Cerrar
Emancipación;

Communia

Internacionalistas

Blog de Emancipación

También mantenemos el
Diccionario de Marxismo,
la Escuela de Marxismo y los canales @Communia (noticias internacionales) y @Huelga (huelgas en el mundo) en Telegram.

Comunicados de Emancipación

Buscar

  • También puede serte útil nuestro Mapa de navegación: todos nuestros artículos organizados en secciones y ordenados cronológicamente

Artículos más leídos

Entender el ahora

En el comunismo...

Decadencia: El antagonismo entre el crecimiento capitalista y el desarrollo humano

Los límites del conocimiento bajo el capitalismo

Historia de clase

Crítica de la ideología

Los orígenes de la ideología y la moral burguesa

La «gran conmoción del mundo»

25/08/2022 | Francia
La «gran conmoción del mundo»

Un cambio de época

Es muy raro que las cadenas de TV transmitan la apertura de un consejo de ministros. Pero este miércoles, el gobierno francés quería utilizar su primera cita del curso político para escenificar y dar gravedad a su mensaje.

Macron tomó la palabra durante 12 minutos para describir la «gran conmoción del mundo» que marcaría «fin de la abundancia, el fin de la imprudencia y el fin de lo evidente».

Para Macron -y para todas las burguesías europeas- la abundancia no ha sido otra cosa que la disponibilidad de combustibles baratos, proveedores de bajo coste en terceros países y crédito sin tipo de interés en el Banco Central. Respuesta: toca reducir los costes generales de explotación. Bienvenida de nuevo la austeridad: «Tendremos que sacar las consecuencias en términos de finanzas públicas», remarcó.

Lo que llamó «fin de la imprudencia» no significa otra cosa que la vuelta del militarismo a primer plano. La imprudencia no habría sido otra cosa que confiar el status quo imperialista al control de los mecanismos multilaterales de acceso a mercados e infraestructuras críticas; un modelo que se demostró extinto tan pronto el primer tanque ruso entró en el Donbas.

Y asociado a ésto, el «fin de lo evidente», es decir de la hegemonía euro-estadounidense global tanto económica como ideológica, marcaría el momento histórico en el que «la libertad» pasa a «tener un costo» contante y sonante y requerir «sacrificios y esfuerzos» para contener el «ascenso de regímenes antiliberales» y el «fortalecimiento de regímenes autoritarios».

En otras palabras: sostenimiento sin fin de la sangrienta llaga ucraniana y de otras que surgirán... y generalización de la guerra económica, aunque, como está descubriendo EEUU, sea un poco tarde para iniciar un bloqueo decisivo al desarrollo del sector energético ruso y al tecnológico chino que no rebote con fuerza sobre las economías del cuasi-bloque estadounidense. Porque, a estas alturas es obvio que la principal víctima de las sanciones no ha sido Rusia, sino Alemania, y que la capacidad de resistencia del capital chino es mucho mayor de la que esperaban.

Y en realidad... esa es la gran conmoción: hemos llegado al punto en el que para cada gran capital nacional es más valioso el daño causado al contrario que evitar el daño propio, así sea mayor. Y eso tiene consecuencias directas sobre las contradicciones sociales internas.

Las lecciones de los «chalecos amarillos» para la burguesía francesa

Inflación en Francia

Evolución de la inflación en Francia

El fin de semana pasado, un peso pesado de la mayoría gubernamental francesa, Bayrou, preparaba el camino afirmando sin ambages que estaríamos entrando en «la crisis más grave desde la guerra [mundial]». Por supuesto llamaba, como este miércoles hizo Macron, a la Unión Sagrada. Escucharemos muchos de esos llamamientos de aquí en adelante... conforme las contradicciones internas se agudicen.

Y eso va a ocurrir pronto. El parón nuclear forzado por la obsolescencia de las centrales y sus cada vez mayores riesgos de seguridad, ha elevado el precio de la electricidad a 1.300€ por MW esta misma semana.

France 24 preguntaba a un analista cercano al gobierno si el dramatismo del discurso macroniano no sería simplemente una escenificación para preparar el fin de los precios tope de electricidad. La respuesta, rotundamente negativa, ponía el dedo en la llaga.

No, porque pasamos por la chalecos amarillos. Entre todos los actores políticos, económicos y sociales franceses, todos saben que Francia no puede permitirse el «lujo» de una segunda crisis de los chalecos amarillos. Y por una buena razón: durante el invierno de 2018-2019, estuvimos cerca de un colapso democrático por unos pocos milímetros.

En Francia existe una tensión importante basada en el sentimiento de una sociedad injusta y desigual. Nuestras encuestas en Cevipof indican que una abrumadora mayoría de los franceses sienten que viven en una sociedad injusta.

Esta es la razón por la que los precios de la energía altísimos que están experimentando los británicos, por ejemplo, serían simplemente imposibles de transmitir a los franceses.

Macron quiere demostrar que no falta a la cita de los «acontecimientos históricos», France 24

Recordemos y traduzcamos. El «colapso democrático» del que Francia se libro «por unos pocos milímetros» no fue otra cosa que el amago de que los chalecos amarillos tomaran un contenido de clase.

