El feminismo de entreguerras en EEUU

11 de abril, 2021

Cunningham
La sufragista Minnie Fisher Cunningham, en la foto, se presentó a senadora por Texas en 1927. Perdió, pero luego ejerció distintos cargos en las nuevas instituciones del New Deal del presidente Roosevelt.

En la segunda entrega de nuestra serie sobre el feminismo y la guerra, estudiamos el feminismo de entreguerras en EEUU para entender por qué durante la segunda guerra mundial se aplicará a fondo para reclutar mujeres trabajadoras para la matanza imperialista y la producción de guerra.

En este artículo

Una advertencia previa sobre el feminismo de entreguerras

huelga 1927
Huelga en EEUU 1927. Todos los actos y convocatorias del feminismo de entreguerras juntos movilizaron menos mujeres que una sola huelga industrial.

El feminismo relata su propia historia como una supuesta sucesión de ideas que impulsarían un movimiento. Es decir, el feminismo se confiesa y define como una ideología sin reparo. Pero tampoco es que tenga muchas más opciones: por ningún lado se constata un movimiento material de las mujeres por encima de las divisiones de clase. Incluso en el seno de la pequeña burguesía femenina -cuyas aspiraciones representa políticamente el feminismo- solo en contados momentos pasa de tendencia en el seno de una élite social dentro de esa misma clase.

El feminismo de entreguerras -incluso en EEUU- es una buena manifestación de eso. Todos los actos y convocatorias del feminismo de entreguerras juntos movilizaron menos mujeres que una sola huelga industrial. Y hubo muchísimas huelgas. Toda la militancia feminista sumada del periodo no solo en EEUU, sino incorporando Gran Bretaña, Alemania, Dinamarca y todos los países en los que existían organizaciones feministas formales, no sumaban más miembros entre sí que la modesta rama bávara del Partido Comunista Alemán dedicada a la agitación entre mujeres obreras.

Si la historia del feminismo hasta muy recientemente solo puede ilustrarse con imágenes de personalidades y manifestaciones que rara vez llegan al centenar de participantes en una época de movilizaciones de millones, la historia del feminismo de entreguerras en EEUU ni siquiera puede adornarse con las fotos de decenas de señoras propietarias sufragistas del periodo anterior.

Si buceamos en el feminismo de entreguerras no es porque aceptemos entrar en el juego de las ideas que mueven el mundo del relato histórico de la clase dirigente. Nuestro interés en el casi inexistente feminismo de entreguerras se debe a que queremos descubrir las claves que hicieron que el estado reparara en él y lo utilizara como parte de su arsenal ideológico durante la segunda guerra imperialista mundial.

Es entonces cuando el feminismo vive su primer intento de adopción como ideología de estado. Intento que luego será orillado pero que volverá una y otra vez hasta lo que hoy por hoy parece su adopción definitiva en el arsenal ideológico del estado. Esa relación entre guerra imperialista y feminismo -presente abiertamente en su simbología y propaganda- había aparecido ya durante la primera guerra mundial, pero se enraíza en el feminismo de entreguerras.

Los «felices» años 20

primera guerra mundial vuelta

El relato típico de los años 20 en EEUU asegura que:

La Primera Guerra Mundial había traído consigo la prosperidad para todos los ciudadanos de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, la aprobación de la decimonovena enmienda trajo consigo no sólo la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, sino también su liberación sexual, personificada en la imagen de la flapper.

Nada más lejos de la realidad. A escala mundial los años 20 fueron felices para los especuladores en mitad del primer gran boom del capital ficticio. Y si solo es verdad hasta cierto punto que los capitales nacionales de los estados ganadores gozaran durante ese período de los beneficios de la primera guerra mundial, lo cierto es que los trabajadores pagaron en vidas, miseria y represión tanto por una victoria que significó su masacre, como por una prosperidad a la que nunca accedieron.

En EEUU el brío de la acumulación tras la recesión de 1920-21 y hasta el crack de 1929, se basó en la capacidad del país para afirmar una posición dominante en el escenario imperialista global tras el fin de la guerra. La apertura de los mercados europeos permite al capital nacional escalar la producción de industrias entonces punteras como la automovilística.

