Las fusiones y el fantasma de una nueva crisis financiera

24 de agosto, 2020 · Actualidad> Europa> España

Presidentes de Sabadell, Bankia, Santander, CaixaBank y BBVA

A pesar de las reservas masivas, la banca está en una situación cada vez más frágil. El Banco Central Europeo interviene y hace optar a los bancos entre fusiones voluntarias ahora y obligatorias en 2021. ¿Bastará para evitar una crisis financiera? ¿No tienen otra opción que no pase por una nueva ola de cierre de sucursales y despidos?


El tema de este artículo fue elegido para el día de hoy por los lectores de nuestro canal de noticias en Telegram (@communia).


Crisis de rentabilidad

El beneficio de los bancos sale fundamentalmente de tres fuentes: la intermediación, es decir, tomar ahorros y prestarlos aplicando un margen; la inversión en carteras industriales que devuelven un dividendo; y la especulación en mercados que producen ganancias especulativas a corto plazo.

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Para amortiguar la tendencia perenne a la crisis, el Banco Central lleva un largo periodo de tipos de interés muy bajos que a partir de cierto momento se hicieron negativos. Eso significó reducir márgenes entre otras cosas porque con tipos muy bajos o negativos el banco no puede remunerar los depósitos sin perder dinero, así que cobra por ellos. Pero si cobra demasiado los ahorradores se llevarán el dinero a cualquier opción más barata, el famoso prefiero tenerlo debajo del colchón. Así que tiene un tope. Para compensar la pérdida de márgenes la solución es vender más créditos. Pero abrir la mano tampoco suele salir bien: los riesgos de impago escalan más que proporcionalmente y cualquier convulsión puede llevarse por delante el balance.

Y eso es exactamente lo que ha pasado. La banca española concedió más de un millón de moratorias de créditos hipotecarios y de consumo a sus clientes hasta finales de julio, con un saldo total pendiente de amortización que supera los 45.000 millones de euros.

La mora en las empresas lleva todo el camino de ser aun peor, pero de momento la aplicación del programa de garantías del estado ha permitido a los bancos aumentar los créditos sin arriesgar su propia viabilidad. Pero ni siquiera eso está claro. La deuda de las empresas se ha disparado desde marzo, muchas venían ya muy endeudadas y el Banco de España empieza a decir que el gobierno tiene que facilitar las re-estructuraciones de crédito… es decir, le dice al gobierno que eche una mano para que las quitas que vienen no salgan tan caras a los bancos y éstos puedan dejar con vida a las empresas en vez de cerrarlas para recuperar una parte de lo prestado.

Y es que el endeudamiento de las empresas ha crecido un 20% en el último año y sin un repunte del consumo y las ventas, la deuda es inevitablemente una bomba de tiempo. De ahí la presión del capital financiero por evitar nuevos confinamientos y la presión del banco central para que el gobierno no gaste un duro en empresas zombis. Hay que guardar recursos para lo que pueda ser sostenible.

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De las fuentes alternativas de ingresos ni hablemos. Los campeones nacionales que eran los favoritos de las carteras industriales de los bancos están de capa caída. Y el BCE ya llevaba una línea para obligar a los bancos a deshacerse de participaciones industriales para reducir riesgos. En cuanto al juego especulativo a corto la volatilidad se ha disparado con la pandemia y la banca ni siquiera ha podido defender el valor de sus propias acciones.

Riesgos, pérdidas… y fusiones

El rey cierra la cumbre empresarial de la CEOE.

Ante ese escenario la banca se ha cubierto de dos maneras. En primer lugar aumentando su propio endeudamiento con el BCE para tener liquidez con la que hacer frente a mayores riesgos. Y sobre todo aumentando reservas al punto de declarar pérdidas con tal de reducir riesgos. El BCE, que había pedido no repartir dividendos, se asustó al ver la valoración implícita de riesgos y empezó a hacer insinuaciones sobre la viabiliad de los bancos actuales para acto seguido –excusatio non petita– recordar que el CET1 (un indicador de la calidad del capital) no se había erosionado seriamente durante los primeros meses la pandemia.

El discurso seguía siendo que para aumentar la rentabilidad solo cabía reducir costes y que para eso había que aumentar escalas con fusiones entre bancos que, despidos mediante, dieran un poco de vuelo a la rentabilidad. Pero éso solo era una parte de la verdad.

El persistente fantasma de una nueva crisis financiera

El fantasma de una crisis financiera está presente. No solo en España, donde se enarbola como argumento contra nuevos confinamientos por los servicios de estudios de los bancos. En Alemania la morosidad empresarial va al alza y su sistema bancario viene de una serie de intervenciones que llegaron a rozar la nacionalización encubierta en un esfuerzo del estado por mantenerlo a flote.

La cuestión es que, en todos lados y en particular en España, para sacar al capital nacional del agujero como un todo, el gobierno y los grandes capitales españoles necesitan aumentar el nivel de riesgo que tomen los bancos… sin llegar a cargárselos.

Así que directamente han saltado a una peligrosa cuerda floja. Por un lado se dobla la apuesta: ven la necesidad tan clara y la urgencia tan perentoria que hicieron de las fusiones bancarias una parte central del discurso del rey en el evento de la CEOE que marcó la consagración de la nueva hoja de ruta del capital español frente a la crisis. Por otro, Banco de España y Ministerio de Economía trabajaron todo el verano en crear un colchón de seguridad para la banca. Pero cuando se dobla una apuesta y al mismo tiempo se dobla el seguro con el que se cubren las pérdidas, no se puede decir que el resultado previsible sea el mismo. En caso de que la pierdan la apuesta, el resultado será aun más catastrófico.

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