El «Pasaporte Covid» y la vuelta de las «brujas»

1 de agosto, 2021

Manifestación ayer en París contra el Pasaporte Covid
Manifestación ayer en París contra el Pasaporte Covid

En Francia las manifestaciones contra el Pasaporte Covid han consolidado una base social que era inicialmente heterogénea con un discurso que amalgama, a partir de los antivacunas, libertarismo reaccionario, pseudociencia, feminismo, conspiranoia, nacionalismo y antisemitismo. Nada de estéticas neofascistas ni carcamales gaullistas. Todo lo contrario: mucho trabajador social, islas de chalecos amarillos y anarcos y mucha «Francia Insumisa». Son muchos, pero no dejan de ser una minoría excéntrica, ideal como enemigo cohesionador para el macronismo, que así puede vestir galas racionalistas. Y sin embargo, se trata de un movimiento sumamente significativo del momento histórico y la cultura que destila.

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Antes del «Pasaporte Covid»: la resistencia a los confinamientos

La estética y los tipos humanos del negacionismo europeo y el movimiento contra el Pasaporte Covid está muy lejos de la del neofascismo y muy cerca de la de las «nuevas izquierdas» de la década pasada: la primera Syriza, la Francia Insumisa o Podemos
La estética y los tipos humanos del negacionismo europeo y el movimiento contra el Pasaporte Covid está muy lejos de la del neofascismo y muy cerca de la de las «nuevas izquierdas» de la década pasada: la primera Syriza, la Francia Insumisa o Podemos

De marzo a mayo de este año, mucho antes de que el «Pasaporte Covid» fuera tema, cuando el derecho de reunión estaba restringido a convivientes y grupos reducidos, una ola de flash mobs cruzó Francia y tuvo sus réplicas en Bélgica, Holanda y -residualmente- Alemania, Italia y España. Una protesta musical, artística, que tomaba espacios públicos por apenas unos minutos parecía lo opuesto al terrorismo negacionista que en aquel momento enseñaba los dientes en Holanda.

Eran irremediables los ecos y comparaciones con el 15M y evidente la similitud estética de los manifestantes con aquellos indignados de hace diez años y con la base social más visible de lo que le siguió: las «nuevas izquierdas» de Syriza, Podemos o la Francia Insumisa. No era casualidad que la canción que unía estas flashmobs fuera de «HK & Les Saltimbanks». Un tema anterior de este grupo había sido utilizado por el partido de Melenchon en la campaña de 2012 y por «En Comú Podem» en 2015.

La evolución estética señalaba un cambio subterráneo de más empaque. Tras la ofensiva bannonita del verano anterior, los estados europeos habían hecho su juego para separar a los RN, Vox, Lega, Fratelli d'Italia y demás de las expresiones más desquiciadas de la pequeña burguesía airada. Los guiños antivacunas desaparecieron subitamente de los discursos parlamentarios y las proclamas de Lepen, Abascal, Meloni y demás.

La separación se tradujo sin embargo en una forma de legitimación y un motor para la ampliación de la base social. Los antivacunas ya no eran sospechosos de ser meros peones de la extrema derecha. Los anarcos y «alternativen» alemanes se unieron al movimiento Querdenken (literalmente «Pensamiento Lateral»). Mientras, en toda Europa, las organizaciones feministas querían celebrar el 8M en la calle a toda costa y en sus argumentos de ocasión se acercaron al negacionismo de los que protestaban contra los confinamientos.

Lo que había sido una protesta heterogénea de distintos sectores de la pequeña burguesía en negación, comenzaba a fundirse en algo nuevo y consolidar un nicho propio.

Pero no hay fusión posible sin coincidencias y bases comunes propias previas. En una clase con segmentos tan diferenciados entre sí como la pequeña burguesía no basta con ciertas aspiraciones y angustias compartidas para que se produzca una confusión de perspectivas ideológicas de la amplitud que estamos viendo en el frente contra el Pasaporte Covid.

Históricamente el pegamento que les unió en lo que luego fue el fascismo se presentó como una renovación y erupción de la mística nacionalista... preparada y precedida por una eclosión de movimientos de «cambio de vida» tendentes a redefinir las fronteras entre la vida privada y el espacio político.

