Olimpiadas de Tokio

21 de julio, 2021

El ejército japonés hace ejercicios hoy sobre el estadio olímpico de Tokio preparando la inauguración del viernes.
El ejército japonés hace ejercicios hoy sobre el estadio olímpico de Tokio preparando la inauguración del viernes.

El 83% de los japoneses rechaza la celebración de las Olimpiadas de Tokio. Y sin embargo el gobierno Suga y el COI se empeñan en mantener un evento peligroso para la salud pública y más que posiblemente ruinoso.

Tabla de contenidos

Por qué la población japonesa rechaza las Olimpiadas de Tokio

Manifestación contra la celebración de las Olimpiadas de Tokio
Manifestación contra la celebración de las Olimpiadas de Tokio

Pasado mañana comenzarán las Olimpiadas de Tokio. El gobierno japonés y el COI han mantenido la convocatoria a pesar del rechazo del 83% de la población japonesa.

Pero la situación pandémica no es sustancialmente diferente a la de hace un año cuando se retrasó la fecha original. Los responsables sanitarios confiesan que con la tasa de vacunación actual (por debajo del 3%) es imposible evitar contagios. Es un hecho que la «burbuja olímpìca» no funciona. Hasta la asociación de médicos de Tokio que agrupa a 6.000 médicos de atención primaria, pidió a Suga en una carta abierta cancelar o retrarsar las Olimpiadas de Tokio. Y en mitad de un pico de casos, no hay día sin nuevos positivos de covid entre los deportistas. Hoy mismo se anunció el primer atleta que abandona tras ser contagiado en la ciudad.

Por si fuera poco, ayer dimitió el músico responsable de la ceremonia de inauguración, una estrella local que se jactó de haber acosado a discapacitados en el colegio en una entrevista. Una más entre las mil pequeñas cosas que cada día concurren a aumentar la distancia entre los vecinos y el evento.

Ni siquiera la pequeña burguesía de la capital apoya los juegos, ya. A fin de cuentas las competiciones se desarrollarán con los estadios vacíos, lo que no promete un sustancial aumento de clientela. Y si aun tuvieran alguna esperanza, el gobierno ha pedido a las aerolíneas que restrinjan las llegadas internacionales. El estado teme que la llegada de turistas y periodistas de todo el mundo, por restringida que sea, dispare los contagios. Y en eso lleva razón.

Incluso las delegaciones oficiales esperadas en las Olimpiadas de Tokio han reducido su nivel o cancelado las visitas. Tras las insultantes descalificaciones al presidente Moon de Corea por un alto representante japonés, Suga ya solo podrá aprovechar el pavoneo imperialista con Macron y el presidente de Mongolia. Su único mérito diplomático habrá sido tensar aun más las relaciones con ambas Coreas tras meter a calzador en el mapa del itinerario de la llama olímpica a los islotes Dokdo, en disputa con los peninsulares.

La pequeña burguesía japonesa sabe además que, por lo general, aunque los gobiernos oculten o falseen sistemáticamente los balances de los juegos, normalmente su resultado es ruinoso. El ejemplo de Grecia, cuyas cuentas públicas recibieron la puntilla con los juegos de Atenas de 2004, está más presente que nunca.

Así que la pregunta es: ¿Por qué tanto empeño? ¿Por qué mantener caiga quien caiga la fecha de unas Olimpiadas de Tokio que solo pueeden ser ruinosas y peligrosas para la salud pública?

El juego imperialista en el Pacífico marco de las Olimpiadas de Tokio

Flota conjunta de Japón, Francia y EEUU haciendo ejercicios en el Mar de China, verdadero marco explicativo de los juegos de Tokio
Flota conjunta de Japón, Francia y EEUU haciendo ejercicios en el Mar de China, verdadero marco explicativo de las Olimpiadas de Tokio

Japón está en el centro de las batallas imperialistas en el Indopacífico. Miembro del QUAD -núcleo de una OTAN asiática impulsado por Washington- sus capitales están abandonando China mientras sus diplomáticos intentan desplazar a los chinos en los organismos internacionales y ganar aliados contra la «asertividad» de Pekín.

Todo en un ambiente de denuncias de espionaje, maniobras y despliegues de la armada de guerra y conatos de roces fronterizos armados en distintos puntos de la frontera marítima, azuzados por la nueva ley de guardacostas china y por el despliegue japonés de una flota de cazas F35 frente a las aguas en disputa.

