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Kongsi: Las grandes colectividades mineras de Borneo

08/11/2021 | Historia

Los kongsi fueron proto-estados chinos de propiedad colectiva en Borneo en los siglos XVIII y XIX. Hoy en Asia, estas colectividades territoriales se venden como las primeras repúblicas burguesas de la historia, antes de las revoluciones estadounidense y francesa, pero en realidad fueron algo mucho más interesante.

Lo que no fueron los kongsi: la esencia de una república

Desde la Antigüedad, el término república describe a una mancomunidad de propietarios privados, con o sin soberano. Repúblicas ha habido muchas desde la Antigüedad, de Atenas a la república francesa, pasando por las repúblicas medievales de la península itálica, pero todas se basan en versiones más o menos aristocráticas del mismo principio de primacía de la propiedad privada y del gobierno -efectivo- por los propietarios. Esto estaba claro para sus defensores, desde el más acérrimo «amigo» de los Médicis hasta los revolucionarios burgueses radicales de la república francesa:

Las leyes civiles de Francia parecerán admirables a cualquiera que pueda ahondar en los recursos que la naturaleza ha dejado a los hombres en la razón, tan infinita, armoniosa e inagotable ésta. [...] En efecto, el derecho civil es el sistema de la propiedad. ¿Se podría creer que el hombre se ha alejado tanto de ese amable desinterés que parece ser la ley social de la naturaleza, como para honrar esta triste propiedad [feudal] con el nombre de ley natural? [...]

No es mi propósito soñar; quiero decir que la tierra se reparta entre los seres humanos después de la muerte de su madre común, y que la propiedad tiene leyes que pueden estar llenas de sabiduría, que impiden que la corrupción se disuelva, y que el mal abunde. El olvido de estas leyes había dado lugar al feudalismo; su recuerdo lo derrocó; sus restos sofocaron la esclavitud; devolvieron al hombre a sí mismo, al pueblo a las leyes.

Se ha respetado el interés propio, y se ha hecho bien: la propiedad hace que el hombre sea cuidadoso; ata los corazones ingratos a la patria.

No es nunca la valentía lo que le falta al campesino, sino los brazos; dejadle a sus hijos, de los que hicisteis malos soldados; dejad libres a los buenos habitantes del campo enmascarados como siervos; dejadle enriquecerse por sí mismo y no por intermediarios; su virtud fertilizará pronto sus surcos, y no veréis más pobres; la agricultura, convertida en fuente de abundancia, será honrada como merece serlo; el rico terrateniente ya no parecerá algo extraño, arando sus campos y mezclando su propio sudor con el sudor de sus padres.

L'esprit de la Révolution et de la constitution de la France, Louis Antoine Léon de Saint-Just (1791)

La historia se representa hoy en día como una tensión atemporal entre formas centralizadas del poder político y formas republicanas de mancomunidad de propietarios, forzando a todos los estados pasados a adaptarse al molde predeterminado.

Pero no todas las organizaciones sociales con extensión y dominio territorial se adaptan realmente al molde de la ideología dominante, y este es el caso de los kongsi de Borneo occidental.

El mundo gremial chino

Distribución del edificio principal del Kongsi de Lanfang en 1822

No tiene sentido hablar de los kongsi sin comentar primero el tipo de organizaciones de las que fueron descendientes. Los kongsi fueron establecidos en Borneo por trabajadores migrantes chinos desde el principio del siglo XVIII hasta el XIX, en pleno auge del mundo gremial chino.

Aunque existen gremios en China desde al menos el siglo VIII, éstos son establecidos por orden imperial y están sometidos a un control estricto. No será hasta la revolución comercial china -a partir del siglo XVI y acelerándose en el XVII- cuando se abandone el pago en especie y en trabajo por el pago en moneda gracias a la llegada de suficiente plata desde América.

Los nuevos gremios se formarán como respuesta a los enormes movimientos de población causados por la nueva actividad comercial y manufacturera, acogiendo en sociedades de ayuda mutua a trabajadores migrantes o comerciantes de una región dada en provincias lejanas de su hogar:

Además de huiguan en su acepción de «casas de reunión» y gongsuo que significa «salones públicos», los gremios chinos se llamaban bang, o «asociaciones de ayuda mutua», o recibían el nombre de sus lugares de reunión, y shuyuan, que eran academias confucianas, o de lugares de culto religioso taoísta y popular. [...]

