El ocaso de la cultura americana

31 de agosto, 2021

Manifestantes identitaristas tiran y pisotean una estatua de Cristobal Colón frente al Capitolio de Minnesota. El ocaso de la cultura americana no es ajeno a la iconoclastia.
Manifestantes identitaristas tiran y pisotean una estatua de Cristobal Colón frente al Capitolio de Minnesota. El ocaso de la cultura americana no es ajeno a la iconoclastia.

Una crisis de la civilización como la del capitalismo se expresa necesariamente a través de la cultura: desde la desaparición del Arte en su sentido estricto a la cotidianidad del derrotismo y el vacío vital que reflejan todos los grandes productos culturales de nuestra época. Pero con EEUU abandonando Afganistán entre mil discursos sobre el fin de la era americana cabe preguntarse si estamos también ante el ocaso de la cultura americana, hegemónica globalmente desde el final de la segunda carnicería imperialista mundial.

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Los signos típicos del ocaso de la cultura americana

Enseñando chino  como segunda  lengua en Africa. La pérdida de la hegemonía lingüística en regiones enteras del globo es uno de los primeros signos del ocaso de la cultura americana.
Enseñando chino como segunda lengua en Africa. La pérdida de la hegemonía lingüística en regiones enteras del globo es uno de los primeros signos del ocaso de la cultura americana.

1 Es inevitable que cuando un imperialismo hasta entonces hegemónico se ve sistemáticamente retado por sus competidores, el papel que su lengua juega internacionalmente se vea puesto en cuestión. Es lo que llevamos casi una década viendo en África y Asia, pero también, de un modo creciente, en Europa. El ocaso de la cultura americana empieza por la erosión de la pretensión del inglés como la gran lengua universal.

Eso no quiere decir que pierda su hegemonía de la noche a la mañana. El inglés seguirá siendo mayoritario en las plataformas y en los best sellers. Pero para mantener una posición dominante mercado a mercado tienen que empezar a dar juego a las lenguas y los relatos locales... o al menos localizados.

La primera experiencia no ha sido fácil. El estilo Netflix impone demasiados cambios cuando se trata de adaptar obras literarias de éxito local, lo que a veces produce un rechazo demasiado estridente de los propios autores, que son además referentes locales.

Es el caso de la serie Valeria en España: el equipo Netflix cambió el entorno precario de las protagonistas por pisos de banquero, además decían sin recato que les «parecía inconcebible que los cuatro personajes femeninos fueran heterosexuales, y por eso ahí había que hacer un cambio importante». Sin una co-protagonista lesbiana se les hacía más difícil la pedagogía de género que es el sello de la casa.

La respuesta del gran ariete cultural del imperialismo estadounidense ha sido hacer su bombardeo ideológico multilingüe. El acuerdo de Netflix con Harlan Coven marca la primera línea de defensa: mantener el control ideológico de los contenidos animando ellos mismos la localización de las historias estadounidenses en escenarios distintos del original norteamericano para facilitar su absorción y aceptación por el público.

2 Aunque no hay nada más característico de una cultura decadente que expresar el deseo de huida, el ocaso de la cultura americana está llevándolo a un nivel superior.

La vuelta de los metaversos como el que prepara Facebook es más que significativa. La nueva tendencia ha surgido, dicen en Facebook, del auge de la videoconferencia durante la pandemia. El deseo de huida desde el corazón mismo de las relaciones laborales.

Y no es solo una tendencia de lo virtual. Los mil y un discursos e iniciativas de «vuelta al campo» ligados o no al teletrabajo no son esencialmente diferentes a la vuelta del sueño de la colonización de Marte. El futuro ya no es imaginable desde las grandes ciudades que como Nueva York un día, fueron «el futuro de la Humanidad». Imaginar un mundo mejor parece requerir escenarios fuera del mundo creado por la civilización capitalista... porque de esta ya no cabe esperar nada bueno.

La degradación del conocimiento

Dos de las protagonistas de «The Chair» («La directora»). Una serie de Netflix que refleja complacientemente y hace parte ella misma del ocaso de la cultura americana.
Dos de las protagonistas de «The Chair» («La directora»). Una serie de Netflix que refleja complacientemente y hace parte ella misma del ocaso de la cultura americana.

EEUU vive además otro fenómeno característico de las etapas históricas de decadencia: la vuelta de las clases dirigentes al chamanismo, el espiritualismo y la superstición conforme el discurso político se vuelve más y más identitarista.

Evidentemente a estas alturas, no es algo exclusivamente estadounidense. El blanqueo del oscurantismo ha llegado, de mano del feminismo anglosajón, a Europa. Hoy mismo la ecofeminista y candidata de los Verdes franceses Sandrine Rousseau declaraba preferir brujas a ingenieros. En un mundo con productos culturales globalizados el ocaso de la cultura americana afecta a cada rincón del planeta.

Pero en EEUU las dimensiones y los motores de este viaje a la oscuridad tienen otra escala y consecuencias mucho más profundas. De hecho cada vez son más los matemáticos y científicos que denuncian que conforme la universidad estadounidense prioriza la «diversidad», es decir, la raza y el sexo, sobre los logros, más atrasa en ciencias e ingeniería frente a sus rivales. Exactamente el mismo proceso que permitió a EEUU en su día tomar la cabeza tecnológica sobre la Alemania gobernada por Hitler.

Y como entonces, va acompañado del miedo a que cualquier crítica del racialismo genere exclusión laboral y profesional. Que el último censo refleje cambios significativos en la auto-adscripción racial denota que el discurso racialista tiene poder de exclusión social y que son muchos los que pretenden ponerse a salvo autoclasificándose en el el grupo racial correcto.

En el mundo de los productos culturales podemos ver reflejado esto en series como «The Chair» («La directora» en español). Si el público de fuera de EEUU piensa que la serie es una sátira o una exageración se equivoca. Es más bien una dulcificación del impacto del feminismo y el racialismo en la enseñanza universitaria de Humanidades.

Y basta leer la crítica complaciente del New York Times para darse cuenta: la trituradora puritana no merece comentario, los alumnos que la operan son tildados de «idealistas». La destrucción mediante una crítica moralizante y ahistórica de profesores y grandes clásicos no produce ninguna lástima. Analizando la trama, el periódico culpa al profesor acosado por su «incapacidad para apreciar el momento».

La conclusión inevitable es que las facultades de humanidades de EEUU están viviendo su propio momento de purga y «quema de libros», más sofisticado pero no esencialmente diferente de la caza del «arte y la literatura degeneradas» del peor momento de la contrarrevolución en Alemania y Rusia.

El ocaso de la cultura americana toma inevitablemente tintes siniestros.