La comuna de Gwangju

31 de mayo, 2020 · Historia

Tendemos a conmemorar preferentemente hechos de hace más de un siglo, aunque haya habido levantamientos obreros mucho más recientes que han sido cubiertos por los medios y la ideología con el velo de la ignominia. En particular, las comunas y levantamientos de Asia oriental tienden a ser olvidados o dejados de lado, como la revolución china de 1927 o la comuna de Saigón en 1945. Una de las más avanzadas de esas luchas ocurrió hace ahora cuarenta años en Corea del Sur, una fecha tan reciente que aún siguen vivos muchos de sus participantes. Los hechos de entonces son una lección a no olvidar.

Los meses previos al levantamiento

El dictador Park Chung-Hee con el presidente Carter de EEUU en 1979.

Durante casi toda la posguerra y hasta 1998, Corea del Sur se encontró bajo la bota de varias dictaduras militares sostenidas por EEUU que se esforzaron en poner a los trabajadores a trabajar por la fuerza para industrializar el país. La protesta contra el gobierno se afianzó al principio alrededor del movimiento Minjung («popular») de base masivamente estudiantil a partir de los años 60 contra la dictadura de Park Chung-Hee.

Revueltas y algaradas del movimiento popular estudiantil recorrieron el país durante casi dos decenios, pero la clase trabajadora solo empezó a responder a final de los años 70. Varias huelgas recorrieron el país en el año 1979, cuando la economía sufrió un golpe brusco por la crisis del petróleo y algunas plantas redujeron actividad al 30% de su capacidad. En agosto de 1979, las trabajadoras de la fábrica textil «YH Trading Company» iniciaron una huelga en la planta. Cobraban el equivalente al precio de una taza de café al día y el dueño acababa de cerrar la planta y huir a EEUU con todo el dinero de la empresa. Fueron apalizadas por un millar de policías, muriendo una trabajadora en la carga policial. El hecho encendió los ánimos de trabajadores y estudiantes por todo el país. En octubre de 1979 los estudiantes universitarios de las ciudades industriales de Busan y Masan en el sureste del país iniciaron marchas del movimiento popular para la democratización del país. En Busan se unieron muchos trabajadores industriales y en Masan fue multitudinaria, con miles de obreros saliendo de las zonas industriales de manufacturas para la exportación y yendo a unirse a los estudiantes. El gobierno mandó a las fuerzas paracaidistas a reprimir a bayonetazos la manifestación, que acabó con más del doble de obreros detenidos que de estudiantes.

El dictador Park Chung-Hee fue asesinado por su jefe de la policía secreta justo después de las manifestaciones en Busan y Masan. Todo el aparato estatal estuvo convulsionando durante los meses siguientes hasta la llegada de un nuevo cabecilla militar, algo que el movimiento estudiantil intentó aprovechar para reiniciar los movimientos populares democráticos. Sin embargo, el movimiento estudiantil tenía previsto pedir ayuda a EEUU, principal aliado de Corea del Sur, «en nombre de la democracia». Las dudas del propio movimiento estudiantil frente a este absurdo intento de apoyarse en una potencia extranjera para «salvar a Corea» hicieron echarse atrás al movimiento en Daegu, Busan y el sureste, pero no en Gwangju, la capital del suroeste (región de Cholla).

En Cholla, los estudiantes universitarios estaban relativamente desconectados de lo que se decidía en Seúl y el sureste de país y decidieron emprender manifestaciones por la democracia y la reunificación del país a partir del 14 de mayo de 1980. Los estudiantes se manifiestan en Gwangju pidiendo mejoras en las condiciones de trabajo de los obreros y reformas políticas. Desde el 14 hasta el 17 no encuentran gran resistencia por parte de las autoridades que anuncian su buena voluntad el 17 de mayo. Sin embargo, las brigadas de paracaidistas entran en la región de Cholla la noche del 17 de mayo y los líderes estudiantiles son detenidos esa misma noche en Gwangju. Los estudiantes han sido descabezados. Sin embargo, los estudiantes salen de las dos universidades de la ciudad por la mañana del 18 de mayo e inician una manifestación pacífica.

18 al 21 de mayo: Los estudiantes se echan atrás y el proletariado toma la lucha

Los paracaidistas tienen órdenes de reprimir a los estudiantes. Cargan con gases y porras contra las manifestaciones pacíficas y arrastran a los estudiantes hasta los camiones de policía después de haberlos apalizado. Los estudiantes huyen y se esparcen por toda la ciudad, reagrupándose bajo las banderas nacionales y cantando himnos delante de los soldados coreanos. Estos soldados, veteranos de Vietnam, empiezan a amenazar con masacrar a los estudiantes y calan las bayonetas en los fusiles. Se pasarán el resto del día matando a bayonetazos a los estudiantes. Cae la noche sobre Gwangju. Al día siguiente, los pequeños comerciantes y amas de casa montan una pequeña manifestación por la mañana que es fácilmente reprimida por los paracaidistas y policías. Los obreros empiezan a salir de las fábricas y sus empleos por la tarde, en plena cacería de estudiantes por parte de la policía y los paracaidistas y ofrecen escondrijos a los chavales que huyen. Los trabajadores empiezan a armarse con palos y varas de metal y a atacar a los militares en vez de huir.