La mayoría de los huiguan fuera de Pekín adquirieron cada vez más funciones económicas como lugares donde se reunían las asociaciones de comerciantes o artesanos para coordinar sus actividades, y funcionaban como albergues, restaurantes, centros de entretenimiento y lugares de referencia para quienes buscaban trabajo.

Esto significa que son importantes indicadores de los patrones migratorios entre regiones específicas. En el Alto Yangzi, especialmente en Sichuan, los huiguan canalizaban la inmigración campesina procedente de otras provincias [...]

Por regla general, los gremios [bajo la dinastía] Qing se organizaban en consejos de administración, con directores reclutados entre los miembros. Se conocen casos de liderazgo rotativo, así como casos en los que los oficios del gremio eran hereditarios. Un observador británico de finales del siglo XIX consideró que el sistema rotativo mostraba rasgos de «democracia casi pura», a diferencias de los gremios ingleses que estaban sometidos a un régimen oligárquico.

Chinese Guilds from the Seventeenth to the Twentieth Centuries: An Overview; Christine Moll-Murata (2008)

Debido a este cúmulo de factores, los gremios chinos eran bastante diferentes de los gremios de las ciudades comerciales europeas. El gremio chino no servía para delimitar estamentalmente a los artesanos de una ciudad, como el europeo que exigía como mínimo el empadronamiento obligatorio, si no que servía como asociación de los forasteros.

De hecho, los gremios y los kongsi llegaron a priorizar a los recién llegados en la toma de decisiones sobre los ya establecidos localmente -al contrario de los europeos-. Varios de ellos mantuvieron una estructura más o menos democrática hasta su destrucción final en China con las reformas desesperadas del imperio Qing en el XIX y la revolución china a principios del XX que los arrasarán y convertirán en cámaras de comercio.

Será a partir de este caldo de cultivo original del que nacerán los kongsi. La actividad comercial en China estaba concentrada en el Río Largo (Yangze) y sobre todo en la costa sur, de donde saldrán los trabajadores que acabaron en Borneo.

Auge de los kongsi

Kongsi del Oeste de Borneo durante el siglo XIX

En el siglo XVIII, los tres sultanes malayos de Borneo (Kalimantán para los indonesios) decidieron importar mineros chinos para sustituir a los Dayak locales, agricultores de subsistencia con una técnica minera muy primitiva y que no eran fácilmente explotables por los malayos debido a su escasa «motivación».

El reto no era menor, el oro en Borneo no se encuentra acumulado en grandes vetas auríferas, sino que se encuentra esparcido en forma de pepitas pequeñas por el lodo de los ríos. Donde los Dayak usaban platos y tamices, los trabajadores chinos organizaban su trabajo a mucha mayor escala y construían depósitos, sistemas hidráulicos y bombas:

Para trabajar en las minas, la constitución de unidades cooperativas era realmente imprescindible, dado el trabajo extenuante pero relativamente poco cualificado que había que realizar, y la necesidad de dividir las responsabilidades y los beneficios.

La minería a pequeña escala en China se organizaba sobre una base cooperativa similar; las empresas por acciones también tienen una larga tradición en las comunidades mercantiles y marítimas del sur de China.

Los relatos sobre la minería china en las minas de estaño de Bangka muestran la importancia de las formas cooperativas: los mineros compartían el trabajo y elegían a sus dirigentes -jefe, cocinero y tesorero- a intervalos regulares. Los jefes de las minas de Bangka que habían cumplido su mandato volvían a ser mineros ordinarios.

Golddiggers, farmers and traders in the «Chinese districts» of west Kalimantan, Indonesia; Mary F Somers Heidhues, 2003

Al principio, los sultanes habían planeado mantener a los chinos como una casta de trabajadores separada y dependiente de ellos para la comida y otros bienes, que les venderían a precios desmesurados, pero el grado mucho mayor de organización de los trabajadores chinos les permitió burlar los peajes y restricciones legales de los sultanatos impotentes.