Lo que nos dicen es que esta prosperidad llegó a la clase trabajadora en forma de salarios más altos, convirtiendo a los trabajadores estadounidenses en privilegiados gracias a la victoria de la burguesía nacional en la guerra, cuando en realidad quieren decirnos que el progreso y las conquistas de los trabajadores en EEUU dependen de las victorias del imperialismo estadounidense.

Es obviamente una barbaridad, aun si fuera verdad la conclusión es que cada grupo de los trabajadores, a escala de un país pero por qué no de cada empresa, lo que tiene es que emplearse para que su burguesía gane a los rivales y competidores que tenga en cada momento, entregándose como carne de cañón cuando haga falta.

Además, para hacer colar esta idea olvidan mencionar cómo el aumento de la productividad superó con creces el aumento de los salarios. Es decir, no es que se redujera el nivel de explotación. Al revés, aumentó y tanto en la industria como en el conjunto de la economía el marco general fue el de una reducción del peso relativo de las rentas del trabajo sobre las del capital en la renta nacional. Dicho de otro modo: el porcentaje de pastel que quedó para los trabajadores fue cada vez más pequeño aunque algunos de ellos tuvieran un poco más en términos absolutos.

Y es que también omiten un detalle importante: el alto nivel de desempleo de este período. El aumento masivo de la productividad también dejó a masas de trabajadores sin empleo... porque los mercados exteriores tenían un tope y pasado éste no tenía sentido aumentar la producción, solo reducir personal.

Este tope contribuyó paradójicamente a aumentar la capacidad de compra de los salarios de los trabajadores industriales: la incapacidad de Europa para comprar la cantidad necesaria de cereales norteamericanos provocó la caída de los precios agrícolas. Quedarse en que el salario industrial pudo acceder a una mejor alimentación y algunos consumos extra es olvidar no solo a los parados producidos por la ausencia de mercados, sino a los nuevos parados creados por la crisis agraria a los que la industria no sabía como emplear porque no encontraba compradores suficientes.

Pero sobre todo hay que señalar que en vez de progresar, el movimiento obrero en EEUU sufrió enormemente durante este período. Las grandes huelgas llevadas a cabo después de la primera guerra mundial, como por ejemplo la Gran Huelga del Acero de 1919, terminaron siendo derrotadas tanto por los sindicatos industriales como por la AFL.

Los alegres años veinte, los años de supuesta abundancia, se caracterizan por la pasividad de los trabajadores que han sido derrotados en 1919. La capacidad de resistencia frente a las exigencias del capital fue menor que nunca.

¿Y qué pasó con las trabajadoras?

Trabajadoras en un telar. El feminismo de entreguerras tanto como el discuso posterior sobre él, ignoraron la mera existencia de mujeres trabajadoras, entonces ya masiva
Trabajadoras en un telar. El feminismo de entreguerras tanto como el discuso posterior sobre él, ignoraron la mera existencia de mujeres trabajadoras, entonces ya masiva

Nos dicen que la decimonovena enmienda liberó a las mujeres y las sacó del hogar por primera vez. Esto no es ni remotamente cierto. Las mujeres de la clase trabajadora siempre han trabajado fuera de casa.

A lo que se refieren es a lo que llaman la feminización del trabajo profesional, es decir, la entrada en masa de mujeres en puestos de oficina o de la educación durante y después de la guerra. No falta desde luego propaganda de guerra diseñada para reclutar mujeres para los trabajos de oficina, y incluso después del final de la guerra, la tendencia a emplear mujeres en ellos continuó.

Muchas de las mujeres que accedían a estos empleos eran jóvenes pequeñoburguesas que acababan de salir del instituto o la universidad y buscaban un trabajo temporal antes de casarse con un varón de su clase. Por eso los patrones podían darse el lujo de despedir a las mujeres cuando se casaban. Se suponía que las mujeres no iban a quejarse porque no necesitaban trabajar. En cambio, las mujeres que trabajaban en las fábricas y otros empleos obreros no perdían su empleo por estar casadas. De hecho, prácticamente no existía discriminación laboral de las mujeres casadas fuera de los ámbitos profesionales, como la administración o la educación.

