Las prioridades de la vacuna, la moral de la clase dirigente y el racialismo

20 de diciembre, 2020 · Actualidad> Norteamérica> EEUU

Hemos visto al CDC (Center for Disease Control) en cientos de películas. Despliegues impresionantes, trajes protectores, hospitales de campaña con forma de iglú montados en tiempo récord… Ya fuera en E.T. o en las decenas de películas sobre pandemias, Hollywood nos convenció de la existencia de un organismo gubernamental formado por los mejores científicos del mundo y dotado de medios excepcionales siempre listo para enfrentarse al estallido de una epidemia.

De lo que no nos habló fue de que, llegados a una campaña de vacunación, diseñaría los principios morales de la distribución. En otras palabras: decidiría quién debía ser protegido primero. Una oportunidad única para hacer explícita la moral del estado. Y eso es lo que presentó a finales de noviembre: las recomendaciones de prioridades para la campaña de vacunación contra el Covid.

¿Qué dicen? Que vacunar a las personas mayores primero sería operativamente más fácil y reduciría drástica y rápidamente la mortalidad de la epidemia. Pero… entre los mayores, como entre el resto de cohortes de edad, los blancos son mayoritarios, así que sería no promovería la justicia.

¿Qué justicia es esa que empuja a dejar morir a más seres humanos de los necesarios? La justicia racial del discurso racialista que han hecho suya el partido demócrata, los sindicatos y la campaña de Biden. La idea racialista es sencilla: considerar a todas las personas de lo que define como razas parte de un mismo sujeto político, sin tener en cuenta divisiones de clase ni ninguna otra consideración. Primera consecuencia, se antropomorfizan las categorías y se les considera una unidad. Resultado: vacunar mayores es discriminatorio para aquellos entre los que consideran minorías raciales. Añadamos un elemento de contexto más.

¿Qué quiere esto decir?

Que la mayor parte de los mayores de ultraprecarizada clase trabajadora estadounidense no van a vacunarse hasta muy tarde. Posiblemente los últimos, como vemos en el cuadro de arriba. Pero los mayores de las clases pudientes, sin distinción de la raza en que los clasifiquen, no van a tener problemas para vacunarse antes porque en la segunda fase van a poder comprarla individualmente en farmacias.

¿Cuál es el fondo de todo ésto?

No es ninguna banalidad cuando denunciamos la moral de la clase dirigente y sus efectos. Biden dejó ya claro con la elección de Ezekiel Emanuel para su famoso grupo de expertos sobre Covid, un médico que piensa que vivir más allá de los 75 años es inmoral, que bajo el discurso buenista de los demócratas el malthusianismo canalla de la moral burguesa de siempre no iba a ceder un ápice.

Ahora se le añaden las consideraciones racialistas del movimiento BLM y su concepto del privilegio blanco. Llueve sobre mojado sobre una mirada que ya no sabe ser sino anti-humana y genocida en todas sus expresiones. Incluso en aquella que representó el momento más progresivo de la burguesía juvenil: la lucha contra las epidemias y el desarrollo de la Salud Pública.

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