Epidemia en alza, colegios y centros de salud desbordados

16 de septiembre, 2020 · Actualidad> Europa> España

Bilbao el pasado 15 de septiembre.

El gobierno comunicó ayer 156 muertes por covid en las últimas 24 horas. La atención primaria está ya desbordada.

La insistencia en reabrir los colegios en pleno ascenso de un segundo pico de contagios no podía quedar sin consecuencias. En Sevilla ya hay una decena de colegios con brotes, en Aragón ya han tenido que cerrarse una treintena de clases, en Huelva se cerró por primera vez un colegio entero, en Madrid se superó antes de ayer la primera treintena de clases cerradas… y podríamos seguir por todo el mapa pandémico.

Resistencia de padres y alumnos, huelgas sindicales

Como es lógico, con este arranque muchos padres no llevan a sus hijos al colegio. Y es que las famosas medidas de seguridad son tan poco fiables como todas las promesas gubernamentales. Da igual el gobierno, sea el vasco o el andaluz. Ejemplo: en Agua Dulce, Almería, los padres impusieron una huelga de lápices caídos tras comprobar con la dirección del centro que la separación entre alumnos en el aula era de solo 11 centímetros. Los famosos refuerzos tampoco les daban ningún motivo a la tranquilidad: uno o dos refuerzos COVID no permiten hacer prácticamente desdobles, por no hablar de Infantil, donde el refuerzo es cero. En otros lugares y franjas de edad, como el instituto FP de Llodio, son los alumnos los que se unen a los profesores en la huelga.

Este es el contexto de las huelgas sindicales: indefinida en centros de salud de Madrid a partir del 28, de enseñanza ayer en el País Vasco. A pesar de los modos sindicales -ni asomo de asambleas previas, de discusión, de puesta en común o concienciación del entorno, ningún intento de integrar al transporte escolar, etc.- el seguimiento fue muy alto, de hasta un 70% según los sindicatos. Los autobuses escolares circularon… pero vacíos.

Tinta de calamar y enroque de los gobiernos

Aguadulce. 11cm de… distancia social.

Los medios de comunicación están más empeñados que nunca en invisibilizar tanto las cifras terribles como la resistencia social al discurso triunfalista y suicida de los gobiernos. 156 muertos en un día hubieran sido dignos de portada -y escándalo- en cualquier otro momento, hoy se disimulan o ignoran en el cuerpo de artículos y cortes de vídeo en los que se insiste sistemáticamente en que el número de contagios no es comparable a marzo porque, de media, hay menos casos graves. Pasar de 60 a 156 fallecimientos al día en la misma semana se deja pasar como irrelevante.

La invisibilización sistemática de la realidad ha normalizado hábitos perdidos desde la dictadura, como tener que recurrir por ejemplo a la prensa francesa para descubrir movimientos de padres contra la vuelta a las clases en Cataluña. Pero sobre todo permite el descaro más absoluto a los gobernantes: ayer el consejero de educación del gobierno vasco se quejaba de que su gobierno es el único que sufre una huelga educativa. El portavoz adjunto de C’s en el parlamento andaluz acusaba a las AMPAs de protestar no por una realidad angustiante, sino por intereses políticos de extrema izquierda. Lambán, el presidente aragonés, alimentaba la confusión asegurando que ningún cierre de aulas en Aragón se debe a contagios en los colegios… pues claro, profesores y alumnos llevan el contagio de casa y el colegio se convierte en una forma de llevarlo a muchas otras. Ese es el problema.

El tono, para variar, lo marca el gobierno central, al que no ha temblado el pulso para convertirse en el único país de Europa Occidental que se permite segar incluso el formalismo de una investigación judicial de responsabilidades por el desastre de la primera oleada. No es que cupiera esperar precisamente información fresca que sirviera para romper el cerco informativo, pero muestra el nivel y la violencia del enroque del aparato político español.

El estado, el capital y sus objetivos

Fainé (Caixa) y Sánchez.