A lo largo de la historia de Estados Unidos hasta la Segunda Guerra Mundial, la profesión de docente siempre fue considerada como un trabajo temporal o suplementario. Y no era una cuestión de sexo: hasta la década de 1840, la mayoría de los maestros eran varones.

El predominio de las mujeres en la educación es consecuencia de una campaña de reclutamiento de mujeres llevada a cabo en la década de 1840 para hacer frente a la creciente escasez de profesores. La docencia en Estados Unidos, al igual que en Gran Bretaña, era uno de los pocos trabajos que la pequeña burguesía femenina estaba dispuesta a realizar... pero sólo temporalmente, ya que no pensaba vivir del bajo salario que ofrecía. La situación de las mujeres en la Administración Pública del Reino Unido era muy parecida.

Las mujeres jóvenes y solteras de la pequeña burguesía en ese entonces eran ideales para cubrir esos trabajos intelectuales mal pagados porque no necesitaban mantener toda una familia y tampoco encontraban muchas razones para luchar por un salario más alto si de todos modos iban a casarse. Es significativo que tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, las maestras que se casaban con inválidos, o con hombres que no tenían un sueldo suficiente para mantener a la familia, no perdían su trabajo por estar casadas.

A este argumento se añadió una justificación ideológica que pronto haría suyo el primer feminismo, como cuenta Sylvia Pankhurst en sus memorias: las mujeres vírgenes y pequeñoburguesas son moralmente superiores a los varones y deben desempeñar el papel de purificadoras de la sociedad. Por lo tanto, son las que deberían hacerse cargo de la educación de los niños de la nación.

La posición y la estabilidad de las mujeres pequeñoburguesas seguía basándose en su capacidad para crear una familia nuclear y dominar el ámbito del hogar. No sería hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando la tradicional familia pequeñoburguesa se pondría en entredicho y cuando las mujeres de la pequeña burguesía buscarían una carrera, en vez de un trabajo temporal.

Por eso, la idea de que la aprobación de la Decimonovena Enmienda haya liberado a todas las mujeres de la prisión del hogar es pura fantasía pensada para enaltecer a posteriori el feminismo de entreguerras. No consiguió ni siquiera que las mujeres pequeñoburguesas se independizaran de sus maridos. Lo que, por otro lado, no tenía nada que ver con la capacidad de las mujeres de la clase trabajadora para trabajar fuera de casa.

¿Y que hay de esa idea de que las mujeres se liberaron sexualmente durante este periodo?

flappers
Flappers, convertidas hoy en símbolo de una supuesta liberación sexual impulsada no se sabe cómo por el feminismo de entreguerras.

La supuesta liberación sexual del feminismo de entreguerras se basa se basa en la mitología de la flapper, a la que se presenta como símbolo de una inexistente liberación sexual de todas las mujeres en los años 20. Según el relato oficial hoy sobre el feminismo de entreguerras, su aspecto y comportamiento eran revolucionarios porque escandalizaban el puritanismo de las clases dirigentes. Pero no se trataba de una revolución, sino de una disputa familiar.

Las flappers eran hijas de las familias pequeñoburguesas que tenían coches y frecuentaban bares clandestinos para festejar y divertirse durante los años de la Ley seca. Pero la rebelión duró hasta que se casaron para vivir el tipo de vida que llevaban sus madres.

Es decir, fue una rebelión juvenil circunscrita a la pequeña burguesía y que ni siquiera tuvo consecuencias reales sobre la estabilidad de la familia pequeñoburguesa tradicional. De hecho, la justificación que daban las flappers para su rebelión fue que en realidad... fortalecería la familia nuclear y reduciría la posibilidad de divorcio, ya que la mujer habría experimentado en su juventud. Y obviamente, incluso en ese ámbito socialmente limitado, tampoco fueron el resultado de la influencia del feminismo de entreguerras y sus organizaciones.

