¿Hacia una nueva guerra en Gaza?

12 de mayo, 2021

Escenas de guerra en Gaza ayer
Escenas de guerra en Gaza ayer

Israel y Hamás vuelven al borde de la guerra en Gaza. Los muertos se cuentan todavía por decenas en los bombardeos cruzados. En la ola nacionalista aparecen brotes de pogromos y violencia civil y los imperialismos cercanos y lejanos intentan ganar posiciones.

Tabla de contenidos

¿Qué ha pasado en Palestina?

Manifestación de Fatah en Ramallah en apoyo de la «Reconciliación» con Hamas. Hace unos meses una guerra en Gaza parecía todavía una opción indeseable e improbable para Hamás y la ANP.
Manifestación de Fatah en Ramallah en apoyo de la «Reconciliación» con Hamas. Hace unos meses una guerra en Gaza parecía todavía una opción indeseable e improbable para Hamás y la ANP.

Desde hacía meses Egipto tejía con Hamas y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) las bases para un plan de paz con Israel que abría la perspectiva de algún tipo de normalización de la vida cotidiana. Desconfiados, pero con la esperanza de un alivio, los trabajadores palestinos que cruzan todos los días a Israel, esperaban atentos. Una guerra en Gaza parecía todavía una opción indeseable e improbable para Hamás y la ANP.

Sin embargo, el cambio de estrategia regional del gobierno Biden, trastocó el proceso. A cada paso de EEUU hacia Irán, correspondía un alejamiento de Arabia Saudí de la estrategia egipcia y un refuerzo paralelo de Irán. Sin nada claro que ganar y más riesgos en juego, los distintos intereses imperialistas árabes fueron marcando distancias durante las últimas semanas.

Viendo sus propias espaldas cada vez más descubiertas frente a Irán y Hamas, y con Israel rechazando la petición egipcia de dar un paso adelante, el presidente de la ANP, Mahmoud Abbas, canceló las elecciones palestinas. Una ola de rabia y frustración se extendió entre la población de la ANP y la árabo-israelí, que sumaba además sus propios motivos.

¿Qué ha pasado en Israel?

Protesta en Tel Aviv contra Netanyahu el pasado julio
Protesta en Tel Aviv contra Netanyahu el pasado julio

En Israel mientras tanto el aparato político de la burguesía israelí se estancaba tras cuatro elecciones en menos de dos años. Encargar formar gobierno a Lapid significa para el estado israelí fiar la salida de la crisis a un acuerdo anti-Netanyahu que exige aunar partidos religiosos y ultranacionalistas con los diputados de la minoría árabo-israelí. Es decir, dinamitar la división de papeles que da sentido a su aparato político.

El estancamiento evidencia la división de la clase dirigente pero también la impotencia de una pequeña burguesía airada y cada vez más violenta a ambos lados de la divisoria de bloques en la Kneset y de nacionalidades. Los enfrentamientos entre ultras religiosos y la nueva generación de pequeña burguesía palestina jerosolomitana el 23 de abril fueron una señal de lo que venía: el peligro de una nueva guerra en Gaza.

¿Qué ha pasado en Jerusalem?

jerusalem

Los medios europeos insisten en focalizar el origen de los actuales bombardeos en la disputa por unas viviendas en un barrio de Jerusalem Este que está viéndose ahora en los tribunales. El solar sobre el que unas familias palestinas habían construido sus viviendas en los años cincuenta había sido comprado por un fondo que posiblemente sea propiedad de un grupo ultra con origen en EEUU... que exigía poder desalojar a los habitantes para poder construir.

El juicio, aparentemente una disputa privada entre propietarios, tensa a la burguesía palestina jerosolomitana... que aunque tachada como israelizada por el nacionalismo palestino, defiende sus propios intereses locales: básicamente no ser desplazada de sus cada vez más valiosas propiedades y negocios por la concentración de grupos religiosos judíos y cristianos en la ciudad.

Con la tensión en alza, el gobierno israelí acabó prohibiendo las manifestaciones del Día de Jerusalem -convertidas en verdaderas peleas de bandas juveniles- por un lado, e impidiendo por otro que los autobuses de musulmanes palestinos de todo Israel llegaran hasta la capital para rezar en Al Aqsa en el siempre conflictivo comienzo de Ramadán. Los jóvenes de la pequeña burguesía jerosolomitana se movilizaron entonces para llevar en sus propios coches a los pasajeros a una mezquita militarizada en todos sus accesos y con los accesos desde la ANP cerradas.

Una nueva revuelta sobre bases identitarias de la pequeña burguesía palestina con impacto en todo Israel estaba servida. Los enfrentamientos entre ejército, policía y manifestantes causaron más de 50 heridos. La puerta de una guerra en Gaza volvía a abrirse.

