Los sindicatos indios y la mayor oleada de huelgas de la historia

17 de diciembre, 2020

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Las luchas han ido en aumento en India desde principios de este año. La combatividad venía al alza durante los últimos dos años, pero la pandemia de covid y la respuesta gubernamental ante el virus han ido desatando las luchas. Como ha sido la tónica general en todo el mundo, el gobierno indio ha priorizado los intentos de salvar una economía en caída sobre salvar vidas y cubrir necesidades. Ha desplegado toda una serie de cambios legales que socavaban aun más a campesinos y trabajadores. Resultado: un foco de luchas en el sur del país que los sindicatos no han logrado contener.

Ascenso de las luchas en India

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Mineros del carbón en huelga en India

En mayo, el gobierno reabrió el país después de un confinamiento exprés contra el covid y anunció su plan de salto cuántico para atraer inversores nacionales y extranjeros, iniciando la privatización de las empresas estatales, entre ellas las mineras. Empezaba a calentarse el ambiente, y cinco sindicatos declararon una gran huelga minera en las empresas estatales. La huelga movilizó hasta a 200.000 trabajadores durante dos días. Los sindicatos se negaron a extenderla más aunque las empresas habían comenzado ya a sancionar a los huelguistas. Durante las semanas y meses posteriores, harían convocatorias aisladas en el tiempo contra las sanciones y contra la privatización. Este primer conjunto huelgas fueron más un golpe simbólico sobre la mesa que una verdadera huelga extendida en el tiempo, por lo que no se consiguieron los objetivos de los trabajadores.

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Trabajadoras de las ASHAs en huelga

Pero los mineros no eran los únicos afectados por las prisas del gobierno. Las trabajadoras del sistema ASHA (siglas de activista sanitario acreditado en inglés que en hindi significa además esperanza) que se ocupan de mantener la salud comunitaria por un magro salario, se negaron a seguir esperando que llegaran sus atrasos después de meses sin cobrar. Entraron en huelga. Estas trabajadoras, todas ellas son mujeres, habían erradicado la poliomielitis y habían conseguido bajar la mortalidad en el parto en los barrios más pobres de India por 30 euros o menos al mes. Cuando el gobierno levantó apresuradamente el confinamiento se les encargó rastrear los casos de covid en las barriadas. Sufrían la violencia y rabia de los vecinos, para los cuales un test positivo de covid significaba el ostracismo y la imposibilidad de poder dedicarse al trabajo informal para sobrevivir. Las primeras en ir a la huelga este año fueron las trabajadoras del ASHA en Karnataka, a las que ya en enero debían 12 meses de salarios no pagados.

En julio la situación pandémica y el cinismo del gobierno se estaban haciendo insoportables. El ministro de Sanidad de Karnataka llegó a felicitar la heroica misión de las mismas ASHA a las que no pagaba sus salarios. 600.000 trabajadoras de todo el país se unieron a las huelguista de Karnataka siguiendo una convocatoria sindical. Para agravar la situación aun más, el gobierno siguió despreciando abiertamente a las ASHA y se negó a reconocerlas como trabajadoras asalariadas. Las declaró simplemente voluntarias, lo que dejaba sin cobertura alguna a sus familiares en caso de morir por covid. Desde agosto a noviembre las huelgas han ido estallando por todo el país y no parece que vayan a detenerse pronto.

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Trabajadoras de las Anganwadi en huelga

A todo este movimiento, ya masivo, se unieron las trabajadoras de las guarderías rurales, las Anganwadi, haciendo huelga por todo el país este verano y otoño.

Las estrategias sindicales: nacionalismo y movilización inconsecuente

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Huelga General de noviembre.

Los sindicatos sentían crecer la tensión. Su estrategia fue intentar encauzarla hacia un terreno nacionalista o bien a liberarla controladamente a través de huelgas sectoriales sin consecuencias a largo plazo.

Siguiendo la primera estrategia, varios sindicatos llamaron a huelga en 21 fábricas de municiones en plena escalada del conflicto entre India y China. Pero no llamaban a detener la guerra, llamaban a una huelga patriótica ante la privatización de las fábricas para salvar la capacidad militar india en el futuro. En el despropósito tomaron parte todos los sindicatos, de todas las confesiones ideológicas, desde los que se pretenden comunistas hasta los de extrema derecha asociados al gobierno. Un espectáculo grotesco cuyo único objetivo era evitar la más mínima reacción de los trabajadores en una situación pre-bélica.

