Lo que se nos viene encima

2 de septiembre, 2020 · Actualidad> Actualidad global> Informe semanal

En España

ya no hay medio internacional que lo niegue: el desconfinamiento acelerado de abril fue la madre de la segunda ola que ahora despunta. Pero poner las inversiones por delante de las vidas de los trabajadores tampoco les pagó lo que esperaban: España se convirtió en un destino peligroso y el turismo vio una caída de ingresos de casi el 80%. No fue el único sector: las ventas de coches cayeron casi un 40% y el conjunto del sector industrial no tiene otra expectativa que la recesión. Resumiendo: los trabajadores pusimos el cuerpo por unos intereses que no eran los nuestros y como no podía ser de otra manera, lo que hemos obtenido es el mayor desempleo de Europa.

¿Qué viene ahora? Vuelta al cole de imposible seguridad y, con ella, una aceleración de la escalada de la epidemia que pondrá a los hospitales cada vez más cerca de la saturación. En la producción empresas muy endeudadas y morosas incapaces de levantar cabeza y capitales que van a ir en masa, como ya era crónico en España, a especular con la vivienda. Datos macro cada vez peores y más lejanos de las promesas de recuperación que por muy triunfalistamente que se presenten desde el gobierno, apuntan a una destrucción de producción y desempleo salvajes. Todo muy adornado de ruido político y mediático alrededor de los presupuestos. Pero no nos engañemos: el 81% del presupuesto ya está comprometido legalmente, el resto, que viene en su mayoría de los fondos UE, será para intentar dar salidas al capital -pacto verde, digitalización- y oxígeno a unas empresas hiperendeudadas.

Los trabajadores, como cuentan ya los datos oficiales, seguirán endeudándose solo que cada vez menos para comprar casa y cada vez más para pagar la cesta de la compra: las hipotecas concedidas caen, los créditos al consumo suben. Y si esto fuera poco, en lo que queda de año vendrán los primeros pasos de una oleada de ataques a las pensiones.

Protesta de maestros y profesores ayer en Grecia.

En Europa

la situación pandémica es por el momento menos dramática, pero los ataques a los trabajadores no tendrán menos calado. En Francia, la vuelta al cole no dejará de pasar factura sobre unos hospitales públicos infradotados cuyos trabajadores se movilizan desesperados por la falta de medios. Pero la iniciativa del gobierno no va a ir a solventarlo. Por si no nos habíamos dado cuenta, las vidas, mientras no colapse escandalosamente el sistema sanitario, aparecen para ellos en la partida de gastos a recortar. Lo que importa al gobierno es retomar la reforma de pensiones. En Grecia, que también ha pagado en rebrotes el salvamento de las inversiones turísticas, el gobierno aprobó ya una nueva ley que hace que los confinamientos sean recuperables por la empresa a razón de tres horas extras al día.

No es de extrañar que el absentismo en la vuelta al cole esté siendo masivo en media Europa. Pero tampoco olvidemos que para el sector más precarizado de los trabajadores tampoco es una opción. Incluso los reportes periodísticos españoles empiezan a recoger testimonios de profesores que denuncian que el comedor escolar es la única comida diaria para cada vez más niños.

¿Y en Alemania? Sus capitales esperan estar entre los ganadores de la crisis. Tras el mayor gasto público desde la guerra mundial se felicitan por una recesión más suave de la prevista. Pero sus exportaciones siguen reduciéndose… y la mitad de los empleos están en el sector exportador. Así que el famoso sistema alemán de capacitación hace aguas: las empresas ya no toman aprendices, el mercado de trabajo no se recuperará desde luego a corto plazo y el poder adquisitivo de los trabajadores empieza a disminuir de forma sostenida y consistente. Es decir, puede variar el dramatismo y la velocidad de los ataques en función de los resultados del capital de cada país, pero lo que queda claro es que en ningún lugar cabe esperar que el capital ofrezca otra cosa que sacrificios y pauperización.

