¿Hacia dónde va la guerra en Ucrania?

6 de junio, 2022

La armada turca cierra la entrada y salida del Mar Negro a buques de guerra.
La armada turca cierra la entrada y salida del Mar Negro a buques de guerra.

Las contradicciones creadas por la guerra en Ucrania siguen creciendo a todos los niveles, planteando un futuro cada vez más sombrío para toda Europa.

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Contradicciones crecientes entre EEUU y las potencias europeas

Como comentábamos hace dos semanas, Francia, Alemania e Italia se están dando cuenta de que son los principales perdedores de la guerra de Ucrania. El «modelo exportador» de las principales potencias europeas es insostenible sin la energía barata de Rusia y la complementariedad de la industria china.

Por eso el mensaje de Washington a los europeos, pidiéndoles que se preparen para una larga «guerra de desgaste» contra Rusia cayó como una bomba en «las capitales», que redoblaron su presión dentro de la OTAN.

El resultado, según relata CNN es una serie de reuniones secretas regulares entre estadounidenses, británicos y europeos, sin participación ucraniana, para discutir las condiciones de un alto en fuego con Rusia. Estas reuniones suponen el reconocimiento de un secreto a voces: el papel subalterno de Kiev en lo que es, en realidad una guerra de EEUU/OTAN contra Rusia. Que salgan a la luz es políticamente costoso y por tanto indicativo del sentido de urgencia que darle un horizonte cercano al fin de la guerra está tomando para Berlín, París y Roma.

En Alemania, de hecho, las encuestas hablan de una resistencia creciente a la Economía de Guerra y sus consecuencias: 3/4 de los encuestados creen que las consecuencias económicas de la guerra están multiplicando la desigualdad dentro del país y 2/3 que amenaza con una fractura social irrecuperable. No hablan de oídas: un 50% ve su propia situación como crítica (24%) o cuando menos se siente «muy preocupado» (26%).

El estado alemán no está consiguiendo mantener precisamente la ilusión de su propia solidez. La principal medida del gobierno alemán para paliar el tiro en el pie que ha sido bloquear el petróleo de de Rusia, una tarifa plana mensual de 9€ en los viajes por ferrocarril, ha acabado en colapso, evidenciando las carencias de infraestructuras ferroviarias. Y el llamamiento del gobierno para que los hogares hagan acopio de reservas de alimentos para diez días, no ayuda a reducir la inquietud social creciente.

Es más, está mandando señales a la industria de un verdadero fin de época que sería catastrófica para ella. Esta semana Berlín negó la cobertura de riesgos a las nuevas inversiones de Volkswagen en China para unirse al bloqueo exigido por Washington con la campaña sobre XinJiang. El capital alemán, siempre tendente a aceptar los costes de mantener una relación próxima con EEUU, está alcanzando sus «líneas rojas».

Los límites tácitos de la guerra parecen inclinar los combates hacia el lado ruso

Sloviansk
Sloviansk

Mientras tanto, según las propias crónicas ucranianas, la situación en el frente de guerra es cada vez más precaria para el ejército de Kiev. Al parecer Zelenski quiere una defensa a muerte del cerco de Lugansk mientras sus generales presionan para realizar una retirada ordenada antes de quedar rodeados por el ejército ruso.

Los envíos de armas persisten, por supuesto, pero autolimitados. Los cacareados misiles de «larga distancia» enviados finalmente desde Gran Bretaña no sobrepasarán los 80km de alcance que ya tenían los misiles rusos con los que comenzó la guerra Kiev. Putin tranquilizó a los propios aliados asegurando que interpretaba el envío como un intento de «reponer pérdidas» que no cambiaba los límites del enfrentamiento, aunque les recordó que cualquier escalada en el rango real de los misiles tendría una respuesta equivalente por el lado ruso.

Contradicciones cada vez más violentas con Turquía

Erdogan pasa revista a soldados ucranianos en 2020.
Erdogan pasa revista a soldados ucranianos en 2020.