¿Cómo se pasa de una protesta a los bombardeos y la guerra en Gaza?

ashkelon
La guerra en Gaza... no se limita a Gaza. Refinería en llamas en Ashkelon tras recibir el impacto de un misil de Hamas

Durante el calor de los enfrentamientos de la apertura de Ramadán no faltaron algunos gritos llamando al jefe de las milicias de Hamás. Nada significativo en sí. Pero lo suficiente como para dar pie a que Hamás lo utilizara. No sería por falta de preparación, desde luego, ni militar -más de 850 misiles empezaron su lanzamiento de manera casi inmediata- ni política, porque mientras tanto, como relataba uno de los mentideros de los servicios de información israelíes:

Teherán había instalado en el cuartel general de Hezbollah una sala de guerra conjunta a cargo de la Guardia Revolucionaria, Hezbollah y el Hamas palestino, el Frente Popular y la Jihad Islámica. Los intensos esfuerzos realizados por Egipto, Jordania y Qatar para negociar un alto el fuego se estrellaron infructuosamente contra este muro.

Y a los bombardeos de la coalición palestina creada por Irán siguió la respuesta del ejército israelí supuestamente quirúrgica y limitada a los arsenales militares de Hamás, la Yihad Islámica, etc. El cuadro era el de una nueva guerra en Gaza. Pero, como reconoce el mismo artículo:

La contención no permite un golpe de gracia contra las capacidades ofensivas de las organizaciones terroristas. Sus almacenes de armas, plataformas de lanzamiento de cohetes y escondites de los comandantes están enterrados de forma segura en túneles y búnkeres subterráneos y, por lo tanto, están fuera del alcance de los bombardeos aéreos. Dado que los hilos de esta crisis están en manos de Teherán, las perspectivas inmediatas de la crisis actual no están claras.

¿Por qué y para qué la escalada armada que amenaza con una nueva guerra en Gaza?

Torre Hanadi, en Gaza, en el momento de ser impactada por un misil israelí. Imagen icónica de la nueva  guerra en Gaza.
Torre Hanadi, en Gaza, en el momento de ser impactada por un misil israelí. Imagen icónica de la nueva guerra en Gaza.

Hasta la prensa en EEUU se da cuenta de que toda esta escalada, que parece a punto de desembocar en una nueva guerra en Gaza, es un juego de complicidades que beneficia a la burguesía palestina y la israelí a costa de dejar decenas de cadáveres a ambos lados de la frontera.

Empujando la situación hacia una guerra en Gaza, Hamás y la ANP tapan y reencauzan la frustración palestina hacia el para ellos seguro terreno del nacionalismo y la guerra de baja de intensidad. La pequeña burguesía jerosolomitana árabe gana peso político. Netanyahu se presenta de nuevo como protector frente a los bombardeos de Hamás e Irán ganando un poco de oxígeno político que le pueden permitir sobrevivir en el poder. Irán pone a prueba a EEUU y las alianzas de Emiratos, Arabia Saudí y Jordania con Israel... y deja fuera de juego a Egipto.

Negocio redondo. Una vez más, todos ganan con una guerra en Gaza. Todos menos los trabajadores, que ponen los muertos y como cada mañana, reinician el ciclo perverso en el que su explotación engordará a la burguesía palestina tanto como a la israelí.

Lee también: ¿Hay una solución nacional para Israel/Palestina?, 8/12/2017

La farsa sangrienta del pueblo y la nación

lod
Esta mañana en Lod tras la quema de una sinagoga y el intento de quema de un cementerio musulmán. La guerra en Gaza amenaza con generar una ola de violencia nacionalista.

Cada vez que el descontento con las clases dirigentes palestinas o israelíes amenaza con hacer despuntar alguna expresión de clase, la pequeña burguesía intenta su propia jugada. Si cuaja, no puede llegar más allá de revivificar la divisoria nacional que es la base del gran negocio de ambas burguesías. Cuando lo consigue, no solo empuja hacia el matadero a una nueva generación de trabajadores, también abre las puertas a que otros capitales imperialistas, vecinos o distantes, se personen, armen y agraven las matanzas atendiendo a sus propios intereses.

Este nuevo conato de guerra en Gaza es una versión más de la misma y vieja jugada. Hoy la matanza continúa y en Lod parece haber derivado en enfrentamientos civiles e intentos cruzados de pogrom. El gobierno ha declarado el estado de sitio para frenar el horror antes de perder el control.

Lo que estamos viendo no es una situación particular en Palestina e Israel. En cualquier lugar del mundo nación significa sometimiento a los intereses del capital nacional y pueblo supeditación a la dirección que la pequeña burguesía querría darle. Lo que el capital nacional necesita es lo mismo en todos lados: explotarnos más para reanimar unos dividendos que hacen aguas. Lo que la pequeña burguesía necesita es un pedazo mayor del resultado obtenido a nuestra costa. Para los trabajadores disolverse en la nación o en el pueblo es tomar, de una manera u otra, el camino del matadero.