La implosión de la URSS stalinista

9 de diciembre, 2021

La estatua de Drezinsky, símbolo de las siniestras oficinas de la Lubianka, es derribada en 1991... por funcionarios del aparato represivo.
La estatua de Drezinsky, símbolo de las siniestras oficinas de la Lubianka, es derribada en 1991... por funcionarios del aparato represivo.

Hace unos días, en noviembre, se cumplió el 30º aniversario de la prohibición del PCUS... por sus propios dirigentes. Publicamos ahora una selección de cuatro textos publicados originalmente entre 1987 y 1991 en los boletines y revistas del FOR con análisis de la «Perestroika» gorbachoviana, del golpe de estado del 91 que precipitó la implosión de la URSS stalinista y del llamado «Nuevo Orden Mundial» que inmediatamente propusieron las potencias imperialistas que esperaban sacar su parte de los despojos.

Tabla de contenidos

¿Cómo pueden hablar de «nostalgia» 30 años después de la implosión de la URSS stalinista?

«Perestroika, democracia, reforma y transparencia (glasnost)». Cartel de propaganda del PCUS antes de la implosión de la URSS stalinista.

Antes de la prohibición del PCUS por sus propios dirigentes, el golpe de estado de agosto de 1991 había precipitado ya la implosión de la URSS stalinista culminando una larga crisis del capitalismo de estado ruso nacido de la contrarrevolución y su aparato político. Una crisis reconocida implícitamente por la política de «Perestroika» (re-estructuración) y «Glasnost» (transparencia) de Gorbachev a partir del 86.

En el momento hubiera parecido imposible la «nostalgia» que no pocas cadenas de televisión nos venden hoy. El desprecio y el hastío pasivo de los trabajadores de todo el territorio de aquella URSS gigantesca contra el régimen y la explotación que les imponía, la resistencia generalizada, era visible hasta para el turista más alienado, ni hablemos para la propia burocracia.

Como Khrutchev tiempo atrás y otros en la penumbra, el nuevo Secretario General se da cuenta, chitacallando, de que el impedimento mayor al funcionamiento siquiera normal de la economía rusa, sin inferioridad respecto de las principales potencias, procede de la resistencia pasiva universalmente opuesta a las condiciones de vida, de trabajo y de avituallamiento, más a la mentira informativa cotidiana, que padece la población, en particular la clase obrera.

Por consecuente añadidura, débese al desprecio, hasta la náusea, que inspira la casta dictatorial. Mientras no se suprimen tales impedimentos, ni robótica, ni informática, ni descubrimiento científico alguno hará al apaño de los gobernantes fronteras adentro; tampoco fuera de ellas, donde el desbande en los partidos pro-rusos nada lo invertirá.

En Rusia, segunda desestalinización stalinista (1987)

En los ochenta, durante todo este proceso, los revolucionarios no dejaron ni de esperar la revuelta ni de batallar por ella.

Hay que hablar para los explotados. Aunque nuestra voz no alcance por ahora hasta Rusia, lo mismo vale para China, Estados Unidos, Europa Occidental, Asia, Africa, América latina desde Cuba y México hasta Argentina y Chile.

A ellos hay que decirles: ninguna solución alcanzaremos sin cambiar de todo en todo la distribución del producto social del trabajo. El 85% de la población (4.500 millones de personas) hoy racionada con sólo el 20% del producto de su trabajo, debe apoderarse de él, suprimir todo gasto, toda actividad que no responda a su propio consumo, incluso el cultural, el sanitario, etc.

Para ello es indispensable arrebatarle el poder al 15% de capitalistas colectivos o individuales que acaparan el 80% de la riqueza. Así la clase trabajadora se convertirá en el factor subjetivo de la economía, en representación de la sociedad entera. Se inaugurará así una nueva civilización mundial, sin clases, Estado, ni opresión. A empezar por donde se tercie. Y puede, debe terciarse en Rusia.

La resistencia pasiva deja vía libre a lo existente, y en Rusia el KGB continuará acechando en cada esquina, en cada barrio, en cada fábrica. Contra él hay que organizarse en cuanto clase explotada, y como partido revolucionario en el seno de ella.

La Gorbachada, 1988

¿Fue la implosión de la URSS y la prohibición del PCUS una derrota de los trabajadores?

Eltsin durante el golpe de 1991. El entonces Secretario del Partido Comunista stalinista ruso, prohibiría el PCUS menos de tres meses más tarde.

Fue esta resistencia a veces bajo la forma activa de grandes huelgas de masas, siempre bajo la forma pasiva del absentismo y la no colaboración, la que hizo inviable la forma de acumulación mantenida por el régimen.

