Escasez de mano de obra: FAQ y más

18 de octubre, 2021

Escasez de mano de obra en McDonald's en EEUU. Ofrecen el salario mínimo.
Escasez de mano de obra en McDonald's en EEUU. Ofrecen el salario mínimo.

Primero fueron los camioneros y los trabajadores de despiece en Gran Bretaña y no mucho después el personal sanitario. Luego, las alarmas sobre el coste de la «rotación extrema» y la ausencia de trabajadores suficientes en hostelería y servicios llegaron desde EEUU. País por país de la UE dio titulares similares. Ahora las noticias sobre «escasez de mano de obra» llegan hasta desde Corea del Sur. Las cabezas pensantes del capitalismo y la maquinaria de la opinión, desde Krugman a Fintan O'Toole, responden con un cambio de discurso sobre el trabajo.

Tabla de contenidos

Escasez de mano de obra: FAQ

El cambio del discurso sobre el trabajo

La escasez de mano de obra lleva a que las cadenas hosteleras en EEUU ofrezcan empleo... pero nunca a más del salario mínimo legal en cada estado,.

Por todos lados, los economistas de referencia y las cabezas pensantes de la burguesía están proponiendo «soluciones» del mismo tipo a la escasez de mano de obra: intentar conformar a los trabajadores sin subir realmente sus salarios.

Esta misma mañana un experto en relaciones laborales proponía en la prensa quebequesa «horarios flexibles, brindar mejores condiciones de trabajo y respetar a sus empleados como seres humanos» como solución porque así «el empleador no gasta dinero, pero es una solución beneficiosa para ambas partes».

Paul Krugman

Sigue la estela del premio Nobel de Economía Paul Krugman, que en una columna en el New York Times aseguraba lo que el fondo de la escasez de mano de obra expresa es que «los trabajadores estadounidenses están insistiendo en un mejor trato, y a la nación le conviene que lo consigan».

Pero el que sin duda ha trazado la hoja de ruta más clara y probable para las burguesías de los países centrales es el intelectual irlandés afincado en Londres Fintan O'Toole.

O'Toole reconoce que «los rumores sobre la muerte del proletariado están resultando muy exagerados» y recordaba que ya antes de la pandemia, en la Unión Europea, entre 2013 y 2019, la proporción de empresas que indicaron que la disponibilidad de mano de obra era un factor que limitaba su capacidad para producir bienes o servicios aumentó casi cinco veces en la construcción, se cuadruplicó en la industria y más del doble en el sector de servicios.

Como causas señala las dificultades para compensar el envejecimiento de la población con la incorporación de mano de obra femenina a los sectores peor pagados (lo que él llama «la promesa de la igualdad de género») y el efecto de la pobreza y la «trituradora» sobre la masa ingente y creciente de trabajadores más precarizados. Reconoce además que

La gran historia económica subyacente de nuestro tiempo es la reducción de la parte de recursos que se destina a los salarios. En Gran Bretaña la proporción del PIB destinada a los salarios que estuvo, durante casi todos los 60 y 70, entre el 58 y el 61% alcanzó un máximo de 64,5 en 1975 [momento álgido de la oleada de luchas de la década en toda Europa], pero en la revolución de Margaret Thatcher, cayó a los 50 y nunca se recuperó.

Fintan O'Toole

Si a alguien le parece conmovedor en su sinceridad, recordemos que el señor O'Toole es un católico conservador al viejo estilo anterior a los 90. Le molestan los «excesos» de confianza del capital. Los gritos de triunfo «definitivo» sobre los trabajadores le parecen peligrosos por irresponsables.

La suposición engreída era que el sistema podría seguir haciéndoles esto a estas personas porque no tienen más remedio que aguantarlo, y todos serán reemplazados por robots de todos modos; o, en el caso del mundo de fantasía del Brexit en Gran Bretaña, se les podría decir que se fueran al lugar de donde vinieron.

Pero a fin de cuentas, O'Toole como Krugman y los demás es bien consciente de que no hay ninguna «revuelta» y se felicita por ello. Otra cosa sería una acción colectiva de los trabajadores. El objetivo ahora para las clases dominantes sería tomar una «mayor conciencia de lo tonto que es dar por sentada la disponibilidad interminable de trabajadores baratos» y satisfacer algunas demandas básicas antes de que sea demasiado tarde.

¿Qué proponen en mitad de lo que parece una espiral inflacionaria que se come las subidas de salarios antes del día de cobro? Lo de siempre, «una parte justa de los frutos del crecimiento económico» y «esa cosa indispensable que se les ha negado tan descuidadamente: el respeto».

Se trata, como siempre, de no reconocer las necesidades humanas y ahogarnos en un mar de discursos sobre el respeto y la «justicia social» como último narcótico.

Pero no podemos dejar de destacar algo: ha bastado que la escasez de mano de obra se sostuviera durante unos meses para que la burguesía global de señales serias de recular no solo en su primera reacción, negar radicalmente la centralidad del trabajo, sino en su discurso de larga data de devaluación radical del trabajo.

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