El genocidio armenio

26 de abril, 2021

Desfile de antorchas en Yerevan el pasado día 23 de abril conmemorando el genocidio armenio.
Desfile de antorchas en Yerevan el pasado día 23 de abril conmemorando el genocidio armenio.

EEUU ha reconocido el genocidio armenio. Desde Bosnia a Azerbaiyán pasando por Turquía y Armenia, la declaración parece haber abierto la fosa séptica de los relatos, mitos y delirios nacionalistas. Pero, ¿qué fue el genocidio armenio? ¿Quiénes fueron sus responsables? ¿Por qué el mero reconocimiento de su existencia ha generado un terremoto político internacional? ¿Qué pretende ahora el gobierno Biden?

En este artículo

Para entender el genocidio armenio

grecia tratado de sevres
La «gran idea» panhelénica. El objetivo del nacionalismo griego hasta bien entrado el siglo XX fue la creación de una nación griega étnicamente homogénea en el territorio de las actuales Grecia, Turquía y Chipre

La descomposición del imperio otomano comenzó en 1821 con la guerra de independencia griega, bien cebada por las principales potencias europeas de la época: Gran Bretaña, Francia y Rusia. La mezcla del terror feudal otomano, el nacionalismo romántico griego y el carácter de guerra de religión impulsado por el clero ortodoxo entre el campesinado, dieron cobertura ideológica a las primeras grandes matanzas étnicas del siglo en Europa.

Jaleadas, intervenidas y manipuladas por las potencias globales en liza, las pequeñas burguesías urbanas del imperio otomano en Europa abrazarán a lo largo del siglo XIX proyectos nacionales al modelo griego, es decir, basados en una homogeneidad étnico-religiosa inexistente.

El destino de la nación no será, como estaba siendo en Argentina, Brasil o EEUU extenderse sobre un territorio cartográfico en buena parte inexplorado, sino afirmarse sobre un territorio compartido con otros grupos étnicos que, como era común en los grandes imperios feudales, estaban asociados a capas sociales. Por ejemplo, bosnios y albaneses musulmanes eran mayoritarios entre los administradores estatales, griegos y armenios en ciertos comercios, judíos en algunas manufacturas y talleres...

Lo que como tendencia general determinará en cada caso el territorio al que aspiren las nuevas burguesías urbanas como hogar nacional será la existencia de un campesinado de la misma etnia, quedando las minorías urbanas de otras etnias como incómodas minorías locales, y las minorías de su propia etnia en zonas de campesinado de otro grupo, como aspiración territorial.

Evidentemente, los mapas que de su propia nación hacía cada burguesía no podían encajar con la de las vecinas. Pero en principio, cada conato estatal, incluido el de la brevísima primera república de Macedonia -cuyo territorio pisaba Bulgaria y un pedazo de la Grecia de hoy- se aplicará a realizar políticas para nacionalizar a las minorías y, a través de las nuevas instituciones burguesas como la escuela pública, homogeneizar poblaciones.

Encontrarán una y otra vez en el clero -musulmán o cristiano- de las minorías a absorber una fuerte resistencia, especialmente en el mundo rural. Y en el clero de su propia etnia -reaccionario ante los principios liberales burgueses- el principal aliado de sus esperanzas territoriales.

El resultado inevitable serán unos estados incapaces de centralizar y homogeneizar de modo efectivo -al estilo de la revolución francesa- los territorios que pretendían. También un aparato ideológico y militar profundamente marcado por fuerzas extremadamente conservadoras -cuando no reaccionarias- que darán forma a todos los nacionalismos desde Croacia a Grecia y frenarán o condicionarán de una manera u otra, la aparición y desarrollo de los distintos capitales nacionales.

Pero es el nacimiento de un proyecto nacional turco de entre los restos del estado feudal otomano al comienzo del siglo XX el que detone finalmente el mapa balcánico.