El stalinismo nunca sometió totalmente a la clase obrera, y ésta acabó destruyendo al stalinismo. Pero destruyó todas las formas de organización que el proletariado se había dado a sí mismo en su lucha contra el capital, dejando sólo organizaciones revolucionarias minúsculas y dispersas, de hecho incapaces de aprovechar el debilitamiento de la dictadura de Moscú.

[Golpe de estado en] Rusia, agosto 1991

Por eso, la implosión de la URSS y la desaparición del PCUS no fueron vistos como una «derrota» para nadie que no fuera un subvencionado o parte de la vieja burocracia explotadora. En realidad, ni siquiera de éstos, que ya estaban a toda velocidad reconvirtiéndose en lo que son hoy.,

La implosión del Partido-Estado no provocó el terror de sus secuaces, sino su carrera jubilosa hacia refugios no menos siniestros: demócratas, fascistas y nacionalistas, con un afán de cada cual a lo suyo, mezclado con racismo y xenofobia, he aquí viene el vivero donde vuelve a florecer el estiércol stalinista. A la cabeza de los milicianos transcaucásicos, dentro de Pamiat o en los alrededores de Elstin, se encuentra el mismo molde de inhumanidad y mentiras.

En contra de las tonterías que se propagan por la casta periodística, todos estos nuevos líderes han aprendido eficiencia bajo el Partido, el Ejército o el KGB. Trabajar eficazmente no significa producir útilmente bajo el reino del capital, donde los burócratas, los tecnócratas y los autócratas pululan como alimañas sobre los pobres. Su función era únicamente bloquear el camino a la subversión, vigilar la capital.

Hoy ya no pueden hacerlo. Han perdido ante los proletarios que los odian y los ven como opresores. Han ganado y cumplido su función al hacer creer a la gente, al menos temporalmente, que cualquier revuelta produciría nuevos Stalin.

Esta eficiencia se reconvierte esencialmente en la gestión productivista del capital. Inmediatamente socavan su frágil victoria porque sólo tienen una consigna, una sola instrucción y una sola salida para los proletarios: la explotación. El aumento de la explotación, el inicio de los despidos masivos y el aumento vertiginoso de los precios ya han acabado con las ilusiones proletarias sobre los beneficios de la independencia nacional y la democracia.

Además, la indispensable libertad de acción concedida a todos, necesaria para la eliminación del Partido-Estado, también benefició a los proletarios y los ha animado a organizarse.

Que caigan las estatuas y que se pudra por fin la execrable momia de Lenin. Los que lo hacen en la euforia democrática no hacen más que barrer los productos despóticos del «realismo socialista» y ya se preparan, desilusionados y combativos, para retomar las ideas centrales comunes a Lenin y a los demás revolucionarios comunistas: antes la derrota de su país que la de su clase, ninguna concesión a los demócratas.

[Golpe de estado en] Rusia, agosto 1991

Con la misma lógica, no se hacían ilusiones respecto al «Nuevo Orden Mundial» que comenzaba a organizarse en torno a los despojos del imperio stalinista entre cantos a «la paz», el «fin de la historia» y la «unidad de las democracias».

Cuando un complejo tan vasto de dominación capitalista se desmorona, se crea un verdadero llamamiento a nuevos candidatos capitalistas para dominar las partes más interesantes (ya sea que contengan materias primas, herramientas de producción o reservas de trabajo). Los rapaces compiten por los trozos de la potencia debilitada o moribunda, las antiguas zonas de influencia decaen y gravitan hacia una nueva red más poderosa o intentan formar un «Dominio» mayor o menor a su vez.[...]

La unidad del capitalismo sólo puede lograrse negando el carácter unitario del capital, reconociendo un enemigo irreductible y disolvente: el proletariado. Lo que une a los capitalistas, por lo demás en guerra permanente entre sí, es la acción del proletariado y la reacción contra sus propiedades: la mediatización del pensamiento contra la inmediatez de la praxis, la parcelización y la escisión del individuo contra la totalidad de la persona y la unidad colectiva.

Cualquier debilitamiento del complejo capitalista debe entenderse como el resultado de este antagonismo permanente, incluso y especialmente si los carroñeros vienen a alimentarse del cadáver de uno de los suyos. Esto es tanto más importante cuanto que se trata del corazón de la última contrarrevolución, la más larga y profunda que ha sufrido la clase obrera. Este debilitamiento incita a los proletarios a manifestarse contra el capital y a mostrar la singularidad de su condición, que es garantía de su unidad y de la ausencia de cualquier otra fuerza para acabar con la opresión basada en la extracción de plusvalía, y con toda la opresión por esta vía.

Nuevo Orden Mundial, 1991
Lee La Perestroika y la implosión de la URSS stalinista, selección de textos del FOR publicados entre 1987 y 1991, o descárgalo en un PDF

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