Madrid y la izquierda

22 de septiembre, 2020

manifestaciones madrid

Era difícil no indignarse ante las medidas tomadas por el gobierno de Madrid el pasado viernes. Con 700 enfermos por cada 100.000 habitantes la capital era ya el principal centro del covid en Europa. Y todo lo que se le ocurría al gobierno regional era restringir tibiamente el tránsito en 37 áreas sanitarias con controles anecdóticos con poco o ningún impacto.

madrid metro agosto

Así iba el metro en Madrid en agosto.

El problema era el impacto, la ausencia de la más mínima determinación real en las medidas. Lo que te piden para estar en la calle es un justificante de que estás yendo a trabajar o a un centro educativo. Una vez lo tienes y lo muestras si la policía te lo pide, tienes vía libre para sumergirte en un metro que lleva saturado meses y cuyos prometidos refuerzos solo sirven para agravar los cuellos de botella. Y una vez sales del metro o el bus, vía libre para incorporarte al puesto de trabajo o el centro educativo que son el principal lugar de mezcla poblacional en una ciudad en la que, el trabajador medio recorre más de 12 kilómetros para llegar a su centro de trabajo.

Ayuso lo había dejado claro: todo menos un nuevo confinamiento, es decir, todo menos lo que hace falta: cerrar centros educativos y centros de trabajo para evitar contagios. El objetivo era la misma inmoralidad que ha guiado toda la gestión de la pandemia: mantener las empresas produciendo y vendiendo caiga quien caiga. El capital y la rentabilización de sus inversiones, por delante de nuestras vidas.

La respuesta de la izquierda

rentas madrid

Todavía estaba Ayuso presentando sus medidas cosméticas cuando la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos, respondió con un comunicado. Sorpresa, sorpresa, rechazaba el confinamiento por barrios como clasista y racista desde un extraño sujeto, el Sur, que hacía equivaler a clase trabajadora.

Primera y obvia. Madrid no tiene una estructura de clase Norte-Sur. Como se ve en el mapa de arriba, las disparidades de ingresos por barrios pueden ser abismales y se dan a lo largo y ancho de toda la ciudad. Por razones históricas, las grandes concentraciones, los barrios de mayoría asalariada y precaria están en el Sur, en el Este, en el Oeste y en el Norte. No hay un Sur obrero frente al resto burgués, por mucho que tanto al PP como a Podemos les encante decirlo por dar un sentido de clase -o de negación de clase- a sus resultados electorales. Menos aun la distribución de la vivienda obedece a ghettos raciales. Los barrios obreros de Madrid siempre reflejaron las distintas oleadas migratorias en las que se fue formando el proletariado local. El que un barrio de rentas bajas tenga más o menos migrantes recientes depende sobre todo de la edad media del barrio. No hay diferencias significativas entre el barrio del Pilar y Vallecas.

Para entender este extraño enfoque hay que recordar que la FRAVM no es una organización independiente, ni mucho menos de clase, es una vieja estructura heredera del frente vecinal del PCE en los setenta que sigue en pie gracias a unas subvenciones regionales anuales de casi millón y medio de euros. Y una parte de esas subvenciones, las que más crecieron en las últimas décadas, tienen que ver con programas orientados a la integración de nuevos migrantes.

usera

Manifestación de la FRAVM en Usera el sábado

Pero conforme las alcachofas de la prensa se pusieron en marcha, el principal argumento paso a ser que el pseudo-confinamiento era estigmatizante, es decir, que señalaba a los 37 barrios más afectados como culpables del incremento de contagios. Increíble pero cierto, el qué dirán como argumento. Todo valía con tal de ser más papistas que el Papa: si el gobierno regional tomaba restricciones cosméticas para evitar el confinamiento real, la izquierda madrileña rechazaba incluso el pseudoconfinamiento de Ayuso. No pedía más, quería que todo siguiera igual, con más rastreadores y sanitarios, ya llegaba. Y así el sábado movilizó a parte de la frustración contra la falta de voluntad y dejadez del gobierno regional. Miles salieron a protestar, pero con el apoyo de PSOE y Podemos-IU, en vez de exigir medidas de verdad, cierre de producción no esencial y centros educativos, el mensaje podía resumirse en: ¡¡Qué no falte nadie al trabajo!!

ayuso y sanchez

Era difícil que las movilizaciones, bajo tales consignas, no derivaran al terreno estéril de una moción de censura. Sánchez llevaba tiempo presionando al partido socialista de Madrid y negociando con Ciudadanos para organizarla. Pero ¿significaría algo? Para los trabajadores poco o nada: el mensaje principal frente a la pandemia -¡todos a trabajar, caiga quien caiga!- es el mismo para derecha e izquierda, y el PSOE ha precarizado el trabajo y erosionado la sanidad pública tanto como el PP.

Por si hubiera dudas, la reunión entre Ayuso y Sánchez venía organizada por los gabinetes de comunicación de ambos, no por los responsables de la respuesta a la pandemia. Como recogió toda la prensa, el centro del acuerdo, visto que el objetivo común es no confinar pase lo que pase, era regular el nivel de críticas entre una administración y la otra para mantener la indignación en un ámbito manejable y compartir el desgaste. Una vez más quedó claro que el objetivo principal no es salvar vidas, sino evitar un confinamiento real que cause nuevos costes a las empresas. Ambos están dispuestos a sacrificar índices de aprobación por éso. Por cerrar los dos principales focos de propagación -el trabajo y la enseñanza, incluyendo el transporte que une a ambas-, no.

¿De qué va la izquierda?

faine y sanchez

Fainé (Caixa) y Sánchez.

Si PP y PSOE representan partidos de estado, es decir, partidos que representan al estado ante las distintas clases sociales, Podemos-IU representa a un sector de la pequeña burguesía que intenta hacerse hueco en el estado. Que en el contexto actual de una nueva matanza en marcha y un inminente aluvión de medidas precarizadoras co-perpretadas por el gobierno de PSOE y ellos, pretendan decirnos que el camino estratégico es cambiar la monarquía por una república puede parecer delirante. Pero Iglesias es claro: de lo que va la campaña repúblicana es de establecer una alianza entre Podemos y los sectores empresariales más dinámicos, es decir, la parte de la burguesía más sensible y abierta a ampliar el pedazo de estado que dejan en manos de la pequeña burguesía universitaria. Por eso le parece, contra toda estadística, que hay pocos apellidos catalanes y vascos entre la burguesía corporativa española.

Iglesias, como Sánchez, tiene claro que los intereses de esa parte de la burguesía, como los del resto de la clase dominante, pasan por impedir nuevos confinamientos. Para ellos son costes directos. Ni siquiera están por una mejora del sistema sanitario a medio plazo. Esto va de bajar costes para el capital, apuntalar las inversiones con dinero estatal y europeo y aplicar las reformas precarizadoras que son el Norte de la hoja de ruta del capital español.

Por eso, la derecha en Madrid ha demostrado su cinismo más criminal, pero junto a ella, y no con menor cinismo, la izquierda ha sido la primera en tomar partido por las necesidades de rentabilidad de las inversiones frente a las necesidades universales de los trabajadores, la primera de ellas, no contagiarse ni contagiar.