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24/12/2020 | Historia

Las postales fueron uno de los medios de comunicación más ampliamente usados por el movimiento obrero de la IIª Internacional. De cuando en cuando, algunas exposiciones y papers o algún artículo en un blog nos recuerdan la importancia que tuvieron en la vida cotidiana de lo que en la época se llamaba el proletariado consciente; pero en general, salvo para un puñado de coleccionistas, representan solo una anécdota menor. Fueron sin embargo mucho más que eso.

Entre 1900 y 1914 la gran mayoria de huelgas y luchas del corazón industrial de Europa -de Toulouse a Petersburgo- pueden documentarse gráficamente solo con postales, muchas de ellas hoy en pequeños museos regionales.

Y no podría decirse menos de la revolución rusa de 1905, todos sus principales episodios, consignas y momentos, generaron una masa de postales que difundieron por todo el país las imágenes de la revolución y las llevaron por toda europa. Eso sí, con dos importantes diferencias respecto a lo que sucedía en Francia, Austria o Alemania: en primer lugar hay una clara preponderancia del peso de los movimientos democráticos de la pequeña burguesía y el campesinado sobre las expresiones del movimiento socialdemócrata, tanto menchevique como bolchevique, a fin de cuentas es la primera revolución permanente; y del cartelismo, la caricatura y la ilustración sobre la fotografía.

No solo fueron los grandes momentos huelguistas o revolucionarios. La apertura de un ateneo o la creación de una cooperativa merecían sus postales también. Con la migración política y los pogromos que siguen a la represión de 1905, la costumbre se extiende por el mundo: desde el Norte de Inglaterra a Palestina, con los primeros créditos para herramientas o libros, se añade un pequeño presupuesto para postales.

Lo que las postales realmente nos cuentan

Entre la Exposición Universal de Paris y el estallido de la guerra en 1914, el flujo de postales pasó de unos cuantos miles a 800 millones. Las innovaciones en artes gráficas habían permitido a los fotógrafos y las imprentas producir postales a bajo precio siguiendo los nuevos estándares de la Unión Postal Internacional.

La clase trabajadora se dio cuenta pronto del potencial de un medio de comunicación que podía hacerla visible y hacer visible sus luchas y aspiraciones en el mundo siguiendo las redes y las complicidades creadas por migraciones y exilios. Las postales, encargadas casi siempre por las Casas del Pueblo y las organizaciones que amalgamaban, producidas otras veces por fotógrafos que pretendían así vender en barrios obreros y en los grandes momentos políticos por los partidos obreros, se convirtieron en un fenómeno masivo.

Los trabajadores, más allá de la letra y la teoría, descubrían la universalidad de su condición y sus intereses de un modo tangible, visual y capaz de saltar fronteras sectoriales, regionales y nacionales. Podemos decir sin temor, que las postales, aunque no demasiado utilizadas por el escaso aparato de la IIª Internacional, fueron sin embargo el principal medio y el más espontáneo, del que se sirvieron los trabajadores para extender y afianzar el internacionalismo antes de la Guerra Mundial.