En lugar de construir sus asentamientos a lo largo de los ríos que controlaban los sultanes, los construyeron en ríos secundarios sin peaje; en lugar de comprar la comida a los sultanes, instalaron sus propias explotaciones agrícolas en forma de colectividades.

Con milicias armadas, control territorial, propiedad colectiva de las minas y elecciones de los dirigentes cada pocos meses, los kongsi maduros de finales del XVIII y principios del XIX pueden definirse sin miedo como una colectividad minera

Porque la forma que tomaron las sociedades de mineros fue una extensión de la forma original colectiva de explotación de las minas. Las pequeñas colectividades mineras fueron fusionándose y centralizándose, formando nuevos asentamientos alrededor de una casa comunitaria desde la que empezaron a trazarse ejes y calles.

Las casas comunitarias y las barracas para los trabajadores solteros que se situaban en el centro de los nuevos asentamientos se acabaron fortificando, confundiendo a los holandeses que creían que eran castillos, y estas ciudades acabaron controlando toda una serie de pueblos, puertos y ciudades secundarias.

Con milicias armadas, control territorial, propiedad colectiva de las minas y elecciones de los dirigentes cada pocos meses, los Kongsi maduros de finales del XVIII y principios del XIX pueden definirse sin miedo como una colectividad minera.

Los sultanes acabaron perdiendo el poco control territorial y económico que tenían al principio y volvieron a dedicarse a la piratería, mientras subía el poder de los kongsi.

Cada uno era un mundo distinto, los kongsi más pequeños eran igualitarios y "democráticos", mientras que los kongsi más extensos eran más complicados. Unos se volvieron aristocráticos, como Lanfang, irónicamente el modelo de todos los autores que la celebran como «república democrática». Otros kongsi sin embargo, mantuvieron las elecciones rotativas cada cuatro meses y la propiedad colectiva, como Monterado.

La caída de los kongsi

Sin embargo, por mucho que algunos grandes kongsi mantuviesen la propiedad colectiva y las elecciones, el sistema no podía durar mucho en pleno capitalismo ascendente.

Para empezar, los kongsi eran colonias mineras con un dilema demográfico básico. Necesitaban muchos más trabajadores varones de los que podían generar, lo que les obligaba a depender de comerciantes y capital extranjero para obtener y transportar a mineros. Más de un kongsi se volvió completamente dependiente de capital y capitalistas externos.

De modo aún más peligroso, los kongsi habían acabado con los sultanes pero eran demasiado pequeños para poder sobrevivir contra los azotes de las potencias coloniales.

Holanda, mucho más interesada inicialmente por Java y Sumatra, «redescubrió» Borneo y su oro durante las guerras napoleónicas. A partir de ese momento, Holanda diseñó toda una estrategia para generar tensiones internas y acabó atacando militarmente a los kongsi durante la década de 1850. La isla quedó partida entre los dominios británicos y holandeses reflejados por las fronteras actuales. Los kongsi siguieron como una forma de asociacionismo obrero chino en Borneo pero no volvieron a levantar cabeza.

Los kongsi, como todas las colectividades de la época, tenían los días contados. Mientras se mantenga la mercantilización y las relaciones sociales capitalistas a gran escala en el mundo, no hay posibilidad de que unas pocas «islas comunistas» impongan relaciones nuevas en un territorio, pequeño o grande, al margen del sistema.

Pueden sin embargo iniciar el camino y representar un ariete contra las relaciones mercantiles. Es lo que pasa en las revoluciones obreras, como la española de 1936. Pero los kongsi estaban minados internamente por la mercantilización. Solo podrían haberse reforzado y ganado una perspectiva si hubieran podido alinearse con un movimiento general de lucha de la clase que aun tardaría largas décadas en madurar y expresarse.

Eso sí, demostraron una vez más que la propiedad colectiva no es sólo cosa de campesinos desperdigados o de pequeños grupos de trabajadores luchando contra la atomización. Los kongsi son un ejemplo de que en el pasado no tan lejano, los trabajadores, sobre la base del trabajo en común, supieron construir colectividades que iban mucho más de lo anecdótico en territorios muy amplios. Sólo por eso merecería la pena rescatarlas, son un ejemplo histórico que permite entrever las posibilidades futuras.