La Gran Depresión y la pequeña burguesía

cierre de comercios gran depresion
La Gran Depresión precipitó el cierre de comercios minoristas, actividad tradicional de la pequeña burguesía.

El avance real del feminismo de entreguerras no comenzó hasta la Gran Depresión... precisamente porque el boom de los felices años veinte y todas las ilusiones que la pequeña burguesía albergaba sobre ellos habían llegado a un abrupto final.

Las pequeñas empresas estaban desapareciendo, y el número de profesionales y académicos estaba disminuyendo. La pequeña burguesía sentía que la soga le apretaba el cuello y buscaba desesperadamente la forma de liberarse.

Dado que la responsabilidad del varón casado de la pequeña burguesía era mantener el núcleo familiar, tanto él como las mujeres jóvenes sin pretendientes de su clase se sentían víctimas de competencia desleal por parte de los matrimonios en los que ambos miembros podían presumir de tener un empleo seguro, cómodo y hasta prestigioso. Estas parejas, a pesar de la bajada de ingresos, pudieron ahorrar dinero y asegurar su posición de clase en medio de una depresión que amenazaba con proletarizar a no pocas familias pequeñoburguesas.

El gobierno se preocupaba mucho por el impacto de la depresión en estos artesanos, ingenieros, granjeros, reverendos, y oficinistas sin empleo a los que el jefe de la CWA, Harry Hopkins, calificaba como las mejores personas de América. Estaba de hecho mucho más preocupado por su destino que por las masas de trabajadores desempleados. La caída de la pequeña burguesía supondría la destrucción del sueño americano... la desaparición de la gran casa en los suburbios, la criada en el hogar, el coche y el perro.

El gobierno, las empresas y las universidades adoptaron políticas durante todo el periodo de la Gran Depresión que pretendían, al menos en teoría, mitigar este problema.

Las universidades empezaron a despedir a los académicos a través de políticas anti-nepotismo. Estas políticas establecían que sólo un miembro de una pareja casada podía trabajar como académico en la universidad en cuestión. Y, estas políticas, aunque oficialmente imparciales, se basaban en informes que hablaban de la necesidad de despedir a las mujeres casadas que están en nómina y cuyos maridos pueden mantenerlas. Una vez más: no se trataba de trabajadoras, los limpiadores podían casarse entre sí sin perder su trabajo, sino de la pequeña burguesía académica.

Después de todo, el papel de la mujer pequeñoburguesa seguía siendo la administración del hogar, no dejaba de resultar lógico que fuesen las despedidas. Así que las mujeres recién graduadas y solteras empezaron a tener dificultades para encontrar empleo. Según una licenciada en Derecho:

La Depresión dio a los bufetes de abogados otra excusa para no contratarnos. En cada entrevista, me preguntaban cómo podía esperar que me tuvieran en cuenta cuando había varones desempleados con familias que mantener. Ya era bastante malo que no fuera a conseguir un trabajo en ninguno de esos bufetes, pero además insistían en hacerme sentir culpable.

Estas políticas, en vez de salvar a la familia pequeñoburguesa, terminaron poniéndola en jaque. La depresión estaba cambiando todos los valores sociales de la pequeña burguesía. Las mujeres y varones de la pequeña burguesía ya no iban a aceptar pasivamente las prohibiciones a las mujeres casadas ahora que la situación se había vuelto mucho más precaria para el conjunto de familias de esa clase.

Cada familia estaba interesada en garantizar al máximo su propia seguridad frente a la amenaza de la proletarización. Por eso ambos miembros de las parejas estaban dispuestos a prolongar su compromiso o mentir sobre sus matrimonios o incluso separarse para ahorrar dinero. Los que luchaban contra las restricciones hablaban de cómo éstas provocaban la escandalosa convivencia de las parejas no casadas y la disminución de la reproducción de los buenos niños de clase media... en fin, pronosticaban la destrucción de la familia si no cambiaba el estatus laboral de la mujer pequeñoburguesa.