El ciclo de genocidios y matanzas que se abre entonces y del que el genocidio armenio fue una parte destacada por su horror, no es sino la forma que toma la construcción nacional bajo unas condiciones históricas nuevas. Un ciclo de genocidios que replicarán la inhumanidad del genocidio armenio proyectándolo hasta los horrores que acaban en la partición de Chipre en 1976, los crímenes de lesa humanidad durante la explosión de Yugoslavia a partir de 1991 y todavía hoy en el Nagorno Karabaj o los para-estados kurdos.

La liberación nacional turca

turquia 1912
Territorios otomanos en Europa en 1912, en vísperas de la primera guerra balcánica.

¿Qué tuvo de particular la liberación nacional turca que hizo saltar por los aires los viejos equilibrios entre unas fronteras étnicas y nacionales que no coincidían y acabó poniendo en marcha el genocidio armenio, el primer genocidio del siglo XX?

Como señaló en su día Rosa Luxemburgo, la liberación nacional turca es la primera de una nueva era marcada por el desarrollo del imperialismo.

El primer partido de la revolución burguesa, los Jóvenes Turcos, pasa en un brevísimo periodo de tiempo, de 1908 a 1912, de un programa revolucionario burgués típico a un modelo totalitario de capitalismo de estado. En esta primera fase gobiernan además en asociación con los liberales, que esperaban integrar a las minorías en el nuevo proyecto nacional que todavía abarcaba un territorio.

Pero en 1912 una intentona contrarrevolucionaria es seguida del estallido de las guerras balcánicas. Turquía pierde prácticamente sus territorios europeos, casi un millón de musulmanes son expulsados desde los nuevos países cristianos y deben refugiarse en Anatolia y Estambul.

El nacionalismo de los Jóvenes Turcos, viendo cercenado el territorio sobre el que esperaban crear un mercado capitalista bicontinental, cambia de rumbo. Pasa a convertirse en el partido del militarismo y la creación acelerada de un capital financiero alrededor y desde el estado.

Así, la turca será la primera liberación nacional que se dé por objetivo consciente un capitalismo de estado y que defina un programa imperialista propio... y en vez de poner en cuestión el juego de los imperialismos europeos, ligará su suerte al mismo capital financiero alemán que le estrangula.

Es decir, Turquía es la confirmación de la teoría del imperialismo de Rosa Luxemburgo frente a la de Lenin.

Nota. Rosa Luxemburgo pensaba el imperialismo como un todo, un estadio del capitalismo global que determinaba cada capital nacional, que sería por tanto imperialista quisiera o no, dado que las condiciones generales le venían impuestas a través del mercado mundial.

Lenin por el contrario pensaba que el imperialismo era un estadio terminal de los capitales más concentrados, que aunque impacta en las relaciones globales no impone a estos necesidades imperialistas (acceder a toda costa a nuevos mercados y destinos de inversión) ni los conforma internamente (dirección del capital financiero, centralización en el estado, etc.). Por eso, para él la revolución nacional burguesa aún podría representar un rival al desarrollo global del imperialismo global. Se equivocaba.

Las dos fases del genocidio armenio

El contexto inmediato del genocidio armenio fue la mayor limpieza étnica en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial. Entre 1919 y 1923 casi cuatro millones de personas fueron desplazadas forzosamente -y a menudo masacradas en el camino- en deportaciones e «intercambios de población» entre Turquía, Grecia, Yugoslavia y Bulgaria.
El contexto inmediato del genocidio armenio fue la mayor limpieza étnica en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial. Entre 1919 y 1923 casi cuatro millones de personas fueron desplazadas forzosamente -y a menudo masacradas en el camino- en deportaciones e «intercambios de población» entre Turquía, Grecia, Yugoslavia y Bulgaria.

La experiencia de las guerras balcánicas, la influencia de casi un millón de refugiados víctimas de las limpiezas étnicas europeas y las dinámicas totalitarias propias del capitalismo de estado, cambiarán la posición de los Jóvenes Turcos sobre la identidad nacional. Ya no se ve a las minorías y sus nacionalismos como un fenómeno temporal a absorber, sino como una amenaza y un peligro para la construcción de un estado y por tanto un mercado nacional.