Mapa de la batalla entre los trabajadores y el ejército.

Algo nuevo ocurre el 19 de mayo en Gwangju. Al revés que en Busan o Masan, donde las manifestaciones iniciadas por los estudiantes habían acabado hundiéndose bajo la represión policial-militar, el proletariado de Gwangju sale a plantar cara a los mismos paracaidistas que habían reprimido las manifestaciones en Busan. A diferencia de los estudiantes, los obreros no paseaban con la bandera y cantaban el himno nacional para suplicarle a los soldados que no los matasen. Los obreros salieron a emboscar y a cazar a los paracaidistas. Se arma un gran revuelo en las empresas y talleres de transporte, un millar de mecánicos de la terminal de transporte regional se movilizan y las revisoras ayudan a huir a los manifestantes. Los militares han matado a varios taxistas y apalizado a cualquier conductor de bus que pusiera mala cara. Los trabajadores del transporte lanzarán el primer camión ardiendo contra las barricadas de la policía forzada a retirarse y construir barricadas defensivas alrededor del gobierno regional. Vuelve a caer la noche sobre Gwangju.

Al día siguiente se retira la brigada de paracaidistas anterior y aparecen dos nuevas brigadas. Por la mañana la tensión es palpable pero los militares no cargan contra nadie ni hacen alboroto. Sin embargo, la prensa sigue mintiendo y los trabajadores no se resignan a dejar que insulten a sus muertos. Decenas de miles de manifestantes se agrupan por la tarde en la avenida Kumnam, justo delante del gobierno regional y la barricada policial-militar. Los avances de los manifestantes son repelidos con gases y porrazos, hasta que llega una larga columna de buses, camiones y centenares de taxis conducidos por los trabajadores para cargar contra la barricada, pero son detenidos. El ejército empieza a usar lanzallamas para quemar vivos a los manifestantes delante del gobierno provincial.

Pasada la medianoche, el resto de los militares de la ciudad se retira a la estación de tren y fortifica la posición. Los trabajadores de las fábricas textiles Ilsin y Chonnam cargan contra la estación, espantando a los militares. Llega la orden de abrir fuego real sobre los manifestantes, barriéndolos. Los manifestantes responden lanzando camiones de combustible ardiendo contra la estación haciendo huir a las tropas. En la ciudad solo quedan los paracaidistas completamente rodeados en el gobierno provincial.

21 al 24 de mayo: Las milicias obreras y la derrota del ejército

Extensión del movimiento por toda la región.

El gobierno provincial está defendido por tropas armadas con blindados y helicópteros de combate, no hay manera de atacarlo sin armas. Los trabajadores envían camiones a la localidad vecina de Hwasun, donde los mineros les dan explosivos y se unen al levantamiento en Gwangju. Al mismo tiempo, las trabajadoras textiles toman siete autocares y asaltan las comisarías de la ciudad de Naju, donde se hacen con armas y municiones. En total, los trabajadores consiguen 3.000 fusiles de la segunda guerra mundial, docenas de fusiles de asalto semiautomáticos y 46.400 balas. Se empiezan a formar alrededor de los obreros que habían hecho la mili las unidades armadas que luego se centralizarán en las milicias obreras de Gwangju, principalmente por obreros jóvenes:

La milicia estaba principalmente compuesta de trabajadores de la construcción, de talleres o pulidores de zapatos, recolectores de ropa, vendedores ambulantes, camareros y trabajadores domésticos.

Kwangju Diary, Lee Jae-eui 1999

Al mismo tiempo, los trabajadores de las fábricas «Lotte», «Coca-Cola» y otras empezaron a formar una red de distribución para atender las necesidades no solo de los rebeldes, sino de las familias necesitadas. Esta red se centralizaría y extendería durante los días siguientes. También se forman guardias de trabajadores para evitar el pillaje y la destrucción de la propiedad pública:

Esa tarde, los trabajadores estacionaron guardas alrededor del edificio Chonil, las oficinas de correos y los centros de telecomunicaciones. La gente creía que la propiedad pública debía ser protegida. Los guardias se formaron espontáneamente y disuadieron a otros rebeldes de intentar destruir los edificios.

Kwangju Diary, Lee Jae-eui 1999

Las milicias abren fuego contra las tropas delante del gobierno provincial y derriban un helicóptero de combate que les acosaba con ametralladoras. El ejército acaba abandonando la posición y huyendo a bordo de sus blindados a toda velocidad por las calles de Gwangju mientras ametralla las casas de los vecinos. La revuelta ha tomado la ciudad y lo celebra por todo lo alto.

