la Política Agraria Común y los productores agrarios compensación por pérdida de cosecha al arranque de obras, por los costes asociados a esa temporada, incluso reajustes de canalizaciones de agua, servidumbres, y otras cargas, de acuerdo con fuentes del sector en España.

Y no es solo en España. En Alemania los precios del suelo oscilan ya entre los 2.000€ y 3.000€ por hectárea y el mismo gobierno dice estar preocupado por el desplazamiento de rentas y el uso para parques eólicos y fotovoltaicos de suelos hasta ahora dedicados a la producción agraria.

Los especuladores -que venden luego los derechos para hacer parques a las eléctricas- hacen contratos de arrendamiento de las tierras con sus dueños a largo plazo, normalmente por veinte años. El rendimiento para el propietario de un terreno de uno de estos contratos cuadruplica el del cereal de secano… sin riesgos ni necesidad de contratar a ningún trabajador. Es más, no pocas veces, mandando al paro a los que tuvieran.

Es decir: desde la eléctrica multinacional y el noble latifundista con dehesas en Extremadura hasta el pequeño propietario agrario del Este alemán, todos están aumentando la rentabilidad de sus inversiones como locos. Y todos están esperando que las ganancias se cobren automáticamente a través del mercado a partir de los salarios pagados por cada capital nacional. Los mismos salarios que caen en picado tendrán que pagar más por las cosas más básicas: desde la energía a la comida pasando por los productos industriales.

El objetivo del Pacto Verde no es acabar con el cambio climático, ni mejorar la calidad de vida de las personas. No es un sacrificio necesario para salvar el clima y la Naturaleza. Es el sacrificio de nuestras condiciones de vida para salvar una vez más las inversiones y reanimar la acumulación de capital en mitad de la crisis más importante en un siglo. Por eso ataca los salarios y la capacidad de consumo de los trabajadores, por eso crea paro y precarización. Todo bien pintado de catastrofismo y culpabilización para que aceptemos el desaguisado sin queja.