La gente de Bannon

18 de agosto, 2020 · Actualidad> Actualidad global

Manifestación negacionista en Madrid el pasado agosto.

Este domingo pasado miles de negacionistas de la pandemia se manifestaron en Madrid para horror del gobierno regional, en manos del PP, el partido mayoritario de la derecha española. En la otra punta del continente, en Corea, la derecha religiosa lideraba una marcha similar. Ambas replicaban el gran éxito de la convocatoria de Berlín en la que buena parte del underground alternativo y anarquista salió literalmente de la mano de la extrema derecha. En España, en Corea y en Alemania la reacción refleja del estado fue prometer mano dura. Pero obviamente no funciona. Que se lo digan al gobierno serbio, objetivo del que hasta ahora ha sido la más espectacular manifestación del movimiento: el asalto masivo del parlamento por una coalición de hooligans del Estrella Roja de Belgrado y activistas antivacunas. ¿Qué hay debajo de esta extraña alianza de ultras, conspiranoicos, anarquistas, libertarios de distintos pelajes y underground friki? ¿Qué pretende?


El tema de este artículo fue elegido para el día de hoy por los lectores de nuestro canal de noticias en Telegram (@communia).


El origen de «The movement»

Bannon y Bardají posan juntos en 2017

Corría el año 2017. En España el independentismo catalán estaba en alza y el estatus de la pequeña burguesía europea a la baja. Tanto que una tienda Ikea se celebraba como el resurgir del Barrio de Salamanca otrora territorio boutique. En EEUU Steve Bannon acababa de dejar su cargo como consejero de Trump y preparaba ya una nueva aventura organizando cenas de autohomenaje en Washington. En estos eventos, en los que acabarían coincidiendo líderes ultras como Orban y Netanyahu, aparecían ya figuras de las alas derechas del conservadurismo. Entre los españoles, Rafael Bardají, aznarita de primera hora, importador exclusivo del neoconservadurismo en los 2000 y autor intelectual del plan de despliegue español en Irak, tendía los primeros puentes para la financiación de un partido extraparlamentario recien nacido: Vox. En Bannon buscaban un enlace con la nueva política exterior estadounidense y su financiación, pero también parte de esa magia del millonario asesor salido de Goldman Sachs que había recuperado el arte de la propaganda reaccionaria de los 30 y convertido la alt-right en una fuerza electoral.

Menos de un año después Bannon se presentaba como la némesis especular de Soros, el Ché Guevara del trumpismo y hablaba -por los codos- de la fundación que pensaba crear para impulsar la derecha identitaria en Europa y reventar la UE desde dentro. Los conservadores alemanes, viejos europeistas y atlantistas vieron venir algo que podía tener consecuencias.

El «Vaticano» de Bannon en Certosa de Trifulti, a 30 km de Roma.

Salvini, que en aquel momento trataba de organizar a la pandilla metemiedo de las derechas pequeñoburguesas más atrabiliarias del continente con vistas a las elecciones europeas, también vio algo que podía ir más allá de un asidero… pero de otra manera. A fin de cuentas su objetivo es gobernar. Su maquinaria de sondeos y análisis, la Bestia, hecha a medida para el ascenso electoral, es más sofisticada que la de los republicanos o los demócratas en EEUU. Salvini solo dispara polémicas que ya ha ganado, bien porque el consenso social le favorece, bien porque aun en minoría le sirven para alejar del control de la derecha a sus rivales. Es decir, el uso de los argumentarios de Bannon le daba para poco más de una semana de globos sonda sobre las vacunas.

Porque Bannon veía el potencial de crecimiento de la ultra precisamente en ese underground juvenil e internetero de los conspiranoicos, los antivacunas y en general de todo ese pensamiento caprichoso que cuando la realidad contraría sus apetencias niega sin más la realidad. Se solía llamar idealismo, luego posmodernidad y ahora hay quien le llama primacía del relato. Pero es lo mismo. Ahí estaba su base social: cada vez más enfadada, descreída y abierta al delirio. Y aquí estaba Bannon para guiarles como había hecho en EEUU con Breitbart News.

Primer agraciado: Boris Johnson, otro maestro de la negación. Y con ayuda de sus amigos tories, el sueño de todo turista californiano: una ciudad monasterio en Italia para enseñar las nuevas técnicas en la vieja Europa. Claro que ni Salvini ni los cinque stelle se sentían muy cómodos con un Vaticano extra a 30km de Roma… así que no pudieron hacer nada por evitar que el ministerio de Cultura italiano bloqueara el ímpetu del norteamericano hasta este mismo mayo.

