¿Moral de victoria?

28 de octubre, 2020

toque de queda

El actual estado de alarma es una broma macabra. Con 267 muertos ayer y las UCIs cada vez más saturadas el objetivo explícito es evitar el confinamiento real que es, a día de hoy, lo único que puede parar la proliferación de contagios. Incluso donde no tienen más remedio que planteárselo, como en Cataluña, la opción deja clara las prioridades: encierro de fin de semana y vuelta puntual al trabajo el lunes o encierro toda la semana para todo lo que no sea ir a trabajar. Y mientras, con cinismo criminal, vuelven a contarnos en el Telediario las bondades del triage y lo normal que resulta que se niegue atención UCI a los mayores en unas unidades supuestamente lejos de la saturación.

covid bueno y malo

La verdad es que no se puede parar la pandemia mientras millones de trabajadores tengan que marchar cada día a las empresas. Todo lo que eso comporta -trabajo cara a cara, transporte público masificado, colegios abiertos- es lo que crea las condiciones de la transmisión comunitaria. Dicho de otro modo: recuperar la rentabilidad de las empresas como si no pasara nada y parar la pandemia es incompatible a día de hoy. Pero la decisión está tomada. Solo si no hay más remedio, es decir, si la extensión amenaza la producción en sí misma -masividad de las bajas, caída del consumo, colapso hospitalario- están dispuestos a poner freno. Mientras, a seguir adelante, caiga quien caiga. Desde la locura de la pequeña burguesía comercial que prefiere contagios en sus tiendas a agujeros en sus balances, hasta el discurso gubernamental, todo se echa sobre los hombros de la responsabilidad individual, es decir, del sálvese quien pueda, de repente reconsiderado un arma eficacísima contra la pandemia. Sánchez fue explícito en su discurso desde el primer estado de alarma:

La declaración del Estado de Alarma permite movilizar, al máximo, los recursos materiales para combatir el virus. Pero, también me vais a permitir que haya un recurso fundamental, que está más allá de cualquier ley o decreto y al que me gustaría apelar directamente a los compatriotas. La victoria depende de cada uno de nosotros, en nuestro hogar, en nuestra familia, en el trabajo, en nuestro vecindario.
13/3

Mientras el primer estado de alarma impuso un confinamiento parcial que se hizo real solo durante la Semana Santa, el esfuerzo individual era complementario. Ahora es central porque en realidad lo único que se nos ofrece es cuidarnos nosotros mismos lo que podamos en un entorno en el que va a seguir campando la transmisión comunitaria. Sánchez fue explícito en su presentación el sábado pasado:

La ley es importante, pero hay otras armas aún más eficaces contra el virus. La primera de ellas es la unidad. [...] La unidad como hemos visto durante estos largos meses de pandemia de los trabajadores y de los empresarios. [...] Y, ante todo, y además, la unidad imprescindible entre todos los ciudadanos, que respeten las normas sanitarias, que se queden en casa en la medida de sus posibilidades, que limiten durante un tiempo los desplazamientos y contactos innecesarios para limitar las ocasiones de contagio y con ello proteger así a familiares, amigos, a los compañeros y, en general, al conjunto de compatriotas. Y la segunda es nuestra disciplina social como Comunidad. España puede doblegar esta segunda ola con esfuerzo, resistencia y moral de victoria. Depende de nosotros y nosotras levantar un muro de unidad que frene al virus.
25/10

No, no es pensamiento mágico. El tono bélico y la invocación de una moral de sacrificio y victoria nunca es inocente. Y desde luego, tampoco es una novedad en el discurso gubernamental. Cuando buscamos moral de victoria entre las intervenciones del presidente del gobierno aparece en 37 ocasiones, todas en los meses de pandemia. No solo la consigna aparece una y otra vez, sino que los discursos expresan, desde una fecha tan temprana como el 4 de abril, que su reiteración es deliberada:

Cada vez que me comuniqué con vosotros solicité lo mismo: solicité sacrificio, resistencia y moral de victoria para derrotar al virus.
4/04

No es solo un discurso sobre el nivel de moral. Es un discurso sobre la moral. Es el estado separando a los buenos -que resisten y se sacrifican- de los malos, una panda de cínicos egoistas y derrotistas.

Todo lo que puedo ofrecer es sacrificio y resistencia. Sacrificio, resistencia y moral de victoria. [...] En estos días cada uno, en Europa y en España, en el trabajo o en el hogar, ha de elegir entre el cinismo y el compromiso, entre el egoísmo y la generosidad, entre el derrotismo y la moral de victoria.
28/3

Un saco en el que entran los negacionistas y su opuesto, los que denunciamos la inacción ante la matanza, porque todos estaríamos rompiendo la unidad y desmoralizando a la población, erosionando la fe en su clase dirigente y en esa ciencia de expertos tan volubles como las necesidades del discurso de gobierno. Unos y otros pasamos a ser definidos, sin pudor, como una enfermedad social tan debilitante y peligrosa como el virus, a la que hay que tratar con igual contundencia.

