El germen del fascismo en los barrios hoy: un documental

18 de diciembre, 2021

Para no perder trabajo y casa, los trabajadores encuadrados por Milagro Sala tenían que asistir a las marchas disfrazados de lo que conviniera a la dirigente. Hoy de trabajadores, mañana de «grupos originarios», pasado de...
Para no perder trabajo y casa, los trabajadores encuadrados por Milagro Sala tenían que asistir a las marchas disfrazados de lo que conviniera a la dirigente. Hoy de trabajadores, mañana de «grupos originarios», pasado de...

En Argentina pero también en España y en medio mundo, los gérmenes del fascismo están muy presentes, pero no donde los medios suelen apuntar. Las bandas de descerebrados xenófobos y homófobos son peligrosas sí, pero por sí solas no van a encuadrar, someter y movilizar a los barrios. Otra cosa es cuando el estado genera estructuras autónomas, «de base», para mediar el acceso a necesidades básicas y planes de «justicia social» para «construir pueblo».

Tabla de contenidos

El fascismo como movimiento de corporativización de los trabajadores ayer y hoy

El «anticapitalismo» pequeñoburgués encuentra en el fascismo expresión política.

La banalización y embrutecimiento general del discurso del aparato político no es inocente. Sirve para confundir y divertir la mirada hacia donde la crítica no encuentra pie y se torna estéril. El uso y la designificación del término fascismo es quizá el ejemplo más claro.

Tanto en España como en Argentina los productos y evoluciones de la matriz fascista, a través del falangismo y el peronismo, son de lo más diverso, se reproducen en reflejos, mensajes y formas de derecha a izquierda del espectro parlamentario, y no pueden reducirse en absoluto a delirios ultranacionalistas, barrabasadas xenófobas u homófobas ni provocaciones violentas.

En lo esencial el fascismo es la expresión del revolucionarismo de la pequeña burguesía en una era de decadencia: su misión histórica original fue arrasar cualquier expresión de organización autónoma de los trabajadores sustituyéndola por la corporativización forzosa a través de sindicatos más o menos verticalizados e integrados en la estructura formal y funcional del estado.

Evidentemente el régimen sindical argentino y el lugar institucional de los sindicatos en España son herederos del triunfo histórico del fascismo. Pero la tensión hacia la corporativización y encuadramiento de los trabajadores en el estado no acabó ahí, ni mucho menos.

La dinámica esencial del fascismo siguió a pleno rendimiento bajo las formas revolucionaristas en ese «hacer pueblo» que teorizado por Laclau a partir de la práctica de la «izquierda peronista» se hizo luego consigna del desarrollo de Podemos. Un «hacer pueblo» que es también la práctica desacomplejada de la CUP y, en el extremo conservador de la pequeña burguesía, con sus propios miedos y símbolos, de Vox.

El «puntaje» forma contemporánea de la corporativizacion en los barrios trabajadores


Errejón reivindicando la pertenencia patriótica en la prensa

La lógica táctica del fascismo no es sólo un «todo suma por contradictorio que sea», que también, la corporativización requiere encuadrar de forma permanente primero, generar dependencias básicas entre los trabajadores después y finalmente instucionalizar fundiendo estructuras «de base» y estatales.

Errejón, en nombre de Podemos, hizo una famosa intervención, bien aireada luego por el PP, instruyendo a sus compañeros de partido sobre cómo empezar a hacerlo desde el gobierno para mantener económicamente a los «cuadros militantes» cuando perdieran las elecciones municipales. No dejó siquiera de destacar la necesidad de «grupos de montaña», un clásico.

La corporativización requiere encuadrar de forma permanente primero, generar dependencias básicas entre los trabajadores después y finalmente instucionalizar fundiendo estructuras «de base» y estatales.

No se trata tan sólo de crear organizaciones afines que «representen» a los vecinos y respondan a un partido. Cuando este movimiento hacia la corporativización se hace peligroso para los trabajadores es cuando empieza a estructurar los barrios a través del sistema de «puntaje». Podríamos decir que el puntaje es la forma característica de la corporativización en nuestros días, el resto más vivo y peligroso del fascismo.

Bajo este sistema una serie de «organizaciones sociales» lideradas por «punteros», se convierten en mediadores de las ayudas sociales del estado. El puntero reparte «planes» (ayudas y subsidios), bolsas (ayudas de alimentación básica), organiza en falsas cooperativas a los vecinos para construir viviendas sociales con dinero estatal... y garantiza el alineamiento del vecindario con las directrices políticas llegadas «desde arriba».

Argentina y el caso Milagro Sala

La dirección de Podemos protesta en el parlamento contra la visita de Macri, en apoyo de Milagro Sala. Irene Montero, hoy ministra de igualdad, como la dirigente peronista que defendió en tribunales a Sala, luce una camiseta exigiendo la liberación de la puntero jujeña.

No deja de ser llamativo que el primer «happening» montado por Podemos en el parlamento español fuera una protesta contra la visita del entonces presidente Macri con motivo del encarcelamiento de Milagro Sala.