El aparato político del estado no podía mostrar mayor podredumbre. El caso Kitchen que investiga cómo el ministro y altos cargos de Interior utilizaron al estado para vigilar a dirigentes de su propio partido y destruir pruebas que inculparan a Rajoy, se está convirtiendo en una losa para el PP por mucho que Casado intente marcar distancias. El gobierno PSOE y Podemos, por su lado está dando un verdadero espectáculo de impotencia al no poder ni siquiera presentar un borrador de presupuestos. Entre las incómodas aritméticas parlamentarias resultantes de la revuelta de la pequeña burguesía regional, que le obligan a pactar con C’s o con los independentistas, y el efecto paralizador de la duplicación de estructuras alrededor de Moncloa y los ministerios, todo apunta a que vendrá una nueva prórroga, siquiera corta, de los presupuestos del PP de 2018. No es que en sí importe demasiado, pero nos habla de un aparato político que como tal, en bloque, se cierra en sí mismo, se atrinchera en su propia incompetencia y se coloca a la defensiva frente a una realidad a la que no tiene ningún horizonte que ofrecer. Significativamente, el horizonte de recuperación se pone ya en 2024, es decir, en unas fechas sobre las que es imposible realizar previsiones, menos aun con el panorama internacional

Hoy mismo tuvimos un adelanto de lo que va a ser la tónica en los meses y años que vienen. La ministra de Economía dio la bendición final a la fusión Bankia-Caixabank. Dos claves: discurso económico y proyecto político.

El proyecto político empieza porque ya no es una fusión, sino una compra, bastante económica por lo demás, de Bankia por Caixabank. El sanchismo ve abierta la puerta a su modelo de solución para la crisis independentista catalana y quiere que Bankia sirva de modelo y plataforma de lanzamiento. Si la pequeña burguesía catalanista había abrazado el independentismo desde 2012 porque el gobierno regional y el tejido corporativo local se le estaba volviendo pequeño y necesitaba más destinos, puestos y fondos, la alternativa pasa -piensan en Moncloa- por darles una salida a esas mismas aspiraciones a través del estado y los grandes campeones del capital nacional. A esto responden las declaraciones del vicepresidente Iglesias que, contra toda estadística posible, echa a faltar más apellidos catalanes y vascos entre la burguesía corporativa española. Y, cómo no, el creciente eco del discurso de la bicapitalidad entre la pequeña burguesía empresarial barcelonesa.

La contradicción es evidente: todo hueco extra en el aparato corporativo, burocrático o político para la pequeña burguesía catalana es hueco de menos para otras que además, tenían proporcionalmente menos a su población por estar menos capitalizadas. El horizonte parece pues ser un aumento de lo que llaman púdicamente tensiones territoriales… Pero ganan tiempo. Algo no poco valioso cuando el objetivo general y de fondo es un ataque directo a las condiciones de vida de la gran mayoría, los trabajadores.

Y ahí es donde el discurso económico de la fusión resulta clarísimo: las sinergias y el ahorro en costes alejan un posible foco de crisis financiera. La novedad es que se le pone cifra sin menor recato: 8.000 despidos y prejubilaciones. De eso va a ir toda la política industrial: aumentar la productividad en términos de ganancia de cada hora de trabajo contratada.

Otoño decisivo

Saldo presupuestario del estado.

Para mantener el valor de las inversiones, es decir, del capital nacional, necesitan tener a todo el que conserve su puesto de trabajo manos a la obra y por tanto, los colegios abiertos, pero también aligerar el coste de pensiones y servicios básicos, como la educación y la salud, y sobre todo reducir costes salariales y aumentar la ganancia por hora de trabajo. Las famosas reformas necesarias no son más que medios más o menos directos, más o menos burdos, para llegar a estos objetivos.

Envolver todo en tinta de calamar, invisibilizar lo más obvio y terrible, negar la existencia de huelgas y resistencias, generar debates ruidosos pero inconducentes, etc. es parte de la tarea del aparato político y mediático para llegar al mismo destino: nuestras condiciones de vida y trabajo.

Este otoño será fundamental que el descontento que empieza a aflorar en las huelgas educativas se haga innegable, se manifieste abiertamente y plantee el terreno firme de las necesidades humanas universales. Fundamental para parar la matanza en ascenso. Fundamental para encarar el empobrecimiento en masa de los trabajadores que exigen para revivir al capital nacional, sus empresas y sus finanzas.

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