Macron respondió entonces acabando de un plumazo con el discurso de la austeridad, subiendo el salario mínimo en 100€ y rebajando los impuestos a las horas extra para cortar de raíz la evolucion de las reivindicaciones. Acto seguido puso en marcha un farragoso «gran debate nacional» para explotar al máximo las fantasías ciudadanistas pequeñoburguesas central en el discurso de los chalecos desde su origen. La guinda de esta respuesta en tres movimientos, como no podía ser de otro modo, fue una batería medidas orientadas a... trabajar más por menos.

El susto había pasado, pero las lecciones quedaron muy presentes. El macronismo había descubierto que la lucha de clases no era algo del pasado. El estallido de huelgas que superaban a los sindicatos y la respuesta masiva a la reforma de pensiones, a pesar de la campaña mediática y el castrante control sindical hicieron que el gobierno aparcara sus planes principales en las primeras semanas de confinamientos Covid.

Más contradicciones imperialistas significan más contradicciones de clase fronteras adentro

Plan de pensiones Macron

La pensión como porcentaje del último salario cobrado: evolución con el sistema actual y sus medidas restrictivas (verde) y con la reforma propuesta originalmente por el gobierno Macron en 2019 (rojo)

Cuando la guerra de Ucrania y las sanciones a Rusia comenzaron a traducirse en costos energéticos disparatados, erosión de los salarios y una tendencia acelerada y perceptible a generar una grieta entre clases, en un momento además en el que la sequía golpeaba a la pequeña propiedad agraria, el gobierno francés presentó a toda velocidad un conjunto de medidas presuntamente paliativas de poder de compra.

Pero, a día de hoy la mitad de las PYMEs francesas está en riesgo de insolvencia, o lo que es lo mismo, demasiado cerca de propiciar una crisis financiera que podría ser arrasadora para el capital nacional. Y en un marco de tipos de interés al alza y con los capitales especulativos muy atentos a la deuda soberana, salvar la situación con endeudamiento estatal sería desnudar a un santo para vestir a otro. Sumémosle a todo esto la tensión sobre los recursos del estado que implica el acelerón militarista y tendremos un plan que ni siquiera llegó a paliativo.

Hasta la prensa tuvo que reconocer que sólo beneficiaba realmente a las rentas altas: a los trabajadores sólo les ofrecía poder trabajar más horas semanales o canjear días de vacaciones por días de trabajo, poniendo en cuestión la jornada de 35 horas semanales. En el paquete, además, la medida principal, la subida de los ingresos mínimos sociales y las becas, quedó reducida un 4% frente al mas del 6% de inflación.

Y si ese fue el socorro del estado, podemos imaginar que los «sacrificios» de los que hablaba Macron no van a ser menores. Viene un otoño duro seguido de un invierno dramático en toda Europa. El portavoz del gobierno avanzó ayer mismo que «no podremos congelar los precios energéticos indefinidamente». Y Macron insisitió en que había que proseguir con la reforma laboral para retomar el trabajar más... por menos.

Y es que el capital nacional exige una reducción de costes mucho más allá de la que puede imponer dejando hacer a la inflación y conteniendo salarios. Reducción de costes directos -aumentando la explotación del trabajo- y reducción de costes generales de explotación (Sanidad, Educación, gastos sociales).

El gobierno habla de una refundación de los servicios básicos y ya tiene convocados a los sindicatos el 8 de septiembre. Refundar para abaratar, se entiende. Además viene hablando de reformar las pensiones y la prestación por desempleo como su prioridad inmediata. No ha dado demasiados detalles. Sólo dos medidas estrella: la edad de jubilación se subiría de 62 a 65 años en un plazo muy corto y los parados, para cobrar subsidio, deberían realizar entre 15 y 20 horas semanales de trabajo no remunerado o formación aplicada.

El mismo Macron afirmó durante la campaña que el objetivo es sacar adelante una versión estilizada de la propuesta original de reforma de pensiones para acelerar la caída del gasto en subsidios y pensiones en las cuentas del estado. Hay que hacer hueco en las finanzas públicas para poder reforzar a los buques insignia del capital nacional, dar vía libre al militarismo y mantenerse en la carrera armamentística.

Pero precarizar el trabajo, reducir los costes generales de explotación y atacar pensiones y subsidios de desempleo significa avanzar en la economía de guerra para tensar aún más y con violencia las contradicciones entre las necesidades del capital y las necesidades más básicas de los trabajadores.

Es el precio de la libertad, dice Macron, es decir, el coste de que el capital francés, con el resto de sus aliados europeos, mantengan su juego imperialista frente al de Rusia y China, vean sus faroles y se integren en la estrategia de creación de un bloque económico, militar y político con EEUU. Un coste pagadero de forma inmediata en nuestras condiciones de vida y de trabajo.

Por eso, si los trabajadores en Francia se movilizan, el precio de la libertad del capital nacional, significaría aceptar que más contradicciones imperialistas fronteras afuera va a traducirse en más contradicciones de clase fronteras adentro. Son dos platos en una balanza que no puede encontrar el equilibrio.

La «gran conmoción» es sólo el primer momento del proceso en el que esa balanza se decantará durante los próximos años. En un plato el camino hacia la generalización de la guerra por un capitalismo de imperialismo e inhumanidad desbocados. En el otro las necesidades humanas universales defendidas en solitario por los trabajadores.