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La recesión que llega

29/04/2022 | Actualidad

Una nueva recesión global es inminente. Pero esta vez amenaza con disparar una crisis financiera y una crisis de deuda. Y ya sabemos en que consisten entonces las «políticas anticrisis» para los trabajadores.

Una recesión global inminente...

El comercio internacional se contrae y azuza la recesión

El PIB de EEUU cayó un 1,4% interanual en el primer trimestre a pesar de que el desempleo está en mínimos desde 2020 (3,6%). La maquinaria productiva está a tope y sin embargo lo producido no encuentra salida en el mercado. Toda la furia guerrera de EEUU no está sirviendo a corto para asegurar nuevos mercados lo suficientemente demandantes como para eliminar el déficit comercial.

China, que tiene sus propios problemas estructurales, mucho más serios que el impacto de los cierres para parar el Covid, ya anunció nuevas políticas anticrisis. Pero de momento, la cancelación de fletes de buques de contenedores refleja que la contracción del comercio global no afloja. Le afecta y afectará de forma directa tanto o más que a EEUU.

En Europa, la aceleración de la reorganización forzada de la división internacional del trabajo, incluso sin cambio de matriz energética ya sería peligrosa, como recuerda Lagarde cuando tiene un micrófono cerca. Pero los problemas inmediatos no son menos drásticos.

En Francia el PIB está ya estancado. En España, verdadero canario en la mina del euro, la inflación interanual publicada ayer fue del 8,4%. ¿El impacto «temporal» de la guerra de Ucrania? No sólo. La inflación subyacente está ya en el 4,4%, la más alta desde 1995. Y el PIB, estancado ya (0,3%) en el año que debía de ser de «renacimiento» de la acumulación da dos claves fundamentales y válidas en todo el continente:

  1. El consumo de las familias (-3,7%)
  2. La formación de capital en la construcción

Es decir, dos indicadores que apuntan a un descenso rápido y acusado de las condiciones y expectativas de la clase trabajadora. Algo totalmente coherente con la subida de la tasa de desempleo hasta el 13,65% (70.000 parados más) anunciada ayer.

...azuzada por la guerra

Lo que tenemos por delante no es bonito. La guerra azuza las contradicciones del sistema tanto como de las burguesías nacionales entre sí y dentro de cada una de ellas.

El último ejemplo: Bulgaria. Con un gobierno históricamente dividido entre los intereses pro-rusos y los pro-UE/EEUU, el gobierno decidió seguir los pasos de Polonia y negarse a pagar en rublos el gas procedente de Rusia, a pesar de tener reservas muy bajas y de que la mayor parte de países UE optara por tomar la vía indirecta de pagos aceptada por la Comisión. Resultado: una crisis industrial inminente y una mayor dependencia de su rival imperialista más directo, Turquía. Por si hiciera falta una dosis extra de tensión en los Balcanes y por si las condiciones de trabajo y empleo en el país de las rosas fueran como para no preocuparse.

En Alemania la guerra está transformándolo ya todo. Mientras se construyen a toda prisa terminales de GNL para recibir gas estadounidense y qatarí (mucho más caro), el gobierno presentó ayer un plan de choque contra la inflación cuyos ejes principales evidencian la tensión a la que toda esta situación está sometiendo a los trabajadores menos cualificados.

De hecho, sin llegar a los niveles de países como Perú que se asoman a la perspectiva de la hambruna por el desabastecimiento de fertilizantes y las subidas de insumos agrarios, Europa entera por primera vez desde la post-guerra empieza a temer un crecimiento significativo de las tasas de subalimentación. El empeño en mantener el Pacto Verde agrícola («From farm to fork»), para asegurar que el campo vuelva a ser un destino apetecible para capitales ociosos, amenaza con que una nueva estrategia para crear escasez artificial se les escape de las manos -como ha pasado con la energía- hasta crear un verdadero problema alimentario en el corto o medio plazo.

La combinación de recesión e inflación amenaza con poner en marcha una crisis financiera y otra de deuda soberana

La inflación se ceba en los bienes básicos como la alimentación y el combustible.

Pocos dudan ya de que el horizonte inmediato sea una recesión. No hace falta más que acercarse a los informes del FMI para que quede claro que bajo ella hay algo más que el impacto de los precios energéticos y su impacto en el sector industrial.

Las claves principales vienen de lejos. La mayoría de analistas reconocen ya que las grandes potencias tienen cada vez más problemas para «aprovechar el comercio internacional y la inversión extranjera directa para el crecimiento interno». Dicho de otro modo: como no consiguen colocar más producción en otros mercados en cantidad suficiente, tampoco consiguen rentabilizar las inversiones de capital foráneo en su propio suelo. El mecanismo básico de la acumulación imperialista está roto.

La banca también encendió las luces rojas. Haber abusado de los tipos negativos y los mecanismos monetarios de dopaje de la acumulación hace que los bancos centrales no tengan casi margen de maniobra y los estados estén condenados a enfrentarse a costes de financiación cada vez mayores mientras sus deudas (bonos) pierden valor. Por eso el capital especulativo está huyendo ya a toda velocidad de los fondos basados en bonos.

Dicho de otro modo, para poner coto a la inflación tienen que subir tipos, pero si suben tipos las deudas de las empresas pueden llevar a una epidemia de morosidad y a través suya a una crisis financiera que podría verse en breve acompañada de una crisis de deuda al aumentar también el coste de financiación de los estados. La perspectiva que se dibuja es la de la crisis griega, pero ahora multiplicada: afectaría a buena parte de la UE.

A estas alturas el Banco de España asegura que un 8% de la deuda privada está ya en riesgo y teme que pueda desembocar en una crisis de impagos. Los déficits públicos mientras tanto se están convirtiendo en estructurales así que la UE anima a España a poner en marcha cuanto antes la nueva «austeridad» prometida por el gobierno... que tiraría aún más hacia abajo del PIB y atacaría los servicios públicos básicos que son el último asidero de las familias trabajadoras.

Las «políticas anticrisis» que vienen y el horizonte de los trabajadores

Contra la precarización

Los «planes de choque contra los efectos de la guerra», se ve claro ahora, sólo han sido el primer acto, un intento de los gobiernos por evitar los primeros daños sobre el beneficio de las grandes empresas y una nueva revuelta de la pequeña burguesía más ahogada.

Llegamos ahora a una situación similar a la de la recesión de hace una década con unos índices de pobreza similares a los causados por la respuesta del capital y los estados a aquella crisis... antes de que empiecen a llover nuevas medidas precarizadoras y nuevos asaltos a salarios, vivienda y condiciones laborales básicas.

Rebrota lo peor de la crisis perenne de un capitalismo antagónico a las necesidades humanas más básicas, azuzada ahora por una guerra imperialista criminal que no dejan de cebar todos los capitales implicados en ella. Esperar que las «políticas anticrisis» que vienen vayan siquiera a amortiguar la transferencia de rentas del trabajo que la rentabilidad del capital exige para reanimarse, es una ilusión absurda que niega toda la experiencia de las generaciones presentes.

Contra los efectos devastadores de la guerra imperialista y la crisis histórica de un capital cuya acumulación hace aguas una vez más, no cabe ningún voto de confianza a las clases dirigentes ni los aparatos sociales de sus estados. Hay que plantar cara. Y para poder hacerlo de la única manera conducente, como trabajadores actuando como clase, tenemos que hacer un esfuerzo de organización y discusión. Empresa a empresa, barrio a barrio, pueblo a pueblo. Desde ya.