Pacto Verde en las ciudades: El fin de los adosados y el ocaso de los PAUs

7 de junio, 2021

El pacto verde en las ciudades exige continuidad y proximidad entre los centros logísticos, la demanda y las fuentes energéticas renovables.
El pacto verde en las ciudades exige continuidad y proximidad entre los centros logísticos, la demanda y las fuentes energéticas renovables.

Arranca el impacto del Pacto Verde en las ciudades europeas. En Alemania se corta la aparición de nuevos barrios de adosados en medio de una escalada general de precios. En España, una nueva campaña ideológica carga contra los PAUs. La UE habla de una «Nueva Bauhaus Europea», pero en realidad se trata de la necesidad de acompañar al Pacto Verde en las ciudades con medidas que aseguren la rentabilidad de las nuevas macroinversiones logísticas y energéticas.

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Alemania: del fin del adosado al aumento de los alquileres

Viviendas unifamiliares en Alemania. El sueño de la pequeña burguesía que ya es una imagen para la historia. El desarrollo del Pacto Verde en las ciudades acaba con los barrios de adosados.
Viviendas unifamiliares en Alemania. El sueño de la pequeña burguesía que ya es una imagen para la historia. El desarrollo del Pacto Verde en las ciudades acaba con los barrios de adosados.

En su último Congreso los Verdes alemanes apostaron por acelerar la transición ecológica. La consigna es desarrollar el Pacto Verde en las ciudades a velocidad acelerada. O lo que es lo mismo, acelerar la transferencia de rentas del trabajo al capital. Punto clave: la vivienda, un tema en el que los Verdes dirigen las competencias de algunos de los principales ayuntamientos y landers. ¿Resultado? Donde gobiernan los Verdes, como en Hamburgo, todavía no han acabado las restricciones Covid y la vivienda está batiendo ya récords de precios.

Al principio, en la prensa toda la crítica se limitó a que en el nuevo plan de desarrollo urbano, se eliminaban de aquí en adelante la construcción de nuevas casas unifamiliares. El chalet adosado, por lo visto un sueño aspiracional de la pequeña burguesía local, quedaba atrás y hasta Die Spiegel espumeaba augurando una vuelta a las urbanizaciones prefabricadas de la RDA.

Alimentaban así una potencial protesta vecinal. En Hamburgo está legalmente establecido el urbanismo participativo. Las especificaciones de las nuevas zonas residenciales se deciden en teoría en los distritos y los vecinos pueden hacer alegaciones y, eventualmente, forzar cambios e incluso referéndums locales.

Pero el Pacto Verde en las ciudades es estratégico. Se trata del primer frente en que Los Verdes tenían que disciplinar a su propia base social, una prueba de su capacidad para dirigir el próximo gobierno federal de coalición. Querían mandar una señal y lo hicieron. Para escándalo de la prensa nacional que siguió el tema casi diariamente, la primera promoción de nuevas viviendas en Hamburgo Norte no se tramitó en el distrito sino en el Senado hamburgués. De ese modo, las peticiones de los vecinos quedaban automáticamente orilladas y solo un improbable referendum regional podía cambiar el curso del nuevo plan.

Hasta aquí todo parecían batallitas entre la pequeña burguesía y los gobiernos locales. Pero los precios de la vivienda no son tema de broma y sus repercusiones no quedan limitadas a unos cuantos barrios. Los precios de viviendas nuevas y de segunda mano explotaron literalmente en Hamburgo en el primer trimestre del año, influyendo las perspectivas de especuladores y constructores en todo el país.

En un primer momento, eso sí, los alquileres se estancaron. ¿La razón? Las nuevas normativas del Pacto Verde y los precios eléctricos al alza obligan a hacer reformas. Y los 6.000 millones en ayudas a la rehabilitación anunciados por el gobierno federal como apoyo al Pacto Verde en las ciudades ni siquiera palían una parte significativa. Van a ir de cabeza a los heridos balances de las empresas de construcción.