El feminismo, las pseudociencias y la vuelta de las brujas

«Somos las nietas de las brujas que no pudísteis quemar». El feminismo ha hecho suyo el mito de que «la caza de brujas» fue la represión de un supuesto «matriarcado ancestral» incluso en los países católicos donde la persecución de las brujas fue anecdótica.
«Somos las nietas de las brujas que no pudísteis quemar». El feminismo ha hecho suyo el mito de que «la caza de brujas» fue la represión de un supuesto «matriarcado ancestral» incluso en los países católicos donde la persecución de las brujas fue anecdótica.

El feminismo universitario de los años 60 articuló en buena medida su discurso sobre una cierta definición -históricamente insostenible- del «patriarcado». Para intentar asentar la idea de que la Humanidad había vivido alguna vez bajo un matriarcado generalizado y que este fue arrasado por una mítica revuelta masculina que habría instaurado el patriarcado, no escatimó siquiera falsificaciones arqueológicas sonadas.

Pero el feminismo del momento, aunque fundamentalmente académico, no era fuerte en los departamentos de Arqueología sino en los de Antropología, de donde hasta hace poco colgaban la gran mayoría de departamentos universitarios dedicados a generar ideología feminista. Sabía bien que lo que importaba no era tanto la prueba histórica como la instauración de un mito social.

Desde los sesenta, el feminismo ha destilado toneladas de pseudo-historia y relatos académico-mitológicos para instaurar un mito fundacional de la resistencia femenina por encima de las clases a partir de las brujas históricas entre sus alumnas y seguidoras. Las brujas serían el último resto matriarcal y su persecución el acta de nacimiento del mundo actual.

Se trata obviamente de una versión tuneada del mito burgués decimonónico que ve en la Reforma protestante el origen de la Revolución industrial y la separación de poderes. Un mito que originalmente continuaba el esfuerzo por asociar el capitalismo a la virtud y la voluntad divina y que servía para culpabilizar moralmente a los países católicos de Europa y las colonias de su propio atraso, condenándolos a un lugar subalterno en el futuro del capitalismo.

En vez de desmontar el racismo y sectarismo subyacente, en vez de enfrentarlo a la realidad histórica del nacimiento del capitalismo, el feminismo lo hizo propio inflando un episodio geográfica, económica e históricamente marginal, para negar que el capitalismo fuera realmente algo nuevo y disolverlo en un inexistente modo de producción patriarcal que habría existido en continuo desde el Neolítico hasta hoy.

Los ingredientes para una mitología estaban dados. Y de la mitología al armatoste religioso media solo medio pasito de delirio místico. La llamada tercera ola, no está lejos. De hecho, en los últimos veinte años, la prensa británica y estadounidense nos ha mostrado con cada vez más insistencia practicantes de Wicca y supuestas brujas actuales como exponentes de una religión matriarcal-feminista de nuevo en ascenso.

Y para que no falten «vocaciones», la nueva generación de guionistas llegadas desde la universidad a la industria audiovisual se han aplicado a crear distintas pociones de militarismo, nacionalismo e identitarismo feminista como modelo para adolescentes.

Brujería, antivacunas y Covid

Manifiestación feminista renombra la plaza de la República en París como «Plaza de las brujas»
Manifiestación feminista renombra la plaza de la República en París como «Plaza de las brujas»

En la Europa continental, el Norte de Africa e Iberoamérica el mito brujil cuesta. Pero el delirio, cuando responde a la lógica interna de algo que, a fin de cuentas, está en proceso de convertirse en ideología de estado, encuentra sus propios caminos. El esoterismo es uno de ellos... y según los estudios franceses, va al alza allá donde el feminismo es fuerte: entre las mujeres jóvenes feministas y los estudiantes a tiempo completo de ambos sexos.