La segunda estrategia fue la seguida por los diez sindicatos que organizaron una gran jornada de huelga nacional este noviembre.

El campesinado entra en escena

En India el campesinado sigue estando ligado mayoritariamente a la agricultura familiar de subsistencia. A diferencia de Europa, la gran mayoría de campesinos no emplea asalariados. Su situación de clase está ligada a la propiedad de la tierra, pero en lo inmediato y a diferencia del campesinado europeo, sus intereses no chocan directamente contra los de los trabajadores: no tienen asalariados a los que hambrear para mejorar las ganancias.

El campesinado ha sido otra víctima de la crisis del capital indio. Su situación venía empeorando drásticamente desde antes del estallido de la pandemia. Y se ha movilizado desde muy pronto. 400 sindicatos y asociaciones de campesinos organizaron dos grandes huelgas campesinas, en realidad grandes marchas hacia las capitales de los estados indios.

Lo que nadie esperaba es que esas procesiones campesinas fuesen a encender la lucha de los trabajadores por donde pasaran.

Los sindicatos pierden su control sobre los trabajadores en Bangalore

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Trabajadores de Toyota en Bangalore deciden en asamblea desobedecer a sindicato y gobierno y continuar su huelga.

Sin embargo, eso fue lo que ocurrió en la zona metropolitana de Bangalore, la capital del estado sureño de Karnataka y modelo de la modernización India a base de industrias de capital extranjero, empresas tecnológicas locales, granjas de desarrolladores de software y call centers que atienden los teléfonos del consumidor y los servicios técnicos de las grandes marcas en todos los países anglosajones.

No empezó súbitamente. La lucha llevaba cociéndose un mes en algunas plantas como la de Toyota Kirloskar en Bidadi, en la periferia suroeste de Bangalore. La reorganización de Toyota para enfrentar el paso al coche eléctrico y los planes del gobierno indio para hacer más atractivo al país para las inversiones extranjeras se unieron en la planta de Bidadi haciendo evidente que su objetivo era aumentar rápidamente la explotación de los trabajadores. La producción de coches debía aumentarse en un 25% sin aumentar la plantilla ni los salarios.

Cuando los trabajadores enviaron a un representante sindical a presentar sus quejas por el acelerón en el trabajo, el representante fue despedido inmediatamente. Resultado: el estallido de la huelga a principios de noviembre. Toyota respondió inmediatamente a la huelga cerrando la planta. Los trabajadores continuaron la huelga después de que reabriese la planta y pasaron una semana plantando cara a la empresa. Sin embargo, el 17 de noviembre el sindicato se reunió con el gobierno de Karnataka y acordaron ilegalizar tanto el lock-out como la huelga. El viceprimer ministro de Karnataka, Ashwath Narayan, dejó claras las prioridades del gobierno:

Destacando el clima favorable a los trabajadores y a la inversión en el estado [de Karnataka], cuestionó a la dirección y a los sindicatos acerca del mensaje que estamos enviando con la huelga y el cierre. El viceprimer ministro dijo que el mundo entero estaba mirando a la India como una alternativa a China, y países como Japón, Corea del Sur y Taiwán estaban ansiosos por establecerse en Karnataka, y en tal situación las conversaciones sobre huelga y cierre no deberían tener lugar.

Los trabajadores desobedecieron las órdenes del gobierno y el sindicato, el mismo sindicato cuyo cuadro había sido despedido. Siguen en huelga hoy en día, bajo el mismo sindicato.

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Trabajadores de Magna Cosma en Chennai con las banderas del sindicato LTUC (maoista)

Justo unos días antes había estallado una huelga en la planta automotriz de Magna Cosma en Chennai, la capital del estado vecino de Tamil Nadu. En esta huelga, los trabajadores habían intentado crear un nuevo sindicato para separarse del sindicato principal de la empresa -uno de los que luego convocaron la huelga general en todo el país- que había estado trabajando demasiado descaradamente para la empresa. Los trabajadores se afiliaron a un nuevo sindicato ligado a uno de los partidos maoístas indios, esperando que les ayudara a salir del atolladero. Sin embargo, el sindicato hizo todo lo que pudo para enterrar la huelga y el conflicto se resolvió sin avances.

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Imágenes de las marchas campesinas.