Otra cosa en la que Alemania nos muestra lo que se nos viene encima globalmente es en las nuevas formas de la revuelta de la pequeña burguesía. Es uno de los primeros países en los que los bannonitas han tomado el liderazgo del movimiento, al punto de asustar al sólido aparato represivo alemán, que no se lo esperaba. Sin embargo, el auge de bannonismo es solo una cara de una revuelta que por inane e impotente no va a aflojar en lo que viene. En lugares en los que existen fuerzas separatistas o independentistas fuertes, como en Escocia, empieza ya a vislumbrarse nuevas tensiones, azuzadas por las dificultades presupuestarias del partido nacionalista en el gobierno regional y la perspectiva de un Brexit que apunta a draconiano. El gobierno escocés se declara decidido a aprobar por su cuenta legislación para hacer un nuevo referéndum… que es muy posible que encalle en el sistema legal británico, pero que servirá para crear una situación de conflicto permanente e inconducente. Y si las fuerzas centrífugas van a ser cada vez más fuertes en Gran Bretaña, es muy probable que veamos un renacer independentista en Cataluña y nuevas tensiones internas entre la clase dirigente belga.

En Argentina

donde la incidencia de Covid supera ya a México, las agencias de riesgo recuerdan que el acuerdo con los bonistas y la reestructuración de deuda no reduce la deuda total, [solamente] ha bajado es la cantidad de intereses y ha extendido el tiempo de pago. Es decir, el capital nacional ha ganado tiempo. Y de tiempo va todo su juego: ahora retrasa el acuerdo de producción porcina con China. ¿Para qué? Para incorporar cláusulas ambientales y cubrirse ante el riesgo de ser metida en el mismo saco que Brasil por la UE. Porque, como confesó el propio vicepresidente brasileño, el acuerdo Mercosur-UE comienza a hacer aguas sin haber llegado siquiera a aplicarse. Así que todo apunta a que Argentina intenta poner las bases para un intento futuro de mantener los términos del acuerdo UE-Mercosur en un acuerdo particular con los europeos en caso de que la asociación comercial firmada el año pasado no pueda ser rescatada por la diplomacia uruguaya y argentina y la perspectiva de acceder a los mercados europeos estalle definitivamente.

Es lo mismo que vemos en todos los demás países semi-coloniales, definitivamente en caída. En Argelia el gobierno intenta renegociar su acuerdo con la UE ante la destrucción de su tejido industrial, incapaz de soportar la competencia europea. No es más que otro ejemplo de país semicolonial en el que la bajada del precio de materias primas -en este caso el gas y el petróleo- produce al mismo tiempo endeudamiento público, destrucción industrial y huida de capitales. En Líbano la situación está tan deteriorada ya que la perspectiva para los trabajadores y buena parte de la población no es otra que la hambruna. Y lo mismo pasa con Turquía y Grecia, cuya forma de huir de la trampa de toda economía semicolonial le lleva a una rebatiña permanente por las nuevas explotaciones gasísticas –de la mano de las grandes petroleras– que se proyecta en una serie cada vez más extensa, peligrosa y letal de guerras de influencia. La lección principal que hemos de sacar de esto es que, en el capitalismo en decadencia en que vivimos, no hay una oposición entre países imperialistas y países semicoloniales; los países semicoloniales son tan imperialistas como las grandes potencias y de hecho se ven impelidas hacia el militarismo y el expansionismo con tanta o más violencia como los capitales nacionales más fuertes.

En China

, donde se recuperan exportaciones y la producción industrial alcanza su máximo desde 2011 tampoco cabe esperar la más mínima relajación en la presión del capital nacional contra las condiciones de vida de los trabajadores. Los burócratas académicos de Xi le recomiendan dar fluidez a la migración interna y cualificar minimamente a los trabajadores llegados del interior para bajar salarios a través de la competición entre trabajadores aumentando la oferta de mano de obra disponible.

Los migrantes son una parte esencial del proletariado chino, pero están excluidos hasta de las estadísticas y han visto a lo largo de estos meses cómo cerraban las fábricas en las que trabajaban. Para ellos volver a un campo hambreado no era opción a pesar del paro y la caída de sus ingresos por debajo del mínimo vital. Y sin embargo, estan luchando y haciendo huelgas en todas las zonas industriales de las que solo nos llegan ecos dado el bloqueo informativo.

En todo el mundo

, de hecho, esa es la única buena noticia que los trabajadores tenemos en ciernes. El registro de luchas de mayo a hoy apunta a un desarrollo global de las luchas que involucra a trabajadores en cada vez más sectores y países. Este último trimestre de 2020 debería empezar a señalar un paso adelante. Defender nuestras necesidades, que son necesidades humanas universales, no esperar a unos sindicatos que ponen siempre por delante una viabilidad que solo puede ser a nuestra costa, es la única manera de plantar cara a lo que se nos viene encima.

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