La prioridad no es «doblegar la curva» sino doblegarnos

18 de noviembre, 2020 · Actualidad> Europa> España

Sindicatos, patronal y gobierno posan en Moncloa tras constituir la «Mesa de diálogo social»

Aunque el discurso oficial es optimista y nos dicen que estamos doblegando la curva, la verdad es que 14 de 18 comunidades autónomas tienen incidencias superiores a 400 enfermos por 100.000 habitantes. 5.897 nuevos diagnósticos y 435 muertos en las últimas 24 horas dejan claro el horror y la matanza cotidiana en que se ha convertido la segunda oleada del Covid en prácticamente toda España. A los fallecimientos directos habría que añadir además los de aquellos pacientes de otras enfermedades que no pudieron ser diagnosticados o atendidos por la saturación de hospitales y UCIs, algo que no refleja el cuadro de mandos de la pandemia. Porque, después de convertir en UCI hasta el cuarto de las escobas, las cifras de saturación teórica se redujeron, pero las carencias de personal se hacen sentir más que nunca.

Sin embargo los gobiernos españoles no tienen la menor intención de volver a confinar. Todo se fía a reducir un poco los números con medidas de poco impacto económico y aun menor impacto sanitario para volver a abrir comercios en diciembre y dar una alegría a la facturación y las ventas en las fiestas. Ya nadie cree que la campaña de Navidad vaya a salvar las cuentas de las empresas en 2020, pero los datos de rentabilidad son malos, muy malos, y a peores resultados, mayor inhumanidad de las políticas antipandémicas.

400 muertos al día, día tras día, no son ya considerados medida suficiente para imponer confinamientos domiciliarios, ni hablemos de cierres temporales de la producción no esencial, porque la política de salud pública se doblega ante la curva de ingresos empresariales. No podía haber un ejemplo más claro de lo que significa la expresión dictadura del capital.

La salud del capital

Hace solo unos días el FMI declaraba que, dando por hecho que el Covid no iba a ser contenido en España, las cifras de producción y ventas no alcanzarían los niveles de 2019 hasta, al menos, 2025. Avisaba además que la deuda en riesgo de las empresas llamadas vulnerables podría subir hasta el 37% y que temía una crisis de impagos. El gobierno, que trabajaba en la misma perspectiva, aprobó de urgencia un paquete de medidas de solvencia que da un año extra de carencia y tres años más de tiempo para devolver los créditos ICO, impide a los acreedores pedir concurso hasta febrero de 2021 y extiende la protección estatal para evitar ventas a precio de derribo a las empresas de capital UE con sede en España.

El tipo de medidas y las fechas de los plazos dan una medida de la situación de una parte significativa de las empresas. Pero lo que el Banco de España y el gobierno temen a estas alturas, es llegar a la recta final de la pandemia sin fondos suficientes para salvar a las empresas todavía solventes, así que aprovechan lo barato que les resulta endeudarse gracias al BCE y la expectativa de los fondos europeos e intentan poner todo al servicio del rescate empresarial en marcha sin preocuparse demasiado por batir récords de deuda periodo tras periodo.

Eso sí, el famoso escudo social sigue tan escaso como hasta ahora a pesar de las inyecciones al SEPE y la Seguridad Social: el 60% de las peticiones del ingreso mínimo vital son rechazadas, la bombona de butano -la energía de los que tienen menores ingresos- vuelve a subir drásticamente y los bancos de alimentos calculan que casi dos millones de personas necesitarán en breve ayuda alimentaria. Pero es que, una vez más, a pesar de la continua retórica de Podemos y PSOE sobre los vulnerables, las prioridades no están puestas en las necesidades de los trabajadores y menos aun de los más precarizados, sino en aquello que puede ayudar a la rentabilidad del capital y sus inversiones en las empresas.

La prioridad a día de hoy de las políticas sociales está en materializar los que han sido los objetivos centrales de la burguesía española durante los últimos años: el arranque de la privatización de las pensiones bajo forma de fondos complementarios y una nueva reforma laboral precarizadora. Esta última, en fase final de boceto, se parece cada día más a la reforma Rajoy que, supuestamente, venía a derogar.

Qué es lo que se doblega en realidad

Ante la ausencia de rentabilidades, el capital sin destino se está dirigiendo a la especulación con los consumos básicos como la vivienda o la energía. En octubre los alquileres subieron una media del 10% y las subastas de renovables advierten de futuras subidas en las facturas domésticas. Es solo el primer paso. En Alemania ya estamos viendo como los costes para los trabajadores del pacto verde empiezan a escalar más allá de lo previsto sin que industria y gobierno pongan pero alguno. Y no decimos para los trabajadores como recurso retórico. Mientras los trabajadores ven caer en picado sus ingresos, la burguesía y la pequeña burguesía corporativa se colocan a sí mismas a cubierto de la bajada general de salarios e incluso, en las grandes empresas, se los suben. Es solo una consecuencia más de una realidad que es el gran tabú de esta crisis para los medios: está ya en marcha una redistribución de rentas masiva del trabajo al capital.

Resumiendo: Basta recoger los titulares de la semana para ver con claridad que tanto la política de salud pública y reducción de contagios como la legislación laboral, las coberturas de jubilación y la distribución de rentas e ingresos se están doblegando ante el ansia por mejorar los resultados inmediatos de las inversiones puestas en las empresas. Lo que el capital exige para recuperar rentabilidad prima sobre las necesidades más básicas y urgentes de los trabajadores, que son sistemáticamente invisibilizadas bajo una retórica hipócrita de protección a los vulnerables y justicia social.

Esta pendiente no se va a corregir esperando, aguantando, ni cambiando de gobierno, sino plantando cara y haciendo valer las necesidades -humanas y universales- de los trabajadores por encima de la rentabilidad inmediata de las empresas. Por mucho que los sindicatos nos digan que el capital no puede dar nada si no tiene beneficios ahora y ya, no es verdad, luchar unidos funciona y es lo único que, hoy por hoy, paga.

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