Enver Pachá. Dirigente de los Jóvenes Turcos y máximo responsable del genocidio armenio
Enver Pachá. Dirigente de los Jóvenes Turcos y máximo responsable del genocidio armenio

El estallido de la guerra mundial y la alianza del nacionalismo armenio con Rusia precipitaron el paso a la limpieza étnica que prologa y da marco al genocidio armenio. En 1915 Enver Pachá, ministro de Defensa y unos de los fundadores de los Jóvenes Turcos, empezó a ordenar ataques, matanzas y finalmente el desplazamiento masivo de población armenia. Se trataba de homogeneizar la retaguardia a toda costa.

De las matanzas aisladas se pasó a la organización sistemática de un genocidio armenio con rapidez. El objetivo era, pura y simplemente, la eliminación física de los armenios del territorio.

Tras la derrota turca y el armisticio en 1918, los Jóvenes Turcos pierden el poder. Los llamados tres pachás huyen y son juzgados en ausencia por el propio estado otomano por crímenes de guerra contra la población civil... otomana. Es entonces cuando los métodos de esta primera fase del genocidio armenio se conocen en todo su horror.

Se calcula que en esta fase del genocidio armenio más de un millón de armenios fueron asesinados por el estado otomano. La gran mayoría de formas horrendas.

Pero en realidad, el genocidio armenio no acaba ni mucho menos con la derrota turca, el juicio de los pachás y la ocupación del Imperio Otomano por los aliados.

El tratado de capitulación recogía un cierto derecho de regreso de los armenios del Sur de Anatolia que habían conseguido llegar vivos hasta Siria (que incluía las actuales Líbano, Palestina e Israel). Efectivamente, muchos de ellos volverán a buscar familiares, enseres y propiedades. Cuando lo hagan se encontraran con la guerra de independencia turca (1919-23), el ascenso kemalista y el empujón final de la construcción nacional turca, que toma la forma de una limpieza étnica generalizada que será la segunda fase del genocidio armenio.

La fase final de la liberación nacional turca, dirigida por Kemal Attaturk, lejos de renegar del genocidio armenio, lo retoma y lo extiende. Se calcula que la cifra de armenios retornados asesinados sube de las 200.000 personas. A los asesinatos de los armenios que regresan se une el genocidio sistemático de los griegos del Ponto y la costa de Anatolia en el Egeo. El genocidio de griegos pónticos supuso el asesinato de más de 480.000 personas.

Pero las deportaciones masivas se prolongaron más allá de la guerra y la constitución de la Turquía nacional kemalista. De hecho se vieron completadas por el tratado de Lausana de 1923 que fijó las fronteras turcas e incluyó un intercambio masivo de minorías entre los nuevos estados nacionales (ver mapa arriba).

En total, en el periodo inmediatamente posterior a la guerra mundial, entre 1919 y 1925, casi cuatro millones de personas fueron desplazadas forzosamente -y a menudo masacradas en el camino- en deportaciones e «intercambios de población» entre Turquía, Grecia, Yugoslavia y Bulgaria.

¿Qué fue de los que huyeron del genocidio armenio hacia el Norte?

enver pacha hugo pratt
Muerte de Enver Pachá por fusileros de un batallón armenio del Ejército Rojo, según imaginación del dibujante Hugo Pratt.

Los armenios del Sur de Anatolia buscaron refugio en Siria y, los que retornaron, sufrieron un segundo genocidio.

Pero las repercusiones inmediatas del genocidio armenio no acabaron ahí. Los armenios del Norte de Anatolia llegaron a las fronteras meridionales del imperio ruso atraídos por la promesa zarista de ayudarles a llegar a Armenia y permitir la constitución de un estado nacional armenio al final de la contienda.

Por supuesto, estas promesas eran falsas, como se comprobó al triunfar la Revolución de Octubre, cuando el gobierno de los soviets publicó los acuerdos secretos de la diplomacia zarista con los británicos.

No pocos de los refugiados armenios entraron a trabajar como obreros en los campos petrolíferos y las industrias azeríes. Y en esa condición participarían de la Revolución en 1917 y los años siguientes. Hemos contado casi media docena de delegados armenios en el soviet de Bakú, que organiza la insurrección en paralelo a los de Moscú y Petrogrado en octubre.