Con este ambiente y en plena ola de covid, llega la marcha de la huelga campesina a Bangalore el jueves pasado. Los trabajadores de los transportes de Karnataka han perdido ya a una cincuentena de compañeros muertos por covid y tienen a muchos enfermos más. Piden ser considerados trabajadores estatales con salarios mínimamente dignos y asegurados, así como indemnizaciones para los muertos y enfermos de covid.

Sin embargo, los sindicatos se niegan a declarar la huelga. El jueves, la huelga campesina atraviesa la ciudad y se dirige hacia el parlamento de Karnataka. Los campesinos y sus organizaciones se manifiestan contra el nuevo plan de reforma agraria del gobierno, diseñada para promover una concentración aún mayor de la propiedad agraria en pocas manos y grandes capitales, forzando la expulsión de grandes cantidades de campesinos de sus tierras. En la marcha se concentran todo tipo de campesinos, pero hay sobre todo pequeños campesinos sin asalariados y jornaleros.

Los trabajadores de las cuatro empresas estatales de transporte de Karnataka se unieron a los campesinos e iniciaron una marcha hacia el parlamento bajo las banderas de la asociación de empleados del transporte estatal. Fueron recibidos por las fuerzas del estado y detenidos a centenares.

Al día siguiente, las cuatro empresas estatales de transporte entraron en huelga. Los trabajadores, recelosos de los sindicatos, pidieron ayuda a la marcha campesina para que representara y defendiera su lista de 10 peticiones al gobierno de Karnataka. El gobierno amenazó con hacer circular autobuses privados y se puso a negociar con los sindicatos. Las cuatro empresas emplean a 120.000 trabajadores y, para dar una escala, de la empresa NEKRTC sólo circulaban el viernes 410 buses de unos 4.600.

Los sindicatos anunciaron que habían cancelado la huelga, pero los trabajadores no hicieron caso. El gobierno nacionalista del BJP al principio se las había prometido más o menos felices al pensar que convertir a los trabajadores de los transportes en funcionarios iba a ampliar su base de votantes, pero empezó a entrarle miedo cuando consideró las consecuencias. No quería tener que darle el estatus y salario de funcionario al resto de trabajadores en el limbo como las ASHAs. Al cabo de tres días de huelga y bloqueo de transporte casi total, el gobierno acabó aceptando 9 de las 10 peticiones de los trabajadores, un éxito para los trabajadores y una humillación para los sindicatos que habían hecho todo lo posible para evitar la huelga.

Pero esto no fue lo único que ocurrió en Bangalore este pasado fin de semana. En un polígono industrial del noreste de la ciudad, los trabajadores de una empresa de capital taiwanés que fabrica componentes para Apple y otras estallaron en protesta contra la dirección de la empresa. No contaban con el apoyo de ningún sindicato. De modo parecido a la situación en la planta Toyota de Bidadi, los turnos de los trabajadores se han alargado de 8 a 12 horas y el ritmo ha subido. Pero además llevan meses sin cobrar los salarios. El sábado por la mañana, mientras la huelga de transportes estaba en su punto álgido, los trabajadores intentaron hablar con la dirección una última vez. Cuando la dirección rechazó las protestas por los salarios atrasados, 2.000 trabajadores se levantaron y destrozaron las oficinas y los dos coches de los directivos. La prensa internacional, que ni registró la gran huelga de transporte, pretendía que los trabajadores habían destruido o incluso quemado la planta cuando en realidad habían roto los cristales y volteado las mesas de las oficinas de la administración de personal.

Las luchas continúan

A día de hoy, Bangalore se encuentra un poco más tranquila, pero la huelga de campesinos tiene rodeada a Nueva Delhi y estallan otras huelgas por el país. Ayer estallaba una huelga de 6.000 conductores de empresas como Uber, Rapido u Ola en Assam, en el Este del país. La huelga es independiente de la asociación de transportistas y de los sindicatos. Los sanitarios de Delhi llevaban meses luchando y haciendo huelgas, cuando la huelga en el AIIMS (All India Institute of Medical Sciences) fue declarada ilegal por el tribunal de Delhi ayer. Veremos cómo responden los trabajadores.

Las luchan siguen estallando y muchas veces acaban retrocediendo, pero los trabajadores indios ya han dejado claro que no van a dejar que los sindicatos les contengan cuando sus vidas y sus necesidades básicas dependen de continuar las luchas.