La IIIª Internacional y las cooperativas

17 de diciembre, 2021

Cartel del tercer Congreso de la IIIª Internacional
Cartel del tercer Congreso de la IIIª Internacional

La IIIª Internacional, a partir de la experiencia de la revolución rusa, fue la primera en enfrentar el papel de las cooperativas en una fase revolucionaria.

Tabla de contenidos

El trasfondo: la NEP

Cartel animando a las mujeres campesinas a unirse a cooperativas de «productores» esto es, de pequeños y muy pequeños propietarios.
Cartel animando a las mujeres campesinas a unirse a cooperativas de «productores» esto es, de pequeños y muy pequeños propietarios.

Volvamos a 1921, en los comienzos de la NEP (Nueva Política Económica). La NEP era un parón, forzado por el estancamiento de la revolución socialista en Europa, de la dinámica de revolución permanente de la revolución en Rusia. Congelaba la revolución social, que ya había despuntado ocasional y espontáneamente en el comunismo de guerra, bajo lo que Lenin definió como un «capitalismo de estado bajo condiciones de dictadura del proletariado».

La misma contradicción presente en la fórmula evidencia que la NEP era un intento desesperado por reconstruir un tejido productivo arrasado por la guerra civil y el hambre, cuya descomposición había prácticamente desbandado al proletariado organizado que había hecho la revolución vaciando al tiempo los soviets de la vida de octubre.

Su primera meta, urgente, es recuperar la alianza con el campesinado, es decir, con la pequeña burguesía agraria, para evitar una nueva guerra civil. Tocar la propiedad de la tierra -colectivizar- queda más lejos que nunca. Pero es urgente aumentar la productividad agraria para poder mantener al proletariado de las ciudades.

Las cooperativas durante el nacimiento de la IIIª Internacional

Por eso Lenin, desde los primeros esbozos de la nueva política, dará una gran importancia a las cooperativas de pequeños propietarios, que se hará extensiva, en segundo plano, a las cooperativas de consumo obreras. El tema cobrará tanta importancia que los rusos lo incluirán en el III y IVº Congreso de la Internacional (1921 y 1922), los últimos con Lenin vivo. Al hacerlo, la situación del cooperativismo mundial pasará a primer plano de las discusiones.

Al romperse la IIª Internacional, la mayoría de las cooperativas de consumo en toda Europa había pasado a control de los socialpatriotas, que expulsaban a los comunistas y reafirmaban su control sobre la base de un alineamiento cada vez más fuerte con el neutralismo político de la ACI, alimentando las utopías de una transición pacífica, no revolucionaria, hacia el socialismo por la mera extensión del sistema cooperativo. Todo valía.

Las cooperativas de trabajo eran otro cantar. En Francia y Alemania la mayoría se había realineado con la Internacional pero en España la mayoría estaba bajo influencia de la CNT.

La Internacional tomará entonces una posición parecida a la que había tomado respecto a los sindicatos: formar una Internacional de cooperativistas con cooperativas rojas y con las minorías que seguían en las cooperativas bajo control socialdemócrata, intentando recuperarlas mediante la creación de células de los partidos comunistas en ellas. La bandera será la ruptura con la ACI, argumentada sobre la crítica de su neutralismo y la lucha por la independencia económica de las cooperativas respecto al estado.

El tercer Congreso

Delegados en el IIIer Congreso de la Internacional
Delegados en el IIIer Congreso de la Internacional

Las tesis y las resoluciones de III er Congreso están claramente escritas desde la perspectiva rusa. El encargado de llevar la discusión en el congreso será Nikolay Leonidovich Meshcheriakov. Una muestra más de que el foco del interés del partido ruso en el cooperativismo estaba puesto en las relaciones del campesinado.

Con la producción estatalizada y esperando dar vida a un capitalismo rural bajo vigilancia, las cooperativas agrarias de campesinos independientes pasaban a ser una forma de aumentar su productividad separando al campesino independiente del propietario enriquecido, el kulak.

