Los problemas de la vacunación y la instrumentalización alemana de la UE

15 de enero, 2021

vacuna

La vacuna contra el Covid vehicula la competencia entre EEUU, Rusia, China, Gran Bretaña y Alemania. El resto de los estados se alinean quieran o no en función de las vacunas que eligen... o que pueden elegir. El ejemplo más sangrante es quizá el de los traspiés de México y Argentina con AstraZeneca, que les obligaron recurrir a la Sputnik solo para descubrir que Rusia no tenía capacidad de producción suficiente e intentar completar el abastecimiento con la vacuna fabricada en Brasil por el laboratorio chino Sinovac. Nuevo fiasco: produce inmunización en solo un 50% de los casos.

Dentro de la UE el debate es distinto. La Comisión ha empezado a recibir críticas por la gestión de compras. La vacuna de Pfizer-Biontech tiene unos requerimientos de transporte y conservación que han dificultado, retrasado aun más e incluso interrumpido las campañas de vacunación. La Comisión Europea se defiende argumentando que las compras en grupo organizadas por ella no solo han asegurado una distribución equitativa entre países sino permitido que incluso Alemania dispusiera antes de las dosis.

Y sin embargo el resentimiento se extendió imparable por los pasillos de Bruselas y en las conferencias de técnicos: Pfizer-Biontech era el caballo equivocado por el que apostar y debía ser dejado de lado a favor de la vacuna de Moderna, mucho menos exigente con los equipamientos y cadenas de frío de los sistemas sanitarios.

La tensión ha saltado esta semana. Mientras la Comisión compraba 200 millones de dosis más a Pfizer-Biontech y Alemania se separaba del conjunto encargando un pedido propio, los gobiernos recibían cada vez más críticas internas por los constantes retrasos y la lentitud del proceso. Macron enseñó los dientes a Merkel, exigiendo que Alemania volviera al pelotón y, sobre todo, la participación francesa en la toma de decisiones.

El interés del capital alemán

curevac

Debajo de esta nueva pelea europea hay un secreto a voces: Alemania está aprovechando la crisis sanitaria del Covid y -dicen algunos- su poder en Bruselas, para crear una industria biotecnológica capaz de competir con Gran Bretaña, China y EEUU.

Una oportunidad histórica para el capital alemán por la que la canciller vendría luchando al menos desde marzo de 2020, cuando se enfrentó a la presión de EEUU para condicionar la financiación de la investigación de Curevac y Biontech -dos empresas alemanas- a la exclusividad de los derechos resultantes. El gobierno alemán fue pronto consciente de que la europeización de la vacuna daba oportunidades a la industria biotecnológica alemana para dar el salto y convertirse en Big Pharma sin necesidad de someter sus resultados a las condiciones draconianas habituales en la industria. Y así fue: el compromiso de compras europeo sirvió de aval a las empresas alemanas. Biontech pactó con Pfizer en un plano que permitió su capitalización masiva. El gobierno de Berlín hizo después de casamentero entre Curevac y Bayer, replicando el modelo de asociación. Y los millones empezaron a fluir.

Nunca antes se había invertido tanto dinero en la industria biotecnológica alemana como el año pasado, principalmente debido a los dos desarrolladores de vacunas Biontech y Curevac. La industria biotecnológica recaudó más de tres mil millones de euros de inversores financieros a través de ampliaciones de capital durante el primer año de la crisis del Covid. Más de tres veces que en 2019 y más del doble que en 2018. Sin embargo, alrededor de la mitad de esta financiación se destinó el año pasado exclusivamente a Biontech y Curevac, que recaudaron alrededor de 1.500 millones de euros. De estos, 300 millones de euros provienen de las participaciones del gobierno federal en Curevac .

Der Spiegel

Las cataratas de inversiones no paran. Y el dinero público tampoco. El presidente bávaro, Markus Söder (CSU), el candidato favorito de la derecha alemana para suceder a Merkel como canciller, exige ya fondos públicos para ayudar a la industria a instalar dos factorias en las que producir vacunas. La patronal biotecnológica alemana recuerda que la clave es alcanzar, antes de que acabe la pandemia, una capitalización masiva que permita concurrir con la Big Pharma global. La burguesía alemana, con Dietmar Hopp el fundador de SAP a la cabeza, que invirtió en Curevac en sus inicios, lo tiene claro: ahora o nunca.

Mientras, en el resto de Europa incluso aquellos dirigentes políticos más cercanos a los intereses alemanes como el presidente gallego Feijoo, confiesan que hasta abril, cuando las vacunas Pfizer-Biontech dejen de ser minoritarias en la cesta disponible, será imposible aumentar el ritmo de vacunación y la esperanza será muy débil.

Evidentemente, los políticos españoles, italianos y franceses quieren que solo miremos a una de las causas que retrasan las vacunaciones. Quieren pasar de puntillas por el debilitamiento sistemático de los servicios de salud desde la llamada austeridad y la inconsecuencia y falta de alcance de las contrataciones para la campaña de vacunación.

Pero llevan razón en algo: el retraso en la vacunación causa daño al capital y sus negocios y sobre todo -aunque intenten invisibilizarlo- cuesta vidas de los trabajadores y la población en general. Si, como apuntan y parece, ese retraso se debe en parte a una elección de proveedor principal escorada para crear un campeón biotecnológico, la UE habría demostrado hasta qué punto el pacífico y civilizado proyecto europeo es capaz de los peores crímenes para servir a los intereses del capital alemán.