Los medios, con los Verdes y la CDU, declaran alegremente que la subida de precios es una buena noticia. A fin de cuentas es una revalorización del patrimonio de los propietarios. A los caseros les va a permitir poder obtener más financiación para enfrentar las rehabilitaciones y favorece más que proporcionalmente a la pequeña burguesía que compró chales y adosados, a partir de ahora una oferta escasa.

Pero entre los trabajadores el descontento se palpa en las conversaciones. Los alquileres están subiendo de nuevo y cada vez son más los caseros que empiezan obras de rehabilitación cuyos costes trasladan tal cual a los inquilinos. La presión sube y no es casualidad que el SPD utilice el tema electoralmente dando la primera nota disonante sobre el Pacto Verde en las ciudades tras competir durante meses con los Verdes y la CDU en propuestas ecológicas draconianas para los trabajadores. Nadie en el poder se alarma, por supuesto: su crítica llega como mucho a la propuesta de compartir costes, es decir a moderar la exacción, nunca a ponerla en cuestión. Pero es significativo.

El horizonte del Pacto Verde en las ciudades no solo es pagar más por la energía, por las casas y por el transporte. También son nuevos barrios con un nuevo sistema de aglomeración. La UE lo llama la Nueva Bauhaus Europea. Y no va a ser menos inhumana que la vieja Bauhaus y sus colmenas de hacinamiento vertical para trabajadores.

España: la ideología del urbanismo antifa

Los ejemplos de desarrollo urbano compatible con el Pacto Verde en las ciudades, como Madrid Nuevo Norte, siguen siendo guetos de clase, pero se colocan en continuidad con la ciudad y aseguran, en conexión con los grandes edificios de oficinas, una demanda barrial suficiente como para mantener comercio y logística de proximidad.
Los ejemplos de desarrollo urbano compatible con el Pacto Verde en las ciudades, como Madrid Nuevo Norte, siguen siendo guetos de clase, pero se colocan en continuidad con la ciudad y aseguran, en conexión con los grandes edificios de oficinas, una demanda barrial suficiente como para mantener comercio y logística de proximidad.

En España la jugada del Pacto Verde en las ciudades es esencialmente idéntica... pero con aun menos paliativos. El gobierno se dio por primer objetivo a alcanzar la rehabilitación de 1,3 millones de viviendas y planeó ayudas de 2.000 millones a cuenta de los fondos UE durante los próximos dos años. Con la nueva factura de la luz y los costes subiendo al ritmo del petróleo y la tonelada de CO2, la demanda se multiplicará inevitablemente. No las ayudas. Y de hecho el efecto en precios parece estar llegando y amenaza con escalar.

Sin embargo, a diferencia de Alemania, la maquinaria ideológica no lo está argumentando por la emergencia climática para introducir el Pacto Verde en las ciudades. Desde las últimas elecciones en Madrid no hay semana en la que artículos de opinión, nuevos libros y reportajes de televisión estatal no machaquen la nueva tesis de los ideólogos del estado: Vox es producto de los adosados, Ayuso de los PAU con piscina. La supuesta lucha antifascista de Iglesias en las elecciones le sobrevive políticamente como cruzada contra la arquitectura de la burbuja.

El argumento no puede ser más sesgado: por supuesto no hay clases, quien fue a vivir a adosados y PAUs fue una generación, los que ahora tienen entre treinta y muchos y cuarenta y cinco, la generación 15M y su inmediata predecesora. Como si las hipotecas se pagaran con partidas de nacimiento y no con saldos bancarios. El relativo aislamiento, la falta de servicios públicos, la abundancia de autovías, la magia de la piscina y la proximidad de colegios privados para llevar a sus primeros vástagos les habrían hecho así. Y arrastrados por el entorno habrían votado a Ciudadanos primero y al PP después. O a Vox, si habían optado por una urbanización de adosados.