Por su lado, las cooperativas de consumo eran una de las pocas expresiones posibles del proletariado bajo la NEP. Y las cooperativas de producción quedaban para agrupar al artesanado independiente, como herramienta para culminar su industrialización, una etapa que había quedado ya muy atrás en Europa Occidental, incluso en España y Portugal.

Esta división de funciones será tal cual la que inspire el esquema de las tesis y resoluciones de la Internacional. Con dos añadidos importantes. El primero, la aspiración a que las cooperativas de consumo rompan el bloqueo económico y se conviertan en socios comerciales del estado ruso. El segundo, empujaba a las cooperativas a integrarse y coordinarse con los sindicatos.

La combinación era explosiva. Aunque lo que pretendía era reforzar la oposición en los sindicatos y la capacidad de difusión de la propaganda revolucionaria, en el contexto de lo que estaba pasando en Rusia por un lado y en los sindicatos europeos por otro, el llamamiento acababa de animar a los restos de la burocracia socialdemócrata -que en parte, como en España o Italia, o en bloque, como en Francia, había pasado al los nuevos partidos comunistas- a fundirse con la estructura sindical en su país y coordinarse con la burocracia naciente del estado ruso.

Finalmente la Internacional queda encargada de crear una sección de cooperativas para poner en práctica el programa. El modelo será el de la Internacional Sindical Roja, del que se considera un complemento y un apoyo financiero natural. Se convoca entonces una Conferencia Internacional de Cooperadores Comunistas en Moscú que se reunirá durante los seis días anteriores al IVº Congreso y elevará sus conclusiones a la Internacional Comunista.

El cuarto Congreso

Cartel del IVº Congreso de la IIIª Internacional
Cartel del IVº Congreso de la IIIª Internacional

Llegados al IVº Congreso, Meshcheriakov lee la propuesta de resolución redactada por el secretariado de la Internacional. La centralidad de las cooperativas de consumo y la reducción de las cooperativas europeas a financiadoras queda clara desde los primeros párrafos.

Durante los últimos años que precedieron a la guerra mundial y aún más durante esta guerra, la cooperación adquirió en casi todos los países un fuerte impulso y atrajo a sus filas a amplias masas de obreros y campesinos. La ofensiva casi universal lanzada por el capital obliga a los obreros, y sobre todo a las obreras, a apreciar aún más la ayuda que puede prestarles la cooperación de consumo.

Los viejos jefes social-reformistas han comprendido después de mucho tiempo la importancia de la cooperación para el logro de los objetivos que persiguen. Se han instalado en las organizaciones cooperativas y desde allí envenenan la conciencia de las masas obreras, perturbando el ánimo y la actividad de los obreros que poseen espíritu revolucionario.

Por otra parte, los partidos socialdemócratas que tienen en sus manos la dirección del movimiento cooperativo, sacan en ciertos países de las cajas de las cooperativas los recursos materiales necesarios para el sostenimiento de su partido. Bajo la máscara de la neutralidad política, apoyan a la burguesía y su política imperialista.

A partir de ahí, la resolución se centra en cómo ganar la dirección organizativa de las cooperativas creando células comunistas y utilizando la táctica del frente único. Objetivo: tomar el mando del aparato financiero que representan las cooperativas de consumo europeas y comenzar cuanto antes a ponerlo al servicio de las necesidades de las luchas: socorro a represaliados, parados y despedidos, pago de propaganda, etc.

El liderazgo del debate lo toman dos delegados franceses. Por un lado Henriet, que venía del anarquismo, dirigía una cooperativa de consumo y que luego fue expulsado por resistir al zinovietismo. Por la izquierda, Lauridan, que en aquel congreso estaba apoyado por Rosmer en las discusiones sobre sindicatos.