Milagro Sala es una «dirigente social» jujeña elevada en su día por los Kirchner. El movimiento de Sala surgió como una forma de disputar los barrios trabajadores de Jujuy a un puntero anterior, el «perro» Santillán, nacido a partir del sindicato local de funcionarios públicos y especialmente adverso al peronismo. Santillán encabezaba entonces la «Corriente Clasista y Combativa» una coalición de sindicalistas originalmente alineada con el nacionalismo maoísta que se convirtió en el referente del movimiento piquetero.

Tras llegar al poder, los Kirchner querían «controlar» Jujuy, eliminando el poder de Santillán y la influencia del gobernador sobre los barrios. Así que convirtieron a Milagro Sala y su movimiento, creado sobre la marcha y desde Buenos Aires, en la distribuidora de la mayor parte de las ayudas sociales que llegaban a la provincia. Fueron cantidades inmensas a lo largo de 13 años.

Y Milagro Sala no defraudó: construyó un sistema de control férreo y dependencia barrio a barrio. Los trabajadores que entraban en el movimiento debían movilizarse permanentemente. Disfrazarse -hoy de quechua, mañana de oficial de construcción, pasado de obrero de cadena- para dar imagen de fuerza y marchar durante horas y días. Si «fallaban» los grupos paramilitares de Sala los desalojaban a ellos y sus familias de sus casas y los ponían en una lista negra para que no volvieran a trabajar.

Sala, con verdadera vocación totalitaria, persiguió a los punteros alternativos con saña. Ahí empezó la otra cara de la táctica del fascismo: chantajes, palizas y escraches se convirtieron durante más de una década en parte normalizada del control barrial. En la impunidad abundaron abusos y violencias, se asaltaron a palos y tiros -con cobertura policial- asociaciones obreras y comunidades quechuas «rebeldes» a Milagro y, entre los «ahijados» de Sala, se dieron inevitablemente violaciones y humillaciones como reflejo de una sádica cultura organizativa que nada tenía que envidiar a la de los camisas negras mussolinianos.

Durante años el sistema fue funcional al poder y se sostuvo con expresiones cada vez más delirantes. La hoy vicepresidenta Cristina Kirchner llegó a decir que quería «una Milagro en cada provincia» y «Carta abierta», el grupo oficialista de intelectuales de izquierda peronista, la coronó como modelo de «poder popular».

Y podía haber seguido así con el macrismo, pero cuando Cristina Kirchner dejó la Casa Rosada y el peronismo perdió las elecciones, en vez de «negociar el traspaso» y aceptar una cierta reducción de escala del negocio como hicieron el resto de punteros peronistas del país con el gobierno Macri -que no tenía ninguna intención de renunciar al control de los barrios- Sala ocupó la capital de la provincia como acto de fuerza. Y el gobernador electo días antes se afirmó pasando al ataque y movilizando a sus jueces, que la detuvieron y colocaron bajo arresto.

A partir de ahí, desprovisto de fondos públicos, el movimiento se desmorona y el «caso Sala» se convierte en parte del espectáculo político y de la batalla entre macristas y peronistas.

El documental: «Jujuy Desoído»

Para no perder trabajo y casa, los trabajadores encuadrados por Milagro Sala tenían que asistir a las marchas disfrazados de lo que conviniera a la dirigente. Hoy de trabajadores, mañana de «grupos originarios», pasado de...

Parte de ésta historia se refleja en el documental «Jujuy desoído», estrenado la semana pasada en Jujuy.

Evidentemente es una herramienta de la batalla entre las dos principales tendencias de la burguesía argentina en la provincia y en el país y... en cierto sentido y con matices, en todo el continente. Por eso presenta al «perro» Santillán como un modelo de honradez y «autenticidad» obrera. Es la forma de no entrar a la raíz del sistema de puntaje que está ya profundamente imbricado en el estado argentino y sobre el que el macrismo también se apoya.

Sin embargo, el documental queda lejos de la exageración, aunque corto de voces y protagonistas. La carencia no le resta méritos, era previsible la dificultad para obtener testimonios más allá de los que declararon en el juicio, ni siquiera el equipo técnico quiso figurar en los subtítulos por el miedo a represalias K a la hora de trabajar en otras producciones.

La apuesta por incluir una «mirada exterior» en la forma de periodista del ABC de Madrid seguramente no sea afortunada y la historiadora de la Casa de Gobierno jujeña, más preocupada por el humo que absorbió la bandera de Belgrano que por las vidas que Sala destrozó entre sus vecinos obreros, probablemente no genere mayores simpatías. Pero es lo que hay. La clase dirigente argentina incluye muchos perfiles con miradas así. Y aunque seguramente de forma inadvertida, sobre eso tampoco engaña.

El documental completo

Primer capítulo de «Jujuy Desoido»
Segundo capítulo de «Jujuy Desoido»

Tercer capítulo de «Jujuy Desoido»
Cuarto capítulo de «Jujuy Desoido»

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