Los desaires no pararon a Bannon. Contar con el apoyo de las redes de inteligencia de EEUU le allanó el camino para conocer al todo Europa y abrirle las puertas de la financiación. En España fue primero otro hombre de Aznar, Aleix Vidal Quadras, y con él y a través de los Mujahedines -el grupo terrorista que hace los atentados en Irán para EEUU e Israel- los primeros millones de Vox. Y así hasta poco antes de la pandemia, cuando la conferencia de donantes republicanos, la CPAC, vistió de largo a sus apadrinados, desde Bolsonaro a Abascal.

La oportunidad pandémica

Manifestación contra el uso de mascarillas en Berlín el 2 de agosto de 2020.

Pero si Bannon entiende algo es que las bases no son algo que se moviliza solo para las campañas ni exclusivamente supeditadas a las direcciones partidarias. A finales de 2019 empezaba ya a tener una red organizada por idiomas de grupos informales. Anti-vacunas, conspiranoicos contra el 5G y las radiaciones, antisemitas obcecados con Soros… todo cabía en un underground que cultivaba fuera de los ojos mediáticos. Con la pandemia se multiplicaron. Ahí estaba su oportunidad. En Whatsapp, en Telegram, se prodigaban grupos españoles y argentinos, serbios, franceses, italianos, alemanes…

Y el detritus le resultó fértil. En mayo estallan las primeras protestas en el Barrio de Salamanca. Poco después en EEUU los anti-mascarillas se funden con los antivacunas. Luego vinieron las manifestaciones negacionistas de la pequeña burguesía airada en Buenos Aires que abrieron las primeras grietas en la derecha argentina, apuntando además a Larreta, el delfín de Macri, como colaboracionista del gobierno peronista por… apoyar el confinamiento. Después Serbia y Alemania, donde llevaba meses en gestación… Las bases organizadas informalmente, como red, marcan el paso y sacan del letargo a los partidos que se supone que son sus referentes. Vox toma el guión Bannon, se aleja de la norma neoliberal-bruta heredada del aznarismo, carga abiertamente contra los migrantes y plantea una moción de censura para mover a un PP titubeante. Y aquí aparece de nuevo la tropa de Bannon. Ya no son pijos barriosalmantinos. El frikerío reina en su negación de todo. Son jóvenes padres, están enfadados… y sirven de primer ariete de la ofensiva de Vox para el otoño.

¿Dónde vamos a parar?

Manifestación en Madrid el domingo pasado.

La estrategia de Bannon no puede ser ni sobrevalorada ni despreciada sin más. Tiene muchas más aristas de las que parece a simple vista. Su mérito está precisamente en conseguir orquestar una multitud de rebeliones particulares para que acaben creando un clima en el que sus aliados en cada lugar tengan una oportunidad real de condicionar a la burguesia y reformar el estado a su medida. Sí, hay una correspondencia entre esta concepción y el hacer pueblo del peronista Laclau que cita Errejón y que dio guía al ascenso de Podemos. Pero también la hay con el objetivo estadounidense de acelerar el fin de los organismos multilaterales y en especial de la UE para ganar ventajas negociadoras en el uno contra uno.

¿Contradictorio? Sin duda. Pero usar con una mano el nacionalismo de la pequeña burguesía en revuelta y con otra defender un mundo de fronteras y barreras que en primer lugar afectará a sus propios productos, no les está resultándo tan difícil. Lo hemos visto con la respuesta de los agricultores a la renovación de los aranceles estadounidenses al aceite. Para eso sirven también manifestaciones como la del domingo: contra las mascarillas, contra las vacunas, contra el 5G, el odio más primitivo al socialcomunismo… todo entra, todo vale, no hay delirio suficientemente antisocial o demasiado burdo. No hay interés particular que no quepa por mucho que contradiga al que se manifiesta al lado. Se trata de mostrar descontento, de movilizarlo. Cuanto más pequeño y absurdo sea un grupo, más audiencia ganará y más activo se volverá. La revuelta se apoyará en la revuelta y crecerá sobre sus propias bases sin necesidad de programa ni destino, de hecho gracias a la ausencia de un programa conjunto real y al uso de significantes vacíos -consignas que todos repiten pero que no significan lo mismo para cada uno- como consignas. Como el fascismo, la carencia de programa forzada por la heterogeneidad de sus bases se acaba convirtiendo en mística, en sentimiento cohesionador.

Y al final del viaje, cuando la espuma haya subido ayudada por el coro mediático, vendrá la instrumentalización, la búsqueda de un acomodo en el estado compatible con las necesidades de la burguesía y el capital nacional español. Vox puede conformarse con unas cuantas consejerías autonómicas y un par de ministerios, como antes hizo Podemos. La pregunta es si Bannon se conformará solo con un poco más de euroescepticismo en la identidad exterior de la clase dirigente española, depende entre otras cosas del resultado de las elecciones en EEUU. Lo que es seguro es que no dejará de mantener a sus bases movilizadas… ni su propio programa.

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