Como Rosmer, Lauridan venía del sindicalismo revolucionario. Se le consideraba la figura en ascenso de la izquierda del PCF, pero al volver del congreso sería expulsado en una de las infinitas guerras sucias del partido francés. Descalificado como amigo de la policía, sufrió un ostracismo casi total que le llevó a exiliarse de su región humillado y resentido. Reaparecería unos años después en el primer fascismo galo y acabaría como colaborador de Vichy.

Los problemas internos franceses sobrevolarán la discusión haciendo a Henriet tomar posiciones a veces contradictorias y casi siempre muy reticentes al cooperativismo en sí mismo, ya que lo interpreta una y otra vez como inseparable de las posiciones armonistas del cooperativismo de consumo de Charles Gide. Lauridan parece entender que las cooperativas son herramientas del conjunto del movimiento y cuenta con no pocos ejemplos cómo en ese momento están jugando un papel determinante en el desarrollo del movimiento comunista.

Debemos dirigirnos hacia el objetivo de que las cooperativas provean de un refugio al proletariado en lucha y sobre todo que lo abastezcan. En el Norte de Francia, todas las cooperativas han fundado casas del pueblo para las organizaciones obreras. Distribuyen subsidios a los huelguistas y desempleados. Muchas cooperativas ofrecen al partido apoyo financiero directo o indirecto. Podemos expresarlo a través de una fórmula sencilla: hoy las cooperativas deben ser el sostén del partido; mañana serán un sostén de la dictadura del poder proletario.

Pero conforme la discusión desbroza los aderezos retóricos, queda claro que para él lo que cuenta es la utilidad financiera de las cooperativas para el partido. La respuesta de Henriet que declara no ser partidario de las cooperativas pone en evidencia no solo el simplismo de Lauridan, sino también su propia incomprensión del cooperativismo como una parte del movimiento de clase.

Una asamblea de miembros [de una cooperativa] que aprueba gastar en propaganda comunista, puede con la misma facilidad aprobar dinero para propaganda reformista.

Pero lo más llamativo es que, como la Conferencia, confunde e iguala las cooperativas de trabajo con las cooperativas de productores, es decir, de pequeña burguesía. Es como pensar que es lo mismo una cooperativa agraria formada por los dueños de campos para moler la aceituna; y la cooperativa de jornaleros que le vende su fuerza de trabajo en bloque para hacer el vareo. Así que Henriet salta directamente contra las cooperativas de trabajo con el viejo argumento reaccionario de que hacen capitalistas a los trabajadores y una lógica de razonamiento típicamente anarquista.

Dado que las cooperativas están ligadas al sistema capitalista, no tienen otra vía para escapar de las crisis de sobreproducción o infraproducción que las que son características de este sistema. En realidad solo pueden desarrollarse fundiéndose completamente en el sistema capitalista. Bajo tales circunstancias, los compañeros que son activos en este campo se perderán casi siempre para la causa de la revolución. […] Todos los comunistas deben hacer esfuerzos por evitar mezclarse en nada que haga disminuir su ímpetu y su libertad para la propaganda y la acción comunista.

El debate acabará con Jinchuk, un menchevique que terminaría siendo parte de la élite stalinista de la época de las grandes purgas, interviniendo para cortar y corregir a ambos y apuntarles que lo que hace importante ganar la hegemonía comunista en las cooperativas es controlar la distribución alimentaria y evitar desastres en las primeras fases de la guerra civil.

Resumiendo, lo que puede sacarse en limpio de la lectura del debate sobre cooperativismo en el IVº Congreso es agridulce. Por un lado la posguerra estaba viendo emerger una oleada de cooperativismo de trabajo que necesitaba separarse con claridad del cooperativismo de pequeñas empresas, pero que intuitivamente se acercaba a los comunistas… que no sabían qué hacer con él o incluso lo rechazaban.

Los franceses seguían marcados por la controversia entre Guesde y Guide en los tiempos de la II Internacional y en realidad eran incapaces de entender el cooperativismo fuera de los parámetros ACI.Para los rusos, que no habían tenido nunca un movimiento cooperativo de trabajo, lo importante era la cuestión campesina y la distribución alimentaria.

