Las cuatro vías de guerra en Africa… que conectan con Europa y Oriente Medio

16 de junio, 2020 · Actualidad> Africa

Mercenarios rusos reprimen en Sudán las prostestas que, en 2019, llevaron a un cambio de régimen.

Desde Costa de Marfil hasta Niger, desde Libia hasta Creta y desde Etiopía a Egipto, la mitad septentrional de África se ve azotada por una reconfiguración violenta de fuerzas entre potencias imperialistas que amenaza con desbordar las fronteras del continente y llevar a la guerra a Europa y Oriente Medio.

Quinta legión siria llevada por Rusia a Libia.

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El nudo gordiano: Libia. La última fase de la guerra en Libia enfrentaba al ejército de la Cirenaica, dirigido por Haftar con el gobierno de los Hermanos Musulmanes (HHMM) en Trípoli. Pero eso era solo la capa más superficial. Conforme la guerra se fue desarrollando más abiertamente se convirtió en un enfrentamiento directo entre potencias a través de ataques aéreos y tropas mercenarias en tierra. El gobierno de Trípoli se apoyaba militarmente en Turquía -cuya estrategia imperialista bajo Erdogan se ha centrado en apoyar a los Hermanos Musulmanes– y políticamente en una Italia cuya prioridad era frenar el flujo de refugiados que huían de las guerras sahelianas. Haftar, se apoyaba en Francia -que mantiene su propia cruzada contra los Hermanos musulmanes-, Egipto -país de origen de la organización islamista cuyo régimen lleva más de medio siglo en un violento equilibrio con ellos-, Arabia Saudí y los Emiratos -otros enemigos de largo aliento de la organización islamista- y Rusia.

Como hemos ido relatando en las últimas semanas, los ataques aéreos turcos decantaron la guerra durante la crisis del covid y a día de hoy el gobierno islamista está a punto de recuperar Sirte, es decir, de devolver los frentes a su estado original antes de la ofensiva de Haftar en abril del año pasado. Pero aunque las fronteras vuelvan a donde estaban, los equilibrios de poder han cambiado. Hoy, las potencias al mando en Libia son Turquía y Rusia, que negocian a alto nivel en Ankara el reparto de áreas de influencia y negocios en Libia, Siria y el Mediterráneo Oriental en paquete y sin el menor recato.

La transformación de medio Mediterráneo en un «asunto ruso-turco» no puede sino reanimar el intervencionismo de las demás potencias. Francia ha respondido a los rumores y globos sonda de bases militares permanentes turcas en suelo libio con un verdadero llamamiento a hacer un frente común anti-turco. Los medios ligados a las potencias petroleras y egipto no dejan de advertir sobre la alianza tácita entre rusos y turcos para repartirse el norte de África y el Mediterráneo tratando de movilizar a EEUU. Y EEUU vacila, dudando si apoyar pasivamente a Turquía para frenar a Rusia o alinearse con Egipto en una posición frontal contra rusos y turcos. En cualquier caso, EEUU ha dejado claro que no va a permitir que la influencia turca siga creciendo en Túnez, donde ya está mandando asesores militares.

Armada turca escoltando buque de prospección petrolera en aguas en disputa del Mediterráneo.

Y en realidad, tanto para Turquía como para Grecia, Libia es estratégico por algo aun más importante que los negocios de hidrocarburos o los contratos militares. Erdogan necesita contar con Libia y una cierta pasividad de EEUU para acometer la siguiente fase de su plan expansionista. La estrategia, titulada pomposamente la «Turquía azul», busca imponer las fronteras marítimas firmadas con el gobierno de Trípoli para explorar y explotar las reservas de hidrocarburos de la plataforma continental de Creta, reivindicada también por Grecia.

Grecia por su parte ha firmado un tratado de fronteras marítimas con Italia bajo la promesa de explotar conjuntamente esos mismos recursos y acto seguido ha hecho públicos sus planes militares de respuesta a la presencia de barcos turcos. Los gobiernos de Ankara y Atenas hablan abiertamente de guerra y no parece que sea fanfarronería por ninguna de las dos partes.

Manifestación en Mali acusando a Francia de organizar un nuevo genocidio y exigiendo la salida de las tropas francesas del Sahel el pasado noviembre.

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Y si para Turquía la perspectiva se mueve de Libia hacia Creta, para Rusia lo hace hacia el Sahel, donde espera ser la beneficiaria -y ya lo es en buena medida- de la guerra interminable de Francia por asegurar el control de la región.

Una guerra que apenas sale en los medios europeos pero que desgrana matanzas semana tras semana en Niger, Mali, Burkina, Costa de Marfil… y por supuesto enfrentamientos entre tropas francesas y jihadistas con un goteo regular de muertes entre soldados de fuerzas multinacionales.

La incompetencia demostrada por Francia -y Alemania, que le acompaña financieramente- en esta guerra interminable, está propiciando que Italia y EEUU vuelvan a tomar protagonismo y presencia, en realidad más frente a la sombra rusa que frente a las milicias jihadistas.

Soldados franceses en Mali.

No es una «guerra olvidada», es una guerra a la que se mete mucho esfuerzo y dinero desde la UE para que se olvide y solo aparezca como un conjunto de acciones cuasi-policiales y atentados. La prensa francesa reconoce ya que el relato esquizofrénico que ha hecho hasta ahora es un despropósito: matanzas «inter-comunitarias» y despliegues militares son parte inseparable del mismo horror. Y lo que es peor, lo que originalmente era un problema «saheliano», básicamente el último episodio de la vieja guerra entre intereses franceses y tuaregs, evolucionó a guerra contra el jihadismo -los tuaregs hace años que son aliados de Francia- y sigue extendiéndose, conectándose con los maquis islamistas argelinos, los clanes del desierto libio y echando raíces en países tan al Sur como Costa de Marfil.

