Fusión de Bankia y Caixabank

4 de septiembre, 2020 · Actualidad> Europa> España

Cada acelerón de la crisis multiplica la urgencia de la concentración y centralización de capitales. En el marco del capitalismo de estado característico de nuestra época, las grandes aplicaciones de capital están protegidas, garantizadas casi, pero también controladas por el estado, que intenta mantener permanentemente un cierto equilibrio entre los distintos grupos e intereses de capital. Y aun así, cuando la recesión arrecia, la centralización se refuerza con consultas y grupos de trabajo y a la concentración se le da curso activo mediante directrices más o menos concretas.

La banca es especialmente urgente en el contexto actual para el estado o lo que es lo mismo, para el capital en su conjunto. Necesitan al mismo tiempo aumentar el nivel de riesgo y evitar que la crisis se convierta en crisis financiera. La forma de escapar de esta contradicción es plantearla a un nivel superior. Dicho de otro modo, doblar apuestas.

El Banco Central lleva meses enviando señales. Primero aseguró que no aumentaría los requisitos de solvencia para abrir la puerta; luego marcó un horizonte: si en 2021 los bancos no se habían concentrado espontáneamente, haría obligatorias las fusiones. Finalmente dejó claro que mientras tanto no haría de casamentero, los gestores podrían negociar entre ellos con libertad y de acuerdo a sus propios objetivos.

Bankia y Caixabank

Gonzalo Gortázar, CEO de Caixabank y José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia.

Esta mañana Bankia y Caixabank anunciaban formalmente su fusión. El resultante será el mayor banco en España, aunque no el mayor banco español, ya que BBVA y Santander, generan más de la mitad de su negocio en Iberoamérica. La idea de la fusión es que ambos bancos tienen notables sinergias, es decir, ahorrarán costes al unirse porque podrán prescindir de trabajadores y equipamientos que se verían duplicados. Los primeros cálculos hablan de una reducción de costes de entre 200 y 700 millones anuales sustentada por el cierre de 1 de cada cuatro sucursales y el despido de entre 2.400 y 7.500 trabajadores.

El capital especulativo, que llevaba muchísimos meses apostando a la baja contra Bankia para forzar al estado a vender parte de su participación a derribo, ha respondido exultante: la acción de Bankia subió un 30% y la de Caixabank un 10%. En parte porque ve el negocio, pero también porque cierra definitivamente para el gobierno la opción de crear una banca pública minorista que compita con el capital privado.

Consecuencias

El auriga del antiguo edificio del Banco de Bilbao -que simboliza al capital financiero guiando las cuatro grandes industrias del país- cubierto por el humo de un incendio

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A corto Sánchez se anota un triunfo que sella su luna de miel con la burguesía corporativa española: da un empujón al sector financiero, otrora buque insignia del imperialismo español, que se había convertido en un riesgo y un lastre para el conjunto del capital nacional arrastrando a la devaluación de sus principales empresas. En la pequeña, nueva puntilla a Podemos, que tiene que dar por perdido uno de los últimos puntos diferenciales de su programa -la banca pública minorista- pero a quien por lo mismo rescata del disgusto que produce en una parte de la burguesía española que participe del gobierno.

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Pero lo importante está en otro lado. Esta fusión nos da pistas importantes sobre las líneas en las que el capital español se va a reorganizar internamente con la crisis. La directriz, principal, como remarcaba ayer mismo Botín, presidenta del Banco de Santander, es concentrar esfuerzos y concentrar capitales.

La hoja de ruta, nos contaron a principios de este verano, tiene un pilar en el sector energético, en el que el estado garantiza directamente la rentabilidad de grandes fondos de capital excedentario, que será base del pacto verde y para el que se preparan ya fusiones en lógica similar a la banca.

La forma política tiene todos los visos de seguir la plantilla francesa presentada esta semana: en nombre de salvar el empleo, empaquetan los sacrificios por el pacto verde con una bajada de impuestos a la producción y literatura sobre la cohesión social. Cohesión que como las medidas de justicia social de Sánchez van poco más allá de la generalización de los ERTEs y la «confianza» en que los empresarios obrarán por el bien común.