Lenin interviene en el debate

Lenin
Lenin

No es de extrañar que solo dos semanas después del Congreso, Lenin publicara un artículo para intentar arreglar el desaguisado corrigiendo, sin nombrar, a todos los intervinientes. Lenin reivindica el cooperativismo no solo por motivos prácticos o para organizar al campesinado de modo compatible con la dictadura proletaria. Para Lenin, como para Marx, es la forma de pasar del control obrero de la producción en la fábrica a la gestión obrera de la producción social.

Si pudiéramos organizar en cooperativas a toda la población, pisaríamos ya con ambos pies terreno socialista.

Y recuerda que la crítica marxista del utopismo cooperativista se centraba en el carácter anti-político y armonista de las teorías utópicas, no en un rechazo de principio al cooperativismo y menos aun al cooperativismo de trabajo.

En los sueños de los viejos cooperativistas hay mucha fantasía. A menudo resultan cómicos por lo fantásticos que son. Pero ¿en qué consiste esta fantasía? En que la gente no comprende la importancia fundamental, la importancia cardinal de la lucha política de la clase oberra por derrocar la dominación de los explotadores. Hoy es ya un hecho eses derrocamiento en nuestro país, y mucho de lo que parecía fantástico, incluso romántico y hasta trivial en los sueños de los viejos cooperativistas, se convierte ahora e una realidad de lo más natural.

En efecto, dado que en nuestro país el poder del Estado se encuentra en manos de la clase obrera y que a este poder estatal pertenecen todos los medios de producción, sólo nos queda, en realidad, cumplir la tarea de organizar a la población en cooperativas. Con la máxima organización de la población en cooperativas alcanza por sí mismo su objetivo ese socialismo que antes suscitaba legítimas burlas, sonrisas y desdén entre los que estaban convencidos, y con razón, de que era necesaria la lucha de clase, la lucha por el poder político, etc.

Ahora bien, no todos los camaradas se dan cuenta de la importancia gigantesca e inabarcable que adquiere ahora para nosotros la organización de cooperativas en Rusia. [...]

Todos los grandes medios de producción en poder del estado, y el poder el Estado en manos del proletariado; la alianza de este proletariado con millones y millones de campesinos pequeños y muy pequeños; la garantía de la dirección de los campesinos por el proletariado, etc.;

¿Acaso no es eso todo lo que se necesita para edificar la sociedad socialista completa, partiendo de las cooperativas, y nada más que de las cooperativas, a las que antes tratábamos de mercantilistas y que hoy, durante la NEP, merecen también, en cierto modo, el mismo trato? [No,] Eso no es todavía la edificación de la sociedad socialista, pero si de todo lo imprescindible y lo suficiente para edificarla.

Sobre las cooperativas. Lenin, 1923

Lenin imaginaba que la revolución pasaría a atacar la relación capital-trabajo cuando la revolución mundial se extendiera finalmente y Rusia pudiera pasar, de una vez, a desarrollar la fase socialista de su revolución permanente. Y pensaba que lo haría desde aquello que había sido el gran logro de la revolución en Rusia, la centralización de la clase como tal en los soviets.

Imaginaba así, el paso del capitalismo de estado al arranque de medidas anti-capitalistas como producto de una estructura internacional centralizada -el estado obrero- con su estructura económica convertida en una suerte de gran federación cooperativa (de consumo) orientada colectiva y conscientemente hacia la desmercantilización.

Resumiendo: la mirada de la IIIª Internacional sobre el cooperativismo es la mirada de la Rusia de la NEP. Las cooperativas de trabajo no tienen especial interés. Ni siquiera las comunas productivas que están eclosionando en toda Rusia merecen atención. ¿Por qué iban a tenerla? Con el proletariado dominando los soviets y a través de ellos el conjunto del aparato productivo, su significado se reduce a un movimiento moral, a una de tantas exploraciones que la clase hace durante aquellos años.