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Egipto, Etiopía y la «Presa del Renacimiento». Como vemos en el vídeo de arriba, según los tiempos de llenado de la «Presa del Renacimiento» en Etiopía se estiren desde los cinco a los diez años, Egipto puede perder entre el 18 y el 50% de su suelo agrícola. Las negociaciones entre Etiopía, Sudán y Egipto vienen de lejos y desde el principio ha tenido tintes bélicos. Pero la entrada de Arabia Saudí y Emiratos en el cuerno de Africa y Sudán -originalmente para parar la influencia creciente de Turquía- ha regado de créditos a Etiopía y acelerado la construcción de una presa que, como Aswan en su día para Egipto, se ha convertido en el símbolo de la promesa de la capacidad renovada de atracción de capitales del nuevo régimen.

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Puede parecer paradójico que haya sido la expansión de los aliados de Egipto con los consiguientes cambios de régimen en Sudán y Etiopía la que ahora azuce la guerra. Pero la realidad es que todos los capitales nacionales tienen intereses imperialistas y es precisamente la ausencia de rivales mayores más lejanos la que permite que emerjan los conflictos entre estados fronterizos. En cualquier caso, Etiopía no espera tampoco el apoyo político de sus inversores árabes en esta disputa así que ha buscado aliados ante un potencial conflicto en Sudáfrica, siempre atenta a ganar peso político, oportunidades de inversión y mercados en el Norte del continente.

Egipto por su parte no ha dejado de azuzar a Sudán, que está ya movilizado para la guerra elevando el tono desde segunda línea hasta la amenaza militar directa. El ejército etíope, por su lado no se ha quedado corto en amenazas tampoco. A día de hoy Etiopía prepara el inmediato llenado de la presa y se respira un ambiente de movilización bélica.

Inauguración de línea de ferrocarril financiada y construida por China en Kenia.

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China y la deuda africana. China es el mayor prestamista de Africa. Entre 2000 y 2018 prestó al menos 150.000 millones de dólares a distintos países del continente. Según el Banco Mundial la deuda total acumulada representaría casi un 18% del total del continente. Pero, dada la opacidad de las prácticas de la «Nueva ruta de la seda», la cifra real podría incluso duplicarla. China se juega en el continente buena parte de su sobreacumulación de capitales.

No es casualidad si la primera base militar china en el exterior está en un Djbuti superpoblado de bases militares de sus rivales, ni que EEUU haya recibido las gigantescas inversiones chinas en el país con una agresividad inusitada. Africa es un objetivo del imperialismo chino desde finales de los años cincuenta cuando sostuvo por primera vez regímenes dictatoriales amigos fuera de Asia.

Ahora, la crisis covid y el recrudecimiento de la guerra económica con EEUU, han llevado a China a redoblar su apuesta derivando producción industrial al continente y disputando la hegemonía política a Francia y EEUU. El punto débil: la sostenibilidad de la deuda. El arma estadounidense: empujar a los sobre-endeudados estados africanos a reestructurar toda la deuda externa bajo condiciones similares, llevando a China a una trampa como la que ya está en marcha en Zambia. Lo que para EEUU sería un sacrificio de deudas de baja calidad, para China podría llegar a desastre financiero. Es decir, la deuda china se ha convertido en un móvil para impulsar cambios de régimen, golpes de estado y conflictos internos. Tanto para EEUU como para China.

La guerra de África y la alternativa de la Humanidad

Soldados griegos en la frontera con Turquía.

La mitad norte de África, una vez más, amenaza con convertirse en el terreno de batalla imperialista global. Esta vez, sin embargo, parece difícil que el continente vaya a contener su desarrollo. La guerra en el Sahel y Libia se proyecta inmediatamente sobre el Mediterráneo europeo y el Levante. El cuerno de Africa y Egipto proyectan las guerras en curso sobre la península arábiga y Oriente Medio. La perspectiva de un continuo de conflictos cada vez más violentos desde el mar de China hasta Mauritania está más abierta que nunca.

La televisión y la prensa nos presentan Africa y Asia como continentes lejanos cuyos problemas, si acaso, llegan en la forma de refugiados desesperados o atentados terroristas. La televisión española representa rutinariamente el territorio del país borrando directamente el continente africano del que forman parte tres comunidades autónomas españolas. Bruselas habla de Chipre (Asia) y Malta (Africa) como países europeos con el mismo desparpajo con el que invisibiliza la influencia turca en los Balcanes. Siria o Libia quedan muy lejos de Europa en el relato pero no en la geografía. Pensar que la orilla norte del Mediterráneo podrá permanecer al margen de un desarrollo de la tendencia a la guerra en Africa, cuando Grecia está en primera línea de conflicto e Italia y Francia se involucran cada vez más, no parece siquiera sensato.

Y una vez más, las fuerzas que cada día impulsan la muerte industrializada a un lado de la frontera, son las mismas que hacen de la vida de millones de trabajadores un desastre al otro. No vendrá un futuro para la Humanidad del avance de ningún frente de ejércitos, mercenarios y drones, sino del frente que en cada país opone las necesidades humanas a las del mismo capital que impulsa las guerras. Esa otra fractura, más profunda, generalmente incruenta, invisibilizada pero siempre latente, tiene otras reglas y estrategias, pero sobre todo tiene un horizonte muy distinto del de la miseria y la masacre: la abundancia posible y necesaria.

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