Pero no todos los armenios se habían refugiado en Azerbaiyán y aún menos se habían proletarizado. Buena parte se había distribuido por el Cáucaso. Al estallar la guerra civil, los mencheviques, con ayuda del imperialismo alemán, intentaron asentar, a partir de su control de Georgia, una República Federativa Transcaucásica que incluía Azerbaiyán -tras masacrar al soviet de Bakú- y Armenia.

Sin embargo, en el curso de la guerra civil Azerbaiyán será liberado por el Ejército Rojo y la Georgia menchevique abandonará la federación transcaucásica a los pocos meses a cambio de un mayor apoyo alemán, dejando al débil estado de los mencheviques armenios a merced del ejército turco, que no dejaba de ser aliado de Berlín pero tenía su propia agenda imperialista.

A partir de ahí la república menchevique armenia vivirá en guerra y para la guerra con el imperio otomano, los restos de Azerbaiyán y la Georgia menchevique y finalmente la nueva república turca, perdiendo territorios y viendo diezmada su población. Podríamos hablar incluso de una tercera fase del genocidio armenio durante este periodo porque la estrategia de los ejércitos turcos será de aniquilación en no pocos casos.

La verdad, en el Cáucaso los armenios de Anatolia no dejarán de ser masacrados hasta 1920, cuando los batallones armenios del Ejército Rojo entren en Erevan y la república menchevique se disuelva sin resistencia para convertirse en una república de soviets.

Mientras tanto, el máximo responsable de la primera parte del genocidio armenio, Enver Pachá, había huido hacia Asia Central tras obtener del gobierno soviético pasaporte para cruzar Rusia y asistir al Congreso de los Pueblos de Oriente organizado por la Internacional en el Bakú liberado de 1920.

Su proyecto, que presentará en el congreso, será sublevar a los pueblos turcófonos de Asia Central para formar un estado nacional túrquico propio. Aunque a los bolcheviques les repugnaba el personaje, con su caduca teoría de la liberación nacional pensaron que una república túrquica en Asia Central debilitaría a las potencias europeas, y en especial a Gran Bretaña y Alemania, en lucha por controlar la ruta de salida del petróleo desde Irán.

Pero en realidad Enver Pachá no podía aspirar a mucho más que a ser un títere de las grandes potencias imperialistas y las fuerzas tribales más reaccionarias del mundo túrquico. Su objetivo militar principal no fueron las tropas invasoras de imperialismos lejanos sino el Ejército Rojo.

Murió en combate con las tropas dirigidas por Trotski en 1921 de un disparo de un fusilero armenio del Ejército Rojo. La Armenia soviética y los bolcheviques lo celebraron como una metáfora: el máximo responsable del genocidio armenio moría a manos de un batallón armenio del ejército obrero como el viejo mundo de los genocidios y el militarismo moriría a manos del proletariado mundial.

¿Qué fue realmente el genocidio armenio?

Genocidio armenio
Una de las muchas escenas terribles del genocidio armenio

Durante el periodo de las revoluciones burguesas y el ascenso del capitalismo, el modelo ciudadanista de la Revolución Francesa pretendía absorber las diferencias locales en una gran cultura nacional emancipada de la feudalidad. Pero este modelo solo pudo funcionar allá donde el estado absolutista había aplanado previamente en lo sustancial la etnificación de las capas sociales. En Europa Occidental, las diferencias se acabarán reflejando en el diferente papel del antisemitismo en la construcción nacional de Francia y Gran Bretaña, por un lado; y Alemania, Polonia y Rusia por otro.

Pero en el imperio otomano -y luego el Austro-Húngaro que absorberá buena parte de sus territorios europeos- las capas etnificadas no se limitaban a una minoría. Su territorio entero, desde Irak a Bosnia y desde el Caúcaso a Libia, estaba trufado de toda una serie de capas burocráticas y comerciales que, en el nuevo contexto, desarrollarían aspiraciones a burguesía nacional sin contar con un entorno lo suficientemente homogéneo como para configurar una cultura nacional sintética capaz de homogeneizar en grado suficiente un mercado nacional.