La presión de EEUU es innegable. El gobierno Biden de hecho ha polarizado la situación más en unos meses que el de Trump en cuatro años. Los oficios del Secretario de Estado Blinken buscaron abiertamente arrastrar a Japón a un compromiso militar con la defensa de Taiwan, algo a lo que Tokio se resistió en primera instancia pero... no por mucho tiempo. La respuesta china fue dar mano libre a que grupos militaristas amenazaran en la prensa oficial con un ataque nuclear contra Japón.

Lejos de ayudar a reducir la tensión, EEUU consiguió finalmente obligar a Japón a cambiar la legislación para poder imponer sanciones a China por violaciones de los Derechos Humanos.

Las resistencias internas japonesas hay que entenderlas en clave de luchas entre facciones de la burguesía local, una parte de la cual se resistía a entrar en una espiral belicista con uno de sus principales clientes. Sin embargo, a día de hoy Japón es ya abiertamente la punta de lanza contra China y plantea su propia estrategia imperialista como un esfuerzo para «recuperar el equilibrio» entre Pekín y Washington en el Pacífico.

Pero esta posición no podía sino azuzar la fractura con Corea del Sur, cuya economía está muy entrelazada con la china y sufre especialmente la guerra tecnológica animada desde EEUU y Japón. Es más, la nueva posición japonesa le lleva a competir con Tokio por los capitales y mercados europeos. Las tensiones entre ambos países se mostraron con claridad en el G7.

Pero como hemos visto ahora con los frustrados intentos de reconciliación en las Olimpiadas de Tokio, y fue ya evidente el pasado abril con el vertido de aguas contaminadas de Fukushima, el gobierno Suga no aspira a otra cosa que a poner a su estela, sin protestas ni peros a la burguesía coreana. Da por hecho su papel de buque insignia regional de EEUU e intenta hacerlo valer mientras invita a las potencias europeas a aumentar, de su mano, la presencia militar en la región.

No es casualidad que Macron sea el único presidente de una potencia global que vaya a visitar las Olimpiadas de Tokio. Francia ya ha mandado parte de su flota al Pacífico para presionar a China e incluyó a Japón en varios consejos europeos para «sensibilizar» a los estados UE sobre la importancia de la «libertad de navegación». Macron, que parece tener a Napoleón III como modelo, ya está promoviendo una de sus nuevas herramientas ecoimperialistas: un protectorado ecológico en las aguas del Pacífico en nombre de la lucha contra la contaminación por plásticos de los océanos.

El juego del imperialismo japonés bajo las Olimpiadas de Tokio

El entonces primer ministro de Japón, Shinzo Abe, apareció bajo un disfraz de Super Mario en la espectacular presentación de las Olimpiadas de Tokio en la clausura de las Olimpiadas de Rio 2016
El entonces primer ministro de Japón, Shinzo Abe, apareció bajo un disfraz de Super Mario en la espectacular presentación de las Olimpiadas de Tokio en la clausura de las Olimpiadas de Rio 2016

El increíble espectáculo de la clausura de las Olimpiadas de Río, con el entonces primer ministro Shinzo Abe apareciendo bajo un disfraz de SuperMario, descubrió las ambiciones bajo las que se diseñaron las Olimpiadas de Tokio.

El arquitecto de la jugada fue Dentsu, la empresa heredera del sistema de propaganda de guerra del ejercito nipón durante la guerra mundial. Dentsu, el gran monopolio de la información en las islas y gran conseguidor del capitalismo de estado japonés, organizó además los pagos a los miembros del COI para obtener la sede, enfureciendo entonces a Francia que promovía la sede de París.

El mensaje ya entonces era explícito: un Japón avanzado, disciplinado, altamente capitalizado e imbricado en la cultura de masas y la ideología que llaman occidental, se proponía como alternativa continental a China. Las Olimpiadas de Tokio se adelantaban como un despliegue de dinamismo y tecnología. Los grandes keiretsus rediseñaban sus procesos de I+D para presentar innovaciones cruciales durante las Olimpiadas de Tokio y la cita olímpica se convertía en un objetivo común del aparato y el capital japonés para anunciar una nueva era en Asia.

Crisis y Covid mediante, los planes quedaron descabalados. No así las ambiciones y necesidades de un imperialismo japonés cada vez más agresivo que quiere amortizar lo que pueda cuanto antes y pasar pantalla. Las tensiones imperialistas en Asia ya no son fácilmente sublimables en juegos.