Pero hay otro tipo de temor patológico que busca soluciones individuales imposibles, que rompe las normas de confinamiento, que consume bulos y noticias engañosas que genera alarma y pánico, que acapara bienes o productos frenéticamente. Ese tipo de conducta es la que todos debemos combatir y la que todos debemos aislar, la que todos debemos evitar, porque se propaga a la misma velocidad que el virus y es también dañino en nuestra batalla colectiva contra la pandemia. Hay quienes extienden bulos y falsedades, es verdad, pero hay muchas más personas que están haciendo con las mentiras lo mismo que con el virus: están rompiendo la cadena de transmisión. Así que me gustaría agradecerles este civismo. No difundir noticias no contrastadas es una manera de combatir el virus. Y Me gustaría que los más jóvenes, los más duchos en wasap y las redes contrastaran la información que luego trasladan al conjunto de sus amigos. Porque si no cerramos esta cadena estaremos generando una alarma y una desinformación que nos hace más débiles para luchar contra el coronavirus.
21/3

Para mantener un cuerpo social sano, una vieja obsesión de la burguesía desde su juventud, hay que vacunar a las células sanas -las obedientes y disciplinadas- para asegurar el respeto a la autoridad y la fe en sus decisiones.

El respeto a la autoridad puede obedecer al miedo, a la obligación o a la convicción. Pero solo esta última opción, la convicción, es asumible hoy en día por nuestra sociedad. [...] Así que os pido responsabilidad y disciplina. Repito. Os pido responsabilidad y disciplina social y cívica.
22/3

Y transmitirlo a través de todo el tejido social. Una vez más, la leyes son lo de menos, lo que importa es la disciplina

Quiero trasladarles que hemos conseguido lo más difícil, lo más duro, gracias a la responsabilidad y la disciplina social de todos los españoles y españolas. A quedarnos en casa. Hemos dejado atrás los momentos más extremos y hemos contenido la embestida brutal de la epidemia. Con sacrificio, con resistencia y con moral de victoria, como hemos venido diciendo a lo largo de estas semanas largas de confinamiento.
18/4

Una moral de muerte y delación

propaganda contrarrevolucionaria

Cartel de propaganda republicana durante la contrarrevolución en España. Los republicanos y stalinistas acusaban a los revolucionarios de ser falangistas encubiertos e invitaban a su delación.

La pandemia ha dejado en evidencia una contradicción entre rentabilidad y vidas humanas que no es sino una expresión más de la contradicción fundamental de esta sociedad: capital contra proletariado. La moral de la clase dirigente durante esta pandemia es la envoltura ideológica del lado antihumano de esa oposición. Lo hemos visto en los mensajes oficiales arriba: frente a la amenaza mortal de la enfermedad, sálvese quién pueda, frente a la caída de la rentabilidad del capital, sacrificio colectivo.

La moral ciudadana, ahora moral de victoria es la moral que hace posible revivir la acumulación. Lejos de mostrarnos desarrollo humano al final del tunel, invita a cerrar filas con una forma más de unión sagrada con una clase dirigente que no se deja conmover por la matanza pero llora ante el sufrimiento de las cuentas de resultados. Unión sagrada que inmediatamente enseña la patita de la delación, el aislamiento del disidente y el encuadramiento cuasi militarizado en esa unidad entre trabajadores y empresarios que enarbolaba Sánchez como ejemplo.

Ahora más que nunca, una moral de la abundancia

walter crane cause of the labour

Walter Crane: «La causa del trabajo es la esperanza del mundo», 1894

Toda aceptación de la moral capitalista, tanto de la atomización que promueve, como del encuadramiento para el sacrificio que ofrece como única alternativa, es inmediata y brutalmente destructiva.

Un sistema que es hace mucho anti-histórico, solo puede expresar valores anti-humanos. La única moral útil a la clase trabajadora, necesaria ya hasta el punto de la supervivencia, es la que afirma y acerca su emancipación y con ella la de la Humanidad entera. Una moral capaz de acercar el futuro a la transformación del presente, una moral de abundancia.

Moral de la abundancia que si siempre afirmó la innecesariedad de la escasez creada artificialmente por las reglas capitalistas y afirmó la primacia de las necesidades humanas sobre el dividendo, ahora tiene que imponerse a un nivel aun más básico, realmente existencial.

Tenemos que afirmar la abundancia posible contra la aplicación de criterios de triage que seleccionan a los estadísticamente más aptos con el privilegio de ser atendidos en las UCIs públicas. Tenemos que enfrentar ese verdadero triage social que es el sistema de ayudas, los salarios de miseria en los ERTEs y la idea de que las pensiones serán cada vez más complementarias.

Y solo con decirlo resulta obvio que no hay moral comunista que pueda afirmar la abundancia sin afirmar sin ambages a la clase como un todo y su necesidad de luchar colectivamente. Un luchar colectivamente que aplica no solo en el centro de trabajo, con los compañeros, sino en el barrio y con los que nos damos cuenta de que hay que impulsar la consciencia de clase para que las luchas que estallan cada día y en todo el mundo sirvan realmente para avanzar hacia la superación de todo ésto.

Luchar, organizarse, aprender colectivamente es vital. Literalmente vital. E inseparable de la única moral que es una alternativa real a la moral que nos estabula para la matanza: la moral comunista.

Te esperamos.