Las elecciones en Virginia y Nueva Jersey y el deslizamiento hacia la guerra en Taiwán

3 de noviembre, 2021

ejército chino epl

Las elecciones en Virginia y Nueva Jersey, el balance de la COP26 y la situación económica china se unen a la ya larga lista de elementos que nos advierten de que el peligro de una guerra entre las dos grandes potencias mundiales puede materializarse antes de noviembre de 2022.

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Las elecciones en Virginia y Nueva Jersey refuerzan las inseguridades de la burguesía estadounidense

Glenn Youngkin, nuevo gobernador de Virginia
Glenn Youngkin, nuevo gobernador de Virginia tras las elecciones de ayer

A estas horas la victoria del candidato republicano a gobernador de Virginia es un hecho, mientras que la de su compañero de filas en Nueva Jersey, aunque por un margen estrecho y todavía con un 88% de los votos escrutados, empieza a perfilarse como probable.

El riesgo, anunciado desde hace meses por los analistas demoscópicos del partido demócrata, de que las elecciones de medio término de 2022 se salden con el control republicano de congreso y senado se hace ya evidente. La conclusión es que si Biden y los demócratas no han conseguido que la exigua mayoría que mantienen ahora en las cámaras les sirva para reanimar decididamente la acumulación sacando adelante el Pacto Verde y aumentando, siquiera temporalmente la base de consumo, los resultados de noviembre de 2022 lo harán completamente imposible.

El análisis de resultados electorales en un medio como el New York Times, campeón hasta hace poco de Biden y liderazgo sobre los demócratas, renegaba del efecto electoral del racialismo adoptado por el partido, pero apuntaba también al Presidente, llamándole a recuperar popularidad a toda costa.

Finalmente, está Joe Biden. Es manifiestamente inepto. No puede lograr que su partido apruebe un proyecto de ley de infraestructuras que tiene apoyo popular. Sobre la inflación, Afganistán y la frontera sur, ha ofrecido seguridades que los acontecimientos han contradicho contundentemente. Ningún presidente elegido después de la Segunda Guerra Mundial perdió más apoyo público en sus primeros meses de mandato que él, según Gallup. La erosión de Biden es particularmente pronunciada entre los votantes independientes. Si Biden no se recupera, es probable que esto tenga efectos negativos.

Bret Stephens en New York Times, hoy

Este tipo de análisis vienen prodigándose desde hace meses. Pero ahora se funden con la salida del ejército estadounidense de Afganistán y la sensación de derrota que dejó la COP26 entre la burguesía estadounidense. La conclusión casi unánime que parecen haber sacado de Glasgow la clase dirigente y sus voceros es que la debilidad de Biden y los demócratas en las cámaras se proyecta globalmente como incapacidad de EEUU para ordenar a sus aliados y rivales en el juego imperialista en algo tan sensible para el capital financiero como el Pacto Verde.

El enfrentamiento imperialista con China es el único tema en el que Biden consigue un «liderazgo presidencial»

Biden en Glasgow en la COP26 ayer
Biden en Glasgow en la COP26 ayer

Con las encuestas del Presidente en picada histórica, Biden necesita distanciarse de los términos degradados del debate impuestos por una pequeña burguesía airada, cada vez más violenta, y representar su presidencia como capaz de «unir al país», es decir, de restañar las diferencias entre las facciones de la burguesía estadounidense. En la práctica ésto significa pasar a primer plano aquellos aspectos en los que los republicanos concuerdan con el presidente y, todo lo más, le exigen una mayor radicalidad. El único problema es que, en realidad, esa agenda se resume en un único asunto: China.

La extensión de la guerra comercial contra China de los mercados de mercancías a los de capitales y la «retirada maliciosa» de inversiones estratégicas, expresan bien la continuidad entre Trump y Biden sobre China y reflejan un consenso general del capital norteamericano tendente a incrementar la tensión imperialista con China. Pero, por sí mismas no pondrían en el orden del día la posibilidad inmediata de una guerra entre las dos potencias.

Las evoluciones del caso Huawei y la batalla por el control del FMI nos advierten sin embargo de que hay movimientos a un nivel más profundo. También de que las formas que ha retomado la política y la ideología de la burguesía estadounidense, creando «cazas de brujas» en todos los ámbitos frente a la supuesta infiltración china, pueden volverse fácilmente contra el propio gobierno -como se vio con la ministra de Economía Hellen Yellen- si este no muestra un entusiasmo creciente por el conflicto.

La insistencia de la inteligencia militar estadounidense en que China ensayó misiles hipersónicos, a pesar del desmentido oficial de Pekín -que no suele ser discreto sobre sus capacidades armamentísticas para atacar EEUU- va más allá de la necesidad de justificar la creación de un «cinturón de misiles» alrededor del gigante asiatico. Es parte de una espiral de declaraciones y movimientos armados que se está acelerando animada por las dinámicas internas de Washington.

