Las ciudades del comunismo primitivo

23 de febrero, 2020 · Historia

Reconstrucción de una casa cucuteni.

En el artículo anterior descubrimos como las primeras economías en transición hacia la agricultura y la sedentarización no escindieron la sociedad en clases. Por el contrario, evolucionaron dentro del comunismo primitivo creando el primer comunal agrario. Hoy nos acercaremos a la evolución de esos modelos en Europa Oriental. Allí grandes ciudades con decenas de miles de habitantes prosperaron durante siglos bajo formas avanzadas de comunismo primitivo, con mayor bienestar que sus contemporáneas basadas ya en economías de explotación y con un urbanismo prácticamente opuesto hasta fechas relativamente recientes, cuando Solón enunciaba las bases de la democracia esclavista griega. ¿Qué fue de ellas? ¿Por qué perduraron tanto? ¿Por qué desaparecieron?

Localización de los principales megasites de la cultura de Tripilia-Cucuteni.

En los años 70, comenzaron los primeros descubrimientos arqueológicos de lo que más tarde se llamó cultura de Tripilia-Cucuteni. En una vasta región de las actuales Ucrania, Rumanía y Moldavia, se han descubierto desde entonces docenas de «megasites», ciudades neolíticas. Su apogeo estuvo entre el 4500 y el 3000 A.e.C. El problema de los arqueólogos es que el número de casas de cada uno de ellos resulta abrumador. En uno de los últimos megasitios explorados, Nebelivka, durante…

…más de seis años de trabajo de campo desde 2009, los investigadores han excavado y mapeado estructuras ubicadas en más de un kilómetro cuadrado. Fotos aéreas, imágenes satelitales y datos geomagnéticos, complementados con excavaciones de 88 pozos de prueba, identificaron 1,445 casas residenciales y 24 estructuras comunales llamadas casas de asambleas.

Restos de cultura material cucuteni encontrado en excavaciones arqueológicas.

Pero lo interesante es que…

Los investigadores dicen que no hay signos de un gobierno centralizado, una dinastía gobernante o disparidades de riqueza o clase social en el antiguo asentamiento. Las casas eran en gran medida similares en tamaño y diseño. Las excavaciones produjeron pocos bienes de «prestigio», como artículos de cobre y adornos de conchas. Aparecieron muchos ejemplos de cerámica pintada y figuras de arcilla típicas de la cultura Tripilia, y más de 6.300 huesos de animales desenterrados en el sitio sugieren que los residentes comieron mucha carne de res y cordero. Esas pistas sugieren que la vida diaria era muy parecida en los distintos barrios de Nebelivka.

Plano reconstruido de Nebelivka

La población de estos megasites no tenía nada que envidiar a las ciudades mesopotámicas formadas ya bajo la división en clases. Los dos mayores megasites investigados, Talianki y Maidanets albergaron en su momento de máximo desarrollo a 26.000 y 46.000 personas respectivamente. Eso sí, bajo un urbanismo y unas prioridades tan radicalmente diferentes como su ordenación social.

Hórreos y cultivo en el campo en la cultura tripilia cucuteni

Una de las cosas que más ha llamado la atención de los investigadores ha sido la diversidad y sofisticación de la dieta. En los megasites se cultivaba trigo, avena, mijo, centeno y cebada -además de cáñamo usado para textiles- pero también tenían zonas de huertos y frutales donde se han encontrado restos de cultivo de albaricoques, ciruelas, cerezas, uvas, guisantes y habas. La ganadería, esencial para permitir la inclusión productiva de los miembros físicamente más débiles, estaba muy desarrollada y parece que la dieta era rica en proteínas provenientes de cerdos, cabras y ovejas domesticados, pero también de caza y pesca. Y evidentemente, se elaboraban fermentados de los granos -la cerveza antigua- y posiblemente vino de uva.

Reconstrucción de la ciudad de Ur con la característica separación del espacio entre clases y el apiñamiento de los explotados y sometidos.

Pero además del igualitarismo de las casas y la diversidad dietética, en lo que estas ciudades del comunismo primitivo se diferenciaron de las mesopotámicas en su baja densidad espacial. Mientras Ur, en su máximo momento de esplendor ocupó 89 Hectáreas y tuvo unos 60.000 habitantes, las 3.000 casas de Maidanets ocupaban unas 270 Hectáreas y las 2.700 de Talianki nada más y nada menos que 450 Hectáreas.

La alta densidad de las primeras ciudades clasistas frente a las comunistas primitivas refleja evidentemente la explotación, pero también la centralización del poder estatal que acaba de nacer para «mediar» entre las clases sí, pero sobre todo para mantener el sistema de explotación. Una población concentrada es más fácil de controlar y contingentar con menos recursos. La estructura urbana de las ciudades del comunismo primitivo no solo refleja una distribución igualitaria del espacio y el acceso a los productos del trabajo colectivo -como vimos en la dieta- sino la diferente naturaleza del poder político en una sociedad sin estado.

Casa de asambleas en Nebelivka

En Nebelivka por ejemplo, las casas se agrupaban en 153 vecindarios, la mayoría de los cuales tenía entre tres y siete casas, que se agrupaban a su vez formando 14 barrios, cada uno con una o más casas de asambleas. Estos lugares para la coordinación y decisión social, necesitaban, por su propia naturaleza, disponer de un área abierta. La comunidad no escindida en clases necesita espacio.