Además, como hemos visto, la competencia para ganar a su propio campesinado hará a estas jóvenes burguesías en ciernes rehenes de las capas clericales dando un cariz esencialista a los intentos de reagrupación territorial. Por eso, con la independencia griega comienzan las matanzas étnico-religiosas y los movimientos de población.

Pero lo que son momentos puntuales dentro de los procesos de construcción nacional cambian en el contexto de un capitalismo que entra en decadencia y que reorganiza a la burguesía en torno al estado, con tanta más virulencia cuanto débil fuera el capital nacional.

Se agrava cualitativamente entonces lo que ya era una tendencia insalvable en los procesos de construcción nacional burguesa. Con el capitalismo de estado los rasgos militaristas, totalitarios y represivos en el estado crecen hasta tomar el protagonismo. La gestión de poblaciones pasa a ser parte de la planificación estatal y la homogeneización lingüística y cultural se convierte en limpieza étnica, deportaciones masivas y genocidios.

Por eso el genocidio armenio no puede analizarse aisladamente, como si fuera un hecho histórico excepcional con unos responsables concretos. Hay que ponerlo en un contexto en el que las deportaciones masivas, las matanzas, las limpiezas étnicas y los genocidios se van a suceder. No es algo tampoco que queda en el pasado, las matanzas de vocación genocida siguen hasta el día de hoy, organizadas por prácticamente todos los estados capitalistas y gobiernos con las más variadas excusas ideológicas y el indefectible apoyo de imperialismos externos.

La gran lección es que la construcción nacional en el capitalismo decadente es inseparable de la limpieza étnica allá donde hay etnificación de clases sociales o capas de estas. Y que la limpieza étnica en un contexto de totalitarismo estatal desbocado asociado a la guerra y el auge militarista se convierte con suma facilidad en genocidio. El genocidio armenio fue el primero de una larga serie que no acabará hasta que acabemos con los estados nacionales.

¿Por qué es tema el genocidio armenio?

Alegoría de la revolución nacional y constitución turca de 1910
Alegoría de la revolución nacional y constitución turca de 1910

Aunque habitualmente se liga la diáspora armenia al genocidio, la realidad es que desde el siglo XIII existían ya minorías esparcidas por todo Oriente Medio, el Levante y Europa. De hecho será el desarrollo nacional turco a partir de 1890 el que aumente por primera vez de forma significativa en época contemporánea el flujo de emigrantes a regiones en las que ya existían comunidades e intereses comerciales propiedad de armenios.

Sobre esa base intentarán asentarse los refugiados supervivientes del genocidio armenio que huyeron originalmente hacia el Sur. Es de esa época la aparición de una nutrida comunidad armenia en Líbano que será a su vez el origen de la migración armenia contemporánea a Francia, Argentina y EEUU.

Habiéndose visto reducida la población armenia de Turquía a unas decenas de miles de personas -muchas de las cuales se convertirían al alevismo para esquivar las furias homogeneizadoras del estado kemalista- y convertido el hogar nacional en una república soviética, la burguesía armenia en Gran Bretaña y Francia -y más tarde EEUU- no pudo aspirar a jugar sus propias cartas en el reparto de Oriente Medio en el periodo de entreguerras. Pero descubrirá pronto que el genocidio y su diáspora le daban por primera vez una base social y política propia que articuló mano a mano con la iglesia armenia en el exilio.

El genocidio armenio se convertirá en su legitimación como clase directora de una imaginaria nación diaspórica en espera de poder hacerse cargo de un territorio a caballo de la URSS stalinista y la Turquía kemalista. La reinterpretación del genocidio se convierte así en ideología útil durante el periodo de la Guerra Fría y en base ideológica de una red internacional de lobbies locales creados al modelo del movimiento sionista hertzeliano.