Pero la cuestión es que las generaciones no son ni mucho menos ajenas a las clases sociales. Las expresiones supuestamente generacionales expresan reacciones de clase. El 15M no fue diferente, canalizó la primera reacción airada de un segmento entonces joven de la pequeña burguesía. El paso de la Puerta del Sol a Galapagar, el PAU de turno o los adosados era completamente coherente con la situación de clase de ese segmento. Pero no era, ni mucho menos, el cuadro general. No es una generación de lo que estamos hablando, es una generación dentro de un segmento social muy concreto.

Y si creas nuevas poblaciones prácticamente homogéneas desde el punto de vista de clase, de segmento de clase de hecho, es lo más normal que reflejen el comportamiento político de esa clase en los momentos en que se moviliza. También electoralmente. No es que adosados, chalets y colmenas con piscina les hayan hecho de derechas.

El objetivo del Pacto Verde en las ciudades y el «Reto demográfico»

El Pacto Verde en las ciudades exige transformar las desoladas avenidas de los PAUs para, teletrabajo mediante, convertirlas en base para una demanda de proximidad.
El Pacto Verde en las ciudades exige transformar las desoladas avenidas de los PAUs para, teletrabajo mediante, convertirlas en base para una demanda de proximidad.

Pero no nos cuentan todo ésto porque quieran darnos lecciones de Sociología ni porque quieran arreglar la revuelta de la pequeña burguesía cambiándoles de barrio. El problema de fondo del Pacto Verde en las ciudades es doble y tiene que ver con los costes energéticos y logísticos creados por el Pacto Verde en las ciudades.

  • Todos los informes europeos advierten que el modelo de la colmena con piscina, tal y como ha sido construido hasta ahora es un desastre desde el punto de vista de costes energéticos. Y rehabilitar es costoso. Todo lo nuevo ha de tener otra lógica y seguramente esté más cerca del ensanche urbano a base de casas de pocas alturas y pisos de pocos metros que de las torres gigantes con pisos espaciosos... que va a ser cada vez más caro calentar y refrigerar.
  • Dadas las tecnologías de transporte existentes y previstas para la próxima década y media, el Pacto Verde exige una reorganización logística completa. La preclara clase dirigente española empieza a darse cuenta ahora de que el Pacto Verde está pensado desde la estructura territorial alemana.

La obsesión por reforzar el papel vertebrador de las ciudades medias, el redescubrimiento de la España vaciada y la insistencia del discurso oficial en poblar los PAU de pequeño comercio utilizando el concepto de la ciudad de 15 minutos tiene que ver con éso.

Parecen tener claro que no quieren muchos más PAUs ni barrios gigantes de adosados. Ya temen bastante la desvalorización de los que ya existen. De ahí la campaña, que no se puede desligar de la promoción legal y mediática del teletrabajo. Implementar el Pacto Verde en las ciudades significa que hay que dar vida a los barrios dormitorio de la pequeña burguesía para que pueda florecer el comercio de proximidad. Luego vestirán el Pacto Verde en las ciudades de urbanismo anti-heteropatriarcal y ciudad cuidadora, de Nueva Bauhaus o de reto demográfico, da igual.

El objetivo real del Pacto Verde en las ciudades es llegar a 2050 con un parque de viviendas y una distribución poblacional adecuadas para las masivas inversiones logísticas que vienen. El retraso ya les está costando oportunidades de capitalización en sectores estratégicos como el transporte ferroviario de mercancías y amenaza proyectos estrella del gran capital español como la estrategia del Hidrógeno.

La electrificación y la implantación de las renovables y sus tecnologías asociadas exigen continuidad y proximidad entre los centros logísticos, la demanda y las fuentes energéticas renovables para hacer rentable el desarrollo de las nuevas industrias e infraestructuras. Y por lo mismo exige barrios con demanda de consumo in situ y un mínimo de eficiencia energética. Y los costes de transformación de todo ese monstruo... a nuestras espaldas, que de eso va en realidad el diseño de toda la Transición ecológica.