Informe del IPCC: Lo que dice no es lo que interpretan los medios

9 de agosto, 2021

El grupo de trabajo 1, autor del informe del IPCC presentado hoy.

El IPCC ha publicado hoy la primera parte de su sexto informe: 3949 páginas de información científica, precisa y detallada mostrando que el origen del cambio climático es la «actividad humana» y asociando con distintos grados de probabilidad la relación entre el fenómeno global y sus manifestaciones más preocupantes. Sin embargo buena parte de los medios globales no parecen haber leído el informe del IPCC sino otra cosa.

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El informe del IPCC señala un cambio histórico, los medios la «culpabilidad» de la Humanidad

Informe del IPCC: Serie histórica de temperaturas observadas y reconstruidas de los últimos dos milenios (izquierda) y comparación entre los datos observados y los modelos de simulación incluyendo o no el efecto de la polución (derecha). Alrededor de la segunda mitad de la década de los años 10 del siglo XX se produce un brusco cambio de tendencia con la serie histórica anterior.
Informe del IPCC: Serie histórica de temperaturas observadas y reconstruidas de los últimos dos milenios (izquierda) y comparación entre los datos observados y los modelos de simulación incluyendo o no el efecto de la polución (derecha). Alrededor de la segunda mitad de la década de los años 10 del siglo XX se produce un brusco cambio de tendencia con la serie histórica anterior.

El New York Times asegura ambiguamente que «los humanos ya calentaron el planeta aproximadamente 1,1º». Llama la atención la tercera persona del plural para referirse a nuestra especie. El País va más allá y titula que el informe del IPCC «responsabiliza a la Humanidad». Y The Guardian, sin pudor, dice que es un «veredicto de culpabilidad contra la Humanidad» por sus «crímenes climáticos».

Pero nuestra especie existe desde hace al menos unos 315.000 años, y como vemos en la gráfica anterior, el cambio brusco en la evolución de las temperaturas se produce en fecha tan reciente como la segunda mitad de los años diez del siglo XX.

¿Qué pasó hace un siglo de magnitud tal que pueda incidir en el clima? En ese mismo periodo, el capitalismo entra en decadencia, se concentra y centraliza alrededor del estado exacerbando radicalmente las tendencias que ya se habían hecho presentes en las décadas anteriores y que conocemos como imperialismo. La concentración y centralización extrema del capital transforma la distribución y opciones tecnológicas de la industria, torciendo el desarrollo de todos los sectores y tecnologías desde la agricultura hasta los chips pasando por los antibióticos.

Desde entonces, las exigencias para lo que llaman «desarrollo económico» -que no es otra cosa que la acumulación del capital- son cada vez más antagónicas con las del desarrollo humano. Se vio inmediatamente con el militarismo y la eclosión de guerras que por primera vez eran mundiales, con el refuerzo de fronteras y los controles migratorios, reaccionarios de forma evidente incluso a burgueses liberales como Stephan Sweig.

Lo vemos hoy con la matanza gratuita en la que ha derivado la actual pandemia, parte de una contradicción creciente desde entonces entre salud y capitalismo. Pero lo vemos también la cultura, el auge de suicidios y crímenes horribles y hasta en las relaciones interpersonales.

El cambio climático tal cual es descrito por el informe del IPCC solo puede entenderse en ese contexto general que atraviesa todas las facetas de la relación entre los seres humanos entre sí y con el medio en el que habitan. El causante del cambio climático no es «la Humanidad», el cambio climático es una expresión medioambiental de la incapacidad del sistema para generar desarrollo humano en su decadencia histórica.

La «unión sagrada climática», el informe del IPCC y el discurso de la clase dirigente

El informe del IPCC presentado hoy
El informe del IPCC presentado hoy

Leer el informe del IPCC y, en conclusión, culpar a la Humanidad no es inocente. Y tampoco es simplemente para invisibilizar la gran trituradora en la que se ha convertido el capitalismo. Basta ver las consecuencias que sacan los medios citados arriba, por no hablar de los especializados.

Todo va de vendernos el Pacto Verde utilizando la idea de emergencia climática para imponer una unión sagrada climática que nos lleve a aceptar sin más como un sacrificio necesario y urgente lo que no es sino la mayor transferencia de rentas de los trabajadores al capital desde las guerras mundiales. Es más, a día de hoy, lo que pretenden es la aceleración de su implantación en Europa y en EEUU y su extensión imperativa al resto del mundo.

El discurso mediático sobre el informe del IPCC toma en más de un momento tintes religiosos cristianos. El cambio climático sería poco menos que la historia de un deicidio; y los desastres medioambientales como el castigo inevitable y merecido a una Humanidad culpable de un crimen contra la Naturaleza de la que nace.

Lo interesante ahí es que en ese relato, que nada tiene que ver con el informe del IPCC, la clase dirigente, que no duda presentarse cínicamente como «creadora de riqueza», es decir, como mediadora necesaria entre la Naturaleza y la Humanidad, no aparece tampoco como responsable de nada, faltaría más.

Ahora se disfrazan de sacerdotes antiguos para celebrar el sacrificio necesario para calmar la ira de la Naturaleza: el de las ya precarias condiciones de vida de millones de trabajadores. Sacrificio que, según palabras de John Kerry, creará «el mayor mercado conocido hasta ahora» y según el presidente de BlackRock servirá para obtener «mejores dividendos con riesgos más ajustados».

Es inevitable, especialmente en estos años, hacer notar la diferencia con aquel capitalismo joven que dio pie al nacimiento de la Epidemiología, una disciplina que expresó con claridad el momento en el que la burguesía era capaz de pensar lo social como algo que se alineaba con sus intereses como clase dirigente de la sociedad sin dejar de generar desarrollo humano. Entonces la burguesía se presentaba como nuevo Prometeo capaz de liberar a la Humanidad, hoy solo puede hacerlo como sacerdote de un dios sanguinario y enfermo.