Este resurgimiento del esoterismo está en sintonía con los tiempos, particularmente marcado por una necesidad espiritual «que las religiones tradicionales ya no pueden satisfacer», explica a Marianne Louise Jussian, quien realizó el estudio para Ifop y Current Woman . «Las grandes religiones monoteístas ya no responden a las expectativas de los jóvenes, hoy inclusivos, demasiado «woke» para cultos considerados conservadores, sexistas u homofóbicos en particular» , analiza.

Por tanto, estas creencias, entre las que destaca la astrología, les permiten cultivar una dimensión espiritual manteniéndose en línea con los valores que defienden. [...] «Cuando eres estudiante, es muy práctico crear un vínculo, porque la mayoría de los jóvenes se encuentran en una situación de incertidumbre y ansiedad. Entonces, cuando alguien presenta una cosmovisión tranquilizadora, realmente se siente tentado a escucharlos»

Por qué la astrología gana terreno entre los jóvenes y en el ámbito feminista. Revista Marianne.

De hecho, el discurso esencialista femenino, legitimado cuando no alentado por la parte mayoritaria del movimiento feminista y exacerbado por la práctica de los «espacios seguros» (es decir, segregados por sexo) abrió la puerta a toda una industria de brujas y gurús. Como nos cuenta la misma revista.

Para Mathieu Repiquet [del colectivo «Fake Med», dedicado a denunciar las pseudociencias], este «movimiento no quiere establecer la igualdad de derechos sino que considera a la mujer como una creación divina totalmente diferente, que no tiene en absoluto la misma esencia que el macho humano». Un humano-macho señalado como opresor de la mujer pero también como destructor del medio ambiente y de la Madre Tierra.

«Estas brujas están muy cerca de los movimientos pseudoecológicos, es una agrupación entre la medicina natural y alternativa, los movimientos animistas o totémicos sobre la ecología», continúa Mathieu Repiquet. Algunas brujas reivindican por eso el «ecofeminismo»: una corriente de pensamiento según la cual las mujeres y el medio ambiente son víctimas del patriarcado, es decir, del deseo de dominación de los hombres, misóginos y capitalistas. [...]

El sincretismo de las brujas también se expresa en círculos de conversaciones femenina, cada vez más extendidos, inspirados en un bestseller estadounidense lanzado en 1997 y vendido más de 3 millones de copias: «The Red Tent», de Anita Diamant (ediciones Charleston, 2016). «Vemos a muchas mujeres haciendo un reentrenamiento profesional en este momento y avanzando hacia un entrenamiento en hipnosis, naturopatía…

Se convierten en sanadoras, druidas, naturópatas. Organizan pasantías chamánicas o retiros espirituales… Como todas las prácticas de cuidado no convencionales, prolifera mucho en un sentimiento de desconfianza, incluso desconfianza, hacia la medicina moderna. Por mis observaciones, creo que muchos de ellos creen sinceramente en ello», explica Mathieu Repiquet.

Y como prueba, según una encuesta de Ifop para Current Woman , «Los franceses y las paraciencias», el 28% de los franceses de hoy cree en la brujería o los hechizos. Una progresión de 7 puntos desde 2001. Contrariamente a la idea popular según la cual la creencia está retrocediendo en Occidente, este estudio de opinión muestra claramente que las espiritualidades marginales y las paraciencias se benefician de una verdadera moda popular.

De lo «sagrado femenino» a las pseudomedicinas: cómo las «brujas» usurparon el feminismo, Revista Marianne

Súmese a esta tendencia de base el incremento de la cuota de mercado de YouTube de sectas, cultos y gurús con la pandemia. Incremento que además ha venido acompañado de un esfuerzo por estos personajes para compartir audiencias y unir discursos.

Si bien el feminismo en sí no es ni anti-Medicina ni anti-vacunas, cuando se prima la mitología sobre el conocimiento científico en realidad se está socavando éste. Y en este campo, desde la afirmación de las mujeres como sujeto histórico con una historia propia por encima de las clases -que es lo definitorio de todos los feminismos- hasta la creación ingenieril de mitologías a medida -desde las brujas a «El cuento de la criada»- la labor de zapa del feminismo es brutal.

Su aporte a la convergencia de la que surge ahora el movimiento contra el Pasaporte Covid, y lo que significa históricamente, se hace fácilmente evidente.