A los bolcheviques lo que les interesa son las cooperativas de consumo. Se lamentan de no haberlas tenido durante el Comunismo de guerra. Lenin las ve aun más importantes en la NEP, percibe en ellas el mecanismo a través del cual, en las condiciones de un capitalismo de estado, el proletariado puede ejercer su dictadura sobre los precios de intercambio con el campo.

Una cosa es fantasear sobre toda clase de de asociaciones obreras para construir el socialismo, otra aprender a construir en la práctica de manera en que cada pequeño campesino pueda colaborar en esa construcción.

Sobre las cooperativas. Lenin, 1923

Pero no solo se trata de establecer una relación con el campesinado a través del mercado de la NEP. Para organizar la relación en ese terreno no basta con organizar a los campesinos. La perspectiva es organizar en paralelo a los trabajadores en la ciudad en cooperativas de consumo para articular y organizar de forma consciente el cálculo de sus necesidades y lo que es más importante, la organización de la producción para satisfacerlas.

La formación de grandes cooperativas de consumo sería el primer paso hacia la desmercantilización de la producción. El paso más avanzado que podía darse mientras la revolución no se extendiera al menos por la Europa plenamente capitalista, en la que el proletariado era mayoritario también en el campo.

En la perspectiva bolchevique tras la guerra civil, la propia clase organizada en cooperativas de consumo debía dictar directamente las prioridades a las industrias dirigidas por ella misma y negociar los precios de los productos agrarios con el campesinado -organizado a su vez en cooperativas de pequeños propietarios- desde la posición de fuerza que les daba ser un monopsodio, un monopolio de demanda.

Dicho de otro modo: el cooperativismo debía servir al proletariado ruso para tomar la gestión de la economía… hasta donde podía. Las cooperativas de consumo le fortalecían para condicionar con sus necesidades la producción agraria. Condicionar porque en realidad, no tenía más remedio que dejar el sector en manos de un campesinado volcado en el desarrollo del capitalismo rural y ansioso de encontrar aliados en los imperialismos antagonistas de la revolución a través del comercio exterior.

Como todo en la revolución rusa, expresaba un particular equilibrio, es decir, un conflicto de intereses y al mismo tiempo una dependencia mutua entre proletariado y campesinado. Y es que en Rusia la revolución no había sido una revolución socialista sino una revolución permanente en la que los trabajadores habían sacrificado su programa agrario -que se expresaba en l,as reivindicaciones colectivizadoras de jornaleros y braceros- por el del campesinado, defendido por los eseristas.

Más alla de la NEP y de Rusia

Membrilla. Colectividad de jornaleros durante la Revolución española.
Membrilla. Colectividad de jornaleros durante la Revolución española.

Sin embargo en la visión expresada por Lenin en su artículo se ve claramente la línea que estaban trazando para preparar una economía de transición y el papel central que adjudicaban al cooperativismo de consumo para «pisar ya con ambos pies en terreno socialista».

Habría que esperar a una revolución socialista desde el primer momento, para que se desplegara el sentido de lo que en ese momento era la visión bolchevique del futuro. Se probaría entonces que cuando en las zonas rurale se parte de colectividades de jornaleros y obreros del campo en vez de organizaciones de campesinos propietarios, la gestión obrera de la producción agraria se convierte también y necesariamente -so pena de autodestruirse- en acción inmediata hacia la desmercantilización, en «revolución social» que se expande a las ciudades.

Porque para los trabajadores, una vez destruido el poder del estado capitalista, no se trata de gestionar -o «autogestionar»- el capitalismo y sus mecanismos de precios, sino de superarlo paso a paso por la producción directa de acuerdo con las necesidades. Necesidades que los trabajadores organizan consciente y colectivamente a partir de esas mismas colectividades que, en la ciudad y el campo, ganan escala hasta convertirse en expresión organizada del conjunto de la clase, aunando consumo y producción.

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