Fin de ciclo del sanchismo: 5 síntomas

10 de mayo, 2021

El fin del estado de alarma marca el fin de ciclo de Sánchez
El fin del estado de alarma marca el fin de ciclo de Sánchez

Empieza el fin de ciclo del sanchismo, marcado por la reaparición del TS en la gobernanza cotidiana, las encuestas, los cambios en las grandes empresas, las batallas internas en el PSOE, las trampas del Pacto Verde y el ataque directo a las condiciones de los trabajadores bajo la forma de Reforma laboral y de pensiones.

Tabla de contenidos

1. La reaparición del Tribunal Supremo en la gobernanza cotidiana

El gobierno ha dejado decaer el estado de alarma sin buscar fórmulas alternativas para que las comunidades autónomas puedan mantener las restricciones mínimas que hasta ahora han mantenido las UCIs al límite pero sin colapsar en masa y los muertos diarios alrededor del centenar. Gracias a la negligencia del gobierno, los jueces son los que gobiernan ahora la pandemia, escribe hoy el que fuera hasta hace no mucho director de opinión de El País e ideológo sanchista.

Es la primera señal clara de un fin de ciclo. El recuerdo del paso a primera línea del Tribunal Supremo durante la crisis catalana es inevitable. La comparación también: para la clase dirigente normalidad es cuando el núcleo duro del Estado no tiene que salir a primera fila para que pueda mantenerse la gobernanza cotidiana. Dejar decaer el estado de alarma ha producido una situación de excepcionalidad sin un reparto claro del poder entre regiones y ramas del estado. Sánchez ha creado él solito una situación similar a aquella que la burguesía española sigue sin perdonar a Rajoy.

2. Fin de ciclo en las encuestas y en las direcciones corporativas

Hoy salía publicada la primera encuesta que daba la victoria y oportunidades de gobierno a la derecha en caso de convocarse elecciones generales. El resultado de las elecciones en Madrid no es tanto un ascenso del PP como mostrar el techo posible hoy de la renovación del aparato político de la burguesía española. Lo que la encuesta dice es que las fuerzas localistas y regionalistas están cerca de perder la capacidad de veto… por la derecha. Segunda señal de fin de ciclo. Faltaría un empujón, pero bien puede venir de que la resistencia de la pequeña burguesía a la nueva subida de impuestos que se está gestando se traduzca en voto útil.

Por si esto no bastara, la burguesía corporativa española que ha apoyado al gobierno está en su propio fin de ciclo. Florentino Pérez, después de haber apartado a su eterno sucesor por desastres variados en operaciones en el extranjero, prepara nuevas purgas tras el fracaso de la Superliga y él mismo está muy tocado. Como lo están Pallete (Telefónica) con la acción a precio de derribo y Torres (BBVA) tocado además por el escándalo Villarejo, que para remate parece estar sirviendo para abrir una crisis sucesoria en Caixabank.

Es decir, gobierno y poder corporativo están condenados a distanciarse. No sería propio de ellos tomar los riesgos de sus compañeros. Pero al hacerlo ambos quedan cojos y capturados por su propio fin de ciclo.

3. La batalla interna en el PSOE

Susana Díaz en su propio fin de ciclo
Susana Díaz en su propio fin de ciclo

La respuesta inmediata a los resultados madrileños por parte de Moncloa fue encargar una encuesta (no tan) secreta entre los miembros del PSOE en Andalucía. Acto seguido se lanzó a la batalla frontal con Susana Díaz en Andalucía convocando unas primarias a destiempo. Es un ataque preventivo que tiene por objetivo cobrar una pieza importante pero desgastada -la expresidente andaluza- para disciplinar a los presidentes autonómicos del PSOE, cada vez más díscolos y siempre tentados de ajustar cuentas.

Es de esperar que la jugada les salga relativamente bien. Si perdiera el candidato de Sánchez se abriría una guerra territorial dentro del PSOE. Pero aun si gana el sanchismo está claro el horizonte que abre: una contestación interna que será también de las autonomías gobernadas por su partido. Cada PSOE regional competiría así con los regionalismos locales… a base de debilitar al Gobierno central.

4. Los proyectos estrella del «Plan de Recuperación»

Parque fotovoltaico de Solaria
Parque fotovoltaico de Solaria

Empieza a conocerse el perfil de las inversiones estrella del Plan de Recuperación y el Pacto Verde. El objetivo es ponerlo todo a un subidón de empleo y actividad en 2022… que se desvanecerá inmediatamente. Sánchez no sería Sánchez si no convocara elecciones en la cresta de esa ola.

Un ejemplo de los proyectos que vienen es el mayor parque fotovoltaico de Europa: 626 MW de generación y 220 millones de euros de inversión. Su promotor, Solaria, ha planificado crear 4.000 puestos de trabajo… durante la construcción. Porque en cuanto esta acabe… solo quedarán 50 trabajadores a cargo de las operaciones y mantenimiento.

Muchos pensarán en el Plan E de Zapatero. Las burbujas de gasto sin continuidad son típicas en todo fin de ciclo. Pero los ratios de inversión por puesto de trabajo entonces eran de millón invertido por trabajo fijo creado (que luego resultó no ser tan fijo) y ahora son de cuatro millones por empleo.

5. Se aceleran la Reforma Laboral y de pensiones

El olor de un fin de ciclo con elecciones en 2022 se refuerza por el compromiso del Gobierno con Bruselas de poner en marcha la reforma de pensiones y la laboral en 2022. El Gobierno espera que el efecto dopaje del empleo de las inversiones del Pacto Verde y el Plan de Recuperación le permita pasar la implementación de las dos reformas que afectan de manera más directa a los trabajadores.

Hay que decir que los dos paquetes que se compromete a aprobar durante este año y poner en marcha el siguiente son solo la primera andanada de cada una de ambas reformas. Sánchez sabe bien que hace falta un gobierno más fuerte para el segundo paquete, ya esbozado también en lo que ha ido enviando a Bruselas.

Unas elecciones en 2022 se configuran así como el horizonte político más probable. En caso de ganarlas el PP servirían para una reedición del ciclo de recortes en dos tiempos de Zapatero y Rajoy hace casi una década. En caso de ganarlas el PSOE devolvería a Sánchez la fuerza política que se le escapa entre los dedos y que difícilmente le llegaría hoy para un ataque frontal a las condiciones de los trabajadores como las que exige el capital español con el apoyo de todo el capital europeo, que anda en la misma.