Pandemia, huelgas y vacuna

14 de septiembre, 2020 · Actualidad> Actualidad global> Informe semanal

En nuestro canal @huelga llevamos contabilizadas 288 convocatorias y movilizaciones en el primer tercio del mes. Desde los primeros días ya con un fuerte protagonismo de todos los trabajos relacionados con la escuela. Eso sí, en mitad de la campaña oficial de falsa normalidad y vuelta a las clases, maestros y profesores han encontrado no pocas veces represalias oficiales y amenazas, desde EEUU a España. Y salvo allá donde son los sindicatos los que convocan, como en Brasil, las luchas se están dando de forma aislada, si no atomizada. Solo en Francia hemos contabilizado 17 institutos en huelga… cada uno por su lado.

Lo importante sin embargo es que se reproduce en la enseñanza algo que ya vimos en los trabajadores sanitarios durante los meses anteriores: las condiciones de la vuelta a clase bajo la pandemia hacen emerger la erosión de años de recortes bajo la forma de un incremento del número de alumnos por clase. Un profesor de Chérioux en Vitry-sur-Seine denunciaba por ejemplo que:

El número de alumnos de 6º grado ha explotado, pronto llegaremos a 30 en todas las clases. Muchos recién llegados, especialmente los extranjeros, son rechazados, para no superar el umbral máximo

Y así aparecen reivindicaciones y huelgas al margen de los sindicatos denunciando la sobrecarga de trabajo, las carencias de personal y el cierre de clases. En Italia vemos un fenómeno parecido que recoge las particularidades de la forma en que el gobierno italiano impuso los recortes y la precarización. Aquí se reivindica por ejemplo el fin de las jornadas parciales o arreglar la asignación caótica de suplencias e interinidades.

Todas estas reivindicaciones estaban ya presentes en innumerables quejas pero solo ahora, bajo la presión de las condiciones del Covid, se convierten en luchas. Nuestro balance es que el Covid está acelerando en los centros de enseñanza un desarrollo de la combatividad que estaba madurando, pero que precisamente por eso se manifiestan ahora de forma aislada si no atomizada.

Y sin embargo, las claves para superar el aislamiento sin la falsa ayuda sindical, están apareciendo también. En España vemos a los padres solidarizarse con los maestros acompañándoles en la huelga en unos lados y en otro reivindicaciones que desde el primer momento aúnan a todo el personal, docente o no, de las escuelas y el transporte escolar. Un grupo de trabajadores que, por cierto, ha estado a la cabeza de las movilizaciones en muchas partes del mundo por ser los buses uno de los principales vectores de contagio.

El contexto Covid empeora

Datos Covid de España actualizados al día de ayer.

Después de una primera oleada que dejó más de 53.000 muertes, 20.000 de ellas en residencias, la matanza vuelve a estar en marcha en España con cientos de fallecidos a la semana:

Septiembre arrancó con unos 30 fallecimientos diarios y en la última semana han sido el doble, unos 60 cada día. Los hospitales están llenándose. Los pacientes covid-19 ocupan el 17% de las camas disponibles en Madrid (+8 puntos en tres semanas), el 13% en Baleares (+8), el 10% en La Rioja (+8), y el 10% en C-La Mancha (+7). En esas cuatro comunidades la ocupación va más deprisa, pero crece casi en todas partes. Los hospitales no están colapsados como en marzo, y reciben más enfermos leves, pero preocupa la tendencia. Además, los ingresos en UCI están creciendo al mismo ritmo.

Solo en Madrid los hospitalizados se han multiplicado por tres en el último mes, y la situación es preocupante en Andalucía y otras regiones. Y todo en mitad de una vuelta al cole que se demuestra así todo menos segura.

España tiene los peores datos de la UE, pero no es ni mucho menos un caso aislado. En Argentina la pandemia deja 115 muertos diarios. En Israel se ha vuelto al confinamiento generalizado ante la escalada de las cifras. En EEUU y Brasil las cifras mejoran sin dejar de significar una matanza de más de 700 personas al día de media.

La vacuna y más allá

Como se vio desde las primeras semanas de confinamientos, el covid es un acelerador de las contradicciones del sistema a todos los niveles. Incluida la principal de ellas: la que enfrenta el capital a las necesidades humanas universales más básicas, es decir la burguesía y el estado a los trabajadores. A cada mes que pasa y los estados intentan retornar a una falsa normalidad con tal de recuperar la rentabilidad de las inversiones del capital nacional, el desarrollo de la epidemia no hace sino agravar aun más estas contradicciones.

Lo hemos visto incluso con la vacuna de AstraZeneca cuyos ensayos clínicos se paralizaron al aparecer un caso con mielitis adversa, una enfermedad terrible en sí misma. Hoy los ensayos se retomarán en Brasil y Gran Bretaña. Pero aun si se dieran las condiciones de seguridad como asegura la agencia británica del medicamento, el aviso es claro: las grandes farmaceúticas han aprovechado el tratamiento especial brindado por los gobiernos para la investigación de la vacuna para intentar dar un empujón a la investigación en nuevas metodologías patentables basadas en vectores virales en lugar de usar los métodos convencionales. Confiados en que la escala de ventas a corto plazo, garantizada por los los macro-contratos con los estados, las rentabilizarían en tiempo récord, han tomado riesgos mayores de error. Desde el punto de vista de la rentabilidad de la inversión y la capacidad de atraer capitales era lo recomendable, claro. Pero no desde el punto de vista de la necesidad universal, que probablemente hubiera recomendado optar por obtener una vacuna por métodos tradicionales con mayores probabilidades de éxito.

El incremento de hospitalizaciones, las huelgas en marcha y el fracaso de la vacuna de Oxford no son hechos aislados entre sí. ¿Qué viene ahora? Un aumento cada vez más claro de todas esas contradicciones, con estados y medios intentando orillar la realidad de la pandemia y sus consecuencias e invisibilizando las luchas con aun más descaro. Y de horizonte, la necesidad acuciante de auto-centralización y extensión de las luchas.

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