Pandemia y crisis de civilización

2 de diciembre, 2020

peste bubonica 1348

La peste antonina del año 165 inaugura la decadencia del Imperio romano acelerando las contradicciones esenciales que llevarán a la superación del esclavismo. En 1379 la peste negra marca la entrada en decadencia del feudalismo en Europa y el Mediterráneo. En 1918, la gripe española remacha lo que la primera guerra mundial ha dejado claro a los revolucionarios del momento: el capitalismo ha entrado definitivamente en una etapa en la que se ha convertido en un freno para el desarrollo de la Humanidad.

Que las pandemias vengan a coincidir con fronteras históricas tan importantes no es casualidad. Los modos de producción decadentes tienen en común no pocas cosas. Es común que reaccionen a la lucha de clases y el desarrollo de las contradicciones internas haciendo crecer el estado; todos fuerzan un crecimiento agónico de sus propias fronteras productivas; todos exacerban las formas de propiedad que le son características en un intento de enroque final; todos sufren formas particulares de militarismo; y todos tienen una relación cada vez más predatoria tanto frente a las clases explotadas como frente a los territorios conquistados y sus recursos. Y, de una manera u otra, todas estas características comunes concurren a convertir brotes infecciosos en pandemias de escala sistémica.

1Por motivos estratégicos -la promoción de la unión sagrada climática- lo que los medios más han destacado ha sido la relación entre la presión sobre bosques y selvas vírgenes y la aparición de nuevas enfermedades infecciosas. Lo cierto es que de 335 enfermedades infecciosas aparecidas entre 1940 y 2004, el 76'4% se originó en animales salvajes. Pero el problema no es, como nos dicen que la reducción de biodiversidad alimente la aparición de nuevas epidemias. El problema es que una masa de campesinos empobrecidos al extremo en Asia, Africa y América ha sido empujada a buscar recursos a zonas salvajes sin dejar de ser parte del mercado nacional. El ejemplo del Covid es ilustrativo: el origen de la epidemia resulta ser la gigantesca pero oficialmente invisible industria de cría de animales salvajes crecida al amparo de la burocracia regional china, que la ha incentivado durante años, a pesar de conocer los peligros que conllevaba, como forma de paliar el constante empobrecimiento de los campesinos.

2Las guerras son otras grandes propagadoras. En sociedades pre-industriales en las que la mayoría del campesinado tenía apenas un centenar de contactos sociales en toda su vida, la movilización de levas y la llegada de ejércitos foráneos significaba la exposición a enfermedades nuevas. Hoy los ejércitos siguen llevando enfermedades de zonas remotas y relativamente aisladas a zonas pobladas. En los 80 los ejércitos cubanos en Angola fueron uno de los vectores de la globalización del VIH. Ahora, aunque de manera menos visible, el Covid también ha cabalgado sobre los conflictos imperialistas del momento, saltando entre las guerras de Yemen, Nagorno Karabaj, Siria y Libia al paso de mercenarios y tropas expedicionarias.

3Todos los modos de producción al final de su ciclo histórico generan variantes deformes, monstruosas, de las relaciones de propiedad que los caracterizan y que en su día sirvieron para liberar las capacidades productivas de la sociedad. El constante endurecimiento desde los años 10 del siglo XX de las normas de propiedad intelectual y la extensión de su ámbito, que llega hoy incluso a poder patentar seres vivos, es una expresión de la necesidad de crear escasez para alimentar negocios especulativos en los que colocar masas ingentes de capital sin destino. Si hoy está tardando tanto la vacuna contra el Covid es porque la lógica de propiedad intelectual conforma totalmente ya a la industria farmacéutica. Fue esa lógica la que en su día, interrumpió los fondos para lograr la vacuna del SARS cuando estaba a punto de lograrse. Haber dispuesto de una vacuna del SARS en esta pandemia hubiera acortado drásticamente los tiempos de desarrollo de la vacuna del COVID. Bajo el divorcio total entre las expectativas de rentabilidad y las necesidades humanas entonces y ahora, late precisamente esta evolución retorcida y deforme de las formas de la propiedad que acentúa el carácter anti-humano y anti-histórico del capitalismo en nuestro tiempo.

4Pero lo más característico de todo sistema decadente es que es un freno al desarrollo de las fuerzas productivas que alberga y a las que, en sus orígenes, permitió desarrollarse con libertad. La principal fuerza productiva del modo de producción capitalista es la clase trabajadora. Así que la relación más evidente entre la decadencia histórica del sistema y Covid se produce en el curso de la pandemia, cuando de manera casi universal, los capitales nacionales se muestran más que dispuestos a sacrificar contingentes significativos de la principal fuerza productiva con tal de mantener la rentabilidad del capital a toda costa. Qué diferencia con aquel capitalismo joven que dio pie al nacimiento de la Epidemiología, una disciplina que expresó con claridad el momento en el que la burguesía era capaz de pensar lo social como algo que se alineaba con sus intereses como clase dirigente de la sociedad y generar desarrollo humano.