Las mutaciones del Covid y la incapacidad del sistema para responder a una pandemia

19 de enero, 2021

covid

Primero fue la mutación descubierta en Gran Bretaña. Luego se descubrió otra en Sudáfrica y otra más en la Amazonia brasileña. Inmediatamente los científicos se preocuparon ante la posibilidad de que las nuevas variantes redujeran la respuesta inmunológica y las vacunas existentes no protegieran ante ellas. Una eventualidad que parece estar cerca de confirmarse en el caso de la mutación sudafricana.

Las nuevas mutaciones son más contagiosas -hasta un 56% más- y se están volviendo hegemónicas, desplazando rápidamente a las cepas anteriores. En Sudáfrica, la nueva variante supone ya el 90% de los contagios. Los epidemiólogos recomiendan pensar y actuar como si se tratara de una nueva pandemia, dado que los métodos de contención usados hasta ahora y la propia vacunación pueden ponerse pronto en jaque. Y añaden algo especialmente importante:

Muchos virólogos no creen que sea una coincidencia que este tipo de mutaciones hayan surgido en partes del mundo que en gran medida no lograron combatir la primera ola del virus, áreas como el Cabo Oriental de Sudáfrica y Manaos en Brasil, lugares con atención médica deficiente y pobreza considerable.

Can We Stop a Super Coronavirus?, Spiegel

La necesidad de una respuesta universal...

Dicho de otro modo: las nuevas variantes, que están a punto de echar por tierra los pocos sustentos de lo que ya es una situación dramática, son el resultado directo de la incapacidad para dar una respuesta universal a un problema universal. El mundo de la clase dirigente con sus herramientas nacionales más o menos coordinadas, más o menos saturadas y más o menos insuficientes, no puede dar respuesta a una pandemia de estas dimensiones.

La principal lección que nos tiene que dejar como trabajadores el desarrollo de la epidemia es que las amenazas a las que nos enfrentamos como clase son globales: el virus, como la crisis, no conoce de fronteras, y lo que ocurre en cada lugar afecta al resto. Simplemente, no hay soluciones nacionales. Ni siquiera cabe esperar una «coordinación», los intereses de cada capital nacional impiden que las clases dirigentes puedan aportar verdaderas soluciones mundiales. Siempre tendrán incentivos para «esperar un poco más», llamarnos a «seguir con la vida normal» primero y luego a la «responsabilidad individual»… con tal de no perder situación competitiva.

Salvar vidas, no inversiones, comunicado de Emancipación, 14/3/2020

...la realidad de una clase dirigente cuyos objetivos se han vuelto contradictorios con las necesidades de la especie

La respuesta de los gobiernos es, una vez más, cerrar los ojos bien fuerte: en España Simón declaró, contra toda evidencia que las víctimas potenciales eran un grupo de riesgo muy controlado y el ministro aseguró que se seguirá estudiando. No cabía esperar mucho más. Son los mismos que con tal de que los bares no quebraran y acabaran causando un problema de impagos a la banca, mantuvieron un nivel obviamente insuficiente de restricciones dando paso a una nueva matanza en noviembre.

Mientras, Bruselas recomienda encarecidamente no cerrar las fronteras entre países comunitarios. La misma lógica ahora con consecuencias a escala continental: el comercio primero, las vidas después. Todo agravado y y distorsionado por una competencia imperialista entre estados que no ha flaqueado ni por un minuto. Es muy posible que incluso el desarrollo de la vacuna se haya visto deformado por los intereses en liza de los distintos capitales nacionales.

Por mucho que los epidemiólogos recomienden pensar y actuar como si se tratara de una nueva pandemia, no van a cambiar el rumbo. Creen que si algo hicieron mal en marzo no fue retrasar el confinamiento y no llevar las medidas hasta el final, condenándonos a una ciclo infernal de picos y olas de una matanza sin fin. No, creen que el error fue no implantar la nueva normalidad desde el primer momento. Normalidad que no es otra cosa que mantener la acumulación caiga quien caiga y caigan cuantos caigan mientras la acumulación de dividendos no se recupere. Como en las guerras, los objetivos del sistema, que son los de los estados y sus gobiernos, se han demostrado abiertamente contradictorios con la necesidad humana más básica: la vida.

Solo la clase universal puede dar una respuesta universal

Las nuevas variantes del Covid son el producto de esa misma contradicción a escala global. Las clases burguesas desde la burocracia reinante en Cuba a la pequeña burguesía española pasando por los dirigentes corporativos y los políticos de todo el mundo, tienen intereses nacionales, es decir, tienen por objetivo mantener al capital nacional funcionado a toda costa. A costa de otros capitales -eso que llamamos imperialismo- pero sobre todo, a costa nuestra. Todos hicieron lo mismo. Y ninguno intentó seriamente siquiera enfocarlo como un problema global y buscar respuestas globales mínimamente efectivas. Las batallas por y en la OMS lo demostraron de sobra.

Solo una clase universalmente extendida y cuyos intereses no son particulares sino universales, genéricos, indistinguibles de los de la especie en su conjunto, puede dar respuesta a una pandemia de dimensiones globales. Esperar que sea de otra manera es confiar que se agote por sí misma destruyendo miles de vidas durante años o incluso décadas. Es el equivalente a luchar contra las guerras esperando pacientemente que acaben por sí mismas. No hay paciencia que valga. Es hora de aplicar en todo el mundo lo que ya hemos aprendido a un inmenso coste, plantar cara frente a la primacía de las inversiones sobre las vidas e imponer el cierre de toda actividad no esencial.