Llevaban razón a su manera: el consenso, adoptado durante la Depresión, de dar prioridad en los nuevos contratos a a los varones desempleados y casados perjudicaba a las mujeres pequeñoburguesas solteras.

El feminismo de entreguerras y la Gran Depresión

universidad y mujer pb
Un famoso caso de «nepotismo» en la Universidad de Washington

El derecho de las mujeres a trabajar, no significaba otra cosa que el derecho de la mujer pequeñoburguesa a tener una carrera, especialmente en tiempos de depresión económica. No era ya una cuestión de independencia femenina... sino de preservación de la posición de clase de toda la familia. Esta fue la bandera y la clave de la aceptación creciente del feminismo de entreguerras en el seno de la pequeña burguesía.

Como ya hemos comentado en la primera parte de esta serie, el movimiento feminista en los EEUU estaba divido entre dos tipos de feminismo:

  1. El feminismo antisindical y republicano que luchaba por la aprobación de la Enmienda de Igualdad de Derechos y que estaba representado por el National Woman’s Party (NWP) y
  2. El feminismo sindical y demócrata que estaba en contra de la Enmienda de Igualdad de Derechos.

Aunque el NWP apoyó la campaña de Hoover en 1928, se sintió muy decepcionado después de el gobierno aprobara la Ley de Economía de 1932. El artículo 213 de esta ley impedía al gobierno contratar a ambos miembros de una pareja casada en la Administración Pública. Como la depresión no mostraba signos de mejora, pasaron a rechazar a Hoover por su incapacidad para desempeñar el papel de unificador de la nación.

El feminismo de entreguerras en general, apostó entonces por Franklin Roosevelt... y salió ganando. Las feministas prosindicales, como Frances Perkins y Ellen Woodward, obtuvieron cargos de liderazgo en la administración de Roosevelt. La pequeña burguesía en general recibió una consideración especial por parte del gobierno.

Roosevelt y los sindicatos

roosevelt carta magna del trabajo
F.D. Roosevelt firma la legislación laboral, presentada como «Carta Magna del Trabajo»

Una de las medidas más importantes de la presidencia de Franklin D. Roosevelt fue la incorporación de los sindicatos al Estado mediante la creación de la National Recovery Administration (NRA) en 1933. Los sindicatos, rechazados por los trabajadores al principio de la posguerra, se encontraron entonces con el cielo abierto. En paralelo el feminismo pro-sindical y demócrata, se puso a la cabeza del feminismo de entreguerras.

Buena parte de los trabajadores de EEUU pusieron sus esperanzas en Roosevelt y se reconciliaron con los sindicatos. Tomaron la creación de la NRA como una señal de que podrían ayudarles a luchar contra los ataques del capital. Al mismo tiempo, los sindicatos no podían consolidar su poder en enfrentamiento abierto con una combatividad que iba al alza.

Este fue el marco de las huelgas de los años 30 en EEUU: huelgas dentro del orden rooseveltiano que disciplinan a las empresas más recalcitrantes, homogeneizan las condiciones de contratación y sobre todo refuerzan a los sindicatos... y las ilusiones creadas en torno a ellos. Forman parte del esfuerzo del gobierno Roosevelt por establecer el capitalismo de estado encuadrando de modo efectivo a la gran mayoría de la clase trabajadora.

De hecho, los principales objetivos de aquellas huelgas acabarían siendo la creación de sindicatos industriales y la reforma de los sindicatos de oficio existentes para que funcionaran como sindicatos industriales. Las huelgas de los trabajadores de la industria automovilística y del transporte conducirían a la formación del sindicato industrial, United Auto Workers, al crecimiento de la International Brotherhood of Teamsters y a la formación del Congress of Industrial Organizations (CIO).

Pero la esperanza de que el fortalecimiento de los sindicatos reforzara la capacidad de los trabajadores para defenderse acabaría estrellándose brutalmente contra la naturaleza estatal de estos.

