La hambruna que viene

19 de noviembre, 2021

Comedor popular en Grecia
Comedor popular en Grecia

Los precios globales de los alimentos crecieron un 31,3% en un años. Sobre el marco desastroso del caos capitalista, que no permite siquiera que un 40% de la población mundial tenga capacidad de compra para permitirse una dieta saludable y que mantiene al 30% en inseguridad alimentaria, la perspectiva de esta inflación desmesurada es una oleada de hambrunas. Agravándolo todo: el Pacto Verde.

Tabla de contenidos

Los precios globales de los alimentos básicos crecen un 31,3%

Índice de precios de los alimentos de la FAO en niveles máximos desde la crisis del 73 y camino de un récord histórico global. La FAO infiere de ello la proximidad de una gran hambruna
Índice de precios de los alimentos de la FAO en niveles máximos desde la crisis del 73 y camino de un récord histórico global. La FAO infiere de ello la proximidad de hambruna

El índice de precios de los alimentos de la FAO marcó un crecimiento del 31,3 % sobre octubre de 2020. Los aceites vegetales con los precios más altos registrados hasta ahora y los cereales (22,4%), es decir, los básicos, fueron los rubros que registraron mayores subidas. Las proteinas tampoco son prometedoras: los lácteos subieron un 15,5% y la carne un 22,1% respecto hace un año.

Primer efecto: subalimentación

obreros construccion china
Trabajadores chinos comiendo en un descanso. Hambre y hambruna afectan no solo a los campesinos de países semicoloniales, sino, cada vez más, a los trabajadores en todos los continentes.

El primer efecto de esta subida brutal de los precios de los alimentos básicos es un desplazamiento de la demanda hacia alternativas más baratas aún que los cereales más abundantes y los aceites vegetales baratos como el de palma, ya de por sí poco saludables.

Estos aumentos son muy preocupantes, ya que la gente está recurriendo a alimentos más baratos, a menudo menos saludables. Por seguridad alimentaria, monitoreamos mucho el precio de los cereales, pero vemos que las materias primas no cereales también están aumentando, especialmente las frutas y verduras.

Rob Vos, director de la división de mercados del Instituto Internacional de Investigación de Políticas Alimentarias (Ifpri)

Este cambio en el consumo puede parecer algo menor, pero no lo es. Según las estimaciones de la ONU, realizadas por la Universidad Taft de EEUU, 3.000.000.000 de personas, casi el 40% de la población mundial, no tiene suficiente capacidad de compra suficiente para comer de manera saludable. Ahora, empeora su dieta y espera a ver lo que pasa.

Segundo efecto: hambruna a la vista

De la inseguridad alimentaria a la hambruna. Niveles según FIES-FAO
De la inseguridad alimentaria a la hambruna. Niveles según FIES-FAO

Esta subida brutal de precios significa elevar la «normalidad alimentaria» capitalista a un nuevo nivel en el que la hambruna va a formar parte de la vida de millones. Y es que esa «normalidad» de aceptable no tenía nada: 1 de cada 10 personas pasaba hambre y 1 de cada 3 vivía ya en serio «riesgo alimentario».

Si el 40% de la población mundial tiene una dieta insuficiente y más del 30% está en «riesgo alimentario» no hace falta mucha capacidad de análisis para darse cuenta de cual es el resultado de subir los precios de los alimentos básicos un 30%. El hambre y la hambruna están como nunca en el horizonte.

El hambre y el peligro de hambruna son temas ya cotidianos en Brasil o Singapur. Y no es exclusivamente un desastre para los países semicoloniales. En España más de 3 millones de personas no pueden comer carne o calentar su casa. En Gran Bretaña los bancos de alimentos están en pico histórico. La pauperización y su producto último, el hambre, es una realidad que permea las fronteras entre los distintos grupos de capitales nacionales y afecta a cada vez más trabajadores de todo el mundo.

Lee también: Hambre: dos ideas claras, 16/7/2019

La crisis capitalista y el Pacto Verde

Parque solar «Francisco Pizarro», Badajoz, España. Las plantas energéticas solares y eólicas compiten cada vez más por los suelos con la agricultura, restringuiendo la capacidad productiva y aumentando los precios.
Parque solar «Francisco Pizarro», Badajoz, España. Las plantas energéticas solares y eólicas compiten cada vez más por los suelos con la agricultura, restringuiendo la capacidad productiva y aumentando los precios.

La causa de este desastre en ciernes es las misma que las del caos creciente que vemos en los países de capitales nacionales más concentrados: las contradicciones crecientes de un capital ahogado por una acumulación que hace aguas con mercados cada vez más restringidos por la guerra comercial y genera tensiones imperialistas cada vez más peligrosas.

La punta de lanza de la «recuperación» global, el Pacto verde, en el mundo agrario empieza solo a despuntar: por un lado la subida de precios energéticos no solo ha subido los costes directamente, también ha arrastrado los precios de los fertilizantes y los pesticidas, intensivos en energía; por otro, el desarrollo de agrocombustibles y el uso de superficies cada vez mayores para plantas de energías renovables, compiten directamente por el precio del suelo.

Y es que si el crecimiento del capital es cada vez más antagónico con el desarrollo humano, sus crisis y «recuperaciones» son directamente arrasadoras.

¿Queremos «ser solidarios» con los hambrientos? ¿Queremos evitar llegar a serlo? ¿Queremos liberar a la humanidad de esta dictadura inhumana de la ganancia que solo produce hambre y mala vida? El enemigo está siempre en nuestro propio país, encima nuestro. Impongamos el criterio de la necesidad humana al capital que tenemos encima. ¡Y empecemos cuanto antes!

Hambre: dos ideas claras, 16/7/2019