La proto-lucha de clases

Otra cosa que ha llamado la atención de los arqueólogos de los megasites es la aparición de casas quemadas en distintas épocas. En muchos casos no se reconstruían. Solo se dejaba el hueco con las ruinas. Los investigadores en un principio lo achacaron a alguna forma de ritual. Era uno de esos «misterios» arqueológicos. Pero en realidad… no tanto.

Por todo el Este de Europa, al mismo tiempo y después de los «megasitios» de Cucuteni aparecieron ciudades igualitarias más o menos grandes pero muy parecidas. Se les conoce por la palabra latina «oppida». Y existe evidencia arqueológica de que prosperaron hasta el 580 AeC y que todavía hace poco más de 2000 años quedaban algunas. Al aumentar el marco de comprensión de este tipo de ciudades comunistas primitivas, han aparecido otras vías de interpretación mucho más interesantes que el «deus ex machina» ritual.

Okolište in Bosnia, había sido fundada alrededor del 5200 AeC y contenía grupos familiares que, aparentemente, desarrollaron distintos potenciales económicos y demográficos en su desarrollo. Las casas de las familias más ricas, que ejercían una creciente posición de poder dentro de la gran aldea, fueron quemadas alrededor del 4900 AC. Después de este momento, mucho cambia en Okolište: el tamaño de la aldea, que originalmente era muy grande para las condiciones neolíticas con aproximadamente 3500 habitantes, se reduce a un «tamaño estándar para el sudeste de Europa» de 100-200 habitantes. Además, las diferencias entre los hogares pasan a no ser reconocibles y las funciones específicas de la centralidad de Okolište dentro del asentamiento circundante son, del mismo modo, indiscernibles. En este sentido, en el caso de Okolište podemos asumir que estamos ante una rebelión interna contra las crecientes diferencias sociales y las crecientes diferencias en la gestión de los recursos.

En los tres ejemplos mencionados, las certezas e incertidumbres en el manejo y la reconstrucción de los conflictos sociales internos se hacen evidentes. Sin embargo, los procesos, por ejemplo, en Heuneburg y Okolište pueden compararse. En ambos casos, el desarrollo de los crecientes potenciales económicos de un grupo de hogares dentro de la población total lleva a conflictos sociales internos. Mientras que una concentración de actividades y poder político en ciertos hogares es reconocible en la Okolište neolítica, en Heuneburg existe un distrito entero -separado del resto del asentamiento- en el que se concentran la artesanía y el control político. En ambos casos, los conflictos sociales llevan a un patrón de asentamiento más disperso y a una reducción de las diferencias sociales dentro de sociedad.

Johannes Müller. «Rebellion and Inequality in Archaeology», 2017

Es decir, diferencias en el desarrollo demográfico de los distintos grupos o tribus que convergían en la ciudad y la extensión desigual dentro de la comunidad de determinadas actividades -dicho de otro modo, el desarrollo de las fuerzas productivas bajo el comunismo primitivo- habrían incitado conflictos tendentes a la aparición de clases. Alcanzado ese punto, el comunismo primitivo agrario solo podía reprimir el proceso -debilitando el tejido y la capacidad productiva del conjunto social- o transformarse en una sociedad de clases. El desarrollo de estas y su extensión a base de guerras, pero también de intercambios que extendieron nuevas tecnologías desarrolladas por ellas, sin duda incrementaron los momentos de crisis de las ciudades igualitarias. De ahí su desaparición o transformación en paralelo con el desarrollo del modo de producción esclavista. La ciudad comunista primitiva no desapareció sin lucha, pero su resistencia no dejaba de ser una resistencia al desarrollo de las capacidades productivas de la Humanidad entera.

¿Qué podemos aprender de la ciudad comunista primitiva?

Reconstrucción digital de Talianki, ciudad comunista primitiva hace unos 5000 años.

Los descubrimientos de la cultura de Cucuteni están llevando a los arqueólogos a revisar la historia de las primeras ciudades no solo en Europa sino en Asia y América. Toda una tendencia está siguiendo hoy discursos como el del arqueólogo David Wengrow del University College London, que argumentan que las ciudades igualitarias no fueron un fenómeno local. Wengrow recuerda que los antiguos centros ceremoniales en China y Perú, por ejemplo, eran ciudades con infraestructuras sofisticadas que existían antes de cualquier indicio de control burocrático y que la administración igualitaria, mediante asambleas y sin estado, podría incluso haber caracterizado a las ciudades mesopotámicas durante sus primeros siglos, un período que carece de evidencia arqueológica de entierros reales, ejércitos o grandes burocracias típicas de los primeros estados.

La importancia de todo este debate histórico y arqueológico es su… actualidad. Nos demuestra como incluso con un grado de desarrollo tecnológico muy primitivo, fue posible sostener sistemas productivos complejos y no mercantilizados que ni destruían el medio natural ni trituraban a grupos sociales enteros. Muestra que la política puede ser la expresión organizada de la consciencia de una comunidad humana masiva y no escindida en clases, en vez de la batalla alrededor y contra un estado que pretende falsamente haber estado siempre ahí y que se dice imprescindible para mantener la producción más básica. Es decir, la Humanidad puede ser una comunidad real, no rota por la fractura entre clases antagónicas.

Es más, no se ve por ningún lado cómo el desarrollo del conocimiento y las capacidades productivas que nos legó el capitalismo, contradiga lo anterior como afirman los neo-malthusianos en todas sus versiones. Al revés, si el comunismo primitivo no es opción hoy en día no es porque el desarrollo humano niegue la posibilidad del comunismo, es porque este desarrollo hace posible un comunismo nuevo más allá de la escasez.

Esta es la segunda parte de «El comunismo primitivo no fue lo que te contaron»

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