24 al 26 de mayo: Un nuevo orden efímero reina sobre Gwangju

Sin embargo, las «personas influyentes» de Gwangju no pierden el norte e instalan un «comité de negociación» para negociar la rendición de la ciudad ante el ejército. En este comité se encuentran los propietarios de las fábricas, los clérigos locales y los dirigentes del movimiento estudiantil universitario. Al principio nadie les sigue, pero el comité planea todo tipo de rendiciones humillantes mientras los obreros reorganizan la ciudad:

Los hospitales sufrieron las grandes olas de muertos y heridos, así como una escasez de sangre durante los primeros días del levantamiento. Mucha gente fue a los hospitales para donar sangre. De repente todos los bancos de sangre tenían más que suficiente en reserva. La red eléctrica, el agua y la red telefónica estaban funcionando normalmente. No hubo saqueos ni robo de bancos. No hubo actos de violencia entre la milicia y la gente. La tasa de delincuencia durante la liberación fue mucho más baja que durante la dictadura militar. Si pasaba algo, una unidad patrulla de la milicia era enviada a traer el sospechoso a la oficina de investigación. Con todas las oficinas administrativas y de seguridad públicas desaparecidas, la gente demostró una moral y una autonomía maravillosas. […] Los corresponsales extranjeros parecían sorprendidos de ver a Gwangju bajo un orden tan milagroso. Las donaciones al comité de resolución y al YWCA, que eran ahora un baluarte activista, llovían desde las organizaciones religiosas y los residentes de a pie. La gente había originalmente traído comida a 400 milicianos y a los jefes rebeldes de forma espontánea. Mientras se desarrollaba el levantamiento, cada distrito recolectaba comida o dinero para enviarlos al edificio del gobierno provincial.

Kwangju Diary, Lee Jae-eui, 1999

En los medios coreanos, Gwangju se había convertido en un nido de norcoreanos que había que aplastar de inmediato. En la «realidad mediática», opuesta a la realidad sin adjetivos, la ciudad se encontraba bajo la anarquía total y los saqueos. La mentira periodística sirvió a su cometido: no llegó ayuda alguna desde el resto de Corea. Los trabajadores estaban furiosos, pegaban portadas del Asahi Shinbun japonés en las paredes para compararlas con las mentiras de los medios coreanos. Pocas palabras eran más temidas que «comunismo» en Corea del Sur, y los servicios secretos empezaron a extender rumores sobre agentes norcoreanos entre la población de Gwangju.

Mientras tanto, los estudiantes se habían erguido en jefes autoproclamados de la revuelta y exigían el desarme de las milicias obreras. Los obreros hacían funcionar la ciudad y procedían a la distribución de producción y alimentos acorde a las necesidades, pero no habían construido ningún órgano u organización política. Las milicias entregaron la mitad de las armas al comité de negociación, pero se negaron a ir más allá, los milicianos se negaban a hacerse mandar por unos estudiantes que habían huido ante el ejército y ahora se las daban de superiores. Los estudiantes se negaban a tener en consideración a trabajadores de una clase más baja que la suya. Mientras tanto, agentes del estado habían desactivado todos lo detonadores de los explosivos que se habían obtenido de las minas.

27 de mayo: Caída de Gwangju y falsificación posterior

El ejército entró a sangre y fuego en Gwangju el día 27, el mismo día en que cayó la Comuna de París. Aún se desconoce el número total de muertos civiles, pero fueron probablemente varios millares. La ayuda estadounidense que los estudiantes presentaban como maná, ni llegó ni llegaría nunca.

El presidente de Corea visita tumbas y memoriales el pasado día 18 de mayo.

Durante casi dos decenios, la propaganda oficial siguió o bien negando lo ocurrido o pretendiendo que fue una conspiración norcoreana. Cuando cayó la dictadura militar, los gobiernos democráticos se apresuraron a incluir a Gwangju en su mitología democrática, hinchando el papel de los estudiantes y presentando el levantamiento obrero en Gwangju como un preludio del estado democrático.

Pero la realidad había sido bien otra: empujados por los acontecimientos, los obreros de Gwangju fueron mucho más allá de la sociedad actual, le mostraron al mundo una rendijita a través de la cual atisbar la posibilidad de un mundo mucho mejor.

El comunismo no es una ideología ni un método, surge del movimiento y la naturaleza universal de la clase trabajadora, es un producto de sus propias condiciones objetivas. La lucha de clases de la clase trabajadora tiende al centralismo, a la extensión y a la afirmación de las necesidades universales como criterio ordenador de la sociedad, independientemente del continente o cultura al que pertenezcan los trabajadores. Si el movimiento comunista europeo del XIX como tal no hubiera aparecido nunca sobre la faz de la tierra, las luchas obreras seguirían tendiendo a lo mismo: desmercantilizar la sociedad.

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