Putin, reafirmado por el curso de la matanza, ha lanzando un capote a sus propios rivales imperialistas: prometió no atacar Odesa si Ucrania desmina sus puertos para exportar trigo. La «oferta», evidentemente, tiene trampa. Por un lado refuerza la imagen de Rusia en África, que culpa a Zelenski de la escasez de granos. Por otro incrementa las contradicciones de la estrategia estadounidense.

Para el gobierno de Zelenski desminar los puertos supondría minar su propia posición de «guerra total» con Rusia. Internamente, incluso ante sus propios aliados internos, le erosionaría políticamente. Unos cuantos millones de muertes más por hambruna no se compara con eso. Así que exige a la OTAN escenificarlo como una operación de rescate naval como la planificada por los europeos.

Pero la operación ha sido de momento desechada porque lo último que conviene a la estrategia OTAN es una batalla naval directa con Rusia en el Mar Negro. Así que ahora, la OTAN mira a Turquía como posible «garante neutral» para cubrir los puertos ucranianos mientras sale el trigo.

Pero Turquía, con una inflación de más del 73%, es el aliado más incómodo posible en este momento. Está utilizando el poder que le da poder vetar la entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN para escalar la presión militar sobre Grecia y Chipre sin que la UE ni la OTAN se atrevan a responder. En la misma lógica, redobla sus acciones militares en Irak contra el PKK y contra el YPG, su rama siria, en Kobane, mientras Biden aprieta los dientes; y por si fuera poco, este fin de semana exigió a Suecia destituir a su ministro de Defensa tras denunciar que hace diez años participó en un homenaje al PKK y su fundador.

Una semilla de inestabilidad en Europa para el futuro

Batallón Azov
Batallón Azov

Por si todo este marco no fuera suficientemente alarmante, los gobiernos europeos empiezan a ser conscientes de que la táctica de enviar material militar en masa a Ucrania, tarde o temprano se convertirá en un problema para todo el continente.

La Interpol ya ha advertido a los gobiernos de la OTAN de que una parte de toda esa lluvia de armamento acabará con toda probabilidad en grupos terroristas y bandas criminales. Entre otras cosas porque algunas facciones del gobierno ucraniano están ya revendiendo partidas para hacer caja entregándolas a grupos ultras amigos de otros países.

Y es que, Batallón Azov mediante, Ucrania está formando militarmente a la extrema derecha y los neonazis de toda la UE. Su «retorno» no va a ser menos desestabilizador que el de los jihadistas tras la salida de Rusia de Afganistán una vez encuentren patrón imperialista en el cada vez más revuelto juego de los Balcanes.

Las grietas

Riders en huelga en Moscú
Riders en huelga en Moscú

En todo este marco de contradicciones cada vez más sangrantes y sangrientas, la principal de todas ellas sigue apenas despuntando. Obviamente tampoco la propaganda de guerra nos va a contar demasiado.

Sabemos por ejemplo que el ejército ruso, enfrentado a sus propias tropas con frecuencia, está multiplicando los castigos a los desertores o matándolos directamente para evitar el desmoronamiento de sus filas. Sabemos por los relatos de corresponsales internacionales que el descontento y la rabia contra la clase dirigente ucraniana empiezan a cundir entre los soldados de Kiev. Y a pesar de la represión empiezan a llegarnos noticias de huelgas salvajes entre los sectores más precarizados de los trabajadores rusos como la construcción o las plataformas de reparto.

Son, de momento, pequeñas grietas que no parecen amenazar la gigantesca máquina de matar que el conflicto imperialista ha puesto en marcha. Pero parecen ensancharse. Y llaman a los trabajadores de todos los países involucrados en la guerra a seguir el mismo camino.

Lee también: La invasión de Ucrania y los trabajadores del mundo, comunicado de Emancipación

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