Mientras tanto, en Turquía, la negación del genocidio se integró en los mitos fundacionales del estado kemalista. Pero la negación no se debía solamente a que la negación de la matanza fuera instrumental para rechazar las aspiraciones de la burguesía armenia diaspórica a un pedazo del territorio turco o indemnizaciones.

La expropiación de bienes de armenios y griegos que acompañó al genocidio armenio y al griego permitió al naciente capitalismo de estado turco crear una pequeña burguesía a su imagen y semejanza. Es elocuente el paralelismo con la negación actual de la complicidad del nacionalismo y el estado polacos en las fases finales del genocidio judío y las matanzas de judíos que siguieron a la retirada alemana y el retorno de refugiados.

Y si esto fuera poco, el giro hacia una política neo-otomanista por parte de la burguesía turca a partir de 2008 por toda una serie de causas, lleva a Turquía a involucrarse en el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán por el Nagorno Karabaj. Conflicto que, aunque es ante todo un conflicto imperialista, es, junto con Chipre, Kurdistán y en parte Siria, reminiscente de los procesos de construcción nacional de los que hablábamos arriba. Por ello, la negación del genocidio armenio es política de estado en Azerbaiyán desde los noventa y parte de la ideología aglutinadora del club de países túrquicos de Asia Central sobre los que Turquía orientó sus ambiciones imperialistas en la región.

Afirmar la existencia de un genocidio otomano contra los armenios es hoy delito de opinión en Turquía.

¿Qué pretende EEUU «reconociendo» el genocidio armenio?

El reconocimiento por EEUU del genocidio armenio ha reforzado a los rivales imperialistas de Turquía y mandado a Erdogan una señal clara: Turquía ya no es lo suficientemente estratégica para Washington como para que Erdogan pueda dar por hechos los límites de la guerra fría.
El reconocimiento por EEUU del genocidio armenio ha reforzado a los rivales imperialistas de Turquía y mandado a Erdogan una señal clara: Turquía ya no es lo suficientemente estratégica para Washington como para que Erdogan pueda dar por hechos los límites de la Guerra Fría.

Durante la Guerra Fría EEUU limitó su apoyo a la burguesía armenia en el exterior a sus reivindicaciones y acciones en la Armenia stalinista. Reagan, el presidente que más cercano fue a los lobbies armenios, se refirió solo una vez y tangencialmente al genocidio armenio... pero no pasó de ahí. A fin de cuentas, Turquía era primera línea frente a la URSS y un aliado fundamental en el pivote entre Europa, Rusia y Oriente Medio.

Es cierto que ese marco acabó en los noventa. De hecho, Francia, cuyos intereses imperialistas en el Levante chocan directamente con Turquía, reconoció el genocidio armenio hace ya 20 años. Pero Alemania no lo hizo hasta 2016, en un pico de tensión con Ankara a cuenta del paso de los refugiados sirios a Europa. EEUU mantuvo una cuidada distancia en espera de los desarrollos de la guerra en Siria.

Pero ahora Biden está cambiando los ejes y frentes primordiales del imperialismo estadounidense, concentrando fuerzas en torno a la pugna con China y reduciendo en la medida de lo posible su protagonismo en Oriente Medio. Por otro lado, el juego imperialista turco mantiene con Rusia una relación de confrontación que, vista la experiencia de los últimos dos años en Siria, Libia y el Cáucaso, es percibida en EEUU y la UE como una competencia cooperativa: compiten entre sí pero colaboran para dejar fuera a las potencias europeas y EEUU.

¿Qué significa el reconocimiento del genocidio armenio en ese contexto? Un mensaje claro: Turquía ya no es lo suficientemente estratégica para Washington como para que Erdogan pueda dar por hechos los límites de la Guerra Fría. Ankara tiene que cambiar su estrategia imperialista hacia Rusia y en el Mediterráneo si quiere encontrar un hueco bajo el sol del nuevo ímpetu imperialista estadounidense. Y si no, todo se vuelve posible: incluido operar abiertamente para derrocar el régimen erdoganita o enfrentarlo militarmente -de forma directa o indirecta- en los frentes de batalla que tiene abiertos o que intente abrir.