La Oposición de Izquierda de Estados Unidos formó parte de este movimiento sobre todo por su intervención en las huelgas de camioneros de Minneapolis. Uno de sus principales objetivos inmediatos era ampliar el número de miembros del sindicato Teamsters y hacer que se comportara como un sindicato industrial, incluyendo a todos aquellos trabajadores que estaban excluidos de la posibilidad de afiliarse.

La Communist League of America, que acabaría convirtiéndose en el Socialist Workers Party, se cuidaba de no desafiar demasiado las ilusiones rooseveltianas que compartían la mayoría de los huelguistas, incluso cuando cayó sobre ellos la represión del gobernador progresista, Floyd B. Olson. Al final, lograron aumentar masivamente el tamaño e influencia del sindicato Teamsters. Pero el sindicato, sintiendo a los marxistas como un cuerpo extraño en su interior, no tardó mucho en echar a los trotskistas de sus filas.

Lo que es aun más clarificador: todos los sindicatos, incluidos los sindicatos industriales que se formaron durante las huelgas de los años 30, se alinearían con el capital nacional para encuadrar a los trabajadores y sacrificarlos en masa durante la Segunda Guerra Mundial.

No sería Hoover sino Roosevelt, presidente del gobierno más sindicalista de la historia de Estados Unidos, el que reclutaría a los trabajadores para la Segunda Guerra Mundial. Los sindicatos, supuestos defensores de los trabajadores, estaban tan interesados como el estado en llevar a los trabajadores a una matanza que sirviera para la recuperación de la nación (=recuperación de la rentabilidad del capital nacional). Una recuperación que el New Deal no pudo alcanzar por sí solo.

El feminismo de entreguerras y el New Deal

margaret sangers
Margaret Sangers rodeada de correligionarias

Los sindicatos no estarían solos. El feminismo de entreguerras haría todo lo posible para ayudar en el esfuerzo bélico... y para asegurarse una parte del botín.

Con Roosevelt la pequeña burguesía femenina logró deshacerse de la prohibición de contratar en el estado a los dos cónyuges en 1937 y estaba más unificada que nunca. No le preocupaba que las normas laborales básicas establecidas por el Estado bajo el New Deal hicieran prácticamente irrelevante la legislación laboral que protegía específicamete a las mujeres trabajadoras.

Los últimos años de paz antes de la guerra encuentran al feminismo pro-sindical movilizando a las trabajadoras para la guerra y al feminismo de entreguerras estadounidense en bloque en pleno apogeo eugenista. De hecho ambos horrores, belicismo imperialista y eugenesia, se sostenían argumentalmente

La mismísima Margaret Sanger, cabeza en aquellos años del movimiento de planificación familiar, delfín de la también malthusiana Emma Goldman como cabeza del anarquismo público y fetiche todavía hoy del feminismo, no se conformaba entonces con exaltar la familia nuclear pequeñoburguesa, en 1938 daba discursos sobre el efecto nocivo que la Gran Depresión tuvo sobre la raza superior.

El problema esencial para Sanger era que había demasiados inferiores, es decir, demasiados trabajadores, que estaban naciendo de forma masiva debido a la falta de una política de control de la natalidad. La solución más humana, por lo tanto, sería impedir que nacieran tales inferiores en primer lugar a través de la esterilización de las mujeres de la clase imbécil. Pero a veces, escribe Sanger, el problema del exceso de población es tan grave que la guerra se vuelve necesaria.

La militarización de los trabajadores industriales y la esterilización financiada con fondos públicos de centenares de mujeres portorriqueñas -que no sabían que las estaban esterilizando- no son dos elementos aislados y oscuros de la época, dos excesos productos de la ignorancia. Son dos expresiones de la misma ideología anti-humana que el feminismo de entreguerras concentraba y ponía en primera fila de su acción política en apoyo de la construcción rooseveltiana de un capitalismo de estado para el país.

Y es que el feminismo de entreguerras estadounidense en su conjunto enarbolaba ya abiertamente su estandarte principal... la bandera nacional.

Continuará...