El pasado 21 de octubre Biden se declaró abiertamente decidido a «defender Taiwán» en caso de que el gobierno chino, que considera la isla una provincia, la bloquee o invada. En los medios de Washington desde entonces la cuestión a dirimir pasó de ser si EEUU estaría dispuesto a ir a la guerra a si la marina dispone de medios suficientes para ganarla.

Y en el debate demócrata de Washington eso se traduce como una tendencia a hacer propia y acelerar la nueva perspectiva estratégica que se abre en el partido republicano y que prevé una serie de guerras de «contención» contra China empezando por Taiwán. Ven el conflicto como inevitable, saben que en 2025 podría ser ganado por Pekín y consideran las ventajas electorales de adelantarlo, especialmente si la marina da ciertas garantías de una victoria. El paralelismo con Roosevelt a fin de cuentas es uno de los tópicos de la actual presidencia.

China en pie de guerra

Bombproof aircraft shelters and hangars, as well as increased ammunition storage at Huian airbase in Fujian province. Source: Planet Labs Inc.
Refugios y hangares para aviones a prueba de bombas, así como un mayor almacenamiento de municiones en la base aérea de Huian en la provincia de Fujian.

China, ni que decir tiene, está participando en la escalada sin dejar de denunciar el cerco militar al que le somete EEUU. Hay que decir que la marina estadounidense se lo pone fácil. La colisión de un submarino nuclear estadounidense con un objeto desconocido en aguas del Mar de China Meridional parece haber dado pie a un nuevo «Palomares»: aviones especializados de la US Navy buscan cerca del lugar del impacto una o varias bombas nucleares perdidas en este momento.

Por si faltaran motivos de preocupación, cada pequeña afrenta orquestada por los estadounidenses -y cada día hay una- es tratada por los medios chinos como demostración de una agresión en marcha. Los sectores belicistas agitan a la pequeña burguesía ultranacionalista. Están tan envalentonados que el gobierno intenta censurarlos... no siempre con éxito, perdiendo algunas batallas frente a los «halcones» en lo que está demostrándose el principal punto débil de Xi. Así que la inquietud social y el miedo a la guerra crecen por días.

Después de que las inundaciones y los problemas energéticos llevaran al gobierno a pedir a las familias que acumularan artículos de primera necesidad, el temor social a una guerra inmediata cruzó la sociedad china y emergió a los medios. No es de extrañar cuando el propio gobierno ha detallado planes de reclutamiento y movilización general impensables si los militares chinos no temieran la inminencia de un conflicto armado y construido a toda velocidad bases militares gigantescas frente a las costas de la isla.

Hoy mismo las tropas, tanques y aviones del EPL comenzaron una semana de maniobras y ejercicios militares frente a Taiwán con munición real, «preparándose realmente para el combate» según insisten los expertos que se prodigan en la prensa china.

En Taiwán se extiende un temor similar, animado por la propia presidenta. En realidad ni siquiera se discute si habrá guerra, el debate se centra en qué países de la región, además de EEUU, Gran Bretaña y Australia, el AUKUS, apoyarán al gobierno de la isla cuando la invasión continental se produzca. Las quinielas sobre la fecha en cuestión siguen abiertas.

En realidad, ha sido el propio Pekín el que ha trazado una línea que deja en manos de Washington el momento de inicio de un conflicto armado. Si EEUU, como ha mostrado intenciones de hacer, incorpora de una manera u otra a Taiwán a la ONU, impulsando su independencia, China pondría en marcha sus ejércitos.

Las elecciones de ayer, la pendiente hacia la guerra y lo que significa para los trabajadores

Ejercicios navales del ejército chino en el Mar de China
Ejercicios navales del ejército chino en el Mar de China

En Europa, África e Iberoamérica, la prensa suele purgar las noticias sobre China del ambiente fatalista sobre la guerra que impregna todo en Asia. Sólo ahora y poco a poco, algunos medios internacionales van recogiendo la situación cada vez más peligrosa que se vive en el Indopacífico. Influye en este lento cambio lo que Bloomberg calificó de «peligrosa dependencia de los chips taiwaneses» y el impacto que la escasez de chips está teniendo ya en las entregas y las ventas en las industrias de automoción europeas.

La realidad para los trabajadores es sin embargo mucho más dramática. Una guerra entre China y EEUU difícilmente se vería contenida en el entorno de la isla. Centenares de miles de trabajadores en «producciones estratégicas» pasarían a ser objetivos directos de las armas de un bando imperialista y otro. Y el reflejo de la guerra en cadenas de suministro y reacciones de las distintas burguesías produciría inmediatamente olas de militarismo, paro y miseria por todo el mundo.

Y todo eso queda un poco más cerca hoy, cuando la debilidad externa e interna del gobierno de EEUU ha quedado manifiesta. Si Biden, que ha sido incapaz de imponer el Pacto Verde con mayoría en las cámaras, pierde la mayoría en las elecciones de medio término, la burguesía americana estaría condenada a perder cuatro años… y no se lo puede permitir. Washington se ve más tentado que nunca a dar golpes sobre la mesa ante la presión de una burguesía que siente que cada vez está más cerca de perder ventajas decisivas en su competencia con China.