Una consecuencia extra: el capital catalán y el imperialismo español

Pero aun hay algo más en esta fusión en particular. Caixabank y su matriz Criteria son el principal grupo de capital español con base en Cataluña y directivos de arraigo catalán. El director de la entidad fusionada es José Ignacio Gorigolzarri, ex-CEO de BBVA -el banco resultado de la fusión de los históricos bancos vascos fundamentales para el nacimiento del capital financiero español- durante la expansión de aquel banco a México y América del Sur, una de las jugadas más exitosas y con más repercusión de la historia del imperialismo español. Y la operación no solo está apadrinada desde el BCE y la Moncloa sino que Bankia sigue participada por el estado. ¿Cómo interpretamos éso?

En primer lugar, la burguesía catalana no existe en los términos en que la pintaron los que apoyaron desde fuera el procés. No existe una burguesía nacional catalana como tal. Existe una parte catalana de la burguesía española que no se sintió para nada tentada por el independentismo.

La burguesía catalana es una parte de la burguesía española, no una burguesía con un desarrollo independiente. ¿Podrían Repsol o Aguas de Barcelona haberse «internacionalizado» como lo hicieron con un estado catalán? No. […] La gran burguesía catalana tiene «patria», intereses comunes, un proyecto social terrorífico… pero esa patria no es la autonomía catalana, es España.

Tenemos que ver a la gran burguesía concentrada de nuestra época como una especie de cooperativa de capataces. Y a la pequeña burguesía como sus encargados en cada uno de los talleres. Los encargados de los talleres, como Cataluña, ven las alianzas externas de la gran burguesía desde lejos, las sienten -con razón- peligrosas para sus intereses y quieren tener más autonomía, contribuir menos a los gastos centrales e incluso desarrollar pequeñas aventuras imperial-comerciales por su cuenta. La burguesía nacional española, de la que es parte la gran burguesía catalana, les da margen de maniobra. Pero eso es una cosa y otra dejar que los encargados se queden con la propiedad del capital fijo de un taller particular.

Ahora miremos el conflicto como Caixa o Sabadell. Si tus cuotas para el mantenimiento del estado las pagas en un taller problemático que los administradores se emperran en convertir en empresa independiente, es normal, que al menos al principio, saques tus impuestos de ahí. Por mucho que fuera el taller donde empezaste tu carrera y donde te gusta vivir. Por mucho que hayas apoyado a los administradores frente a tus socios hasta ahora, sabes que la mayoría de tus clientes quedaría dentro del viejo estado (Sabadell) y que dependes del estado español para asegurar mercados e inversiones masivas por el mundo frente al resto de chacales más fuertes que tú (la Caixa). Tu queja primaria es que, tras diez años de crisis, a duras penas el estado español puede ponerles coto en tus principales mercados… como para reorganizarte alrededor de un estado nuevo, joven, más pequeño y que parte de cero ahí fuera.

«¿Tiene patria la burguesía catalana?», 10/2017

Y sin embargo, por motivos históricos, la rama catalana del capital nacional español solo ha participado al final de una manera particular en el esfuerzo imperialista del capital español como un todo. Mientras Telefónica, Santander o BBVA expandían su negocio a Argentina, Brasil, Colombia o México, reorganizándose como multinacionales, Caixabank -mutado en Criteria- lo hacía a través de empresas industriales como Repsol y participaciones en grupos de capital extranjero como Suez que le daban mayor liquidez. Pero ese modelo está acabado. El Banco Central Europeo no quería que los bancos tuvieran más riesgos que los de su propio negocio principal. Y Caixabank tuvo que deshacerse de su cartera industrial. Si quiere crecer, tendrá que hacerlo sobre bases propias.

La perspectiva fundirá aun más, si cabe, a Criteria/Caixabank con el resto de familias y facciones del capital nacional español. Y muy posiblemente preludie una nueva expansión a aquellos mercados en los que el capital español ha estado históricamente más presente y ahora estaba de capa caída. El papel de Goirigolzarri y la perspectiva del estado en la ecuación bien pueden apuntar hacia ahí. A eso hay que añadir la dote del propio Caixabank: su importancia dentro de Portugal. Los destinos primordiales del capital portugués son el África lusófona y Brasil, donde Telefonica y sobre todo Santander ya son fuertes.

Resumiendo: la concentración de capitales en marcha dentro de España que ahora se inaugura en banca y que pronto empezará a transformar el sector energético, apunta simultáneamente hacia una reconsideración y apaciguamiento de la relación con la pequeña burguesía catalana, mayoritariamente independentista, y a un nuevo volcarse del capital español hacia Iberoamérica y Africa. ¿Estará marcada la orientación del estado y el capital por la combinación de ambas cosas?

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